UNA LLAMA SIN TIEMPO
toda poesía es siempre joven; cualquier hombre
que toque la poesía no toca su tiempo cronológico…
toca una llama sin tiempo.
Samuel Feijóo
Por Luis Manuel Pérez Boitel
Caminar por las calles de La Habana, quizás admirado por el esplendor del Capitolio y La Habana Vieja, imponente, todavía segura y para muchos restaurada, suele ser algo que comúnmente realizan los que visitan la Isla. Esa naturalidad de adentrarse en el ambiente citadino quizás nos acerquen a la casa de Lezama Lima, hoy Museo o descubrir el Centro Dulce María Loynaz, toda una institución cultural, donde antes era la casa de la ganadora del Premio Cervantes de 1992, o quizás descubrir cerca del Prado la casa de Julián del Casal nos evoque su poética y hasta podamos imaginar las voces en el Teatro Campoamor, donde el 14 de febrero de 1937 se llevó a cabo el Festival de poesía cubana que ideó Juan Ramón Jimenez, donde también coincidieron José Lezama Lima, Emilio Ballagas y Serafina Núñez. Ese lírico aire, esa huella que nos impone la capital de Cuba nos hace partícipe de una plaza literaria importante, bullente por demás, categórica en sus diferentes voces, y enaltecedora de una cultura.
Mucho, se ha hablado sobre poesía cubana y sobre las corrientes y derroteros que enfrenta, lo cierto es que todavía queda mucho que descubrir y repensar con el riesgo que impone desde la inmediatez pretender hacer justicia. Siempre –pienso- quedarán escritores en el olvidado o quizás sin el lugar preciso o necesario que debe tener respecto a su obra, pero la historia debe ser polémica y dejar esos agujeros negros. Esa visión desde adentro, de ir buscando en nuestra propia plaza con una mirada crítica lo que acontece, es más que un reto para los estudiosos, algo que siempre va a estar matizado por la búsqueda en el medio más cercano, de los amigos por ejemplo, de los escritores que uno llega a conocer y prefiere o los que simplemente conoce o no reconoce. Lo cierto es que los estudios literarios son un ejercicio con mejores posibilidades desde la extemporaneidad.
El panorama de las letras, y en particular, el de los poetas y su obra, está marcado por un acontecimiento cultural que es el triunfo de la Revolución Cubana, a partir de allí pudiéramos abordar un nuevo tiempo en el discurso poético. Poetas como Nicolás Guillén, Angel Augier, Félix Pita Rodríguez, y Manuel Navarro Luna, provenientes de una generación que comenzó a actuar dentro de la literatura cubana en la primera mitad del XX o los poetas del grupo Orígenes, coincidieron con poetas mucho más jóvenes, en un mismo escenario de creación abierto por este acontecimiento histórico en la década del 60.
No constituye un acontecimiento menor el hecho de que en ese espacio plural que se inauguraba con la Revolución, coincidieran los dos poetas más importantes del siglo XX cubano, Nicolás Guillén y José Lezama Lima. Este último, figura principal del influyente grupo Orígenes, entre los que también se destacan: Cintio Vitier, Eliseo Diego, Fina García Marruz, Virgilio Piñera y Lorenzo García Vega.
Dentro de la generación de poetas que luego se ha llamado Generación del 50, conformada por jóvenes la mayoría de los cuales publicaron sus primeros libros a partir de 1959, se encuentran nombres como los de Rolando Escardó, Fayad Jamís, Roberto Fernández Retamar, Pablo Armando Fernández, Cesar López, Antón Arrufat, Carilda Oliver, entre otros.
Un hecho importante es que debido al impacto político que tuvo la Revolución cubana, muchos le cantaron a ese momento, incluso un premio tan significativo que surgiera para convocar a la América, la América Nuestra de Martí, y me refiero al Premio Casa de las Américas, validara en sus primeras convocatorias dichas poéticas como un discurso que apuntaba al compromiso social del creador, pues era un momento de transformaciones sociales que tuvo su reflejo en la literatura.
Precisamente obtuvo ese premio uno de los escritores jóvenes que mayor influencia ha tenido luego en el panorama de la literatura cubana después de la Revolución, me refiero a Luis Rogelio Nogueras con su libro Imitación de la vida. Enfatizo en ello pues considero uno de los libros más audaces que se hayan escrito en la poesía cubana, aspecto que quedara señalado en el acta del jurado: “Libro admirable en su variedad y en su unidad, que representa la madurez de la joven poesía cubana, la ruptura de las últimas fronteras entre lo social y lo personal, lo íntimo, y lo colectivo. Escrito con destreza, inteligencia y dominio del oficio” y es que no cabía dudas que el autor de este texto dominaba la versatilidad, que desde el coloquialismo asumía con rigor, siendo en mi opinión uno de los escritores más interesantes de la literatura cubana. Ya Luis Rogelio Nogueras también nos había sorprendido con su poemario Cabeza de zanahoria, ganador del premio David de 1967 convocado por la UNEAC, en espacio compartido con un excelente poemario de Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945), una de las voces más particulares de la lírica cubana, y me refiero al poemario: Casa que no existía. En ese año fue jurado Luis Marré, Heberto Padilla y Manuel Díaz Martínez, dando como mención a Permiso para hablar de José Yanes, según nos recuerda César López1.
En el caso de Lina de Feria nos encontramos ante una mujer que ha ido ganando intensidad en su obra, al margen de los premios y cofradías, ella ha sido un referente de los poetas cubanos por estos años. Casa que no existía, es un libro impresionante por la visión tan personal de sus páginas, por las angustias que se encierran. Con raro extrañamiento la autora dibuja la ciudad, la casa, los amigos, con un predominio del yo, atenúa todo dolor, carestía, pérdida de las cosas, y se adentra a versos tan definitorios como: que la luz se acomode en esta gran ciudad / donde hay calles y aceras que distienden su músculo/ y un estanquillo viejo / donde el alba se compra / con el periódico del día. De esta forma Lina de Feria va tejiendo una obra insólita y dramática como su existencia. Desconocida es su voz en otras latitudes. Ella junto a otro poeta emblemático como Delfín Prats (Holguín, 1945) nos ofrecen desde las palabras lo imaginativo de mundos donde la ganancia lírica está en ir dando al lector esa angustia, que el autor de Lenguaje de mudos (1970) nos provoca desde textos como Humanidad: Hay un lugar llamado humanidad / un bosque húmedo después de la tormenta / donde abandona el sol los ruidosos colores del combate / una fuente un arroyo una mañana abierta desde el pueblo / que va al campo montada en borrico/ hay un amor distinto un rostro que nos mira de cerca / pregunta por la época nueva de la siembra / e inventa una estación distinta para el canto / una necesidad de hacer todas las cosas nuevamente / hasta las más sencillas / lavarse en las mañanas mecer al niño cuando llora / o clavetear la caja del abuelo/ sonreír cuando alguien nos pregunta / el porqué de la pobreza del verano y sin hablar / marchar al bosque por leña para avivar el fuego / hay un lugar sereno un recobrado y dulce lugar llamado / humanidad. Precisamente con el poemario Lenguaje de mudos, Delfín Prats obtiene el premio David avalado por un jurado integrado por Ángel Augier, Miguel Barnet y Belkis Cuza Malé.
Es importante nombrar cuando se hable de poesía cubana en este período a Heberto Padilla (1932-2000) con dos importantes libros como El justo tiempo humano y Fuera del juego, con un discurso muy renovador y con grandes aciertos en la búsqueda de una poesía que va más allá de lo social y nos ofrece una cosmogonía de lo que sería un nuevo tiempo, su controvertido caso nos afirma la necesidad de encontrar la literatura cubana en cualquier lugar del mundo, a lo que pudiéramos acotar la sentencia de Cintio Vitier de que “todo hombre es un esencial emigrado…”2 así habrá que mencionar otros autores como Gastón Baquero, Luis Marimón, y otras voces más jóvenes como Juan Carlos Valls, Javier Marimón, Alberto Rodríguez Tosca, José Félix León, Damaris Calderón, José Kozer, entre otros.
Durante estos años se suceden múltiples tendencias y el panorama de la poesía se diversifica entre el 58 y el 80, aparecen la I y II generación del Caimán Barbudo, y un grupo que se agrupó alrededor de las ediciones El puente, destacando a Nancy Morejón, Miguel Barnet, José Marío, y Ana María Simo, lo cual ofrecía un ambiente de creación en la isla. Y son múltiples los exponentes de estos años, pero me quiero referir a la poesía de Ángel Escobar, un excelente escritor que a partir de un lenguaje muy personal nos afianza una poética que supera las corrientes coloquiales y donde la creación de atmósfera tiene un impacto decisivo en una poética dramática, pues dramática fue su vida al suicidarse en 1997, dejando una obra impresionante entre los que se destacaban libros como Cuando salí de La Habana ( Ediciones Unión,1997) “Abuso de confianza” (1992 y 1994) y otros textos inéditos como El examen no ha terminado y La sombra del decir, estos publicados en ediciones príncipes en España y que posteriormente fueron editados en Cuba. En uno de los poemas de Cuando salí de La Habana dice: Hay otro en medio que se calla y ríe. / Entre tu sombra, y tú, como anhelante- / hay otro. Y pega su nariz entre el cristal y el hielo / de tus vísceras: otro que no eres tú, / ni nadie, ni alguien / que alguna vez fuera tan verdadero jefe / en todas tus gestiones. ¡Qué ser pequeño / qué alma, qué suicida te ven mover los peones! / La partida llegó, sigue la fiesta. Hoy otro, hay otro, hay otro- tiene quien lo defienda, / una atalaya, un púlpito / y desciende. Acaso se le parece la muerte / o el decoro; si son uno los dos no cabe duda; / es otro, sí, soy otro. Con sólo una mirada / se aniquila. Tú, cantando, no hay terceras / personas, tú, cantando.
Aquí observe, cómo el escritor se siente asediado, como si su poesía fuera otra voz para salvarse, pero él escucha atento lo que dice la imagen que a unos pasos de él se traslada y continúa en pie, es parte del tiempo, es solo una hora como un cuadro en la pared lo que se ofrece, no tiene palabras porque ya él no las busca, él solo escucha, canta un poema como si en el poema estuviera la puerta, la casa, la amante que no tuvo pero la hizo suya en una noche de lluvia en La Habana Vieja después de regresar de Alamar, un sitio vedado al paseante, al otro que le sigue y así tira su suerte y salta y ya no continúa en pie. Interesante resulta como en su poesía manifiesta que escuchaba voces, por lo que hay un sentido de diálogo con el otro yo, con el que le sigue y lo mantiene en vilo. Su obra bien pudiera definirse con las palabras de Efraín Rodríguez Santana en el prólogo de Cuando salí…: “Escobar es un creador que no elude la especulación y que a través de sucesivos peldaños reflexivos necesitaba encontrar una poesía que dé sentido a su verdad más que una verdad que dé sentido a su poesía, porque de lo que se trata en su caso es de cantar sobre las contingencias del mal.”3
Lamentablemente otros escritores seguirían poniendo punto final a sus vidas como el poeta, crítico y ensayista Raúl Hernández Novás (1948-1993), su obra está considera por la crítica como una de las más importantes de la poesía cubana, precisamente en el 2000 a su obra poética se le otorgó, muy justamente, el Premio extraordinario de poesía José Lezama Lima que otorga anualmente la Casa de las Américas para obras de sustancial aporte al panorama de las letras en el continente. En sus poemarios figuran: Da capo (1982), Animal Civil (1987) Sonetos a Gelsomina (1991) este último extraordinario conjunto donde el lenguaje gana intensidad, y va cobrando la forma de una gran ciudad personal donde el soneto se renueva, es por tanto una ciudad del dolor esta. Así me parece y comparto: Encuentran una casa desolada.
En una de las cuatro habitaciones
los luminosos ángeles vivían.
Del otro lado del tabique urdían
las serpientes fangosas contorsiones.
Alguien abrió una puerta: en una orgía
los heraldos del cielo y las legiones
del cieno daban en los murallones
bajo cada disfraz ¿quién se escondía?
Triste morada que creció en la hiriente
angustia de ver turbia su corriente,
turbia de muerte, de dolor, de nada.
aunque han pintado la pared de vida,
un niño, tras la puerta condenada,
llora y gime en la noche desmedida.
Al decir de Walfrido Dorta en un artículo que apareciera con el título Algunos estados, estaciones, documentos sobre la poesía cubana de los 80 y los 904 las poéticas de Raúl Hernández Novás y Ángel Escobar funcionan como “agentes” de desplazamiento al que se vieron sometidos algunos presupuestos de la estética coloquialita; una especie de matrices desde las cuales se proyectaron los discursos de ruptura ideológica emitidos en la segunda mitad de los 80. Yo apuntaría además, conformaron un referente inmediato dentro de la propia generación al canalizar mediante su obra muchas interrogantes de los poetas de ese momento.
En el prólogo que Cintio Vitier escribió a Enigma de las aguas, uno de los primeros libros de Hernández Novás, analiza el tratamiento del tema de la Revolución dentro de la poesía cubana posterior a 1959. Allí afirma: El triunfo de la Revolución, en cuanto significó la toma de posición de nuestro ser histórico y cultural, hizo posible que la poesía cubana se acercara coralmente a los hechos concretos, a las realidades inmediatas, despojada de imágenes compensatorias o proféticas, sin la nostalgia mítica ni la sed de Tántalo. Esa oportunidad fue aprovechada con la mayor diligencia y buenos frutos. Vino después como es inevitable, su poco o mucho de retórica subsidiaria de la ganancia llamada poesía directa, realista, coloquial o de otros modos, la que ha buscado preservarse de su escritura más fácil con la ironía, el ingenio y el humor y lo ha logrado. En un tercer momento, que no pretende desde luego cancelar, ni podría, las líneas apuntadas, sobreviene una nueva fabulación de la realidad en otro contexto, con otro sentido. Ya no se trata de la vivencia del imposible como textura existencial vinculada a –no agotada por- la frustración histórica, sino del redescubrimiento, desde la roca ganada por los héroes, de los temas eternos del hombre en el área de lo desconocido. Pocas pruebas más profundas de la autenticidad espiritual de nuestra revolución que así se convierte, por el lado del sueño, en una base segura para el replanteo de la fábula y el símbolo.5
En una ocasión publiqué un artículo donde intenté señalar voces en el tractus poético de la isla que habían aparecido en los 80, pero no cabía duda que saldrían en réplica a mis criterios algunos escritores que se sintieron excluidos. Así solo el texto que titulé: Un mapa poético en Cuba a partir de los 80, intentaba más bien apuntar escritores que si bien pertenecen a un momento de la literatura cubana, sus nombres no se aprecian con mucha frecuencia en los artículos sobre el tema, es decir, pretendía hacer un acto de justicia configurando un mapa poético con las voces que van dibujándose desde la provincia, fundamentalmente. Además, la visión exclusivista que ha intentando validarse en la poesía desde ciertos círculos literarios en La Habana, han creado cánones y epígonos que se diferencian del ambiente que se respira en las provincias entre los creadores.
No existe un punto común entre estas voces como no sea el enfoque de su búsqueda en torno al hecho creador, como sujeto que debe decir algo, que debe responder a una realidad, a un tiempo y que por tanto necesita un tiempo para decir. El predominio del yo en el sujeto lírico no es otra cosa que la concreción de esa realidad. La isla como escenario de esos encuentros y como ruptura con el tiempo crea en las poéticas un punto de contacto con todo el precedente literario del país. Y en este caso me refiero al impacto que ha tenido la promoción de Orígenes, que aún teniendo discursos poéticos diferentes, lograron ser referentes constantes en el discurso que se articuló por los bardos a partir de los años ochenta. Promoción esta de los ochenta que se canonizó por el término de novísimos, y que se promovió, de modo atropellado quizás, en antologías ― entre las que se pudieran nombras Usted es la culpable6, Un grupo avanza silenciosamente, De transparencia en transparencia, Jugando a juegos prohibidos, entre otras. Sin embargo, esta generación considero que sigue siendo muy poco estudiada, en tanto evaluar las aportaciones que trajo a la poesía cubana.
Muy interesante resultan a la hora de abordar el tema de la generación o promoción de escritores, los criterios de Noel Castillo 8, joven escritor villaclareño que publica un artículo en la Revista Umbral bajo el título Materia reciclable, precisando que existe un marcado desacuerdo en el límite cronológico que endilga o no el rótulo, bastante venerado aún, de poeta de los ochentas. Lo más sencillo sería, apunta el crítico, esgrimir una sentencia monolítica: con la postmodernidad desaparecen los conteos generacionales, dichos cercos se difuminan en la pertinencia de casi todo, en una especia de contaminatio donde no es difícil hallar interactuando a poetas activos de dos o tres generaciones de las letras nacionales. Para acogerse a dicho criterio no haría sino aumentar la confusión. Sin embargo, la dicotomía entre los diferentes apelativos para segmentar y/o estudiar ese choque intergeneracional podría tener un espacio común a partir del 1 de enero de 1959 pues ciertamente hoy confluyen en el especto literario del país un orgiástico discurso lírico que valida voces diferentes en sus estilos. Un aspecto interesante que es dable significar en la literatura cubana es que esta no es solamente, léase exclusivamente, la que se hace desde la isla, y me refiero a validar los discursos también diversos de voces que han asumido la literatura desde otro país, tema este emergente en el debate cultural cubano y donde hay un criterio para los que vivimos en la isla, de reconocer dichas poéticas, la mayoría tienen un punto en común: la nostalgia y el pasado, la isla y la distancia y donde la desgarradura de los años mueven los resortes de los versos que he podido leer a través de Revistas y libros que me llegan. Esa sobredosis ante la búsqueda de paisajes de la isla apunta con mucho acierto los temas de la insularidad y la emigración. Por lo que enfatiza un diálogo con el país, y lo cubano.
La década del noventa es otro tiempo en la poesía cubana, marcada ahora por una situación muy particular que en el plano económico vivían los bardos de la Isla. La interacción que lograban las voces en diferentes plazas ahora se veía limitada al encuentro casual o el escenario de alguna feria o concurso literario, el nivel de convocatoria de los talleres literarios fueron declinando en la medida que estos escritores lograban publicar sus textos e ingresar en muchos casos a la Asociación Hermanos Saíz que siempre tuvo un protagonismo importante en la búsqueda de nuevas hornadas literarias. Sin embargo, muchos críticos vaticinan esta década como inferior en comparación con los ochenta en los predios de la poesía y validan el boom literario que experimenta la narrativa, aspecto este controvertido en tanto si es cierto que aparecen escritores importantes en este género, en la poesía hay una reafirmación de poetas que ya consolidan su obra y que logran articular un discurso diferenciador con otras voces de su propia promoción. Además empiezan a publicarse desde provincia un mayor número de escritores a través de la creación de editoriales, muchas de las cuales hoy tienen un prestigio ganado junto a otras que gestándose como proyectos de escritores a través de la Asociación Hermanos Saíz lograron también figurar en el panorama literario del territorio.
En ese ir conformando grupos para diferenciar y dibujar el panorama de lo poético en Cuba, numerosos han sido los criterios para focalizar los ojos del espectador, aquí lector, en un determinado momento. El joven ensayista Walfrido Dorta9 se deslumbra ante la supuesta radicalidad y novedad del grupo, que “de manera programática, se presupone revolucionar los contextos de la poesía en la Isla: el grupo Diáspora(s) que comienza a hacerse visible en 1993…” alegando la supuesta alternativa, entre otras razones, de su revista, la que “no se adscribió a ninguna de las instancias oficiales culturales actuantes en ese campo, y cada número suyo circula (¿) subrepticiamente en los circuitos letrados”. Aspecto este que llama la atención sobremanera del crítico literario, aunque en el aspecto formal esta poética no rebasa, en mi opinión, el desenfado formal que la poesía cubana ha experimentado por siglos. No creo, para señalar solo un ejemplo, que las poéticas de R. Saunders, R. Sánchez Mejías, por citar algunos de sus miembros, sobrepase la búsqueda tropológica y formal que ya experimentó promociones como Orígenes e incluso poetas como los de la primera etapa de El Caimán Barbudo. Funciona aquí, lo que en el aspecto sociológico, pudiera denominarse como la función del mito en la literatura, pretendiendo estandarizar ciertos círculos de una supuesta vanguardia literaria, en este caso con el mero argumento de la rara distribución de su Revista.
La diversidad de concursos literarios y el creciente auge de las editoriales a partir de la década del noventa, en mi opinión consolidaron toda una diversidad estética que muestran desde una pluralidad de formas poéticas hasta un particular espacio a través de cada provincia del diálogo constante del creador con su entorno. Ese instante de reafirmación se nos ofrece en las páginas de un poemario que obtuvo el Premio especial Hermanos Loynaz en el año 1993, en la provincia Pinar del Río, y que bajo el título El peso de la isla, el escritor Nelson Simón nos identificaba un tiempo muy particular a partir de ir desdibujando supuestas verdades. Ese desenfado, ese constante empeño de decir lo realiza a través de lo irreverente, de un raro caos donde lo que se vive es el instante necesario. Así nos cuenta un drama muy particular como si fuesen paisajes definitivos o verdades inequívocas.
Signado por una particular convocatoria el Concurso Nacional de poesía Nicolás Guillén, convocado anualmente por el Instituto Cubano del Libro y la Editorial Letras cubanas, durante estos últimos años ha servido para reconocer libros importantes que reafirman el espacio de poetas como Roberto Méndez, Sigfredo Ariel, Teresa Melo, Mario Martínez Sobrino, Roberto Manzano, Juana García Abás, Ricardo Alberto Pérez y Víctor Fowler, representantes de diversas generaciones, lo cual ratifica la diversidad de actores dentro del panorama literario cubano.
A partir de la década de los 80, en que la poesía cubana fue al encuentro de su gran tradición lírica, se produjo un rescate de las estrofas clásicas (fundamentalmente el soneto y la décima) en la labor de creación de estos escritores. De esta manera, es frecuente encontrar la presencia de estas estrofas en libros escritores incluso por autores muy jóvenes.
En particular la décima ha tenido un espacio fundamental en la tradición literaria con nombres como Juan Cristóbal Nápoles Fajardo en el siglo XIX y Jesús Orta Ruíz (Indio Nabori) desde finales de la primera mitad del XX. Esa tradición se mantiene viva dentro de la literatura cubana con realizaciones de notable factura entre poetas de las últimas promociones.
Los poetas que comenzaron a publicar en los años 90 han sido agrupados en varias antologías entre las que se destaca la titulada Los parque. Esta selección da continuidad a la poesía del grupo generación que se ilustra en Retrato de Grupo, por lo que ofrece la poética de autores nacidos después de 1976. En uno de los prólogos su antologador señala: “Releo los nombres y concluyo que lo que ha querido el editor en estos parques es mostrar, deleitarse en el conocimiento que de sus contemporáneos posee, tender una mano y dejar la memoria sígnica del momento, si no en un clic instantáneo que obligue a apretarse para salir todos, si no en una vidriera que transparente, si no arremetiendo (culpable la poesía) contra la que no hace arriesgarnos, si en los predios circulares de esos parques de la isla, donde todos caben, aunque uno se siente en escorzos, sabe que tras de las glorietas otros transitan y el aire sobra.” Así creo aceptar esas páginas que descubro desde Los parques con la ingenuidad de asumir un compromiso antes de tiempo.
Pero en el espacio poético de la isla lo más evidente es la diversidad de voces que no responden a un canon determinado, que no están centradas en La Habana, lugar incluso donde muchos escritores de provincia han decidido anclar sus casas. Resulta muy interesante, cómo a ese panorama se han sumado poetas nacidos en los años 80, que ya han logrado sus primeras publicaciones a partir de la diversidad de posibilidades para la publicación abiertas sobre todo a partir del sistema de ediciones territoriales inaugurado a inicio de esta década.
En ese divertimento con la palabra y en ese juego con la búsqueda formal, la poesía ha cubierto con su diversidad estilística en Cuba un dossier muy interesante en el contexto de estas últimas décadas. Ese constante diálogo con el presente, ese modo de buscar entre el conversacionalismo y las vanguardias un punto diferenciador entre cada provincia, para asumir el hecho creador, ha consolidado un mapa peculiar donde intentar decirlo todo es un riego. El crítico Enrique Saínz, hace una valoración muy particular y coherente sobre los años 1960-2000 en tanto “ conviven varias generaciones de poetas y diversos estilos y preocupaciones conceptuales, con largos períodos de exaltación de las transformaciones político- sociales que se operaban en el país, búsquedas de un discurso otro que se adentrase en los conflictos y cuestionamientos de raíz existencial, superados ya los hallazgos y carencias de conversacionalismo, y finalmente la aparición de una poética de ruptura, erigida en buena medida frente al canon origenista y de tendencia social, atenta a zonas de la realidad que las poéticas precedentes no habían querido o podido ver, periferia, marginalidad, vacío, locura, sinsentido, ausencia de teleología”. Interesante valoración que el destacado ensayista realiza para ilustrar cómo en los últimos años en Cuba ha existido un desplazamiento intencional que marcó Orígenes con la propia realidad cubana.
Lo cierto es que resulta muy difícil ofrecer una sentencia sobre el estado actual de la poesía en la Isla, para muchos incluso decadente, para ello tildan a los poetas como demasiado conversacionales, elementales, displicentes respecto al referente mediato o inmediato. En mi caso, me aferro a encontrar en la poesía esa llama sin tiempo, pues hay mucho más que decir, mucho más que hablar de nombres y apellidos, mucho más que ganar una plaza personal, se requiere hacer una valoración más plural e menos pragmática del hecho en sí. Esa dicotomía entre lo que va quedando en las publicaciones y la pluralidad de la entrega, nos ofrecerá mejores aristas para entender la salud de un género literario que hoy manifiesta solo una gran verdad: la necesidad del poeta de reafirmarse por encima de cenáculos y tendencia desde cualquier lugar del país y donde la llama sin tiempo apunta a no encontrar un canon homogeneizante en tales predios, en una sociedad que constantemente está cambiando.
(8) Castillo, Noel: Materia reciclable, joven poesía cubana: ni epigonal, ni expósita
Poeta cubano
ESCRITOR CUBANO
Miembro de la UNEAC (Remedios, 1969)
1994 Diplomas de Plata y Bronce en el Festival de Artistas Aficionados de la Federación Estudiantil Universitaria a nivel Nacional, en los géneros Poesía y Testimonio, respectivamente.
1996 Premio Literario “Abel Santamaría” de la Universidad Central de Las Villas, en poesía.
1997 Premio del Concurso Nacional Fundación de la Ciudad de Santa Clara, con el poemario “Unidos por el agua” (Editorial Capiro, 1998).
1998 Premio Nacional de poesía “Regino Pedroso” convocado por el periódico Trabajadores, la Central de Trabajadores de Cuba y el Instituto Cubano del Libro con el poema Tríptico para cuando mi padre diga adiós y yo no sea más que un paradero necesario entre la soledad y el hombre.
1998 Primer accésit en el Concurso Internacional de Poesía “Bustar Viejo” en Madrid, España.
1999 Premio Nacional Pinos Nuevos con el poemario “Bajo el signo del otro” (Editorial Letras Cubanas, 2000).
2000 Premio Nacional Calendario de la Asociación Hermanos Saíz con el poemario “Los inciertos dominios del escriba” publicado por la Casa Editora Abril.
2001 Premio Nacional de Poesía “Sed de Belleza” con el poemario “La oración del inquilino” (Editorial Sed de Belleza, 2002).
2001 Premio Literario XV Festival de la Juventud y los Estudiantes con el texto “Donde se dice que el invasor tiene un rostro que nada tiene que ver con la añoranza” lo que me hizo Delegado Directo al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes celebrado en Argelia.
2001 Mención Especial del Jurado Internacional de poesía “Miguel de Cervantes” en Granada, España.
2001 Participo en la Feria Internacional del Libro de La Habana.
2001 Delegado en el Congreso Nacional de la Asociación Hermanos Saíz, celebrado en el Palacio de las Convenciones, presidiendo la Comisión de los Estatutos de la organización juvenil, e integro además las comisiones de Literatura y de Escrutinios.
2001 Premio Especial del Municipio Unión de Reyes, en Matanzas, en el Concurso Nacional de Poesía “Regino Pedroso”.
2002 Premio Internacional Casa de las Américas con el poemario “Aún nos pertenece el otoño”, entre 354 obras de 18 países.
2002 Participo en la Feria Internacional del Libro en La Habana.
2002 Premio Nacional de Poesía de Amor en Varadero, Matanzas, con el poema “Dibujo en el agua”.
2002 Premio Abril de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC) por el conjunto de la obra literaria.
2002 Premio Nacional de poesía “Ser Fiel” con el libro “Para no quedar en el andén” (Editorial Capiro, 2003).
2002 Participo en la Feria Internacional del Libro en Bogotá, Colombia. Realizo un recital de poesía en el recinto de la Feria y por invitación también realizo un recital en la Casa Silva.
2002 Tercer Premio en el Concurso Internacional de Poesía “Miguel de Cervantes” con el conjunto de poema “La oración del viandante” (Granada, 2003).
2003 Premio Nacional de Pensamiento social “Ernesto Che Guevara” de la Asociación Hermanos Saíz.
2003 Premio Especial de la Asociación Hermanos Saíz en el Concurso Nacional “Regino E. Boti” en Guantánamo con el poemario “El agua de las Hespérides”.
2003 Nombrado Hijo Ilustre de San Juan de los Remedios, en Asamblea solemne del Poder Popular en el municipio donde resido.
2003 Imparto recitales de poesía y conferencias sobre poesía cubana en las Ciudades de México, Monterrey, Puebla y Coahuila.
2004 Premio Internacional de Poesía Nosside Caribe en Italia.
2004 Participo en la Feria Internacional del Libro de La Habana.
2004 Participo en el Encuentro de Escritores cubanos y venezolano celebrado en Venezuela.
2004 Premio Nacional de Poesía “Ciudad del Che” de la UNEAC en Villa Clara, con el poema: Conversación en el umbral.
2004 Participo en el Encuentro Mundial de Intelectuales y artistas en Defensa de la humanidad que se celebró en Venezuela.
2005 Premio Nacional de Literatura “Eliseo Diego” con el poemario Ciudades del invierno, en Ciego de Ávila, Cuba.
2005 Participo en la Gira por el Escambray como parte del programa del Festival del Libro en la Montaña.
2005 Participo en el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes realizado en Venezuela.
2005 Premio Internacional Desiderio Macías Silva con el poemario No llames en la noche, en México.
2005 Participo en la Feria Internacional del Libro del Zócalo en México D.F. presentando la antología personal En esta extraña circunstancia, editado por La Cuadrilla de la Langosta.
2005 Sale el primer número de la Revista Hispanoamericana de Poesía y Crítica VozOtra donde soy designado Sub-Director y es presentado en el Palacio de Bellas Artes en México D.F.
2005 Participo en la Feria Internacional del Libro de La Habana y presento la antología de mi obra Antes que la noche acabe que publica la Editorial Monte Ávila de Venezuela.
2006 Seleccionado para integrar una antología en la Radio y la Televisión Venezonalana con el poema Arabesca, Diosa indiana.
2006 Obtuve el Premio Internacional de Poesía “Casa de Teatro” con el poemario Memorial de invierno.
2006 Participé en el Evento Cultura y Desarrollo a nivel provincial y en las actividades por el 80 Aniversario de Fidel Castro.
2007 Premio Nacional de Poesía Alcorta de la UNEAC en Pinar del Río con el poemario Un mundo para Nathalie.
2007 Viajé por Guatemala en una brigada artística.
2007 Premio Nacional de Poesía Paco Mir en la Isla de la Juventud con el poemario Poemas sobre un banco de parque.
2007 Segundo Premio del Concurso Internacional de Poesía de la Revista Axolotl en Argentina con el poema Ragazzo al Mare.
2007 Premio Internacional de Poesía en el III concurso Marius Sampere en Barcelona, España, con el poemario Las naves que la ausencia nombra.
2008 Participa en el Festival Internacional de Poesía de Santa Coloma en Barcelona y hace una gira por Málaga y Granada.
Ha publicado textos en España, México, Puerto Rico, Brasil, Estados Unidos de Norteamérica, República Dominicana, Colombia, Cuba y otros países. Colaboro con varias revistas de arte y literatura. Mi obra ha sido traducida al Neerlandés y al inglés.



Imprimir
Email