LA VOLUNTAD Y LA FORTUNA LÍADAS A LA AMBICIÓN Y EL PODER EN LA NOVELA DE CARLOS FUENTES
Por Ihosvany Hernández
¿Tú entiendes, Errol, por qué si hay cinco tigres en una jaula cuatro se juntan para matar a uno solo?, la pregunta la escucho en voz de Josué Nadal, al amigo Errol Esparza, que a su tiempo conocerás, aquel mismo que primero fue dispuesto a lanzar un par de golpes y acabara por formar parte de la alianza: Jericó—Josué, hermanados en la adolescencia por la literatura, las ideas y por una “puta con una abeja tatuada en la nalga”; aunque, diez años después sus voluntades tropezarán hasta hallarse transmutados tras la infamia y la corrupción. Pero, piensa, ¿por qué si hay cinco tigres cuatro se juntan para devorar al otro? Puede que desentierres la respuesta en “La Voluntad y la Fortuna”, novela de Carlos Fuentes (Panamá, 1928), editada el 2008 por Alfaguara, Santillana Ediciones Generales, México, D.F, pero claro está que todo dependerá de ti.
A lo largo de esta novela hallarás claves para responderte aquella pregunta. Y sobre todo para conocer la historia de estos amigos. Sin embargo, piensa, ¿quiénes son ellos? Sí, sus nombres son: Jericó y Josué. Pero ¿tienen de Cástor y Pólux?, ¿o de Abel y Caín? Ahí estará el padre Filopáter, un cura rebelde, quien fuera testigo de tanta hermandad y terminara por nombrarlos así: Cástor y Pólux. Josué será criado por María Egipciaca del Río. Y allí, en la casa de la calle Berlín habrá contradicciones entre la decencia y lo mundano. Ay de cuando la tutora halle el semen del joven en el calzoncillo, ya entenderás ciertas razones por la que un adolescente prefiere andar retraído cuando piensa en masturbarse. Allí, en la casona, todo irá más o menos bien hasta que la vida de Josué tiene su leve vuelco con la llegada de la enfermera Elvira Ríos, una chaparrita india que, además de propiciarle cierta lujuria a su paciente, servirá para que la benefactora libere su racismo; pues María Egipciaca no hace más que alabar a la raza blanca, a los “güeros” confiándoles el destino del mundo, el monopolio de la inteligencia, la belleza y la fuerza; y en su confusión mental repetirá: “Si los blancos nos gobernaran, seríamos un gran país, los indios son nuestro lastre, los negritos sólo sirven para bailar”. (pp.82) Jericó, contrapartida de Josué, irá becado a Francia una vez terminada la preparatoria. Tiempo después, saltará ciertas reflexiones en quien extraña: “No sé si Jericó sentía, en Europa, lo que yo sentía en México. El placer se habría duplicado con su presencia. Habríamos podido comentar, entre nosotros, las lecciones de Antonio Sanginés, contrastarlas con las del padre Filopáter y proseguir, como lo habíamos hecho desde entonces, nuestra formación intelectual con cimientos firmes en la amistad” (pp. 116). Mucho más tarde, Jericó estará de vuelta, irrumpiendo nuevamente en la vida de Josué. Entonces nombrará sitios de Francia pero a cada instante soltará frases en inglés, las que te hará dudar si en verdad estuvo fuera del país o sólo se llegó hasta la frontera con los Estados Unidos. “Let’s shrug it out!”, dirá una y otra vez.
Pero, Josué no sale de México, y al graduarse como abogado, descubre, un mundo oscuro en la cárcel de Aragón, allí en donde ahogan a niños en un piscina con el fin de tener menos bocas que alimentar. Y en esta cárcel para niños y adolescentes, hallarás, óyelo bien, al cubano Siboney Peralta, un mulato de unos treinta años, con pelo largo arreglado en trenzas torcidas y desnudo hasta el ombligo y con un pantalón arremangado en torno a un sexo confuso que lo mismo podría ser manguera que perinola (pp. 131). No transcribiré más que esta frase, que, si notas bien, tienes más de humor que de erotismo desafiante. Como cuando el propio preso dice ser “hijo del bolero, chico”. Además de este presidiario, que baila y goza como merece su origen, allí habitarán el Brillantinas y el Gomas, asaltantes de productos para el pelo, porque es lo que más le atrae del mundo; crítica mordaz a la moda, que casi nos deja desvestidos y despeluzados (pp. 115). Y sobre todo tropezarás con Miguel Aparecido (pp.142), “cuyo físico se asemeja al actor mexicano Gael García Bernal”, y es uno de los enigmas de la historia, pues vive entre rejas por su propia voluntad, y forma parte en la relación con los dos protagonistas. Él ama su “libertad carcelaria”. Jamás saldrá de allí, porque sólo tras los barrotes puede estar vivo. La cárcel es su mundo. Y allí develará la otra cara de la moneda. Porque, como dije, forma parte de este rompecabezas blindado con la inteligencia de su autor. Rompecabezas en donde hasta el músico Compay Segundo* (1907-2003) —permíteseme resaltarlo también por lo de cubano—, tiene un breve resquicio para ser nombrado: “viejo perpetuamente joven” (pp.200).
Otro interesante (y simbólico) personaje es: Lucha Zapata (pp. 129). Su irrealidad me lleva a recordar un filme de Eliseo Subiela, y en particular a la mujer vestida de negro (la muerte) que aparecía en cada esquina de la ciudad en “El Lado Oscuro del Corazón”. Lucha Zapata es tan alegórico como sorprendente y cautivador. Ella orienta, indica, a la vez que se droga y no puede hacer nada por el México poluto, turbulento, y denigrado. Arrastra su amor, su generosidad, y hasta su peligro. Así irá depositando enigmas, yendo de un sitio a otro, mientras nadie la ve sin embargo sienten su fuego. Y es, al parecer, la única incapaz de traicionar. ¿Pero, no imaginas por qué prefiera la cocaína a la realidad que avizora?
Antigua Concepción Martínez, la matriarca, es otro curioso personaje. Ella es toda una tumba, que cuando platica, porque ésta sí que abre sus fauces y no se queda callada, toda la tierra tiembla. Y se goza con sus embestidas al país, a la política, a la familia dejada. Y se explaya en decir (porque sabido es que Carlos Fuentes es un conocedor de la historia de México): “Yo nací en 1904, siete años antes de que fuera presidente don Francisco Madero, Apóstol de la Revolución, muerto a traición por el usurpador Victoriano Huerta en 1913. Igual que Allende y el traidorzuelo Pinochet con voz de marica. Yo tenía trece años cuando se promulgó la Constitución. Dieciocho, cuando era presidente mi general Álvaro Obregón, el manco que perdió el brazo en Celaya dándole en la madre a Pancho Villa y diecinueve cuando mataron a traición a Pancho Villa y sólo quince cuando mataron a traición a Emiliano Zapata y cumplí veinticuatro cuando un mocho se despachó a Obregón de un balazo en la cabeza mientras el general comía totopos en un restaurante del sur de la capital” (…) (pp. 168).
Concepción, o Conchita es, además, la madre del magnate: Max Monroy, el Gran Poderoso que habita en lo más elevado de un edificio de oficinas. Y allí, tras los amplios vidrios atisba la metrópolis asfixiada, en donde: “todo ha sido traición, mentira, crueldad y venganza” (pp. 170). Y como todo magnate, tiene su secretaria dadivosa. En este caso conocerás a Asunta Jordán, quien juega diestramente su doble papel de amante, y ejecutiva del Poderoso, el gran hombre que le ofrece ciertas libertades, como gozar con jóvenes. Y entre ellos, claramente estarán esos nombres que ya tienes en mente: Jericó y Josué.
Con Asunta Jordán no habrá esa complicidad quen hubo años atrás, cuando estos hermanados tenían unos 17 y 18 años, y en pleno acto orgiástico, en algún burdel inolvidable, le decía Jericó a Josué mientras gozaban juntos de “la puta de la abeja tatuada en la nalga”: “¿Puedes imaginar a todos los hombres que la han poseído? ¿No te excita saber que el camino a su cuerpo ha sido recorrido por miles de vergas? ¿Te molesta, te interesa, te repugna? ¿Sólo tú y yo nos emocionamos? ¿Vamos a gozar separados o al mismo tiempo?” (pp. 106)
¿He aquí un divertimiento placentero o una reflexión sobre el acto sexual? O,“¿Quieres creer que el sexo es como un gran poema barroco cuyo exterior es el decorado insidioso de una límpida profundidad?” (pp. 107). No daré otros detalles, porque tras “la puta con la abeja tatuada en la nalga” se esconden otras caras, otras traiciones que estos hermanados descubrirán, y cuyo enlace retorna a Errol Esparza, el amigo del Pedregal.
Estos personajes que te he mencionado tienen relación, incluyendo a quien aún no te he presentado: el abogado Antonio Sanginés, enlace entre el estado y la empresa. Su astucia provoca cierta incomodidad, pues, como reconocerás, lo mismo está con Dios que con el Diablo. Su corrupción política y social te arrancará el resuello como lector, y mucho más al final, cuando a punto de conocer toda la verdad, creerás que te vigila para salirse con las suyas.
Pero, retornando a los hermanados, y a las escenas (homo?)eróticas, refiero aquella en la que Josué contempla a Jericó desnudo sobre la cama y en cuatro patas, mientras su sexo cuelga como un péndulo (pp.447). En esa postura de animal en celo, Jericó reclama su derecho sobre Asunta Jordán, esa ejecutiva que con un celular en mano, hará más que concertar citas y reuniones. Y es en esa turbación que habrá algo que impidirá a los jóvenes reconocerse más allá de los instintos carnales. Hay algo que va demorando el impulso para saberse entregados, más allá de la amistad, la camaradería, la hermandad. Sin embargo, más que esa visión satánica sobre las relaciones entre estos amigos, se oculta mucho más a la largo de la novela, en donde, te verás inducido a reflexionar sobre el lujo, el poder, la ambición, la mentira, y, la traición.
Cierto es que casi toda narrativa posee dosis de innovación; y aquí, Carlos Fuentes, una vez más, te ofrece su estilo. Basta observar esa técnica que ya advertí en “Los Años con Laura Díaz”, cuando Juan Francisco, ya anciano, sube los peldaños de su casa y cada escalón le dura un siglo y se le vuelven de piedra instantes antes de morir sobre el inodoro a tiempo que puja y el corazón deja de latir. Aquí, en “La Voluntad y la Fortuna” también el estilo de la narración da ritmo y se ajusta a la acción. Véase (pp.259) la forma en que se relata como Josué Nadal entra (también) al baño (pero) del aeropuerto, se mira la espejo y descubre, tras una de las puerta, a un mujer joven, con postura de animal en presa, y con “una abeja tatuada en la nalga” (pp.260). He ahí otro enigma que te irá conduciendo por esta historia entre el poder, la ambición, y la traición.
La cabeza cortada de Josué, desde una playa del Pacífico, te inducirá a esta historia. Pero ¿quién le corta la cabeza?, ¿quién es ese personaje que, contra su voluntad, hará todo por apropiarse de la fortuna? Y lo más importante, piensa, ¿es que una cabeza cortada puede hablar?, ¿tendrá sentido que un decapitado venga ahora a sembrarte tardes de recuerdo, añoranza, queja y gloria?, piensa, y vuelve luego a asomarte a la Plaza del Zócalo para atisbar las cabezas rodantes de los que, quizás, de noche, regresen para hablar de los suyos.
* http://es.wikipedia.org/wiki/Compay_Segundo

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