EN EL 125º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE DOSTOIEVSKI (1821-1881)
“Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos.”
Dostoievski.
LA VOZ DE UN NOVELISTA VERDADERAMENTE GENIAL
La novela de Dostoievki es, en principio, el mundo
visto por un agujero. Lo que pasa es que este agujero toma proporciones
dramáticas de telescopio. El suceso callejero se observa por el
escritor, por el poeta, con la misma fantástica aproximación
astronómica que los más remotos mundos estelares. Surge así la sorpresa
ante el lector de encontrar un lunático mundo subterráneo ante un hecho
humano cualquiera. Un crimen vulgar es el asunto de Crimen y castigo, y
ya vemos qué enorme complejo de resonancias espirituales lo trascienden
hasta ese otro crimen vulgar que es también el asunto del Los hermanos Karamazov.
Fiódor
Mijáilovich Dostoievski nace en Moscú el 11 de noviembre de 1821. La
temprana muerte de la madre por tuberculosis en 1831, sume al padre en
la depresión y el alcoholismo, lo que determina que Fiódor sea enviado
a la Escuela de Ingenieros de San Petersburgo. La muerte de su madre,
el asesinato de su padre por los siervos de sus posesiones, su propia
condena a muerte por implicación, aunque indirecta, en conspiraciones
políticas y conmutada la pena, en el momento de la ejecución, el 22 de
diciembre de 1849, por la de cuatro años de trabajos forzados en
Siberia, conviviendo con gente miserable y en la mayor desesperación,
dejan huella y marcan para siempre la vida, las ideas y las obras de
Dostoievski. Epiléptico, enfermo de los nervios, falto total de medios
económicos, frustrado y engañado en sus amores, sin embargo la inmensa
galería de personajes creados por el más universal de los novelistas
rusos, nos muestra a éste como panegirista del alma humana.
Su
primer amor es María Dmitrievna, viuda de un maestro, con la que se
casa en 1857. En San Petersburgo funda con su hermano Mijail la revista
Tiempo. En los años 1862 y 1863 realiza diversos viajes por
Europa, en el transcurso de los mismos, comienza una relación con
Paulina Suslova, una estudiante de ideas avanzadas, que le abandona
poco después. Su revista es prohibida y se suceden, en poco tiempo,
las muertes de su esposa y de su hermano. Su hermano Mijail deja viuda,
cuatro hijos y numerosas deudas a las que Fiódor tienes que hacer
frente, hundiéndose en una profunda depresión y en el juego, lo que
aumenta sus deudas. Asediado por los acreedores, decidió abandonar
Rusia y vivir de las escasas ayudas que le llegaban. Este periodo
estuvo presidido por su constante tránsito entre una y otra ciudad
(Dresde, Hamburgo, Baden-Baden, Ginebra, Florencia), por la muerte de
su hija y por su padecimiento epiléptico. En 1867 se casa con su
secretaria Anna Snitkina. Las publicaciones de El idiota (1868), El eterno marido (1869) y Los endemoniados le proporcionaron el dinero suficiente para regresar a Rusia. Con la publicación de El adolescente (1875) y de Los hermanos Karamazov
(1879), logró, por un lado, eclipsar la fama narrativa de Tolstoi y
Turguéniev, y por otro, conquistar uno de los más altos lugares en la
historia de la novela. Dostoievski muere en San Petersburgo el 28 de
enero de 1881. Entre sus obras mejores y perennes, además de las
citadas, destacan: Pobres gentes (1846), El doble (1846), Noches blancas (1848), Recuerdos de la casa de los muertos (1861), Memorias del subsuelo (1864), Humillados y ofendidos, Crimen y castigo y El jugador (las tres publicadas en 1866).
Veamos,
pues, lo que pasa en las novelas de Dostoievski. Si es que pasa algo
en ellas; pues lo que pasa es que no pasa nada, que nunca pasa nada en una novela de este autor, porque en él todo queda; o dicho de otro modo, todo sucede. Se
sucede, en el tiempo, de una manera visual, espacial; teatral, en suma:
dramática. A ValleInclán le sugestionó la novela de Dostoievski por su
aspecto de tragedia.
Todo sucede y nada
pasa en esta invención novelesca de Dostoievski. Pero ¿por qué? ¿Qué es
lo que pasa? ¿Qué es lo que sucede? ¿No es lo mismo? Tal vez no sea lo
mismo. No es lo mismo pasar que suceder.
Todo pasa, todo lo que pasa, todo lo que tiene o tuvo que pasar, pasa, para que Ivan Karamazov mate a su padre. Todo ha pasado, exactamente, como tenía que pasar, para que Ivan Karamazov matara a su padre. Y sucede que
lo mata el criado. Nada pasaba, no había pasado nada, ni pasó, ni tenía
que pasar, para que Raskolnicov matara a la vieja. Y sucede que, efectivamente, la mata. Este suceso o estos sucesos se
dramatizan en cada libro de muy diverso modo. Pero coincidiendo en algo
fundamental: en vincular su drama a una especie de espantosa quietud
del suceso mismo: a la dramática permanencia de su imagen, presente a
través de todo el libro, de toda la novela. Lo sucedido no pasará
jamás. Está, por decirlo, sucediendo constantemente, aunque invisible a
nuestros ojos. Presente, clavado en la memoria; como inmovilizado en
ella. Como paralizándola de espanto.
Lo
que sí es arte en la novela de Dostoievski, y arte verdaderamente
genial, es haber vuelto a dramatizarla, a teatralizarla tan
profundamente. Haber deducido de todos los mundos novelescos de la
novelería romántica, o moderna, de toda la novelería del XIX, esta
esperada y magnífica conclusión.
En las novelas de Dostoievski, la muerte no pasa, se queda: porque
todo sucede o se sucede por ella misma; y toda la novela, todas las
novelas del mundo, todos estos mundos de novela, engendrados en un suceso
de muerte, tienen esta revelación humana del mundo, como novela o
aventura de muerte. Así estas novelas se originan por el escándalo de
la muerte. Y la muerte en ella es un crimen: la mala muerte. Es el
engaño del corazón por la parada de la muerte. Y como dijo
nuestro genial poeta Luis Cernuda: “Dostoievski no puede ya decirnos /
si inventó a Falalei o lo encontró en la vida, / si inventó la
hermosura o supo verla. / Pero el mérito igual en ambos casos”.

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