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CONTAR EL TIEMPO Imprimir E-Mail
Escrito por Francisco Arias Solís   

 

 

 

“Canto y cuento es la poesía.
Se canta una viva historia,
contando su melodía.”

Antonio Machado

 

 

LA HISTORIA ES LA MANERA DE CONTAR EL TIEMPO

 

 

 

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“El tiempo no pasa, el tiempo empieza”, dice el poeta. Y así se escribe la historia de la poesía, siempre desde el principio. La poesía se cuenta como una cuento que siempre acaba de empezar. Cuento y canto de nunca acabar es la poesía.

 

La historia es la manera de contar el tiempo. El origen de toda manera de contar es poesía. “La poesía y la historia todo puede ser uno”, afirma nuestro Lope. Esto es, historia y poesía se unifican, cuando se encuentran en el canto que se cuenta y el cuento que se canta. El tiempo no pasa: ni queda; el tiempo siempre empieza.

 

La conversión de un momento histórico en un instante eterno es el milagro naturalmente sobrenatural de la poesía. No hay canto, ni cuento, sin encanto. Lo cual equivale a decir, que no hay poesía sin poesía. Pero ¿no habrá tampoco historia? Volvemos a Machado: “La poesía es un diálogo del hombre con su tiempo”.

 

El milagro de la poesía es el convertir un momento histórico en un instante eterno, precisamente porque la historia no es el tiempo, sino una manera de contarlo, sin dejar de contarlo: o de oírlo cantar. “Se canta una viva historia / contando su melodía”. Al decir esto, Machado intercala la vivacidad de la historia entre el canto y el cuento. La poesía es canto y cuento de vida y de verdad.

 

“El tiempo también pinta”, dijo Goya: el tiempo también canta y no sólo cuenta.

 

El arte poético existe, cuando insiste en la conversión del momento histórico en instante eterno, cuando consiste en esa conversión; porque existe una coincidencia temporal.

 

La historia, dicen los escépticos historiadores de todos los tiempos, no puede ser ciencia. Pero la ciencia para serlo de veras, nos dicen los sabios científicos de hoy, tiene que ser historia. ¿Y la poesía? La poesía ¿hace la historia?, y, por consiguiente, ¿hace también la ciencia? Por lo menos digamos, prudentemente, que las hace posibles.

 

Las Coplas de Jorge Manrique, han verificado el milagro de convertir ante nuestros ojos, para nuestros oídos, un momento histórico en un instante eterno. Manrique ha descubierto la circulación temporal de la música en el pensamiento. Por eso, entre sus poetas predilectos, Antonio Machado, le levantó un altar: “entre los poetas míos / tiene Manrique un altar”.

 

Le preguntaron en cierta ocasión al más extraordinario torero que ha habido nunca en todo el toreo, a Rafael el Gallo: “¿Qué es lo más extraordinario que le ha pasado en toda su vida”. Y el Gallo contestó: “Lo más extraordinario que a mi me ha pasado en toda mi vida es haber nacíó?

 

Cuando se descubre un mundo de antigua poesía se encuentra esa estupenda novedad de la poesía, se descubre la totalidad de la poesía misma, porque la poesía es siempre nueva porque siempre es posible. Del mismo modo que el mundo nuevo que descubría Colón hace poco más de quinientos años no tenía de nuevo, sino solo su descubrimiento y de viejo, lo que tenía de mundo, pues lo que Colón descubría era la totalidad, nueva o vieja, de un mismo mundo.

 

La forma es la que hace la norma, y no al revés: como es el agua pasajera del río la que labra el cauce firme que le hace serlo, o la encarnación viva de nuestra sangre la que nos hace el esqueleto y no al revés. Calderón dirá que es el sueño el que hace la vida y no la vida el sueño. Lo que repetirá Unamuno, hablándonos de una intrahistoria que, como si fuese el cauce firme de la historia, nos diese, o diese de ese modo al “alma dormida”, de que nos habló Manrique, la posibilidad de soñar, y soñar de veras, de verdad viva. Y es que, como dijo el poeta: “Memoria es alma en historia”.

 

 

 

 





 

 

 

 

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