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El rapto existencial en la poesía de Hanni Ossott Imprimir E-Mail
Escrito por María Cristina Solaeche   

 
EL RAPTO EXISTENCIAL
EN LA POESIA DE HANNI OSSOTT
 
 
“Aguarda,
hasta que nunca más se sienta el
cansancio y escalando como si sólo
existiese el ascenso del vuelo que
deshace”

Elizabeth Schon
 
Por María Cristina Solaeche




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Hanni Ossott es una de las voces fundamentales de la poesía venezolana contemporánea; nace en Caracas el 14 de febrero de 1946 y fallece en esta capital, el 31 de diciembre de 2002.  Licenciada en Letras en la Universidad Central de Venezuela y Profesora de la Escuela de Letras en dicha casa de estudios, donde dicta durante veinte años, varias asignaturas, todas ellas, enmarcadas dentro de su propia visión del existir, en el área de la poesía y la reflexión poética y filosófica: “Necesidades Expresivas”, “Poesía y Poetas”, “Literatura y Vida”, “Poesía y Pensamiento”, nos dice:

la obra no sólo como un trabajo sino como el resultado de un estado del alma y de un vivir” 1 .

Recibió el Premio Nacional de Poesía Francisco Lazo Martí, el Premio Nacional en la II Bienal de Poesía José Antonio Ramos Sucre (1972), por su primer libro  “Formas en el sueño figuran infinitos”, Premio Municipal de Literatura Mención Prosa (1987)  y  el Premio CONAC de Poesía (1988).

Es una unidad indisoluble su vida y su obra. Su poesía nos da una límpida versión de sí misma, sin escamoteos, sin mistificaciones  ni falsos idealismos. Vivió su verso como su mundo en su existencia, en actitud de incesante perplejidad, de asombro vital ante el existir, de indagación de la vida; su voz  poética arraigada siempre en una experiencia vital, es la que habla, en los extremos, hacia los peligros del límite,  en  el borde:

Al borde de la tierra
 al ras
 tragando durezas2     (“Por el vivir”) 
           
     Sus poemas, son espacios ceremoniales donde se exalta la nostalgia de los imposibles, los riesgos internos del adolecer, la tentación nocturna, el placer, la muerte y los espejismos, con un aguijón que desgarra y cauteriza al mismo tiempo.

    Su obra, ahonda en contenidos filosóficos  de la mano de  las llamadas por María Fernanda Palacios sus “voces tutelares”, las de Rilke, Nietszche, Heráclito, Hiedegger, Lawrence,  Bataille,  Hölderlin, Broch, Virginia Wolf, Thomas Mann, Blanchot, Goethe, Kavafis, Borges …  mas,  si queremos situar a Hanni Ossott en algún epicentro poético, éste será la figura señera del poeta austríaco Rainer María Rilke (de él tradujo la obra “Elegías de Duino”).
 

Todo esto nos deja en su extensa bibliografía poética, en un lenguaje punzante, revelador de un temple que embarga provocando perplejidad y desazón; en la poetisa no es cuestión solamente de oficio, dedicación, agrado o don;  es una pasión con todas las exigencias e implicaciones que comparte esta palabra.

Hay en su obra poética, términos recurrentes, emblemáticos, nudos del entretejido, dominios del vértigo creativo, y a ellos queremos referirnos en esta ponencia: la herida  esencial, el abismo, lo otro, la extrañeza, la noche, la nada, la muerte, la cura y el amor.  Son a la vez, palabras-signos  que reitera sin cesar, sin tregua, que conviven en sus espacios tratando de conjurar, exorcizar y sanar. Ellos nos recuerdan, la herida fundamental, la desgarradura, el viento, la noche, el silencio y la nada,   de la poetisa  argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972), con quien guarda no pocas semejanzas en su cosmovisión lírica.
 

El acto inquietante del vivir,  graba la escritura de la poetisa Hanni Ossott con lo que ella llama la herida esencial :

La herida
 en el abrazo
 el miedo
la contención
 el beso en el miedo
 la fuga, los regresos2 .  ( “El cuido”)
 

La existencia es elusiva, abrumadora, apabullante, y hay que intentar descubrirla desde el misterio. La herida, nos coloca ante la realidad de un cuerpo dionisiaco,  nietszcheano, con su plena carnalidad, su ardorosa sensualidad, su anhelo y embriaguez, pero, un cuerpo herido, escindido:  

Los hombres se van
como a pedazos
de a ruinas
de a despojos.
(…)

atrás, siempre atrás
            hacia nada.” (“Muerte”) 
 

Es la herida la que reclama la conciencia de la pérdida y el ansia del recobro, en una naturaleza despedazada en individuos, en una remoción psíquica dominada por la desolación, la vulnerabilidad, las limitaciones y las formas de morir; y  en ella, nos dice la poetisa, reside la creatividad.

La herida, es  huella de la pérdida y su vacío, del duelo y el enigma de la ausencia, del amor y su coraje, el centelleo de la caricia y su inmolación, de la rebeldía como antesala poética y la ardorosa pregunta de cara al misterio del vivir, a la contradicción del tiempo, lo insólito que se oculta siempre.

Para la poetisa,  la palabra es ascua y fuego crepitante que se erige desde la herida misma, afirma: “de la literatura me importa el fuego1, es asomarse al abismo, donde el ser muestra su escisión, su fragilidad, es ese abismarse como opción vital, esa su fuerza inmanente del existir frente a lo otro:

Prevalece que haya los otros y lo otro
                          la <<otredad>>
                         el más allá de mí
                         y el más allá de ti
                         la extrañeza
 de lo que nunca puede alcanzarse (“Prevalece lo raro”)
 

         La fragmentación de la conciencia, la del inconsciente, de la simultaneidad de los tiempos, de lo originario y lo ignoto, de la desmesura y la excedencia, de la experiencia y lo raro, el extrañamiento, en otra palabra-signo  la extrañeza:

Mis piernas flaquean
 mi corazón arde
 mi sacralidad me mata
                        Oh Dios
                         ¿cuál será mi camino?
Escucho voces
                        pero ¿cuál  es  para mí?
¿qué puedo decir ante tanto extrañamiento?
                                                                                (“Extrañamiento”. A Rainer María Rilke)
 

Hanni enfrenta su mundo poético con su  trasgresión, su rebeldía, todo aquello  que para la conciencia “normalizada” pasa inadvertido, para esa conciencia sometida, ahogada en vivencias estériles  y condenada al disparate de la  cotidianidad: “La paz apática.” 3 como la llama, que nada teme tanto como a la exaltación, a la lucidez exasperada, al lugar donde el límite de lo posible es transgredido y lo vedado se confronta, a  las sombras interiores , a todo aquello que salga del riel de lo habitual.
 

Nos habla de la nocturnidad poética, de cómo   la noche  alberga el alma, la inspiración, la locura, el amor y la muerte, de cómo estas formas son por las que la poética nocturnal se expresa,  de cómo el poema  surge y se alimenta de la noche  en un intento del  dominio de la oscuridad y el convivir con ella. Escribir  desde la febrilidad nocturna y jamás desde esas zonas intermedias y neutras.


La Noche se va haciendo en mí
                                                     profunda
                                                    revocable como una estación
La oscura esfera de lo oscuro
                  ha inundado mi ámbito
                  y se cierra como el beso de dos cúpulas
Ya yo no sé cuál es mi fondo
               Soy ahora la noche entera4  (“La noche y la luz”)
 

La nada,  otro de sus vértices del pensamiento, entrelazada siempre con las imágenes del abismo y la extrañeza, congregando un espacio, el abismo, y un estado, la extrañeza, donde el cuerpo se silencia para regresar a su íntima esencia. Contra la nada, la poetisa  conjura la creatividad, desde la nada, le es posible el encuentro que permite tolerar lo que se nos niega. Su poesía habla de lo inexpresable, lo por asumido nada conocido, lo inusual, captando el colapso del instante, ocupando el lugar del espacio inexistente, sintiendo la herida del desgarramiento que siempre causa la extrañeza del existir.

Estoy en una playa sin fin
mi alma se despliega
inconsulta
hacia una rara nada5  (“Ser”)
 

En la muerte, la poetisa se atreve a morir más allá de la muerte física, cavila sobre el morir del individuo, ese morir parsimonioso, anónimo, indiferente y eterno:

Mira cómo de mí  mismo todo se separa
 se me  deshabita
 seré ahora lo eternamente desplazado
Y mis escombros . . .  ¿dónde?
  ¿Y la sensación de roce entre mis dedos y una
                                                         superficie lisa?
Lo  posible . . . ¿dónde?6  (“Lo desalojado”)
 
 

     El perenne y oscuro contraste irresoluble entre la vida y la muerte, está siempre presente en la poesía de Hanni,  siente el anhelo angustiado de acabar y no ser y un ansia de crear y de ser, cruzando el límite del sobresalto, de la espera sin término:  
   
Ahí va la urna
 Y yo no tengo lágrimas
 sólo besos
 y un puño alzado, erecto
               por el misterio, por la rabia (“Sólo un cuerpo”)
 

Un constante aprender a perder suave o bruscamente con el vivir, pérdidas  que demandan memorias y olvidos, ausencias, abandonos, extravíos, el desvanecerse de las cosas, del dejar de ser  instalándose frente a la rareza del existir, donde el ser humano se religa a lo infinito y lo nimio, al asombro y a un Dios, al deseo y a la esperanza, al vacío y al grotesco absurdo de lo eterno, imposibilitado de pactos fáusticos. Morir no es solamente “irse del mundo”, es también padecer la relatividad de la existencia, la flaqueza de los hechos, la extenuación  de lo circunstancial.

Mas,  Hanni Ossott,  anhela también curar la herida, así,  denomina a la poesía, la cura, el poeta debe vivir en una continua cura al mantener la tensión lírica y la presión del sentir de su espíritu; en este sentido, el quehacer poético conjura e intenta  sanar. Escribir,  es intentar curar la herida esencial,  porque todos estamos heridos: 

 “Porque también hay risas junto a la zozobra
             extrema tensión de la alegría
             desbordes para la noche oscura
                                          éxtasis
                                         colmación. (“El reino donde la noche se abre”)
 

Debo pensar en el espacio más luminoso del mundo
          Delfos, lugar nocturno hecho luz
 Es preciso
                es preciso realizar de la Noche la Luz.4  (“La noche y la luz”)
 
 

Su palabra creadora celebra desde la ruina, ilumina desde la sombra, es esa luz nigromántica de la que nos habla Héctor A. Murena en “La metáfora de lo sagrado”, es un querer hacer posible lo imposible, es movimiento en algún espacio, es instante, ráfaga, impulso; escribir poesía para Hanni,  es trazar una geografía del alma desde la memoria que guarda cual vasija las visiones, las rachas de sentimientos, las imágenes y las tensiones. En ella, la   poesía es escucha y receptividad.

      La pasión y el error, la enrancia y el esplendor,  la signan, siempre cerca del “duende” o como diría Rafael López Pedraza, cerca del “toque dionisiaco”. El hecho poético entra por la piel, es una efervescencia un “yo soy otro” en palabras de  Rimbaud, no existe en ella la certidumbre, en su lugar la intuición,  ese saber no racional que preconizaron los románticos, las visiones, los delirios, el desgarramiento interior para alcanzar lo invisible y así llegar a la otredad,  en un espacio de inspiración donde la fertilidad y ebriedad del sentir se transfiguran, celebrando poéticamente, reteniendo fugaz y desesperadamente la vida  con el verso, sosteniendo la palabra en la lucha con el silencio y girando al contrario del remolino de la nada. En su escritura emocional conmueve y seduce su palabra dolida.

Y en  el amor,  del deseo la imagen suena, es palabra sonora:

extender infinitamente el beso
 Que dure toda una noche
 toda una eternidad.” 3 (“El beso”)

Por asalto el amor
sin preguntas
por asalto el cuerpo
                        los cuerpos
y comienza la danza
(…)
rotación de cuerpos
 canto elevado canto
 a la sacra pasión del cuerpo.3 (“Cuerpo”)

Hay una mordida profunda
                    incisiva
 en el centro de mi sexo
 por la cual yo me erijo como yo misma
             y soy,
             y poseo y dono
 (…)
Me cruza una pendiente
 me traza un precipicio
                                    en el amor…
                         y en todas mis secretas junturas
 con cuido, con recelo, tu te avienes a mí 3  (“La mordida profunda”)

Es Hanni Ossott, un espíritu que padece su herida, se asoma al abismo, siente profundamente la extrañeza frente  a lo otro, a la muerte, a la nada, al amor, y busca infatigablemente en el alma de la noche,  la cura en cada uno de sus poemas. Es su poesía un rapto existencial que cautiva con su visceral insistencia en desentrañar instantes que prolongará en el verso,  momentos abiertos al  tanteo continuo en sus poemas:

Y todos buscando a sus propios dioses. Los dioses de las rocas son los ríos. Los dioses del río: el cristal. Los dioses de los hombres: lo que no somos, nuestros nombres situados en otras zonas, nuestros nombres incompletos y nuestros actos hechos de piel y de sueño.” (“Espacios para decir lo mismo”).
 
 
 



Referencias Bibliográficas

1. Ossott,  Hanni: Poemas selectos. Editorial Latina bid & co. editor, Caracas, 2004.
2. Ossott,  Hanni: Cielo, tu arco grande. Tierra de Gracia Editores, Caracas, 1989.
3. Ossott, Hanni: El circo roto. Monte Avila Editorial Latinoamericana C.A. Caracas, 1993.
4. Ossott, Hanni: Hasta que llegue el día y huyan las sombras. Editorial Arte, Caracas, 1983.
5. Ossott, Hanni: El reino donde la noche se abre. Editorial Mandorla, Caracas, 1987
6. Ossott, Hanni: Espacios de ausencia  y de luz . Monte Avila Editores C.A. Caracas, 1982.
7. Ossott, Hanni: Espacios para decir lo mismo. Universidad Central de Venezuela. Colección Letras de Venezuela. Serie Poesía, Caracas, 1974.
 

 
 
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Comentarios (3)add
...
escrito por VIKTOR GOMEZ , mayo 16, 2008
Una vida que se vislumbra comprometida con la palabra que une, con el temblor de la escucha y se deshace en la solitaria noche celaniana.

A tener en cuenta, a releer. Y a compartir en España, donde poco llega de lo mucho bueno que se ha escrito en América Latina.

Gracias por la presentación.

Un abrazo

Viktor Gómez
Valencia (España)
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...
escrito por Dania , mayo 22, 2008
Impresiona la sutil profundidad de una aguda visión para alargar los sentidos para saborear la otredad, la nada, la noche, las heridas del alma, sin duda con el único lenguaje del alma abierta y eminentemente sincera, inmensa, es esa la voz de la poesía verdadera me hubiese gustado haberla conocido en vida, de todas formas en hora buena Maria Cristina por tu inspirado ensayo y por regalarnos esa magnífica exposición de la obra de Hanni, creo que una mujer así no debe perderse aún se debe hablar más de ella y de otras que como ella también hablan con esa voz, ese talento fino que pulula firme fiel al pensamiento vivo. Nos faltan revistas acerca de la mujer que escribe, nos faltan periódicos de arte donde se hablen de mujeres como esta, porque esto nos hace falta para vivir para no morir de hambre de alma. Saludos de Dania, y un abrazo fuerte.
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escrito por Enrique Nava , julio 16, 2008
Con la sensibilidad que te caracteriza, este hermoso ensayo sobre nuestra poeta venezolana Hanni Ossott, presencié su exposición y posterior disertación en el VIII Encuentro Internacional de Escritoras, en la capital Caracas. Esperamos tu poemas en esta hermosa revista de arte y literatura. Un abrazo desde Maracaibo
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