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EN EL 50 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE PIO BAROJA (1872-1956) Imprimir E-Mail
Escrito por Francisco Arias Solís“La cuestión es ser independiente.” Pío Baroja   


“La cuestión es ser independiente.”

Pío Baroja

 


LO BAROJIANO

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¿Qué es “lo barojiano”? “Lo barojiano” es un estilo y una sensibilidad. Es difícil hallar las notas que caracterizan esta sensibilidad del novelista por antonomasia de la generación del 98, pero indudablemente entran en ella tres ingredientes fundamentales: el anhelo de sinceridad, el afán de independencia y el gusto por la acción.

 

Sobre la sinceridad de Pío Baroja no hay mucho que decir. Es proverbial la sinceridad del novelista vasco, su afán por decir siempre la verdad, aunque molestase y aunque en definitiva, le perjudicase a él más que a nadie; los exabruptos y despropósitos suelen tener base en este anhelo irreprimible de sinceridad.

 

El afán de independencia está en Baroja tan arraigado como su sinceridad. Esta independencia fue en definitiva la que le mantuvo realmente en inquebrantable soltería. “La cuestión es ser independiente –nos dice en la novela La sensualidad pervertida-. Todo, menos convertirse en un animal doméstico”.

 

“Yo soy libre, todo lo libre que puedo”, dice Luis Murguía, el protagonista de la novela antes citada. Este afán de independencia y libertad, que impidió siempre a Baroja enrolarse en ningún movimiento, ni afiliarse a un partido, ni adherirse a ninguna ideología, está íntimamente vinculado a la tercera característica antes señalada: el gusto por la acción, esa acción contemplativa que matiza su individualismo acercándole a una “indiferencia estoica” , a la que llegó “parte por razonamiento y parte por desprecio”.

 

El gusto barojiano por la acción se expresa de forma muy gráfica en la metáfora por el camino, que tanto gustaba de emplear el genial novelista. En Las inquietudes de Santhi Andía, ya Baroja considera que en la vida no hay fin, que éste es una ilusión y que lo importante es el camino, donde despreocupadamente tenemos “el placer de mirar a un lado y a otro de la ruta y de ver como sale el sol y se pone el sol, cómo brotan las estrellas en el cielo de las noches serenas”.

 

Baroja anda –chaqueta al brazo, paso de vagabundo, pluma en mano-, describe, retrata desde el camino lo que ve a su paso. Sus novelas son, en sentido estricto, divagaciones y, en múltiples ocasiones, extravagancias, es decir, cosas dichas o escritas al vagar de un sitio a otro. Baroja ha incorporado al mundo de los valores estéticos un nuevo “estilo” peculiar y originalísimo: el de “lo barojiano”. Es un modo sereno, despreocupado, de enfrentarse con las cosas, que se halla a mitad de camino entre el estoicismo y el desprecio. Más que una concepción del mundo “lo barojiano” es un modo de ver las cosas o, mejor dicho, un modo de hacerlas y de comportarse.

 

Con la producción barojiana podría construirse un magnífico retablo para el estudio de la realidad española, como puede desprenderse del hecho de que en las novelas de Baroja aparecen casi todos los acontecimientos públicos en España desde principios del siglo XX hasta la Segunda República. Y recordemos además que el gusto de los personajes de Baroja es la acción por la acción, es decir, puro movimiento, y si algo persigue con ello es el simple “andar para ver”. De este modo, viene a propiciar la conjunción de acción y contemplación, tan características del mundo barojiano.

 

Pío Baroja, “hombre humilde y errante”, como se calificó a sí mismo, es el creador de un individualismo no impositivo, que vive y deja vivir, apto para todas las creaciones y todas las iniciativas cuya aspiración –como decía Luis Murguía , el de La sensualidad pervertida- es “vivir decorosamente, hacer el menor daño a los demás y tener la mayor satisfacción posible. No he pretendido la gloria, ni el dinero, ni la importancia social. Vivir y contemplar. Ese ha sido mi ideal”.









 

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