 Telo Se puede llegar a decir que fue uno de los grupos
humorísticos de mayor auge en Cuba. También, uno de los revolucionarios
en el humor moderno. Todo, gracias a esa tarde en que Pablo elaboró la
cita. Según escribiera el periodista Alexis Castañeda “…un buen
día, pasada la primera mitad de los ochenta, un grupo de melenudos
muchachos, y alguna que otra muchacha asaltaron las vidrieras más
céntricas de Santa Clara, con pintadas y letreros, anunciando al mundo
el advenimiento de La Leña del Humor….”
Abordar
el principio con exactitud no creo que sea tarea fácil, pues muchas de
sus cosas, como muchos de sus integrantes, han querido que se queden en
el olvido. Otras se han tergiversado, naturalmente, como historias que
son. En definitiva, son dos décadas donde la cumbre y la decadencia
hicieron brillar a este gran grupo del humor escénico cubano.
Cierto,
fue a principios del 1986, en la Casa de La Cultura del la ciudad de
Santa Clara. Exactamente el 10 de febrero, Pablo Garí Mirabal, conocido
mundialmente en su barrio como Pible, funda el grupo La Leña de Humor
en conjunto con otros jóvenes verdaderamente talentosos. Luego, por
sugerencia de Fredesbinda Machado, Pible incorpora a Baudilio Espinosa
(Bao) y Carlos Fundora que serían, posteriormente, los cabecillas
fundamentales del grupo hasta la fecha. Realmente, de los primeros
fundadores de La Leña del Humor no quedó nadie, pues desde el comienzo el grupo siempre estuvo en constante reparo.
De
los primeros espectáculos tampoco existen verdaderas reseñas. A no ser
aquellas borradas por el tiempo y por los archivos apolillados de los
periódicos municipales o de las pocas que fueron salvadas por sus
integrantes. Pible, el director, hacía siempre un diario de las
reuniones cuando se juntaban en la sala de la Unión de Artistas y
Escritores de Cuba (UNEAC), gracias al favor que les hacía el viejo
Cangas, pues siempre se jugaba el pellejo cada vez que les prestaba el
lugar. Pues, para otros, ese grupo de jóvenes cómicos representaba
cierta algarabía social y eso no era de confiar en aquellos tiempos.
Pienso, para una mayor información, se tendría que preguntar a él
personalmente; sobre todo, a esa agendita que, creo, aún guarda.
La
primera presentación que hizo La Leña del Humor fue en el municipio
villaclareño de Cifuentes. Posteriormente, se preparó un primer
espectáculo que sería presentado en La Universidad Central de Las
Villas, pero fue cancelado por el Rector del mismo al decir que en “ese teatro había hablado el Ché Guevara y no se podía utilizar para hacer chistecitos”,
sin tener la más mínima idea de que, unos años más tarde, se
convertiría hasta centro de festivales de Rock (música no muy bien
mirada por el gobierno cubano) y fiestas populares con gran gama
alcohólica. No obstante, defraudados pero no vencidos, logran presentar
el espectáculo en el teatro de una escuela militar. Fue todo un éxito.
La Leña del Humor se comienza a consagrar.
 Vitico en el teatro de la Universidad Central El trabajo artístico de este colectivo avanzó aceleradamente hacia una proyección nacional (gracias
a la ayuda de Virulo, que era director del Conjunto Nacional de
Espectáculos y los invita a actuar con ellos en la capital. Más tarde,
se presentarían en el gran Teatro Karl Marx), sin olvidar su
alcance territorial, y sobre todo su arraigo santaclareño. En la
historia de la ciudad no se recuerda un fenómeno anterior donde exista
un grupo con concepciones humorísticas bien definidas, capaces de
satisfacer al respetable en las condiciones más adversas, pues las
primeras presentaciones se hicieron en improvisados escenarios en la
sede de la UNEAC. No obstante se creó un ambiente de comunicación y
simpatía mutua que se mantuvo por mucho tiempo.
Muchos recuerdan con nostalgia la tradicional La Peña de La Leña
que ofreció, en el teatro La Caridad y con los grupos invitados, una
panorámica del humor nacional en esos años. Junto a alguna que otra
butaca, se rompieron los récords de venta de la capacidad del teatro en
menor tiempo posible. Cada una de las peñas era todo un acontecimiento
cultural que no fue ajeno a la crítica especializada, que sin
paternalismos, abordó y estimuló el fenómeno de los Leñeros.
Desde
siempre, La Leña se caracterizó por su magnífica inteligencia en
abordar el chiste, evadiendo la risa fácil y burda. Funcionando siempre
con la buena elaboración de sus obras, el humor blanco, el negro y el
juego de palabras, eran los ingredientes claves para la singularidad
del grupo.
 Gloria Elvira y Carlos Fundora Lamentablemente,
muy pocos saben que La Leña sufría de dolores internos y esa
enfermedad, de la que siempre padeció, terminó por esparcir sus
integrantes y, a la postre, sus cenizas. En los primeros años, por
razones fuera de mi alcance, Pible es “expulsado” de su regencia y de
su integridad dentro del grupo. Pible, con su caminar pasivo y
solitario, y su intención de nunca dejar caer su prosperidad, se
adentra en nuevas búsquedas: crea Vendetta, un grupo humorístico que
apenas duró unos meses, hasta que Pepe Pelayo, director del afamado
grupo La Seña del Humor de la ciudad de Matanzas, lo rescata
y lo hace suyo, hasta llevarlo a otras tierras extranjeras donde
triunfa por su gran talento y composición en el humor.
La Leña crea su espectáculo cumbre: Grand pas de Leña. Este
grupo se convierte en todo fama: Telo le da un nuevo toque e imagen al
conjunto con sus monólogos absurdos y su peculiar forma de hablar.
Triana, con un humor estúpidamente inteligente encabeza varias veces el
escenario. Vitico, aquel flaco erguido, balanceaba la simpatía del
género. Silverio, alocado y bullicioso, ahogaba de risa a todo el
público con su ingenuidad. Baudilio, siempre dispuesto y gracioso en el
acto, dirige. Fundora, indiscutiblemente, la perfección en el texto.
Puede que sean estos los más recordados dentro la mitología leñera.
No
sé a quién echarle la culpa –si al gobierno o a ellos mismos- en
degenerar, al final, su fino humor para convertirlo, en muchas
ocasiones y por alguno de sus miembros, en escapadas de sobrevivencia
para convertir un humor inteligente y refulgente en uno ordinario y
burdo, dentro de los cabarets nocturnos de la ciudad habanera…
Desde
el pasado 17 de febrero hasta marzo 12 del 2006, “La Leña del Humor” se
estará presentando en la sala Avellaneda del Teatro Nacional con el
espectáculo Éramos tan cómicos celebrando sus veinte añitos.
Aprovecho la ocasión para citar algo que una vez oí de Pible, cuando me dijo, que “vivir
de los recuerdos y celebrar aniversarios es la primera muestra de que
el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, pues dicen que viendo
homenajes ajenos nos damos cuenta de lo ridículo que pudieran ser los
nuestros”. ¿Estará en lo cierto el exjefe? ¿Será una forma de
recordar lo que “fuimos” o, tal vez, un renacimiento desde las mismas
cenizas? Todo dejémoslo al tiempo, pues ese siempre ha sido el gran
testigo.
De cualquier forma,
deseo enviarle un especial reconocimiento a todos los que conformaron,
alguna vez, el grupo. A todos, a la mayoría de sus integrantes, a
aquellos que se encuentran dispersos por los cuatro puntos cardinales,
que recuerdan ese peculiar humor con que cocinaba La Leña y que, a lo
mejor, sin saberlo, se consuelan pensando que siempre aportaron un granito de arena en ese gran desierto que es hoy la Leña del Humor.
Entonces, recurriendo al archiconocido tango de Carlos Gardel, digo: “Señor, ¡veinte años sí son veinte años!”
La Leña, del humor, y de otros demonios…
Por Carlos Fundora
Los cubanos, como la mayor parte de los seres racionales que habitan
este planeta, consideran que son los individuos más simpáticos del
mundo y que en materia de crear chistes y gags no hay quien les gane.
Los que se dedican a realizar estudios teóricos sobre el humor –tiempo
que bien podrían utilizar en reírse- han establecido ciertas
caracterizaciones y matices regionales con marcada tendencia al
esquema.
 Baudilio Espinosa (Bao) con su personaje actual en la TV cubana El
asunto es que a los cubanos nos han (o nos hemos) impuesto - y
nosotros muy felices- el cartelito de tipos jaraneros y dados al doble
sentido con exagerada tendencia a buscar las situaciones graciosas fundamentalmente
a partir de temas eróticos. Fieles a esa “tradición”, a esa forma de
hacer el humor, muy relacionada con la forma de hacer el amor, que
según parece existe desde que los nativos hicieron contactos (sexuales
y de otros tipos) con el gran almirante Colón y su tur acompañante, la situación se ha mantenido inamovible hasta los días de hoy.
No
obstante, han existido algunos intentos de enriquecer la diversidad
de propuestas humorísticas. Una prueba de ello fue la aparición de
grupos en la década del 80 del pasado siglo, fundamentalmente en
centros de estudios universitarios, a raíz de la visita a Cuba del
grupo argentino Les Luthiers, que proponía una fórmula humorística con un alto grado de elaboración y que apelaba al intelecto.
En
febrero de 1986 -nadie puede recordar el día- se reunieron en la ciudad
de Santa Clara, varios jóvenes y algunas personas, cómicos en su
mayoría, para crear lo que rápidamente se conocería en todo el país
como el grupo La Leña del Humor.
Desde los inicios las propuestas artísticas de La Leña
se caracterizaron por incluir trabajos donde la risa constituyera su
principal ingrediente, evitando el chiste fácil, los elementos
coyunturales y la crítica simplista. Entre sus principales
presupuestos estaba la creación de obras bien elaboradas, abiertas
hacia el humor blanco, el absurdo, el humor negro, los juegos de
palabras, dando un papel protagónico al ingenio.
El trabajo de este colectivo avanzó aceleradamente hacia una proyección nacional, sin olvidar su alcance territorial y sobre todo su arraigo santaclareño.
 Pible, Arturo Sandoval y Alexis Valdés en el Show de Alexis (Miami) El primer contacto oficial de La Leña
con otras agrupaciones se produce en el Encuentro Nacional de Jóvenes
Humoristas (La Habana, 1987) donde las propuestas del grupo se
destacaron por la forma particular de abordar el humor, y la maestría
en el uso del lenguaje que se convirtió en un sello de la agrupación
durante muchos años.
A principios de octubre de 1987 tiene lugar un mano a mano entre La Leña y
el Conjunto Nacional de Espectáculos en el teatro de la Universidad
Central de Las Villas. Como resultado de ese encuentro se abren las
puertas de los teatros de la capital para presentarse en el Primer
Encuentro Latinoamericano del Humor (La Habana, 1988).
Dos años más tarde se realiza el Segundo Encuentro Latinoamericano del Humor, y La Leña tuvo a su cargo grandes dosis de carcajadas junto a los principales grupos de ese momento.
La
celebración del Primer Festival Nacional del Humor “AQUELARRE 1993”
en ciudad de La Habana marca un punto de giro importante en la
trayectoria del colectivo. El Grand pas de Leña
fue uno de los espectáculos más significativos del evento, notable por
el empleo eficaz de otros recursos humorísticos, ajenos a los juegos de
palabras, con los que críticos y otros colectivos reconocían y
encasillaban al grupo. El Grand pas de... recibió una importante distinción (El Premio Abril 1994) “...por
la lograda inserción de un tema cotidiano en un hecho teatral y la
integración del gesto, el texto y la música de esta puesta en escena”.
Con
este festival se incrementaron los espacios en la capital (Teatros
Mella, América, Nacional), que a partir de ese momento han recibido a La Leña dos veces al año, y aumentaron las presentaciones en el resto del país.
 Telo, conocido por Pipe actualmente. En el año 1995 se inauguró el Festival Internacional de Teatro de La Habana con el espectáculo Teatrocidades, donde La Leña presentó
dos trabajos que fueron muy bien recibidos por el público y la crítica,
que destacó el dominio de la pantomima en uno de sus sketchs.
Al arribar a los 10 años La Leña organizó el festival Éramos tan cómicos
y celebró su cumpleaños junto a otros grupos del movimiento en su
principal sede: La ciudad de Santa Clara, con un éxito de público
impresionante.
La Leña ha ido abriéndose en su trayectoria hacia otros sectores (Espectáculo infantil Payaso a la vista, 1993), y hacia otros medios: video, radio, televisión.
Se
ha perfeccionado la preparación de los actores con el curso de verano
de la facultad de artes escénicas del Instituto Superior de Arte, y
gracias a su papel inspirador y ayuda desinteresada la región central
cuenta con un sólido movimiento humorístico cuyos representantes o
forman parte de grupos del patio o ejercen su oficio en colectivos de
la capital.
Dada la preparación y el conocimiento de los leñeros
son múltiples los premios y distinciones alcanzados en las más diversas
esferas artísticas que abarcan desde premios internacionales en
caricaturas, publicaciones de libros, premios de actuación en eventos
de cine-club, premios literarios, y presencia de muchos de sus miembros
en importantes espacios televisivos, radiales y literarios tanto en
Cuba como en otros países.
La Leña ha tenido una sola publicación (Revista FIN), de una pequeña tirada en 1988. Y en el 2005 se publicó Leña del árbol caído, obra literario-documental con motivo de los años de trabajo del grupo.
En
febrero de este 2006 se han reunido varios de los iniciadores para
celebrar los veinte años de creada la agrupación, en un espectáculo que
incluye a personalidades del humor cubano de estos tiempos como Octavio
Rodríguez (Churrisco) y Moisés Rodríguez (El loco).
De
cualquier forma arquitectos, filólogos, caricaturistas, ingenieros
civiles, escritores, han aportado su talento en este proyecto válido
por su alcance, al proponer otras opciones para la risa, y que ha
logrado insertarse en la vida cultural del país.
ESPECTÁCULOS DE LA LEÑA.
- Televersiones
- Estamos Humorzando
- Grand Pas de Leña
- Por un rapto de Humor
- La Leña se desencadena
- La comedia sin lente
- Se cayó el telón
- Payaso a la vista (Espectáculo infantil)
- La Leña por cuenta propia
- La Leña y la Bestia
- Arrancada en falso
- Éramos tan cómicos

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