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LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Ihosvany Hernández González   
lunes, 18 de mayo de 2009

LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO

(UN GUIÓN TROCADO EN NARRATIVA)

 

Por Ihosvany Hernández González 


Image
Antes de ser novela, La Guerra del Fin del Mundo fue el guión de una película que no se llegó a filmar. Luego fue que, entre 1977 y 1980, Mario Vargas Llosa escribió estas páginas sobre la Rebelión de los Canudos.

En 1981, al ser esta novela editada, la literatura latinoamericana contó con una nueva obra a perseguir, a leer, a deglutir hasta el hartazgo; porque, definitivamente, eran aquellos años dorados que tuvo la Literatura Latinoamericana y del Caribe. Y entonces Julio Cortázar, Gabriel García Marquéz, Alejo Carpentier, Lezama, e Isabel Allende se hacían ventura e incrementaban la imaginación y el hábito del lector (de aquel entonces). Mario Vargas Llosa era también uno de aquellos autores del mundo hispano que ya había irrumpido —notoriamente— con La Ciudad y los Perros, en 1962.

Pero volviendo a La Guerra del Fin del Mundo, digo que fue mucho después, en el 2007, cuando Punto de lectura, S. L. (Madrid, España), la reedita y yo consigo un ejemplar, para luego, demorarme en esta historia sobre el fanatismo religioso, y los malos entendidos que desataron esta guerra social al noreste de Bahía ya en los finales del siglo XIX, cuando se creía que estaba por llegar el final de los días en este mundo, y cito de la novela:

en 1900 se apagarían las luces y lloverían estrellas. Pero antes ocurrirían hechos extraordinarios. (…) En 1897 el desierto se cubriría de pasto, pastores y rebaños se mezclarían y, a partir de entonces, habría un solo rebaño y un sólo pastor. En 1898 aumentarían los sombreros y disminuirían las cabezas y en 1899 los ríos se tornarían rojos y un planeta nuevo cruzaría el espacio.

Había, pues, que prepararse. Había que restaurar la iglesia y el cementerio, la más importante construcción después de la casa del Señor, pues era antesala del cielo o del infierno, y había que destinar el tiempo restante a lo esencial: el alma.

La narrativa aguda, a la que nos tiene acostumbrado Mario Vargas Llosa, aquí se adentra en los miedos y zozobras de curiosos personajes, como: el periodista miope, el Enano, Jurema, Rufino, María Quadrado, el deforme León de Natuba, el padre Joaquim, João Abade, João Grande, Antonio Vilanova, Epaminondas Gonçalves, el barón y la baronesa de Cañabrava, el coronel Moreira César, el fanático y anarquista escosés Galileo Gall, y, el predicador: Antonio (Vicente Mendes Maciel), el Conselheiro, quienes irrumpen en los escenarios de un Brasil que salía de la monarquía para adentrarse en la República.

En la novela, Galileo Gall (uno de los más importantes personajes de la novela después del Consejero y el fanático coronel Moreira) piensa que su ayuda a los rebeldes de Canudos es imprescindible, que su conocimiento sobre revoluciones es trascendental, pues ya estuvo en la Comuna de París, y en otras luchas revolucionarias y políticas, pero sobre todo es un idealista que defiende su concepto de Libertad. Además cree que el sexo desvía al hombre de la lucha, por lo que se abstiene a la lujuria por diez años hasta que conoce a Jurema, la mujer de Rufino el rastreador. Entonces su abstinencia se desmorona allí mismo. La tentación le da un vuelco en sus ideales, y se dice: la ciencia es todavía un candil que parpadea en una gran caverna en tinieblas. Al saber de este hecho, Rufino perseguirá a su mujer para matarla, y al idealista se le perseguirá para poder implicar al gobierno británico de interferir en la sublevación de los de Canudos.

San Salvador de Bahía intenta sobrevivir en su caos. Un bando se aferra a las viejas costumbres monárquicas y no acepta los matrimonios civiles, ni el censo, y mucho menos pagará los impuestos que exige el nuevo gobierno republicano, que trae el progreso industrial al Brasil (pues ya se abolió al esclavitud, y son las máquinas quienes suplen el trabajo manual). El otro bando, al que pertenece el coronel Moreira César, defiende la República hasta sus últimas consecuencias. De ahí la guerra, los sucesos narrados a lo largo de la historia que guiarán al lector a una encrucijada en donde el autor critica tanto fanatismo, tanto idealismo hasta en las costumbres matrimoniales.

Toda esta situación entre monárquicos y republicanos arrastra la confusión. Los beatos creen que el diablo, o el Anticristo llegará a sus territorios, y se enfrentan a las tropas enviadas por el Estado, al mando del coronel Moreira. Ya el predicador: el fanático Antonio Conselheriro, ha estado deambula por villas y poblados, instruyendo a pobres, antiguos negros esclavos, mulatos libres, y gente pobre y sin instrucción, y los incita a frenar al Anticristo, y juntos levantar una humilde iglesia para el Buen Jesús y reparar el cementerio. Y es aquí cuando Gallileo Gall quiere intervenir con sus ideales. Entonces surge el malentendido, y el Epaminondas lo acusa falsamente de incitar la revuelta. Y lo que se inició como una rebelión en una secta religiosa acaba en guerra social.

A lo largo de la novela, contada por varias voces (una de ellas, la del periodista miope quien al perder sus espesjuelos necesitará la ayuda de otros para que le narren los hechos), hay demoradas narraciones de las batallas —lo que es lógico es un libro sobre guerra— y concurrimos al enfrentamiento entre los habitantes de Canudos (antiguos esclavos, mulatos libres, y gente pobre que allí vivió cuando entonces era territorio de San Salvador de Bahía).

La narración crece entre personajes tan enigmáticos como los mencionados anteriormente, y el León de Natuba, un ser malformado, que deambula en cuatro patas, como un animal salvaje; pero a pesar de su cabeza enorme, su inteligencia lo pone a prueba, convirtiéndolo en el escriba de Canudos.

Ciertos personajes buscan sus felicidad, otros defienden su fanatismo a fuego limpio, y mismo tiempo hallamos situaciones tan sutiles como la escena en que el barón de Cañabrava no quiere lastimar a su varonesa, ya enferma, y seduce a Sebastiana en un larga y lúbrica noche, que acaba por dejarnos noqueados y meditativos acerca del asunto del deseo y la complacencia. Y, para los que ya pasaron por las Travesuras de la Niña Mala (2006), notamos aquí un indicio de perversidad y lujuria que luego se desarrolla abiertamente en esta otra novela de la niña mala.

Según la historia, la Guerra de los Canudos duró un año, por tanto, La Guerra del Fin del Mundo narra, describe, y ficciona sobre aquellos sucesos demoradamente, como una extensión literaria de la realidad. Por lo que tiros, cuchilladas, bombazos, atrincherados, fuego y pólvora no faltan. Y abundan hasta la saturación.

Pero, a pesar de la hermosa narrativa, me demoré entre aquellos trincheras, en aquellas largas batallas por sobrevivir entre el fuego y la faca. Aunque no lo señalo como un defecto sino como una manera de convivir entre el gusto y el disgusto. Claro, aquí hablo desde un punto de vista personal, pues no intento hacer un ensayo, sino dejar constancia de lo que rodea en estos días a un servidor, que se vio fustigado sobradamente en esta novela.

Y es entonces que me pregunto: ¿Cuánto se puede aguantar un militar en plena guerra al servicio de la patria? ¿Cuánto habrá aguantado un soldado como Queluz sin hembra para satisfacerse al atisbar las nalgas de aquel ordenanza que defecaba en pleno monte? ¿Es que el instinto animal correo el alma, o el pensamiento? ¿Por qué Jurema, mujer de tantos hombres, se sintió tan feliz entre un desgarbado y un enano? ¿Por qué el barón de Cañabrava se supo complacido viendo dos mujeres dormir juntas? ¿Por qué el fanatismo ciega y no permite vislumbrar el progreso? ¿Por qué lo que fue un conflicto entre fanáticos se convirtió en una guerra social?

 

 


 

ihosvanyHdez.jpgIhosvany Hernández González (Ciudad de la Habana, Cuba, 1974), fue escritor de programas dramáticos de la emisora nacional Radio Progreso, así como de la productora Radio Arte. Mientras escribía para la radio, fue estudiante de la Universidad de la Habana, intentando licenciarse en Historia de Cuba. Abandonó sus estudios para dedicarse por completo a escribir para la radio, hasta que en el 2004 salió definitivamente del país. Desde entonces reside en la ciudad de Montreal, en donde continúa escribiendo narrativa y poesía.
En el 2008 obtuvo el premio de reseña literaria de Azafrán y Cinabrio ediciones (México) por el trabajo: “Boitel: entre la noche y la palabra”, sobre el poemario No llames en la noche, del poeta cubano Luis Manuel Pérez-Boitel.
En ese mismo año 2008, fue finalista del premio Jiménez Campaña (categoría del premio internacional Artífice de relato corto y poesía, Granada, España) con el poemario: “Un sitio para este otoño”.
En el 2006 fue también finalista del premio internacional de poesía Desiderio Macías Silva (México), por el poemario: “Días despavoridos como ciervos”.
En el 2005 obtuvo el segundo premio, de la categoría cuento, en el evento Tendiendo Puentes convocado por la Universidad de Toronto (Canadá), por el relato: “Salón Sahara”, que aparece publicado en la antología The political participation of Latin Americans in Canada (Jorge Ginieniewcicz & Daniel Schugurensky, editores. OISE/UT, 2006).
Ha colaborado para varias revistas digitales como “La zorra y el cuervo”, “Decir del Agua”, “Remolinos”, “Letralia”, entre otras. Es miembro de la organización Remes, y de Poetas del  mundo.
Hits: 1950
Comentarios (1)add
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escrito por katy , mayo 18, 2009
yo kiero saver cuantas personas ay en el mundo ok y komo sera el fin del mundo
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