A M O R E T E R E O
Poe Martín Palma Melena
Empecemos diciendo
que hay distintos tipos de amor, pero me centraré en el del hombre y la
mujer, el de pareja. Trataré de imaginar las muchas preguntas que
alguna vez nos hemos podido hacer al respecto ¿Son lo mismo pasión y
amor? ¿Son ambos tan opuestos como el agua y el aceite y difícil de
reconciliar? ¿Son etapas donde una conduce a la otra? Y si así fuera
¿debe ser primero el amor o la pasión? Y ¿si la pasión fuera mala? ¿No
nos hace por ejemplo a los hombres reducir a las mujeres a objetos de
deseo sin considerar sus otras cualidades? Pero entonces ¿por qué la
pasión nos aflora de manera tan natural que nadie está librado? ¿Por
qué la Naturaleza es tan perversa al habérnosla inscrito como una
pulsión que podemos controlar, pero que no podemos evitar sentir,
aunque queramos? Y ¿acaso puede haber amor sin pasión y viceversa?
Supongamos que lo único existente es la pasión y que el amor sólo es su hipócrita máscara con la que busca sublimarsemadurado emocionalmente. Pero con todo
lo que pudieran alegarme, ¿acaso no sólo la pasión sino también la
admiración es una forma de enamorarse? ¿Acaso no siempre es posible
vislumbrar que pasión y amor no son lo mismo, aunque solamos
confundirlos? Más adelante entenderán que no son ociosos estos
deslindes, aunque para algunos sean muy obvios
(por usar un término freudiano).
Me pondré más freudiano todavía, ¿sólo
podríamos amar a alguien por el placer que nos causa sea su belleza o
las fantasías que nos despierta? Es más, ¿finalmente amamos sólo a
quien puede causarnos placer? Pero ojo: eso significaría que al ver a
nuestra pareja envejecer por los años ya seríamos incapaces de
amarlo(a). Me pondré más dramático, y Dios no lo quiera: ¿Qué pasaría
si nuestra pareja tuviera tal incapacidad física que le impediría
incluso tener una vida marital? ¿Ya no habría razón para amarlo(a)?
Pero ¿cuántas parejas de ancianos se siguen queriendo aunque el
erotismo ya no esté presente por la avanzada edad? ¿Cuántas parejas se
conocieron sin sentirse atraídos, y quizás todo lo contrario, pero con
el tiempo establecieron una relación al descubrir cuánto tenían en
común o cuán complementarios eran justamente por ser tan opuestos, y
sólo al final la pasión hizo su aparición? Aunque sea una vez en la
vida, ¿no les ha ocurrido haberse sentido muy atraídos por alguien al
que no hubieran imaginado ni en la más ingenua de sus fantasías
sexuales, pero que sin embargo los deslumbró por una personalidad
arrolladora o una inteligencia muy lúcida? Bien podrían decirme sobre
este último caso que eso no es atracción sino admiración, que también
acá las hormonas y las feromonas han jugado su papel y que ya
correspondería a la pubertad, si no ya a la infancia, esos amores
platónicos donde idealizábamos a tal punto a la persona amada que
éramos incapaces de consentirnos hasta el más casual de los malos
pensamientos. También podrían agregarme que los amores adultos siempre
deben tener su dosis de pasión, porque de lo contrario las personas no
han madurado emocionalmente. Pero con todo lo que
pudieran alegarme, ¿acaso no sólo la pasión sino también la admiración
es una forma de enamorarse? ¿Acaso no siempre es posible vislumbrar que
pasión y amor no son lo mismo, aunque solamos confundirlos? Más
adelante entenderán que no son ociosos estos deslindes, aunque para
algunos sean muy obvios.
Pasión
y amor no son lo mismo, pero son complementarios. El amor siempre tiene
algo de pasión, pero no porque los afectos se serenen con los años son
menos auténticos. Bueno, dicho todo esto, ¿podríamos inferir que el
amor no es propiamente un sentimiento? Y entonces ¿qué es el amor?
Empezaré con unas ideas iniciales: el amor es una certeza, producto del sentido que encontremos a una relación. Y reitero dos palabras claves sobre las que profundizaré más adelante para comprender el amor: certeza y sentido. Ya sé que para algunos estas afirmaciones podrían ser perogrulladas, pero profundicemos en ellas, nunca está demás…
El amor: etimología y pinceladas históricas
Párrafos
arriba decía que no era ocioso el deslinde entre amor y pasión, porque
si bien ahora lo tenemos claro, aunque a veces los confundamos, es
gracias a un proceso que tomó siglos para hacerlos inteligibles y
categorisarlos. Es decir, muchas culturas antiguas a su manera
entendían que pasión y amor eran distintos, la diferencia estaba en
cuál de ellos ponían más énfasis, a qué consideraban propiamente amor…
Los antiguos griegos tenían tres palabras para referirse al amor en sus diversas manifestaciones: Eros, Philia y Ágape.
Eros
no nacía de la voluntad o la razón. En cierto modo era arbitrario
porque invadía sin pedir permiso. Conllevaba una enorme dicha y, por
tanto, era el más asociado con un rapto divino, algo muy entendible, por cierto. Pero más allá del deslumbramiento sólo buscaba el propio goce. En síntesis, el Eros era muy análogo a la pasión, tal cual la entendemos ahora. Este tipo de amor era en el que los griegos ponían más énfasis.
Philia era el amor nacido de la amistad, y por su raíz etimológica es fácil asociarlo al amor filial de hijo o al amor fraternal.
Ágape era el amor más soslayado por los griegos. Era menos deslumbrante, pero era más maduro y calmado. Ya no parecía tan divino porquecostaba
más esfuerzo sacarlo adelante. Ya no implicaba sólo el propio goce sino
también el bienestar de la pareja, algo que a veces exigía renuncias y
sacrificios.
Cabe
agregar que no sólo los griegos, sino también la mayoría de culturas
antiguas, el amor que más asociaban con lo divino era el Eros.
Ahora, ya anotamos que el Ágape
exige renuncias y sacrificios, y no siempre nos va a hacer sentir
embriagados de dicha y hay que esforzarse para sacarlo adelante. Pero
¿cómo? ¿A veces en una pareja la rutina no va desgastando aquellos
sentimientos que alguna vez deslumbraron? Es más, los sentimientos
pueden estar incluso en contra o, si subsisten, pueden resultar muy
insuficientes para enfrentar las frustraciones cotidianas. Entonces, si
no son ya los sentimientos, ¿cuál será el gran motor para que una
relación persevere? La respuesta me lleva a esas dos palabras que había
dejado pendientes anteriormente: certeza y sentido. Pero nuevamente dejémoslas allí…
¿Todo lo expuesto significa que hay que estigmatizar al Eros porque finalmente se basa en puro sentimiento? La respuesta es no. El Eros
no es malo y si no existiera la procreación podría resultar tan odiosa
que quizás ya no habría humanidad. Además, el verdadero amor siempre
necesita de un fuerte empujón inicial que
nos saque de nosotros mismos. Vamos: si somos racionales y no existe el
combustible inicial de la pasión quizás nadie se emparejaría y casaría.
Imaginen todas las responsabilidades de una relación: gastos,
responsabilidades, tiempo… Claro que el miedo a la soledad puede ser un
impulso, pero me aventuraría a decir que ni tanto, porque si uno
comienza a analizar preferiría estar solo pues siempre resulta muy
incomodo estar amoldando nuestro carácter o hasta nuestras metas
personales y profesionales a los de una eventual pareja. Es por eso que
necesitamos de ese rapto inicial para
atrevernos a llegar a esa persona especial y, al menos al inicio,
olvidarnos de todos los miedos, responsabilidades e incomodidades que
una relación exige. Aunque ya sugerimos que no toda relación
sentimental tiene que comenzar por la pasión. Finalmente ya depende de
cada quien…
No podemos culpar a los antiguos por confundir al Eros con un estado divino. Después de todo, la pasión tiene mucho de sublime. No
es propiamente un instinto animal que busca saciar sus más bajas
pasiones. La pobre pasión siempre ha sido víctima de muy mala prensa,
cuando ella a nuestra anodina existencia la hace trascender y le
despierta un anhelo de infinito gozo y felicidad con el que incluso nos
hubiéramos sentido incapaces de soñar. Cuántas veces hemos creído que
ya no éramos capaces de soñar y una fuerte pasión nos lleva a superar
nuestro pesimismo. El problema de la pasión es que es tan efímera como
una pompa de jabón, por más maravillosas expectativas que genere.
Quizás por eso muchos creen que la felicidad no existe o sólo se reduce
a momentos fugaces. Pero eso no significa que la pasión sea una vil
mentirosa, sino que sólo anticipa aquellos deseos que sólo podrán cumplirse en el Ágape.
Por eso tarde o temprano confirmamos que el Eros no es suficiente, por más rapto divino que nos parezca. Es allí cuando entendemos que el amor no es sólo un sentimiento
y que para sacarlo adelante cotidianamente debe haber algo mucho más
fuerte, porque ya no se trata sólo de nuestro goce sino también del
bien del otro, y eso exige renuncias y sacrificios, no siempre
agradables. Es allí cuando vemos que el amor es algo más fuerte que un mero sentimiento, es una certeza que irá consolidándose cuanto mayor sentido encontremos en una relación… Es allí cuando descubrimos que si bien anhelábamos el Eros, mucho más el Ágape. O dicho de otra forma: buscábamos el Eros cuando en realidad queríamos el Ágape,
tan soslayado por los griegos… Será por eso que dicen que la pasión en
sí misma es como una supernova que deslumbra sólo por un segundo hasta
apagarse para siempre. En cambio, el verdadero amor es como esas
estrellas que iluminan de manera tenue, pero permanente… Ya saben: el Eros es la supernova y el Ágape es la estrella…
En suma, y sin filosofar tanto, el Eros
no es malo, el problema es cuando es lo único que buscamos y sólo allí
nos quedamos. Es entonces cuando sólo buscamos nuestro goce egoísta y
nuestras parejas se vuelven sólo meros objetos de placer y finalmente
terminamos solos por más caricias que disfrutemos. Quizás vislumbramos
las promesas del ErosEros, porque aunque conozcamos el Ágape no nos es tan atractivo, pues exige responsabilidades, costos a pagar por las promesas del Eros. Repito: nadie dice que el Eros
y su placer sean malos, el problema es cuando nos quedamos en él;
cuando no queremos la luz sino sólo su reflejo. Es allí cuando el Eros deja de ser promesa y se vuelve espejismo.
Sin embargo, aunque no nos embriague de gozo y sea más sereno, el Ágape también tiene mucho de divino. Allí los anhelos despertados por el Eros no sólo se cumplen sino que cobran un mayor sentido. El Ágape
es más calmado pero más seguro, más auténtico, más permanente y más
sublime, porque ya no busca la propia satisfacción egoísta sino también
la del otro, como ya dijimos, aunque eso siempre exige renuncias. Es en
el Ágape cuando tenemos una mayor certeza de una relación sentimental y por eso le hallamos un mayor sentido. Es en el Ágape cuando vemos que las promesas del Eros eran ciertas.
Esto no significa que los sentimientos no cuenten. Pero una relación sentimental necesita como principales motores una certeza y un sentido para que siga perdurando, aun cuando los sentimientos no sean suficientes o, incluso, cuando sean contrarios.
Ahora, debemos aclarar que este artículo sólo pretende abordar el amor de pareja y que certeza y sentido también puede aplicarse a otras manifestaciones del amor, como a ésa que los griegos entendían como Philia, que
ya merecería un desarrollo aparte… Me aventuraré a decirles algo sin
fundamentarlo tanto: el amor bien entendido no es sólo motor de las
relaciones sentimentales sino incluso de las mayores reformas sociales,
pero ése es otro tema…
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septiembre 2006
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Si los seres humanos pudiésemos aplicar en nuestra vida diaria estos conceptos el mundo sería mejor.
Un gusto ver que los autores dediquen sus tiempos a hablar de temas tan importantes. Saludos. Hilda