El cuerpo no reacciona a los sucesos externos, sino a los pensamientos sobre estos
El cuerpo es una imagen constante en toda su acepción. No importa su forma, siempre nos remite a una lectura directa o no, interpretativa y única. Pero, ¿cómo apreciamos esto desde una lectura socializada e imaginativa? ¿Cómo entendemos los pensamientos que nos ayudan a percibir desde lo sensible, y a observar una misma imagen desde múltiples maneras?
Una imagen es un signo icónico que puede representarse de tres maneras distintas: figurativa, abstracta o simbólica; pero que puede leerse de otras tres maneras: anecdótica, simbólica y metafórica. En la medida en que esta se acerca más a la realidad, se vuele menos icónica y es más legible (ej. las fotografías-retratos, la pintura realista, los mapas de los países, etc.) y es más icónica cuando se representa de una manera más abstracta, queriendo significar sólo un sentido o una parte de su historia (ej. la relación entre el "mouse" de una computadora y un ratón, la relación entre la paloma y la paz, etc.). Hasta aquí casi todo funciona desde el sentido lingüístico de Saussure, y como se puede ver, todo esto relaciona básicamente al significante y al significado.
Pero, debido a las experiencias (las cuales no podemos obviar nunca) y en sentido a la posición triádica semiótica propuesta por Peirce, toda relación sígnica genera una relación de referentes. Aquí es donde podemos hacer una verdadera interpretación del proceso lógico perceptivo e imaginativo del signo. Gracias a este concepto, es que entendemos al signo-señal, que nos alerta de algo que va a pasar pero que aún no existe. O sea, nos propone un acercamiento extraño a un fenómeno, pero no es el signo de este el que nos llega, sino la referencia futura de lo que encontraremos como signo comunicativo (ej. una señal de humo nos induce a pensar en que hay o hubo un incendio; un dolor de garganta nos alerta sobre la presencia de un catarro o enfermedad mañana, etc.).
De esta manera, casi todos entendemos un signo desde un mismo código de lecturas, pero volviendo a Peirce, esto no puede ser 100% posible debido a que nuestras experiencias sobrepasan el sentido propio significativo de cada signo-imagen. Para Saussure, es normal que todos leamos igual una misma representación ya que su presupuesto parte de la lingüística, pero la semiósis de la imagen no es exclusiva de la lengua, también incluye un componente gráfico imaginario no fonológico, un signo un poco menos significante o menos simbólico que las letras y las palabras.
Desde Saussure cada cosa es vista igualmente por todos, de ahí que existan palabras en varios idiomas con un mismo tronco común (lo que ayuda a poder aprender y comprender otros idiomas con más facilidad): ej. escuela, school, skola, école... o imagen, images, imaginen... u otras relaciones de tipo constante como los colores y las letras.
Pero ¿y lo que no es lingüístico cómo lo vemos? Pues desde esta posición, las cosas tienden a ser interpretadas cada vez con un sentido más particular, desde una nueva esencia personal, adosada de la experiencia y de las vivencias emotivas. Desde esta parte, cada imagen es un cúmulo de lecturas posibles, sólo entendibles en su contexto, momento y lugar de producción o presentación. Tenemos entonces a una flecha que puede ser entendida como electricidad si está construida con líneas zigzagueantes, puede significar masculino o femenino si está acompañada de un círculo, o puede generar una dirección si induce un punto de referencia. O más aún, una forma abstracta cualquiera nos va a representar una palabra en dependencia de su construcción. Por ejemplo, si esta tiene líneas agudas y es caótica en su construcción, estará más cerca de representarse con una palabra cuyas asociaciones sonoro-silábicas tienen mayor diferenciación acústica. Por el contrario, las formas construidas con líneas suaves y armónicas suelen tener una palabra más cercana a las vocales redondas y a las letras nasales. Desde esta explicación se puede entender porqué los diseñadores asocian (en su relación cuerpo-signo-pensamiento) las líneas curvas a lo femenino o suave, y las líneas rectas o rígidas a lo masculino. Lo mismo ocurre con los colores.
Esto nos ayuda a pensar que una misma imagen no tiene por qué tener una misma lectura para dos personas de distintas culturas. Aunque desde la posición histórica de la semiótica-lingüística las imágenes tiendan a ser universales en cuanto a su acepción general (globalización aparte, aunque esto es un ejemplo de como la semiótica puede ayudar a interpretar un problema político o económico).
Pero obviamente, siempre no es así. Una imagen es una fuente de significaciones, de ahí que cuando pensamos en la palabra "casa" siempre veremos de primera a la nuestra. No importa si es bonita o fea, pero siempre la imagen más cercana que tenemos de esta palabra es nuestra experiencia, y en este caso, es nuestra casa.
El ser humano es un ente social, de ahí que las interpretaciones estén sujetas a códigos generales, lo que permite la comunicación y el entendimiento global, pero esto no quiere decir que todos hablemos, pensemos y sintamos igual. Las imágenes son individuales, pero las experiencias son muchas, aún las más comunes, lo que genera niveles distintos de pensamientos hacia una misma representación. Veamos un ejemplo en donde la imagen es importante: vamos al cine a ver una misma película y todos la entendemos de una manera diferente (incluso algunos pueden llorar y otros reír). Veamos otro ejemplo, en donde la imagen no aparece, sino la crea uno: leemos un mismo libro en dos momentos diferentes y lo interpretamos de distinta manera y lo "vemos" imaginativamente de otra forma, con nuevas imágenes y colores. Este es el sentido más correcto de entender que cada cosa es percibida e interpretada desde nuestra experiencia.
Atendiendo a su cultura y experiencias vivenciales, cada persona puede interpretar a su manera y generar diferentes códigos de pensamientos, los que invariablemente aportan nuevas producciones sígnicas-referenciales. De ahí que el proceso perceptivo-interpretativo hacia una imagen no está marcado solamente por los sucesos externos, sino por los pensamientos que sobre estos se generan.
Jorge Luis Rodríguez Aguilar.
La Habana, 06 de julio de 2007.

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