Durante la segunda década del siglo XX, un grupo de
artistas se propuso acabar con los códigos y sistemas establecidos en
las distintas disciplinas artísticas, en rechazo a una sociedad en
decadencia incapaz de garantizar paz y el respeto a la vida humana. Así
nació el movimiento conocido como el Dadaísmo.
En
1914, la incapacidad de los diplomáticos de las potencias del mundo
para llegar a un acuerdo que evitara un nuevo conflicto en el planeta
culmina en el inicio de la I Guerra Mundial. Lo que parecía un nuevo
conflicto bélico exclusivo de los Balcanes traspasó las fronteras de la
región y se prolongó durante 4 años, arrojando entre otros resultados
la muerte de no menos de 10 millones de seres humanos, según cálculos
conservadores.
La "Gran Guerra" originó innumerables
cuestionamientos a los valores que sustentaban la sociedad del momento.
Frustrados ante el caos mundial y testigos de la discapacidad de los
sistemas establecidos, un grupo de artistas decide acabar con las
pautas, códigos, y con todo el marco conceptual del arte para entonces.
En 1916, en la ciudad de Zurich, capital de Suiza; nación que se
mantuvo neutral durante el conflicto, los creadores declarados en
rebeldía tomaron como centro de operaciones un café bohemio al que
bautizaron con el nombre de Cabaret Voltaire. Encabezan el movimiento
el filósofo alemán Hugo Ball, poeta y escritor inclinado al
Expresionismo; el poeta y ensayista rumano, luego nacionalizado
francés, Tristan Tzara, cuyo nombre verdadero era Samy Rosenstock; el
pintor, también rumano, Marcel Janco; y el pintor, escultor y poeta
alsaciano Jean Arp.
Para nombrar la nueva corriente, sus protagonistas utilizaron la
palabra Dadá, cuyo origen no está formalmente definido. Se reseña que
"Dadá", término francés que significa caballito de juguete, resultó
tras la búsqueda al azar en un diccionario. Una versión distinta indica
que fueron los meseros del Café Terrasse, lugar de encuentro alterno al
Cabaret Voltaire, quienes bautizaron el grupo como "da-da"; "sí-sí" en
ruso y otras lenguas, lo único que entendían de las conversaciones
entre los creadores inmigrantes.
Los artistas iniciaron una serie de espectáculos en el Cabaret
Voltaire, llenos de agresividad, faltos de lógica y totalmente
absurdos, con el objetivo claro de provocar rechazo en los
espectadores. Se presentan declamaciones acompañadas de
interpretaciones en piano. A partir de la iniciativa de Tzara, se
patrocinan actuaciones que enfrentaban al público de manera violenta y
desagradable. Mientras se leía poesía, se producían ruidos mediante
absurdas y rebuscadas percusiones. Ante esto, en numerosas
oportunidades los espectadores respondieron en una tónica tan o más
cruel: lanzando objetos contundentes, pedazos de carne, incluyendo
vísceras. Los espectáculos del Cabaret Voltaire no tardaron en
convertirse en lo más popular de la neutral Suiza.
Tras la publicación de la revista Dadá, la difusión de las ideas
dadaístas se multiplicó rápidamente, extendiéndose principalmente a las
ciudades de París y Berlín.
Convulsionada por la guerra de la que es partícipe, Alemania ve en su
seno una revolución impulsada por el partido socialista Espartaquista,
inspirada en la revolución bolchevique. En ese marco social un grupo de
artistas se incorpora a las propuestas izquierdistas reinantes, y son
ellos quienes abren paso a las ideas dadaístas. Tras colaborar con el
Cabaret Voltaire en Suiza, Richard Huelsenbeck regresa a la nación
germana llevando a Berlín el nuevo y escéptico espíritu artístico, que
apoyarían el poeta Raoul Asuman, el pintor Georg Grosz y los hermanos
Wieland Herzfelde, fundador de la editorial de obras dadaístas llamada
Malik, y Helmut Herzfelde, pionero del fotomontaje, cuya incorporación
a las técnicas artísticas de difusión masiva debe considerarse como el
más importante aporte al Dadaísmo.
Simultáneamente, en Nueva York otros subversivos creadores impulsaban
una revolución contra el arte convencional, con el mismo espíritu
nihilista y destructor. Destacaron en la metrópoli norteamericana,
refugiados como el pintor galo Francis Picabia y el también francés
Marcel Duchamp, junto al fotógrafo local Man Ray, quienes apoyaron la
vanguardia que en Harlem, Greenwich Village y Chinatown se concebía
desde principios de siglo.
En 1917, encontrándose en Suiza, Picabia se reúne con Tzara. Meses
después, ya en 1918, publican el Manifiesto Dadá, el documento más
importante del movimiento. Una vez finalizada la I Guerra Mundial,
artistas de la vanguardia parisina consolidan la corriente. Comenzando
la década de los '20, la vigencia del Dadá inicia su descenso.
Numerosos artistas dadá terminaron comprometiéndose con una nueva
corriente que irrumpe en el escenario de las artes: el Surrealismo. El
nuevo movimiento es formalizado en 1924 por el escritor francés André
Breton que publica este año el Manifiesto Surrealista.
El
Dadaísmo amparó la actuación interdisciplinaria por parte del artista,
como el camino para alcanzar una verdadera renovación del lenguaje
creativo, por ello, los creadores constantemente experimentaron en
campos ajenos a sus originales áreas de trabajo, con el fin de generar
un continuo intercambio y fusión de técnicas.
Los dadá
recurrieron incesantemente a métodos ilógicos, absurdos e
incomprensibles en su búsqueda de "abofetear" al público para incitar
una reflexión y reconsideración de las reglas y normas establecidas.
El carácter escéptico e incrédulo de los dadaístas los llevó a
invalidar toda autoridad crítica o académica, calificando como obra
artística toda expresión del ser humano.
En el caso de la pintura, los representantes del movimiento
despreciaron formas y técnicas tradicionales, rechazando
principalmente, por inercia, el fauvismo, el cubismo, el expresionismo
y demás corrientes del momento. Predominaban imágenes incomprensibles,
aparatos de apariencia mecánica de función incierta; máquinas de la
nada. A su vez, las obras eran nombradas con títulos totalmente
divorciados de la temática. Junto a la pintura, fueron popularizados
los collages, compuestos por diversos materiales, en su mayoría
desechos, y textos construidos a partir de recortes de periódicos.
La revuelta del Dadaísmo en la escultura fue tal vez la de mayor
impacto entre las sucedidas en las disciplinas artísticas. Los dadá
eliminaron en su totalidad los valores estéticos conservados por las
academias a lo largo de siglos, y se concentraron expresamente en la
experimentación, improvisación y el desorden. Productos del quehacer
diario fueron exaltados a la categoría de obra de arte, siendo
expuestos como tal, como es el caso de los ready-mades del francés
Marchel Duchamp. A su vez, son construidas con elementos grotescos
ridículas maquinarias que asemejan las representadas en la pintura.
Las obras de Duchamp resultaron entra las más emblemáticas del
movimiento. Las más conocidas: "Bicycle Wheel" (Rueda de bicicleta) que
muestra una rueda de bicicleta en su horquilla correspondiente,
apostada en una banqueta de madera; y Fontaine (Fuente), compuesta por
un urinario de losa colocado al revés.
Como disciplinas alternas, fueron fundamentales para el movimiento dadá
el cine abstracto, encabezado el director alemán Hans Richter, y la
fotografía experimental del estadounidense Man Ray y otros artistas
admiradores de sus métodos. El norteamericano desarrollo la técnica
denominada "Rayograma", que consistía en imprimir la película
fotográfica sin hacer uso de la cámara, colocando un objeto cerca de un
film de alta sensibilidad y enfrentando estos a una fuente de luz.
Además de su trabajo fotográfico, Man Ray ejerció como pintor del
movimiento, y también creó una serie de esculturas que llamó "Objetos
de mi afecto", en la que destaca Le Cadeau (El Regalo) que consistía en
una plancha con clavos en su base, y Puériculture II (Puericultura II),
que mostraba una base cilíndrica de bronce de donde salía una mano
verde.
El Dadaísmo, sus ideas y obras, recrearon un ambiente de vanguardia que
resultó en otros importantes movimientos, como el Surrealismo y el Pop
Art. Sin duda, los dadá consiguieron hacerse escuchar, haciéndose un
puesto en el arte contemporáneo, y alcanzando en cierto modo su
principal objetivo: la revolución de los cánones y conceptos de la
sociedad en la que se desenvolvían.

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