Por ello, muchos dieron por acabada la carrera
del actor, director y guionista neoyorquino, pero hace algo más de un
año, Stallone decidió resucitar de las cenizas al personaje de Rocky y
la sexta entrega de la serie, Rocky Balboa, que no sólo se
convirtió en un triunfo comercial al ingresar 151 millones de dólares
en todo el mundo, sino que además fue tratado con más candor de lo
habitual por la crítica, siempre presta a atacar sin piedad las cintas
protagonizadas por él.
Visto el éxito de la propuesta, la estrella de Cliffhanger
desempolvó a su otro personaje más reconocido, John Rambo, y con poco
más de 15 millones de dólares de presupuesto se marchó a Tailandia
donde rodó Rambo, la cuarta parte de la saga que dio inicio en 1981 con First Blood y que prosiguió con Rambo: First Blood Part II (1985) y Rambo III, estrenada hace 20 años.
Dos décadas es mucho tiempo para alguien como Rambo y aún mucho más
para un artista como Stallone. A sus 61 años, el actor pretende
demostrar que los viejos héroes nunca mueren (y en el caso de la
ultraviolenta Rambo, matan mejor que nunca), como también han demostrado Bruce Willis con Live Free or Die Hard, o Harrison Ford, que vuelve este verano con Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull .
Lo cierto es que sentarse frente a la estrella de Copland y F.I.S.T.
– dos de sus mejores trabajos frente a las cámaras – supone una
verdadera sorpresa: relajado a pesar de las decenas de entrevistas
concertadas, Stallone aparenta en persona al menos 10 años menos de los
que tiene, y se mantiene en excelente forma.
En Rambo
– que se estrena hoy y que sigue al veterano de Vietnam en una
operación de rescate de unos misioneros en la frontera entre Tailandia
y Mianmar – , Stallone apuesta por apartarse del cine de acción de
superhéroes al estilo de Spider-Man o Superman.
"El cine de acción se ha convertido en algo demasiado sofisticado,
limpio, elegante. No hay nada de emoción: es como mirar a un boxeador
que es demasiado preciso. Yo quiero ver sangre", asegura el también
director del filme.
En su opinión, la acción debe ser primitiva, brutal, masculina, y advierte que Rambo "no
es una protesta contra ese nuevo cine de acción, pero sí es un viaje al
pasado, un recuerdo nostálgico al género de los 70 y 80".
"Rambo es
lo que es", comenta acerca del personaje. "La película de Bruce
(Willis) fue muy buena, pero fue todo estilo y, al fin y al cabo, fue
superficial. Rambo es acerca de la vida y la muerte, y la única
opción es una clasificación R porque lidiamos con la destrucción de
seres humanos. Uno no puede visualizar la guerra de forma agradable,
especialmente después de ver a miembros de Al Qaida degollar a
inocentes en internet. Para mí había que ser así de violento, sino no
tenía sentido contar esta historia".
Por supuesto, los
productores trataron de convencerlo de lo contrario, ya que un filme
PG-13 recauda más dinero que uno clasificado R y que restringe el
acceso de adolescentes a los cines.
"Yo les advertí que Rambo iba
a ser brutal y no iba a ser un superhéroe, que es lo que fue en la
última entrega. Para mí un héroe real, un auténtico guerrero agarra a
alguien por el cuello y lo degüella con sus manos. Así que la única vía
fue que fuera extremadamente violenta", asegura.
Para Stallone, no existe una nueva generación de héroes del cine de acción.
"Cuando crecí teníamos a John Wayne, Clint Eastwood...", recuerda.
"Cada generación cambia. Si alguien quiere cine de acción de verdad, no
tiene otra opción que regresar a los viejos tiempos. Esas películas son
perfectas porque están hechas en un momento determinado en el tiempo.
Por ejemplo, si alguien tratase de filmar hoy una nueva versión de The Godfather, ¿a quién le van a dar el papel principal? Es imposible.
Para el actor está claro que existe una gran diferencia entre el espectador de los años 80 y el del siglo 21.
"Hoy el público ha cambiado", reconoce. "La audiencia más adulta ya no
va al cine como antes y prefiere quedarse en casa. Y la que sí ve
películas es mucho más avispada, sofisticada".
Y por lo que respecta al cine, afirma que el cambio más drástico es que ahora nadie se arriesga.
"El 99% de las películas que se hacen han recuperado su inversión antes
de empezar a rodarlas. En los 70 la gente apostaba por lo desconocido:
si hoy tratara de hacer Rocky, nadie me daría una oportunidad. Nadie".
Rambo se
filmó en Tailandia, cerca de una zona conflictiva que sufre las
secuelas de una guerra civil que empezó hace más de 60 años. La razón
por la que se desplazó hasta allí es que se trata de "un país
misterioso, que se rige por sus propias normas. Hasta sus habitantes
tienen una mirada distinta. Eso nos dio autenticidad. ¿La secuencia de
los piratas? ¡Tres de ellos son auténticos piratas! Pero al principio
no quise filmar allí, así que traté de hacerlo en Puerto Vallarta
(risas). Pero los productores me dijeron que no había suficiente dinero
para rodar en México".