-LA MUERTE-
***
1. Introducción
Horacio
Quiroga, un hombre al que le tocó protagonizar una sucesión de muertes
muy confusas, o por lo menos tan infortunadas como para que se pueda
hacer sensacionalismo alrededor de ellas.
Cualquiera de ellas por separado habría bastado para
alejarlo de la histeria modernista, pero la que más lo alteró fue la
de su amigo Ferrando, al que mata accidentalmente. De todos modos, este
sacrificio del amigo, se repitió, después, cuando Ana María Cires, su
mujer, se suicida con cianuro en medio de la selva. Un poco antes, en
su atormentado y oscuro pasaje por Buenos Aires, había muerto otra, una
de la cual nadie habla y parece haber sido la gran mujer de su vida,
muerta de tuberculosis.
Es por ello que esta presencia dramática, llena de
sucesos lastimosos, desgraciados y fatales en su vida, influye en sus
obras, cargándolas de un gran contenido de tragedia.
¿Pero qué buscaba Quiroga al recaer constantemente
en temas de muerte? ¿Por qué en esos temas es cuando obtiene sus
mejores obras? ¿Por qué es allí que su estilo es el más personal y más
limpio de influencias?.
Es justamente la experiencia personal de Quiroga la
que conducirá a esa preferencia por los temas de muerte, asunto que
será desarrollado en la presente monografía.
2. La vida de Horacio Quiroga
Biografía:
Nacido en 1878 en el Salto Uruguayo, donde su padre
era vicecónsul de la Argentina. Horacio Quiroga, al regreso de un corto
viaje a París, inició sus primeros ensayos literarios con el libro en
prosa y verso Los arrecifes de coral (1901), fruto de la influencia de
renovación poética que dirigía en su país Julio Herrera y Reissig.
En 1903 un viaje con Leopoldo Lugones a Misiones le
descubrió la belleza de esa selva, su mundo de misterio y de sonora
soledad. Años más tarde estableció su hogar en los alrededores de San
Ignacio sobre el río Paraná y reveló a las letras un ambiente y una
vida ignorados. Se dedicó también a variadas empresas en las que su
personalidad vigorosa se destacó ampliamente. Pero su auténtica
vocación fueron las letras. Cultivó la poesía, la prosa y en la prosa,
la novela y el cuento; pero fue principalmente en este último género
donde mostró su talento excepcional, mereciendo el elogio permanente de
la critica literaria.
Muchas influencias pueden señalarse en él: Kipling,
Poe, Dostoiewski, pero sus mejores obras son aquellas en que superada
la etapa de lo extraño y de lo mórbido muestra la naturaleza y el alma
de Misiones.
Su vida llena de altibajos, de empresas quijotescas,
de lucha tenaz, tuvo muchos episodios dolorosos que explican en parte
sus actitudes y su conducta un tanto rara y extraña.
Fue admirado y envidiado. Como todo valor nuevo y
auténtico se lo discutió e imitó. De toda su obra lo sustancial son sus
cuentos, limpios descarnados y humanos, que señalan un temple literario
de primera magnitud.
Falleció en Buenos Aires, el 19 de febrero de 1937. Sus restos fueron enviados a Salto, su ciudad natal, con grandes homenajes.
Sus cuentos más difundidos son: Cuentos de amor, de locura y de muerte, Los desterrados y Cuentos de la selva, entre otros.
3. Cronología trágica de su vida
- 1878 31 de diciembre: Nace en Salto Uruguay.
- 1879:
La familia va a una chacra, en San Antonio Chico, donde abunda la caza.
A la vuelta de una excursión Prudencio Quiroga (su padre) muere al
enganchársele la escopeta cuando descendía de la lancha.
Poco
después Horacio es llevado por su madre a Córdoba, a la que se
trasladan para cuidar la salud de una de las hijas (aquejada por el
asma). Al cabo de cuatro años regresan a Salto; Quiroga cursa estudios
primarios en el colegio Hiram, sostenido por la masonería.
- 1895: 5 de septiembre: Ascencio Barcos (su padrastro), enfermo, se suicida.
- 1898:
En las fiestas de carnaval de Salto, conoce a María Esther Jurkowsk, se
enamora y quiere casarse con ella. Su familia se opone y se produce la
ruptura, su primer gran amor desdichado ("fue un amador constante"), a
la que más tarde hará protagonista de Una estación de amor y Las
sacrificadas.
- 1902:
5 de marzo: a raíz de un cruce de brulotes, Guzmán Papini y Zás y
Federico Ferrando conciertan un duelo. Quiroga, que llega a Montevideo
procedente de Salto, va a casa de Ferrando. El hermano de éste había
comprado una Lafoucheux de dos caños (12 mm). Son las 19 horas: Quiroga
examina el arma; se le escapa un tiro. "Oyóse un grito de dolor y
Ferrando cayó sobre la cama, la bala le había penetrado en la boca,
alojándose en el occipital sin salir". Muere en seguida. Quiroga es
sometido a interrogatorio y trasladado posteriormente a la Cárcel
Correccional. El Dr. Manuel Herrera y Reissig, hermano del poeta, asume
la defensa. Consigue que sea puesto en libertad el sábado 9.
Inmediatamente después abandona Montevideo. Se refugia en la casa de su hermana María, en Buenos Aires.
14 de
diciembre de 1915: Ana María Cires, su esposa, se quita la vida
ingiriendo una fuerte dosis de sublimado. Su agonía dura ocho días.
"Quiroga
nunca hablaba de su primera esposa. Una vez sin embargo, al pasar por
el cementerio de San Ignacio le dijo a Julio E. Payró (quién ha
comunicado la anécdota) ´ Está enterrada allí ’. Payró le preguntó si
visitaba la tumba. Quiroga le contestó que jamás. Y agregó: ‘Me he
olvidado completamente de todo eso’. ‘Parecía muy duro’, advirtió
Payró, pero después he llegado a comprender que esa era la única manera
de seguir viviendo para el que queda’."
- 1925
Regresa un tiempo a San Ignacio, allí se enamora de una joven de 17
años que se llama también Ana María. Sus padres impiden los encuentros.
El entonces agota los medios para comunicarse: mensajes envueltos en
tubo de palo raspado, cartas en clave y otros semejantes; hasta llega a
cavar un túnel para raptarla. La muchacha es alejada subrepticiamente y
Quiroga desiste.
- 1934
15 de abril: se lo declara cesante: (La política uruguaya ya ha sufrido
un vuelco a raíz del golpe de estado del 31 de marzo del año anterior;
Brum se ha suicidado para no entregarse.) La S.A.D.E. (Sociedad
Argentina de Escritores) envía una nota, que firman Roberto Giusti,
Arturo Cerretani Y Cesar Tiempo, al presidente del Uruguay, Dr. Gabriel
Terra, para que lo reponga en el Consulado. El pedido es denegado. La
situación económica de Quiroga se torna apremiante.
- 1936
En mayo, después de un año y medio de gestiones, se le acuerda la
jubilación. Poco después su mujer y su hijita se marchan; y él queda
solo.
- 1937
18 de febrero: durante la tarde mantiene - según sus biógrafos - una
conversación con los médicos, en la cual corrobora las sospechas que ya
tiene sobre la enfermedad (cáncer gástrico) . Después sale a dar un
paseo por la ciudad y regresa al Hospital a las once de la noche. En la
madrugada del día 19 muere.(Un vaso con restos de cianuro, evidenciaba
la causa del fallecimiento."
Sus
restos son velados en la Casa del Teatro, sede también de la S.A.D.E. -
institución de la cual Quiroga había sido socio fundador y
vicepresidente -; y posteriormente trasladados al Uruguay.
4. Su vida reflejada en sus obras
Todos
los temas perecen sugerir algo de la vida misma del autor, como si en
el desarrollo de las ideas hubiese un índice capaz de revelar cual fue
la consagración más íntima y el sentido más profundo de esa vida.
Quiroga es indiferente, frío y pesimista; estas actitudes marcan cierta predilección por los temas de muerte.
1-Indiferencia: La falta de expresión subjetiva, de
afectividad, la casi indiferencia por los personajes, a quienes muestra
en sus torturas, caídas, miserias, sin manifestar hacia ellos simpatía
aparente.
2-Frialdad: En sus relatos el hombre lucha, se
desespera, pero al fin fracasa y desaparece. Se diría que hay un cierto
y velado fatalismo en Quiroga, que lo llevará a considerar inútil todo
esfuerzo. Paralelamente a ello muestra una frialdad impasible capaz de
observar a los hombres, verlos en su angustia y verificar sus derrotas.
3-Pesimismo: No obstante es preciso penetrar en esos seres de ficción para ver hasta que punto Quiroga es pesimista.
" "El hombre intentó mover la cabeza, en vano. Echó
una mirada de reojo a la empuñadura del machete, húmeda aún del sudor
de su mano. Apreció mentalmente la extensión y la trayectoria del
machete dentro de su vientre, y adquirió, fría, matemática e
inexorablemente la seguridad de que acababa de llegar al término de su
existencia."
"Va a morir. Fría, fatal e ineludiblemente va a morir."
5. Predilección por los temas de muerte
Influencia y originalidad
Cualquiera sea la cronología real de la producción
de Quiroga, tomando la fecha de aparición de sus libros como el momento
inmediatamente posterior a su elaboración, se puede observar que las
influencias sufridas y la orientación propia casi nunca dejan de
coexistir. Dicho de otro modo: se puede hablar de dos formas de la
personalidad de Quiroga. Una, la relativa a la absorción de las
influencias; otra, a su producción original.
Los dos aspectos de la actitud de Quiroga se mezclan o interfieren llenando de altibajos constantes todos sus libros.
La mezcla se da en Cuentos de amor, de locura y de
muerte, donde la perfección narrativa alcanza su grado quizás más alto
dentro de toda su producción, por la seguridad de los medios empleados
y el rigor con que son trabajados.
Las dos muertes
Así, dos muertes recorren la obra de Quiroga: las muertes tradicionales y las muertes propias.
La primera categoría corresponde a esos indistintos
sentimientos que tuvo cuando era joven y que las lecturas desviaron
para darles una forma que no le es propia pero que Quiroga sintió como
la única posible, puesto que no estaba todavía en condiciones de juzgar
y seleccionar. Este es el encanto que nos conquista cuando advertimos
prematuramente que otros han dado cauce a las cosas que nos perturban e
inquietan mientras nosotros carecemos de los medios para expresarnos en
forma propia.
Es la muerte propia por un motivo central la que se
confunde con la situación misma que vive el personaje. En cierto modo ,
esa muerte que le sobrevendrá le corresponde, no siendo sin embargo el
castigo de ninguna falta. El personaje jamás se siente tan infatuado
como para ignorar a qué conduce su desdichada presencia, que siente
vaciada y menoscabada por algo que no sabe qué es, lo cual no le impide
la extrema y serena combatividad. Sin embargo el ámbito de pelea nunca
es pretensión de un resultado distinto a la segura muerte. Propia
también por un motivo accesorio: porque es el mismo Quiroga quién juega
su muerte en la muerte de sus personajes; y propia por un motivo
técnico: porque es la más lograda estéticamente, sin las vacilaciones
que tienen las muertes del otro estilo, meras anécdotas que combinan
lecturas con imágenes sugeridas por la realidad.
Responsabilidad
No fue, como se ve, un espectador más o menos
cercano de la muerte de los otros, familiar y desolado. Más que los
demás, Horacio Quiroga tuvo que sentirse responsable y aún culpable. En
parte, porque, como todos, no supo evitar que esos otros se murieran;
en parte, por las causas o la comisión material de las muertes de los
demás, la cual podía, con muy justas razones, atribuirse.
Lucha con y contra la muerte: Sentido de la aceptación
Incorporó así a su vida, visto que ya su suerte
tenía continuidad y un equilibrio bastante siniestro la muerte como una
instancia real y condicionante. Si todos los proyectos caen víctimas de
ella, si ella preside lo más importante de nuestra existencia, ¿cómo no
llegar a la conclusión de que ella es lo más importante de nuestra
existencia, que ella es nuestra existencia misma?. Quiroga puede
haberse dicho que era necesario trazarse un plan puesto que las cosas
son como son. Y luchó en el sentido de no desvirtuar esa muerte con la
vida, haciendo de esta un trampolín resbaloso que a cada rato le
recordaba la inminencia de la caída, afrontando yararás, crecidas del
Paraná, bandidos paraguayos, disenterías y toda otra alternativa que
puede darse cuando uno mismo va en busca de las cosas desagradables,
sin despreciarlas, sino tomándolas como lo que en realidad son: parte
del juego vital y lucha con los elementos que representan la muerte.
Aceptó haciendo una nueva composición del lugar.
Entonces estuvo en condiciones de equiparar vida y muerte y pudo haber
dicho que puesto que la vida ya no era el bien supremo, tanto daba
perderla en cualquier momento, lo cual no implicaba que no quisiera
extraer de todos los momentos un jugo que satisfacía sus máximas
exigencias. Su egoísmo se acentuaba después de los desastres y Quiroga
se recoge más y más en su caparazón. Cada cosa que se propone hacer le
parece de imperiosa ejecución y no vacila en torturar o molestar a los
otros poseído por esa urgencia. Así se le da por construir botes en un
sótano de la calle Canning, en le que vive con sus dos hijos niños
todavía. Ni se le ocurre que, excepción hecha de su experiencia de la
muerte, los otros, ignorantes de ella, quieran ponerse a cumplir
proyectos que van más allá de su perentoria urgencia por ganarle a la
muerte un cuarto de hora. Su egoísmo, brutal y desenfrenado, aunque
inconsciente de sí mismo, tiene su raíz en esta aceptación que, si bien
emponzoña su vida, también le hace comprender otras realidades tales
como el sentido de la soledad, por ejemplo.
6. Miedo a la propia muerte
De
ésta viene el miedo, que no lo es de un objeto concreto, sino de su
propia muerte, una vez que aprendió bien como era de cerca la de los
demás y una vez que esta ya no le hacía más daño al producirse porque
todo el daño estaba hecho. No le tuvo miedo a los perros, como les
sucede a muchos, o a los leones o las carabinas. Al parecer tenía una
decisión y serenidad pasmosas frente a circunstancias que hacían
retroceder a otros. No son necesarias las anécdotas sabiendo donde
vivió y los años que permaneció allí. Su casa en Misiones está sobre
una meseta desde la cual se ve el Paraná, que allí mismo se abre y
redondea. La cubre una vegetación descuidada y fulgurante. Aún hoy el
camino que la une con San Ignacio es dificultoso y largo. Hay unos
buenos veinte minutos de automóvil hasta las ruinas. En el medio hay
ahora labrantíos que combaten contra la flora subtropical que los
ahoga. Haber vivido en ese lugar hacia 1910 debió haber requerido
nervios poco comunes y una energía que no necesita de muchos ejemplos.
Sin embargo Quiroga tiene miedo a su propia muerte.
Por una
ventaja que tiene el escritor sobre el hombre corriente, puede volcar
ese miedo en su literatura y descargarse de él, en lugar de caer encima
de los amigos o volver a la infancia.
Uno de
sus cuentos más personales, El desierto, nos muestra el mecanismo del
miedo. Subercasaux, el protagonista, tiene dos hijos como Quiroga. Vive
con ellos en la selva teniendo que hacer de padre y madre, pues esta
murió hace poco, como la mujer de Quiroga. La primera parte del cuento
es descriptiva:
" "Duro, terriblemente duro aquello…
"Pero
ahora reía con sus dos cachorros que formaban con él una sola persona,
dado el modo curioso como Subercasaux educaba a sus hijos.
"Aprendió
- no a cocinar porque ya lo sabía - sino a fregar las ollas con la
misma arena del patio, en cuclillas y al viento helado que le amorataba
las manos.".
Hasta
aquí todo se parece a lo que sabemos de Quiroga mismo, pero luego la
cosa toma un giro inesperado. Víctima de un accidente trivial en
Misiones, un pique en una uña, Subercasaux muere dejando a los niños
solos:
"Ni uno
ni el otro se atrevía a hacer ruido. Pero tampoco le llegaba el menor
ruido del cuarto vecino, donde desde hacía tres horas su padre, vestido
y calzado bajo el impermeable, yacía muerto a la luz del farol."
7. Conjuración del miedo: proyección
Quiroga
sabe lo que le puede pasar, porque está solo e inerme. Y tiene miedo.
Entonces imagina su propia muerte para sacársela de encima, quiere
conjurar la muerte imaginándose tocado y buscado por ella de modo que,
satisfecha en un plano su potencia, lo deje tranquilo en el otro, en el
que realmente lo puede amenazar. Escribe su muerte para quedarse
tranquilo porque en realidad los ruidos que hace el bosque por la noche
no auguran nada bueno, siendo así que la muerte existe y preside todos
nuestros actos y decisiones.
Este impulso a imaginar la muerte tiene una manifiesta expresión en el cuento La insolación:
"-¡Es el patrón! exclamó el cachorro, sorprendido de la actitud de aquéllos.
"- No, no es él - replicó Dick.
"Lo cuatro perros estaban juntos gruñendo
sordamente, sin apartar los ojos de Mister Jones, que continuaba
inmóvil, mirándolos. El cachorro, incrédulo fue a avanzar, pero Prince
le mostró los dientes.
"- No es él, es la Muerte.
"El cachorro se erizó de miedo y retrocedió al grupo.
"- ¿Es el patrón muerto?- preguntó ansiosamente.
"Los otros, sin responderle, rompieron a ladrar con
furia, siempre en actitud temerosa. Pero Mister Jones se desvanecía ya
en el aire ondulante."
Se ve muerto aún antes de morir como dándose una
última oportunidad. Si logra expulsar esa imagen de su vista o cerebro
quizás no muera. La única manera que se le ocurre para expulsarla es
escribirse muerto, única arma con la que cuenta para conjurar y
deshacer la imagen que lo aterroriza y cohibe.
Y así, los cuentos en los que entran los elementos
más entrañables a Quiroga: el medio geográfico, el sentido de la
experiencia, la actividad por la que encuentra al hombre común, la
soledad y el exilio, incluyen estos finales que son la mejor solución a
la anunciante carga de la vecina y propia muerte.
Lo que hay es convicción y evidencia. ¿Quién lo dudaría este final de La insolación?:
"Los perros comprendieron que esta vez todo
concluía, porque su patrón continuaba caminando a igual paso como un
autómata, sin darse cuenta de nada. El otro llegaba ya. Los perros
hundieron el rabo y corrieron de costado, aullando. Pasó un segundo y
el encuentro se produjo. Mister Jones se detuvo. Giró sobre sí mismo y
se desplomó.
"Los peones, que lo vieron caer, lo llevaron a prisa
al rancho, pero fue inútil toda el agua; murió sin volver en sí. Mister
Moore, su hermano materno, fue allá desde Buenos Aires, estuvo una hora
en chacra y en cuatro días liquidó todo, volviéndose en seguida al sur.
Los indios se repartieron los perros, que vivieron en adelante flacos y
sarnosos e iban todas las noches, con hambriento sigilo, a robar
espigas de maíz en las chacras ajenas".
En este párrafo, no solo notable por su concisión y
seriedad, está condensado, o mejor dicho ejemplificado, lo dicho
anteriormente sobre el sentimiento de muerte. Viene y nada se puede
hacer. El hombre está inerme frente a ella, no tanto porque ella es más
fuerte de lo que podemos pretender para nosotros mismos, es nosotros
mismos , se desprende, sale afuera y cuando regresa, la unidad que se
recompone es definitiva.
La convicción conque Quiroga manifiesta la muerte no abandona ninguno de los cuentos de la "muerte propia".
8. El hombre muerto
"El
hombre muerto es un relato breve, un instante trágico que el cuentista
ha detenido para ofrecérnoslo en toda su trascendencia".
Es el momento en que un hombre caído por accidente,
va a morir solo, al rayo del sol, junto a su caballo, mirando el
bananal que ha cultivado.
Técnicamente el cuento está realizado con maestría,
aunque no da lugar a ningún pensamiento trascendente, a algún atisbo de
lo sobrenatural, esa muerte, tan seca y tan terrible trasciende por sí
sola al hombre y a lo que le rodea. Es una fugaz sugerencia y una larga
meditación.
¿Por qué Quiroga es un gran cuentista? Sencillamente
porque no dice nada más que lo que tiene que decir. Porque no emplea
adjetivos altisonantes para expresar lo que el mismo hecho descubre. La
sobriedad es signo de fuerza. Y su falta de piedad queda demostrada con
ese grito de ternura: ‘¡Piapiá!’( grito del niño que va a buscar a su
padre que yace muerto).
" "El hombre echó en consecuencia una
mirada satisfecha a los arbustos rosados, y cruzó el alambrado para
tenderse un rato en le gramilla.
"Mas al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo,
su pié izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del
poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía
el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de
plano en le suelo…. Sólo que tras el antebrazo, e inmediatamente debajo
del cinto, surgían de su camisa el puño y la mitad de la hoja del
machete, pero el resto no se veía".
"Va a morir. Fría, fatal e ineludiblemente va a morir…".
Con este fragmento queda demostrada la falta de
afectividad y la casi indiferencia por el personaje, a quién muestra en
su caída, tortura y muerte. En este relato el hombre lucha, se
desespera pero al fin fracasa y desaparece, considerando inútil todo
esfuerzo.
Paralelamente a ello muestra una frialdad impasible,
capaz de observar a los hombres, verlos en su angustia y verificar sus
derrotas.
Surgen de sus cuentos relaciones con las que él fue
consecuente, no solo porque fue depurando el tema hasta llegar hasta un
plano casi religioso en él sino también porque terminó por encontrarse
definitivamente con ella, voluntaria y concientemente porque sabía que
estaba enfermo y que habría de morir en pocos días. Apurar ese plazo
fue su última muestra del coraje con el que se enfrentó al miedo y la
consecuencia de todo lo que había llegado a expresar sobre la muerte:
que la temía y que la aceptaba, que hasta por el hecho de suicidarse le
demostraba cuánto había luchado contra ella.
9. Un escritor: cierre de la parábola
El estilo de Horacio Quiroga:
Horacio Quiroga no era un estilista, no le
preocupaba la elegancia ni el refinamiento formal. Le preocupaba en
cambio, la eficacia expresiva, la frase vigorosa, plástica y precisa.
Llenas entonces de plasticidad, fuerza y exactitud, tan ricas de
vivencias y conocimiento del medio, como de sensaciones y puntualidad
visual
Experiencia vital y experiencia literaria de Quiroga.
Mundo real y mundo de la literatura
La diferencia entre el mundo real y el mundo de la
obra es mínima (aunque el signo bajo el que viven sea profundamente
distinto), el crítico a veces se pierde y considera los elementos que
están en la obra con las calificaciones que tiene para con los
elementos que componen la realidad inmediata.
Las cuatro líneas de la obra de Quiroga
Uno de los cuatro elementos es el sentido de la
experiencia como rasgo fundamentalísimo de la literatura contemporánea
y motivación del estilo de Quiroga. Este elemento colora todo lo demás,
que vienen a constituirse en una suerte de objetos o contenidos de la
disposición para la experiencia y son: la presencia de la actividad
como forma expresa de una situación del hombre contemporáneo, la
presencia de la soledad como camino para el descubrimiento y la
aceptación de los propios límites y la presencia de la muerte como
instancia vital más importante que exige la más dificultosa adecuación
de la literatura.
Dos maneras de escribir
Quiroga toma dos actitudes para escribir: una, que
se hace cargo del peligroso compromiso personal que significa descubrir
el mundo al exclusivo efecto de describirlo, con la clara consecuencia
de que por ello el mundo real se conmueve en su peso y queda destruido;
y otra, que procede a partir de la convicción valorativa de que no hay
diferencia entre el mundo de los objetos y el tiempo real y el mundo de
la literatura, y que uno y el otro poseen el mismo tipo de realidad; lo
cual supone que no habrá dificultad en expresar la realidad o
cualquiera de sus aspectos, porque las palabras son representación
cabal y eterna de las cosas y no hay margen entre una y otras.
10. Ambigüedad de Quiroga: las dos tendencias
Pocas
veces llegaba a armonizar las dos tendencias. Parece haber sufrido una
atracción poderosa por el ejercicio simultáneo de ambas. Seguramente la
nefasta curiosidad por la muerte, unida a la muerte ajena que ya había
conocido, le provocaba tal inquietud que era como un aura proyectada
sobre los otros para entristecerlos y llevarlos a ejecutar eso que, por
haber comprendido la ambigüedad, él mismo no podía hacer. La muerte de
su primera mujer, por ejemplo. Quizás haya habido razones para que ella
se suicidara. Lo real es que la mujer de Quiroga se suicida y eso
siempre significa un fracaso del que queda vivo. Al no haber podido
conjurar en sus orígenes los motivos que la llevaron a ello, de algún
modo Horacio es culpable de haberlos favorecido. Después de muerto sus
hijos también se matan. Son las criaturas que el formó y a quienes les
dio existencia. Y ese vaivén no lo deja descansar, pero al acuciarlo le
exige tanto que le extrae sus mejores expresiones.
Liquidación de la ambigüedad: muerte
Una alternativa concluida, puede consagrarse a la
otra. Acabada la posibilidad de escribir, Quiroga puede dedicarse a la
posibilidad de vivir, que por una lógica secuencia, se trueca en la
posibilidad de morir. Esta muerte que por angustia fue esquivada,
aunque de algún modo la irradiaba, tuvo la suerte de reencontrarse con
él y hacer que su destino fuera consecuente. Horacio Quiroga se suicida
empujado seguramente a ello porque estaba enfermo. Salvo esta razón,
muy poderosa por cierto pero no la única, tal vez haya caído bajo el
foco de su propia influencia. Quizás, una vez que la ambigüedad estuvo
rota, asumió el impulso del que fue víctima en su juventud, pero que
retuvo proyectándolo exclusivamente sobre los otros. Matarse no es
eliminar problemas. Es reunirlos todos en el momento previo al acto y
asumir el riesgo de anularlos anulándose.
11. Conclusión
Queda
demostrado que hay una predilección por los temas relacionados con la
muerte y, aún más, que la muerte es la variante y cauce en el que se
resuelve la mayor parte de las situaciones que describe.
Quiroga se aproxima gradualmente más al ámbito de la
muerte, sobrepasando y superando el recurso que en general se emplea
como solución de los conflictos, para llegar a la instancia de la
muerte, a la expresión de una dimensión en la que el hombre actúa y a
la que está de alguna manera consagrado.
El progreso hacia esta hondura lo es en el sentido
de un sentimiento de la muerte, viene y nada se puede hacer. El hombre
está inerme frente a ella, no tanto porque ella es más fuerte que lo
que podemos pretender para nosotros mismos sino porque además el hombre
está solo y ha aceptado y, por otra parte, ella está en nosotros
mismos, es nosotros mismos, se desprende y sale fuera y cuando regresa,
la unidad que se recompone es definitiva.
Bibliografia
-JITRIK, Noé. Horacio Quiroga. Una obra de experiencia y riesgo. Buenos Aires.,
Ediciones Culturales Argentinas, 1959.
-MIGNON DOMÍNGEZ, Petrona. 16 Cuentos argentinos. Selección, prólogo y notas.17ª
edición. Bs. As. Ed . Abril S.A.,1988 (Clásicos Huemul N°70).
-QUIROGA, Horacio. Cuentos de amor, de locura y de muerte. Bs.As., Kapeluz,1996.
(Grandes Obras de la Literatura Universal).
-QUIROGA, Horacio. Cuentos de la selva y otros cuentos. Cántaro Editores, 1998.
Resumen:
Esta monografía intenta abordar como tema la "predilección de
Horacio Quiroga por los temas de muerte". Horacio Quiroga fue un hombre
al que le tocó protagonizar una sucesión de muertes muy confusas, la
presencia dramática, llena de sucesos lastimosos, desgraciados y fatales en su vida, influye en sus obras, cargándolas de un gran contenido de tragedia.
Pero, ¿qué buscaba Quiroga al recaer constantemente en temas de muerte?
¿por qué es en esos temas cuando obtiene sus mejores obras? ¿por qué es
allí en donde su estilo es el más personal y más limpio de influencias?

|