Muestra variopinta del
Festival de Cine Judío de Toronto
Por: Roxana Olivera
Toronto – Las siguientes películas, de Alemania, Francia y Holanda respectivamente, muestran la diversidad internacional de las cintas cinematográficas que presentó este año el Festival de Cine Judío de Toronto del 3 al 11 de mayo.
En Max Minsky y yo, de Anne Justice, Nellie Edelmeister es una adolescente de 13 años quien se prepara para su bat mitzvah en Berlín. Lamentablemente, las clases de hebreo son demasiado aburridas para Nellie. Ella prefiere dedicar su tiempo a otras cosas. Por ejemplo, a ella le interesa leer sobre astronomía y sobre el apuesto príncipe Edouard de Luxemburgo, quien curiosamente también se siente apasionado por la astronomía.
Nellie es una niña muy hábil en los estudios, pero típicamente, un desastre en educación física. Pero cuando Nellie se entera que el equipo de básquetbol de su colegio participará en un campeonato en Luxemburgo, el cual será auspiciado por el apuesto príncipe, Nellie se pone las pilas y se las ingenia para formar parte del equipo de básquetbol.
Nellie le propone a Max Minsky, un nuevo alumno en la escuela y un excelente jugador de básquetbol, hacerle sus tareas y darle el dinero que su madre le paga a ella para que le dé clases a él a cambio de clases de básquetbol.
Nellie empieza a faltar a sus clases de hebreo. La madre se entera y le arma un escándalo. El director del colegio se entera que Nellie le hace las tareas a Max y la madre de Max le arma un lío a él y a Nellie hasta que finalmente Nellie logra su objetivo y se convierte en una talentosa integrante del equipo de básquet.
Durante todo este proceso, Nellie descubre muchas cosas sobre su fe, Max y ella misma.
Mala fe, de Roschdy Zem, trata la historia contemporánea de muchas parejas: ¿Pueden funcionar los matrimonios mixtos? Y, cuál seria la reacción de los padres y de la sociedad en la que viven?
En esta película francesa, Clara e Ismael han salido juntos durante cuatro años y están locamente enamorados. Pero Clara es judía e Ismael es musulmán. Luego, Clara le anuncia a Ismael que esta encinta. Los dos se sienten felices y deciden vivir juntos.
A la hora de darles la noticia a los padres, la pareja descubre que la cosa es más difícil de lo que se imaginaban.
Cuando Clara le habla a sus padres sobre Ismael, su madre le pregunta:
-¿Es como nosotros?
-¿Francés? Sí.
-Okay, pero es ...
-No. No lo es.
-No hay problema - dice la madre. Los sefarditas también nos caen bien.
A su vez, Ismael no se arma de valor para decírselo a su madre y es allí donde empiezan ya los problemas de la pareja.
Clara e Ismael pelean sobre la mezuzah que a ella repentinamente se le vino en mente poner afuera de la puerta. Ismael decide que si el bebé es varón llevará el nombre de su padre. Mientras los pleitos continúan y las diferencias culturales se acentúan, Clara decide abortar. Y es sólo a último minuto que Ismael logra prevenir la tragedia y salvar la relación.
En Róbame un lápiz, de Michèle Ohayon, se aprecia una historia verídica sobre el Holocausto que jamás se ha visto en pantalla. En las palabras del propio Jack Polak: “Estuve en campos de concentración con mi esposa y mi enamorada; y créanme, aquello no fue fácil.” Pero al fin de cuentas, él, la esposa y la enamorada sobrevivieron. Mientras la cinta muestra cómo cartas de amor ayudaron a la enamorada de Polak a superar los desafíos de la maquinaria nazi, la cinta no transmite el sufrimiento que encaró la esposa. Tal como lo señala el final del film, Polack y la enamorada celebraron sus 60 años de matrimonio mientras que la ex esposa murió en un asilo de ancianos. Sola y sin familia ya que nunca se volvió a casar.

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