Descubrimientos recientes en unas muestras de meteoritos marcianos
aportan pruebas cada vez más convincentes de que también pudo haber
existido vida en nuestro planeta vecino, así que quizás también haya
alguna forma de vida en la superficie roja de Marte.
 El espacio es un entorno hostil para los seres vivos, pero los pequeños
organismos del experimento Expose-E situado en el exterior del
laboratorio europeo Columbus, en la Estación Espacial Internacional,
han sobrevivido a la radiación solar ultravioleta, a los rayos
cósmicos, al vacío y a las temperaturas extremas durante 18 meses. ¡Un
cierto tipo de liquen parece especialmente contento en el espacio
exterior!
Aquí en la Tierra, se pueden encontrar organismos vivos prácticamente
en cualquier parte, desde los abismos de los océanos hasta en la cumbre
de las montañas más altas. Incluso los desiertos extremadamente secos y
los fríos glaciares albergan alguna forma de vida.
Descubrimientos recientes en unas muestras de meteoritos marcianos
aportan pruebas cada vez más convincentes de que también pudo haber
existido vida en nuestro planeta vecino, así que quizás también haya
alguna forma de vida en la superficie roja de Marte.
Para averiguar cómo sobreviven los organismos terrestres a las
condiciones del espacio, la ESA ha apostado por la investigación
astrobiológica durante más de 20 años. “El objetivo es comprender mejor
el origen, la evolución y las adaptaciones de la vida y poder aportar
una base experimental a las recomendaciones para la protección
planetaria”, explica René Demets, un biólogo trabajando para la ESA.
Expuestos al Espacio
El experimento más reciente es el contenedor Expose-E, lanzado a la
Estación Espacial Internacional (ISS) en Febrero de 2008 a bordo del
Trasbordador Espacial Atlantis y traído de vuelta a la Tierra en el
Trasbordador Espacial Discovery el pasado mes de Septiembre. En total,
se expusieron a las condiciones del espacio 664 muestras biológicas y
bioquímicas durante 18 meses.
Expose-E es una caja del tamaño de una maleta dividida en dos niveles
con tres bandejas experimentales, cada una con cuatro huecos cuadrados.
De estas 12 cajas, todas menos dos albergaron diferentes muestras
biológicas y bioquímicas en pequeños compartimentos.
Dos de las tres bandejas fueron expuestas directamente al vacío del
espacio, mientras que la tercera contenía un gas en su interior que
simulaba la fina atmósfera marciana, compuesta básicamente por dióxido
de carbono. La ventana que protegía estas ‘muestras marcianas’ también
disponía de un filtro óptico que imitaba el espectro de la radiación
del Sol en la superficie de Marte. El experimento estaba dividido en
dos niveles con muestras similares, de forma que el nivel superior
estuvo expuesto a la luz solar y el inferior permaneció a la sombra.
Un contenedor de experimentos casi idéntico, Expose-R, permanece
todavía en la ISS, instalado en el exterior del segmento ruso de la
Estación.
Mejor estar bien seco
Las muestras contenidas en el interior de Expose-E fueron seleccionadas
por ocho equipos científicos internacionales, en un proyecto coordinado
por el Centro de Soporte al Usuario de la Microgravedad (MUSC) en el
Centro Aeroespacial Alemán (DLR), bajo el Programa Europeo para las
Ciencias Físicas y de la Vida y sus Aplicaciones utilizando la Estación
Espacial Internacional (ELIPS) del Departamento de Vuelos Tripulados de
la ESA. Los equipos de investigadores están ahora examinando las
muestras y ya han publicado algunos resultados preliminares.
“Estos líquenes de Xanthoria elegans volaron a bordo de Expose-E y son
los mejores supervivientes que conocemos”, explica Demets. Los líquenes
son organismos macroscópicos formados por la simbiosis entre un hongo y
un organismo fotosintético, comúnmente un alga o una cianobacteria.
“Los líquenes se suelen encontrar en los lugares más extremos de la
Tierra. Cuando se les pone en un entorno que no les gusta, pasan a un
estado latente y esperan a que las condiciones mejoren. Una vez que los
devuelves a un entorno adecuado y les das un poco de agua, siguen
viviendo como antes”.
El factor crítico es el agua: se vaporiza casi instantáneamente en el
vacío del espacio. Sólo los organismos anhidrobióticos, que son secos y
capaces de aguantar largos periodos en condiciones extremadamente
secas, pueden sobrevivir al vacío del espacio. Además de los líquenes,
hay unos pocos animales y plantas que pueden soportar el vacío: los
osos de agua (Tardígrados), las artemias y las larvas del díptero
africano Polypedilum vanderplank son los únicos animales conocidos
capaces de sobrevivir al vacío del espacio. Algunas semillas secas de
plantas también son suficientemente secas como para sobrevivir a estas
condiciones extremas.
Otros riesgos que supone el estar expuesto al espacio son los ciclos de
temperaturas extremas y la radiación. “La radiación es un gran peligro
para la vida en el espacio”, comenta Demets. “Los rayos cósmicos son
muy energéticos e ionizantes, pero lo más dañino es la radiación
ultravioleta que recibimos del Sol. Aquí en la Tierra, la radiación
UV-C se utiliza en aplicaciones donde es necesario matar bacterias,
tales como en la esterilización de instrumental”. Con el tiempo, los
efectos de las partículas de alta energía, de los rayos-X y de la
radiación gamma se hacen más importantes, ya que destruyen el ADN y
provocan mutaciones genéticas.
¿Bichos viajando por el Espacio?
MUSC está desarrollando una simulación en tierra en paralelo,
exponiendo muestras similares a los mismos parámetros ambientales que
las muestras que viajan en el espacio, con la excepción de la baja
gravedad y de la radiación ionizante. “Esta simulación durará durante
toda la misión, y cuando termine podremos obtener los resultados
finales”, comenta Demets. “No puedo esperar más, sabemos de antemano
que los resultados van a ser muy interesantes”.
El hecho de que organismos vivos logren sobrevivir a las condiciones
hostiles del espacio parece apoyar la teoría de la panspermia – formas
de vida que se diseminaron de un planeta a otro, o incluso entre
sistemas solares. “Los cabos sueltos de esta teoría se encuentran ahora
en la llegada al planeta, porque ninguna forma de vida puede sobrevivir
a una reentrada en una atmósfera”, explica Demets. “Sin embargo, puede
que las condiciones sean más favorables en el interior de un meteorito.
Por este motivo, ahora estamos considerando realizar un experimento
astrobiológico durante el retorno a la Tierra”.

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