Con lamentable retraso veo En compagnie d’Antonin Artaud, de Gerard Mordillat, que apareció en 1993. Por azar lo encontré en Target, a precio de liquidación. ¿Un film sobre Artaud en Target?
Feliz ironía del destino (¿o simple muestra de la comercialización de
la cultura?) que me permite ver la película 13 años después.
Basado en escritos de Jacques Prével (1915-1951), En compagnie d’Antonin Artaud muestra la relación entre ambos en los dos últimos años de vida de Artaud (1896-1948).
Prével
(Marc Barbé) espera que Artaud (Sami Frey, totalmente identificado) lo
ayude a publicar sus poemas; a cambio lo provee de opio. Durante su
estancia en el sanatorio de Rodez, Artaud recibió los poemas de
Prével, y respondió alabándolos en una carta. Pero Artaud le impide
publicarla o hacerla circular.
El
film narra una relación tensa, de poetas malditos -discípulo y
maestro-, torturados, arrinconados contra el sufrimiento, que enarbolan
su arte como único intento de libertad.
Intento; nunca logro. Camino lleno de obstáculos—la consabida envidia
de otros poetas; el celo profesional o monetario de editores--, plagado
de problemas de salud y económicos, en el marco de una vida disipada y
frágil alimentación. Prével se desplaza por un París grisáceo, de
trenes y bares llenos de humo, ambiente tenso y matizado apenas por un
fondo de armónica de jazz.
Las poderosas imágenes en blanco y negro permanecen en la memoria. Veo
a Artaud gritándole a Colette (Charlotte Valandrey)—asustada, al borde
del colapso—instándola a que los versos le salgan no de la boca sino de
las entrañas. Perfecta pieza del Teatro de la Crueldad.
En
la escena entre Prével y su amante, después que ésta se recupera de una
sobredosis, de movimientos musicales, con fuerza de oceano, emerge la
energía poética del amor. Esa energía que Artaud niega, para él el
sexo destruye y aniquila; él sufre cuando las parejas hacen el amor,
cuando tienen niños.
Artaud y Colette son un cuadro del mismo
Artaud (que artística y existencialmente se identificaba con Van
Gogh). Mujer y hombre, bellos en su agonía, interrogan a la muerte.
Vida
y poesía se intersectan, se sustentan y vampirizan a la vez. Prével
busca y provoca el sufrimiento, enmarañado en un triángulo amoroso con
su amante Jany (Julie Jezequel), adicta como Artaud; y su esposa Roland
(Valerie Jeannet), imagen de la pasividad doméstica. Por estar con
Jany, Prével no asiste al nacimiento de su hijo. En otro episodio Jany
busca la ayuda de la esposa cuando a Prével le da un ataque y empieza
a escupir sangre.
La
existencia es enfermedad causada por excesos personales y/o el mundo
exterior. A Artaud el opio le alivia el cáncer, le da fuerzas para
continuar la obra que redimirá la existencia, obra siempre incompleta,
insaciable, interrumpida: causa y alivio de la angustia. La ironía de
la última tortura es que el sufrimiento continúa.
Deliberadamente,
en un intento imposible de alcanzar la Verdad, Artaud transita entre la
cordura y la insania. Artaud pasó prolongados períodos en sanatorios,
empeorado por lo que se suponía iba a curarlo: drogas, electroshock.
Cuando pierde su llave, la policía lo ayuda a trepar la muralla del
asilo.
Para
Artaud las palabras deben detonar, explotar, transformarnos,
eviscerarnos. El Poeta–Mago, Hacedor—debe proyectarlas por encima del
nivel elemental: “Sólo los tenderos charlan”. Artaud se expresa en
gritos o sentencias filosófico-poéticas: “He sobrevivido mi propia
muerte”. “Sólo un hermafrodita sabe lo que es el amor”.
Las
últimas imágenes: la procesión fúnebre, solemne y trágica,
silenciosa--las pisadas del cortejo, el carruaje tirado por caballo--no
aluden al suicidio de Artaud.
Septiembre 2006
P.S. Me entero que en enero de este año ha salido la versión en DVD de En compagnie d’Antonin Artaud. No intento excusar el retraso; tal vez urgir un hallazgo inédito, surrealista—poesía en un estante de almacén.

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