PRÓLOGO DEL LIBRO SUEÑOS DE ALEJANDRÍA
Una
de las grandes pasiones del escritor, es la de dejarse llevar por las
corrientes de los ríos, mientras el cielo se tiñe con los colores del
atardecer, dejándose arrastrar por el influjo místico de los
alrededores que le impregna e incita a escribir. Es por eso que Sueños
de Alejandría surge en la mente del escritor la tarde del 20 de
diciembre del año 2005 frente al río Lyffey (Dublín-Irlanda) mientras
su mirada se pierde absorta en el horizonte sobre el Ha´y Penny Bridge.
Durante sus continuos devenires por tierras de Irlanda y Escocia, la
inspiración que estos lugares le proporciona, es su fiel compañera de
viaje y es entonces cuando surge la idea de crear la que será su
segunda obra.
Una
vez de vuelta en España, los primeros versos que darán origen a sus
primeros poemas comienzan a cobrar forma en la ciudad de Girona, sobre
el Pont de Pedra, al paso del río Ter, mientras termina de anotar sus
apuntes en alguna terraza abierta de las ramblas de la ciudad.
Sediento
de la inspiración que para él emanan, decide volver en sus viajes a
Irlanda y Escocia, para seguir impregnándose del espíritu bohemio y
tranquilizador de sus paradores donde la mezcla del pasado histórico y
la calurosa hospitalidad de sus gentes, invitan a vivir completamente
inmerso en la magia que inunda el entorno de estas tierras. Lugares que
marcarán el final de la obra, en un viaje inspiracional en el año 2006.
Regresará
entonces a Dublín para volver a recorrer el curso del río Lyffey y
sobre el O´conoll Bridge dejarse embriagar por la esencia del lugar
mientras sus alrededores se iluminan con la difuminada y grisácea luz
que lo envuelve todo.
El
río Lyffey representa para el poeta la unión del pasado con el
presente, como demuestra la historia del citado río que divide la
ciudad, cosa que intenta plasmar en su obra, la idea del tiempo, que
aparece en cada uno de sus Poemas desde el principio hasta el final. Es
ahí donde funde su sentir con la Dama del amanecer y se transporta
hacia el mismísimo interior del ser humano.
Nuestro
incansable transeúnte, camina cada tarde hacia Graffon Street, hasta
detenerse en el maravilloso Parque de Stephen Green para descansar y
poner en orden sus notas, práctica que adoptaría como una costumbre
casi diaria.
Tras
un breve periodo en Dublín, se traslada a la ciudad de Belfast, en el
Norte de Irlanda. Durante las tres horas de viaje en autobús pudo
disfrutar de los preciosos paisajes que ofrece la isla, pasando por
numerosos pueblos de entre los cuales llamó especialmente su atención
el pueblecito de Derry, donde se inspiraría, al paso del río Foyle,
para escribir su aclamado poema sobre la amistad.
Una
vez en Belfast, verá pasar las horas caminando por los márgenes del río
Lagan, a la par que escribirá versos enteros sobre el Queen Elizabeth
Bridge o el puente Joyce, mientras ve pasar como cada hora el barco que
recorre el río desde la Presa del Lagan hasta Stranmillis, cargado de
turistas o simples pasajeros que desean deleitar su vista durante la
plácida travesía.
Lo
que sea que hace que el escritor derrame sus versos por doquier, no
debemos olvidar que en parte se debe a los parajes por donde atraviesa,
rebosantes de vitalidad. Acercándose con curiosidad y entusiasmo a la
diversión de los pubs, la música, las gentes, la más pura teatralidad
de los lugares por donde pasa dejan en él su impronta.
Pero
lo que más le impactará es poder contemplar La Media Luna, enormes
colinas verdes franqueadas por la majestuosa montaña de su extremo
oriental.
Será
en esos instantes de encuentro con la belleza del momento, donde
volverá a seguir escribiendo sobre sí mismo y sobre los temores que
adornan al hombre y a la mujer de hoy día. Para el poeta, la belleza
radica en la parte más oscura y secreta que todos llevamos dentro. Y es
por eso que ante tanta belleza, frente a la cima de Caven Hill,
transformará en verso las más profundas pesadillas y temores a los que
el ser humano no es capaz de enfrentarse y menos aun de confesar a
aquellos que le rodean.
Su
periplo por las islas le llevará a tierras escocesas. En el puerto de
Belfast (Irlanda) embarca en el Stena Line que le trasladará por mar
hasta Escocia. Durante la travesía observa a través de los ventanales
las suaves y tranquilas aguas que separan las dos islas y conforme el
ferry se va acercando a tierra contempla la maravillosa costa escocesa
mientras se aproximan al cada vez más cercano puerto de Stranraer,
penetrando inexorablemente en el hogar de uno de los escritores más
grandes de la literatura de Escocia, Robert Burns.
Desde
Stranraer hasta Tron, de Kilmarnock a Carlisle, recorre en tren los
majestuosos pueblos que adornan estas tierras llenas de encanto, hasta
llegar a una de las ciudades culturales por excelencia, Glasgow. Esta
tierra tan cargada de magia encarnan en el poeta una realidad que
intenta plasmara en sus versos y palabras, verdades que llevamos dentro
y esperanza que abortamos diariamente.
Durante
el recorrido irá afianzando la primera parte del título del poemario:
Sueños. Para él cumple a la perfección el efecto que provocan las
palabras y las connotaciones que implica. Los sueños evocan los viajes
interiores a los cuales nos aventuramos continuamente. Un poema no es
solo un objeto lingüístico que ha de funcionar a todos los efectos, si
no una incursión al interior de uno mismo, que ha de conmover y que el
poeta consigue a todos los efectos.
Como
un navegante solitario desembarca en la ciudad de Glasgow para seguir
percibiendo la inspiración que nunca lo abandonaría allá donde fuese.
En esta maravilla de ciudad de aspecto gris y melancólico, sus lamentos
emanan de un amor indisimulado por la vida. Una vida auténticamente por
encima de sus versos, donde la esperanza empieza a vislumbrarse entre
sus idas y venidas por el río Clyde. Es en el valle por donde fluyen
las aguas del Clyde donde inicia su andadura hacia la luz, movido por
el romanticismo inmutable que lleva dentro. Por doquier en el valle el
arte, la cultura y la historia se encuentran al doblar de cada esquina
y el poeta es conmovido por ello.
Desde
el elevado puente de Erskine observa el castillo de Dumbarton Rock,
desde donde el río Clyde se abre hacia su estuario y el mar. Día tras
día va observando que al igual que la corriente arrastra las aguas del
río, el fluir de sus pensamientos arrastra los versos hacia el exterior
de su mente, hasta el papel, al mundo.
Poeta
y trotamundo incansable finaliza sus andanzas en la hermosa Edimburgo,
capital de Escocia y una de las ciudades más bellas del mundo. Aquí
transita a diario por el Waverly Bridge dirigiéndose hacia Mille Street
mientras deja atrás el monumento levantado en honor al escritor escocés
Walter Scott, para reordenar sus pensamientos al cobijo de alguna casa
de té. Pero esta vez no será el fluir de un río donde
encuentre su inspiración, si no en el Princes Street Gardens. Lo que
antaño fue un lago, hoy se abre a un majestuoso jardín donde la gente
pasea para transportar su cuerpo y su mente lejos del frenético ajetreo
de la ciudad. Sentado frente a un reloj de flores y un cuco mecánico
empieza a tomar notas de los que serán los últimos versos del poemario.
Muchas
cosas y lugares le absorben y le llenan, le impresionan y le emocionan,
pero por encima de todos ellos, es la llamada Atenas del Norte la que
le asombra en gran manera y desde la colina de Carlton Hill, salpicada
de monumentos de estilo griego, escribe:
El poeta escribe desde su interior
para abrir puertas que están cerradas
para secar las lágrimas de tristeza
y convertirlas en sencillos versos de amor
Con
los bolsillos llenos de poesía el escritor regresa de nuevo al origen,
al principio, a las aguas del Ter, al Pont de Pedra de la Ciudad de
Girona donde perdiendo su mirada en el horizonte dará por concluido el
Poemario, titulándolo finalmente:
“Sueños de Alejandría”
Escoge
el nombre de Alejandría porque para él representa la unión del presente
con el pasado. Un nombre cargado de magia que nos transporta a un
pasado romántico donde las palabras son sueños y el escritor vuelve a
recordarnos:
Todavía hay un reloj que marca las horas
y empaña el vidrio con cada amanecer
esculpiendo en el aire
las entrañas de nuestros sueños
M. G. Lorca
La presentación del libro de poemas “Sueños de Alejandría” de Arthur Charlan, tuvo lugar el pasado 12 de abril (2008) a las 11h en la Biblioteca Fages de Climent de Figueres. Ante una concurrida y atenta asistencia, Rosa Ramos i Frigola, articulista del Semanario Empordà, recalcó la importancia del tiempo en la obra poética de Charlan, mientras exponía las características literarias del libro, sin descuidar su inspiración sajona. Después de lo cual Maria G. Lorca, escritora del prólogo, recitó dos poemas como muestra. Por su parte Rúben García Cebollero, representante de AEN (Asociación de Escritores Noveles) en Barcelona, comentó la importancia de Alejandría, la ciudad histórica, en el imaginario del autor, tras lo que recitó a su vez dos poemas seguido de Águeda Iris, escritora y rapsoda así mismo para la ocasión. Finalmente el poeta, expuso su motivación principal, y arrojó todo su sentimiento en cada dedicatoria personalizada.
El libro puede adquirirse en cualquiera de las librerías de Internet: Amazón.com / Borders, etc… o en las librerías de ámbito convencional. Próximamente el libro será presentado en Palma de Mallorca en la librería LITERANTA y en el semanario VEU DE SÓLLER, durante el mes de agosto.
Mayor información ir a la página oficial del Autor .

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