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Alicia Alonso: La Diva o la historia de un Cisne Blanco Imprimir E-Mail
Escrito por Gélico   

Nació en la ciudad de La Habana y donde comenzó sus estudios de danza, a edad temprana, en 1931, en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical y donde más tarde se dirigió a los Estados Unidos a continuar su formación en la School of American Ballet, bajo la tutela de los eminentes profesores Enrico Zanfretta y Alexandra Fedórova.

 

 

Alicia Alonso:

La Diva o la historia de un Cisne Blanco 
 

 


 

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Conocer Alicia Alonso, como dijo el amigo y maestro el Profesor Pastor Valle-Garay, es no solo conocer una Prima Ballerina Assoluta, sino, es conocer a una de las principales figuras femeninas de la historia de la Humanidad. Tuve la gran oportunidad de intercambiar palabras con ella, personalmente, en el atardecer del 8 de diciembre, en la ciudad de Hamilton, Canadá; mientras se le concedía una especial recepción en esa ciudad al Oeste de Toronto.



Fue una acogida sencilla, con un número reducido de invitados selectos, en la Sala ArtCracker del gran teatro Hamilton Place, donde exhibían los pintores cubanos contemporáneos Cosme Proenza Almaguer y Pedro Pablo Oliva, pero en sí, fue un hecho ansiado y codiciado por todos.



Estar junto a ella, tomar su delicada mano y expresarle mi orgullo, fue un día soñado y que, junto a una tenue nevada que se divisaba por los grandes ventanales, se hacía realidad.



Hace más de doce años, era yo un asiduo y fiel espectador del Ballet Nacional Cubano que visitaba, par de veces al año, el Teatro de la Caridad, de la ciudad de Santa Clara, Cuba. Mi emoción ante el formidable espectáculo ante esa danza clásica ante su presencia en el escenario, siempre fue única: el movimiento perfecto de las ballerinas, la armonía contínua, los gestos y de su figura central, Alicia Alonso, será algo que nunca mi mente podrá borrar.



Alicia Alonso, también llamada “El Cisne Blanco”
, nació en la ciudad de La Habana y donde comenzó sus estudios de danza, a edad temprana, en 1931, en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical y donde más tarde se dirigió a los Estados Unidos a continuar su formación en la School of American Ballet, bajo la tutela de los eminentes profesores Enrico Zanfretta y Alexandra Fedórova.



Su carrera como profesional comenzó en 1938 y donde debutó en espacios y escenarios ingleses. Un año más tarde, integra las filas del American Ballet Caravan, actualmente el New York City Ballet. En el años 1940 se funda el Teatro Ballet de Nueva York y donde la joven Alicia Alonso se integra. Este mismo año, el nombre y la figura de Alicia comienza a aparecer en importantes medios nacionales de Norte América y es también el año donde su importante carrera comienza a brillar e interpreta, como ballerina suprema, las grandes obras del repertorio clásico y romántico. En esta etapa, por supuesto, trabaja junto a grandes personalidades del Ballet del siglo XX como Mijail Fokine, George Balanchine, Leonide Massine, Bronislava Nijinska, Antony Tudor, Jerome Robbins y Agnes de Mille, entre otros.



Desde el 1940 hasta el 59, la bella Alicia comienza a tomar nombre a nivel mundial. Interpreta importantes estrenos mundiales como Undertow, Fall River Legend y Theme and Variations. En calidad de figura del American Ballet Theatre, actuó en numerosos países de Europa y América con el rango de Prima Ballerina. En 1948, su preocupación por desarrollar el arte del ballet en Cuba, la llevó a fundar en La Habana el Ballet Alicia Alonso, hoy Ballet Nacional de Cuba. A partir de ese momento, sus actividades se compartieron entre el American Ballet Theatre y su propio conjunto, que mantuvo con muy escaso o ningún apoyo oficial hasta 1959, año en el que el Gobierno Revolucionario de Cuba le ofreció el apoyo necesario. Crea un estilo, un movimiento propio. Ya nacía el mito.



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Entre 1955 y 1959 Alicia Alonso actuó también cada año como estrella invitada del Ballet Ruso de Montecarlo. Fue la primera bailarina del Hemisferio Occidental invitada a actuar en la entonces Unión Soviética, y fue la primera figura del Continente Americano que bailó como artista invitada con los elencos de los Teatros Bolshoi de Moscú y Kirov de Leningrado. En los años 1957-1958. Durante varias décadas Alicia Alonso realizó anualmente giras por diversos países de Europa, Asia, América Latina, y en Estados Unidos, Canadá y Australia. También ha actuado como artista invitada en Niza, Calcuta, Tokio, Manila, con la Ópera de París, El Real Ballet Danés, El Bolshoi de Moscú, El Ballet del Siglo XX, y en otras compañías y países.



Sus versiones coreográficas de los grandes clásicos, son célebres internacionalmente, y se bailan en importantes compañías como los Ballets de la Ópera de París ( Giselle, Grand Pas de Quatre, La bella durmiente del bosque); de la Ópera de Viena y El San Carlo de Nápoles (Giselle); de la Ópera de Praga (La fille mal gardée); y de el Teatro Alla Scala de Milán ( La bella durmiente del bosque).



Alicia Alonso recibió en 1973 el doctorado Honoris Causa en Arte de la Universidad de La Habana y en 1987 el doctorado Honoris Causa en Arte Danzario del Instituto Superior de Arte de Cuba. Fue proclamada Heroína Nacional del Trabajo, y es miembro del Consejo Mundial de la Paz.



En 1980 recibió un homenaje internacional en París, organizado por la UNESCO. Ha recibido las más altas condecoraciones oficiales de México; Panamá y República Dominicana: La Orden de El Aguila Azteca, La Orden Vazco Nuñez de Balboa y La Orden al Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el Grado de Comendador. En 1993 se le otorgó la Encomienda de la Orden Isabel la Católica, que adjudica el Rey de España Juan Carlos I.



Desde 1993 dirige la Cátedra de Ballet "Alicia Alonso" en la Universidad Complutense, de Madrid. En ocasión del séptimo centenario de este alto centro le fue conferida la medalla conmemorativa. Asimismo, la Universidad Autónoma de Santo Domingo le otorgó el título de Profesora Honoraria en Humanidades.



En septiembre de 1996 el Ateneo Científico, Artístico y Literario de Madrid, le rindió un homenaje público por su valiosa creación artística y cultural. Ese mismo año fue designada Miembro de Honor de la Asociación de Directores de Escena de España (ADE).



En mayo de 1997 año fue homenajeada en el Metropolitan Opera House, de Nueva York, por el American Ballet Theatre, con motivo del cincuentenario del estreno del ballet Tema y variaciones, creado para ella por George Balanchine, Asimismo, los Festivales de Joinville, en Brasil y de Nervi, en Italia, la homenajearon por su excepcional trayectoria artística.



En 1998 la Universidad Politécnica de Valencia, la invistió con el grado de Doctora Honoris Causa, y fue distinguida con la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ese mismo año, la República Francesa le impuso la Orden de las Artes y las Letras, en el Grado de Comendador, y el Consejo de Estado cubano la condecoró con el título de Heroína Nacional del Trabajo de la República de Cuba. En diciembre del año 2000, el Gobierno de su país la condecoró con la más alta distinción que otorga: la Orden "José Martí". En definitiva, Alicia ha sido laureada durante su carrera con cientos y cientos de distinciones que necesitaríamos todo un día para nombrarlas todas.



Como Directora y figura principal del Ballet Nacional de Cuba, Alicia Alonso ha sido inspiración y guía para la formación de una nueva generación de bailarines no solo cubanos, sino del mundo. Con su estilo propio ha conquistado un lugar destacado en el ballet internacional. Para muchos, el Supremo.



Cómo el talento de Alicia Alonso pudo elevarse por encima de contingencias ambientales, alcanzar su formación técnica y estética, y realizar una de las carreras como bailarina clásica más brillantes en la historia de ese arte, está íntimamente vinculado a su personalidad e inteligencia, complementando esto, obviamente, por cualidades físicas fuera de lo común para el ejercicio de la danza.



En los cimientos de una excepcional carrera artística, como sustento de una plenitud expresiva, siempre encuentra la fuerza de una personalidad, el triunfo de un carácter.



Alicia Alonso nació en una isla caribeña en la que la danza fue siempre uno de los componentes esenciales de la cultura nacional, pero sin tradición en la danza escénica. No existían en Cuba compañías de ballet, y el primer centro para la enseñanza de ese arte se establece apenas en la tercera década del siglo XX. La Alonso procedía, además, de una familia de clase media - hija de un militar veterinario- en la que no existían antecedentes artísticos.



Disciplina, energía y un concepto positivo y optimista de la vida, son rasgos distintivos de la personalidad de Alicia Alonso. El problema de la enfermedad de sus ojos, lo cual la ha mantenido ciega durante muchos años, comenzó al comienzo mismo de su trayectoria artística, hubiera resultado el final de la carrera para cualquier otra bailarina que no poseyera su vocación y entereza de ánimo. Sobrellevó esa dificultad durante toda su vida profesional, llegando a culminar no obstante lo que ha sido sin dudas la carrera más larga de una bailarina clásica, ya que debutó en la década de los años treinta, y se mantuvo en la escena como bailarina hasta 1995, para continuar hasta nuestros días su notabilísima actividad como coreógrafa, profesora y directora artística.



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La personalidad de Alicia Alonso se enmarca desde hace varias décadas en los grandes mitos de la escena teatral, entre los llamados "monstruos sagrados". Su permanencia hace que se le considere una leyenda viva del Ballet. En su país natal es mucho más: un verdadero símbolo, que trasciende de lo artístico para entrar también en el terreno de la sociología. Ello es no sólo resultado de sus cualidades artísticas excepcionales, sino también de la fuerza de su personalidad. Como dijo el escritor Juan Marinello "Alicia Alonso es un ímpetu tenaz, frenético, heroico; -disparado contra la enfermedad y contra el tiempo-, hacia la perfección incansable".


   
Esa tarde invernal canadiense, a miles de millas de nuestra tierra natal estaba ella, sentada frente a mí, rodeada de sus admiradores. Con su gesto delicado, hermoso y con la misma sonrisa de sus veinte primaveras y alma, sonreía.



Allí estaba frente a mí, nuevamente, pero sentada en su soliloquio eclipsado, girando y brillando en mi mente como cuando la vi danzando por última vez en el Teatro Nacional de La Habana, a comienzos de los 90s. Siendo única y eterna como siempre, permaneciendo con el mismo nombre de aquel gran espectáculo: La Diva.



 

 

 

diciembre 9, 2007

Fuente de información: AliciaAlonso.com 

 






 

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