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De los homicidios sonoros PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Zakarías Zafra Fernández   
martes, 14 de septiembre de 2010

De los homicidios sonoros

 

 

Por  Zakarías Zafra Fernández

 


 

 

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A primera vista, el título pareciera aludir a una crónica periodística de crímenes y sangre, con parlantes y megáfonos mortíferos, donde se presiente la terrible oposición fealdad-belleza de toda transgresión, pero lo cierto es que nada tiene que ver con el mundo noticioso de los atropellos, sino más bien con algunas calamidades que ocurren dentro del campo de las percepciones y la estética.

 

Homicidio refiere a un asesinato, a una fechoría imperdonable que implica la desaparición abrupta de la víctima. Es un hecho perpetrado que, siendo siempre moralmente condenable, no da lugar a deliberaciones ni a juicios ociosos de valor. El término “sonoros”, por su parte, conduce a un fenómeno sensorial del tipo auditivo, tendiente a provocar una reacción distintiva en el oyente. Ahora, ¿en qué momento se unen ambas realidades bajo un mismo concepto?

Hay ciertos fenómenos agresores que, reconocidos erróneamente como creaciones, generan cataclismos, anti-cuerpos de la música, alter-egos negativizantes que cimentan el anti-universo del arte. Un tipo de consecución de sonidos que, en masa amorfa y bizarra, provocan la destrucción progresiva de la psiquis y la pérdida evolutiva de la sensibilidad. Llámense ruidos vulgares que constituyen un medio de ataque al hombre, su conciencia y su espíritu. Son estos los homicidios sonoros.

No es capricho poético la utilización de esta palabra. Si colocara “homicidios musicales”, estaría reconociendo -a la mejor forma atea- la existencia de un tipo de arte. Estaría postulando un anti-sonido en el que me rehúso a creer pero que al final, por mínimo error metodológico, termino confiriéndole la cualidad de música. Por ello preferí esta frasecilla gnóstica, donde lo sonoro es una denominación incolora de un sonido, sea cual fuere su procedencia y su posterior resultado.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que la existencia de la hecatombe auditiva existe. Que la exposición constante a un tipo determinado -antitético- de sonidos condiciona los comportamientos hasta procrear castas de “homicidas victimizados”, donde se juega el doble papel de sufrir y doblegar a otros con la premisa de un placer social repugnante. Pero, ¿con qué fin se ha promovido la decadencia de la sensibilidad? ¿Quién o quienes son las líneas motrices de esta catástrofe? Culpar a un solo inventor sería una aventura, por demás, bien estúpida. Es preferible reconocer como único convicto al homicidio en sí y como peor castigo su revelación a víctimas y tributarios.

Podría extenderme infinitamente haciendo analogías entre crímenes del mundo y aberraciones de un mal llamado arte, pero esa sería mi ejercitación, no mi propósito. Este se resume en la necesidad de contar la realidad de esas manifestaciones sonoras cuya hediondez presume la cercanía de la basura y que, por encima de todo respeto y toda política de buen oyente, no traen más que la infección auditiva. ¿Música mala? Quién sabe. Nadie posee la balanza incorrupta para diferenciar lo bueno de lo malo. Por eso vuelvo a justificar mi frase altisonante recordando que ella en sí no es un juicio de valor sino el comentario de un hecho que se perpetra. Es la crónica del crimen y nada más.

Ya hemos dicho que el denominador común de los homicidios sonoros es la ruptura de todo precepto musical basándose en un germen de brutalidad poderoso y altamente contagioso a través de repetidas transmisiones. Para evitar una abstracción inútil en este pasaje, llevémoslo a términos palpables: el facilismo, el terror a los riesgos, el mal entendimiento de la vanguardia, la acuñación del arte en un billete son las verdaderas causalidades de este fenómeno. Ese momento en que se destruyen los verdaderos cimientos del arte para crear un producto nocivo cuyo principal objetivo -como toda droga- es ganar adeptos (adictos) y en consecuencia, amasar dinero. Estamos, volviendo a las palabras pintorescas, en presencia de un sicariato artístico.

Bien dicen las filosofías del arte que los gustos del público son efímeros y cambiantes y que las obras son retrato fiel de su tiempo, no sólo en la horizontalidad del espacio histórico, sino como devenir social, como aglomeración de humanidades con percepciones y sistemas de conciencia muy definidos. Ahora suponiendo que estas creaciones actuales e inversas puedan, en algún supuesto complaciente y misericordioso, catalogarse como obras, nos colocaría en un compromiso incómodo, haciéndonos responsables, inconscientemente o no, de los homicidios sonoros.

Viéndolo de esa forma, podríamos incluso sentirnos como una sociedad retén, llena de tiranuelos mentales. ¡Pero no nos angustiemos! Nos salva la presunción de inocencia.  Por eso no permitamos que nos pueblen aquellos sonidos bandidos ni que triunfe el vandalismo pseudo-artístico. Sometámonos mejor a una purga profunda, a un proceso educacional trascendente y temamos, más que a nada, a ser cómplices del asesinato imperdonable del arte.

 

 



  ZACARIAS_zafra.jpgZakarías Zafra Fernández, Poeta, cuentista, dramaturgo y músico venezolano, nace en Barquisimeto, Estado Lara el 13 de mayo de 1987. En 2009 publica "Quinquenio", poemario que recopila sus primeros años de trabajo literario. Sus obras poéticas han sido publicadas en diversos medios internacionales: revista "Palabrero" (Colombia), revista "Absenta", “La Castellana” y “Cinosargo” (Chile), "Palabras diversas" (Argentina), “Resonancias” (Francia) y en los programas radiales “Calidoscopio” y “El rincón del poeta” (Emisora Raíces 885FM - Buenos Aires, Argentina), donde varios de sus poemas fueron declamados en vivo. Durante 2009 fue columnista del periódico español “Municipalidad y Cultura” (Toledo) y  en abril del mismo año recibe el Premio de Poesía Mes de Abril de la Comunidad de Escritores y Poetas por su obra “Soneto de la lengua”.

Actualmente dirige en Venezuela el montaje de su obra teatral “Los huesos de Bolívar”,  se desempeña como columnista de la revista "Lo nuestro es cultura" y colaborador del prestigioso diario impreso “El Impulso” (Barquisimeto). Es también docente del Conservatorio Vicente Emilio Sojo en la cátedra de piano y productor- conductor de "Sonidos de Vanguardia", programa radial dedicado al jazz y la cultura universal. Este novel escritor, no obstante su edad, cautiva con el estilo de su verbo y la madurez expresiva de sus obras le asegura un puesto en las principales voces hispanoamericanas del futuro.

Website: www.zakariaszafra.com
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Comentarios (2)add
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escrito por Antonio M. Herrera , septiembre 14, 2010
Absolutamente de acuerdo, Zacarías.
Solo una leve rectificación léxica -y penal-: yo creo que no son homicidios sino verdaderos asesinatos porque son cometidos con premeditación y alevosía. Añádase a veces la nocturnidad.
Si tenemos en cuenta el apoyo y aplauso institucional, están alcanzando la categoría de genocidio. Ítem más, se trata de un crimen muy especial por el ensañamiento, dado que se lleva a cabo en la prolongación del tiempo, mata poco a poco, a dosis diarias, con unas prácticas y un retorcimiento de vesania que para sí hubiera querido la inquisición.
No olvidemos tampoco el más perverso resultado de su ejecución: normalmente, conduce a las víctimas, si consiguen resistir, al suicidio o a la estolidez permanente.
Habrá que ampliar el código penal.
No obstante lo dicho, salud (mental, por supuesto).
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escrito por ANA MARÍA PUCCI , septiembre 17, 2010
Poeta
un verdadero placer compartir contigo estas reflexiones. Siento lo que dices, lo palpo a diario. Me duele y me desconcierta. Pero esto forma parte de la realidad que nos supera. El dolor del artista, del que respeta y agradece ese don de sentir y pensar a veces se acrecienta, pero siempre se multiplica en el arte creador, en ese arte que consideramos sagrado porque nos ha sido dado. Al volcarnos en él nos alimentamos de maravillas y al hacerlo lo divulgamos, a veces concretamente y otras veces a través de nuestro espíritu, que sale de nosotros, llega al cosmos y cae como lluvia de bendiciones sobre todos. Así devolvemos el milagro de gozar y reverenciar lo que nos ha sido dado.
te abrazo Poeta, desde buenos Aires Argentina
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