La literatura del exilio:
Escritores latinoamericanos en Nueva York
Por razones de su inmensa geografía, las motivaciones personales que
caracterizan la migración, los destinos inesperados que aguardan a
quienes se aventuran por tierras extrañas, o las necesidades de trabajo
o familia, los escritores hispanoamericanos en Estados Unidos no se
constituyen en un movimiento literario, no se integran a una generación
específica ni grupo definido por intereses comunes y propósitos
estéticos. Se encuentran dispersos a través del continente cada uno en
el íntimo microcosmos de su inmediata comunidad y sólo en ocasiones de
encuentros felices con colegas de oficio, muchas veces conjugados por
el azar, se presenta la oportunidad de compartir opiniones y dialogar
sobre el quehacer literario. Es por ello que la producción poética o
narrativa, ensayística o dramática, en este vasto país tiene que ser
necesariamente heterogénea.
La literatura del inmigrante tiene características propias que la
definen e identifican en el concierto de una literatura internacional.
El trauma del desarraigo estimula la memoria que evoca el pasado y
exacerba la nostalgia. Entonces la ficción narrativa, así como la
poesía o el teatro, se vuelven muchas veces autorreferenciales, los
recuerdos de infancia, amores lejanos, sucesos históricos que han
jalonado la vida, los elementos autobiográficos que yacían olvidados en
el subconsciente resucitan transformados en fantasmas huidizos de la
imaginación o idealizados como metáforas e imágenes impregnadas de
palabras que se rescatan del olvido y se aderezan con la otra realidad
de su experiencia migratoria. También encontramos los escritores que
prefieren la ruptura con su pasado. En su lugar, la obra literaria
manifiesta una decidida inclinación por sus vivencias inmediatas, un
paisaje de introspección sicológica y la carga emocional de su
itinerario de inmigrante.
De hecho, muchas de las obras de autores latinoamericanos han sido
escritas en el exilio, lejos de su país de origen, ya sea en un exilio
voluntario por razones económicas, inclinaciones de carácter artístico,
huyendo de la violencia o el estigma social por sus preferencias
personales o forzados a emigrar por convicciones políticas o
persecución ideológica . A través de nuestra historia reciente, los
escritores han peregrinado de país a país, a Europa desde siempre y
desde mediados del siglo XX a los Estados Unidos, y a la ciudad de
Nueva York en particular. Desde que el historiador y cronista el Inca
Garcilaso de la Vega dejó su nativo Perú para radicarse en España en el
siglo 16 donde escribió su obra maestra 'Comentarios reales' la cual
traza la historia del Imperio de los Incas, los escritores han estado
en constante movimiento por el mundo. José Martí, por ejemplo, escribió
sus piezas literarias más memorables en una casa de Manhattan, y José
Eustasio Rivera, el autor colombiano mejor conocido por su novela 'La
vorágine' murió en Nueva York en 1928 mientras escribía el manuscrito
de 'La mancha negra', su segunda novela sobre el negocio sucio de la
explotación del petróleo en su país, al tiempo que intentaba organizar
una empresa editorial para publicar libros de autores latinoamericanos.
Algunas de las más aclamadas novelas y obras poéticas de autores
contemporáneos han sido escritas en el extranjero. Gabriel García
Márquez escribió 'Cien años de soledad' en Ciudad de México y 'El otoño
del patriarca' en Barcelona, en tanto que Miguel Angel Asturias, Julio
Cortázar, Augusto Roa Bastos y Alejo Carpentier han escrito en París;
Mario Benedetti en Cuba; Pablo Neruda y Octavio Paz como diplomáticos
en Asia; Mario Vargas Llosa y Guillermo Cabrera Infante en Londres y
Carlos Fuentes como catedrático en universidades de Estados Unidos,
para sólo citar los más conocidos.
A partir de la década del 50, la corriente migratoria hacia los Estados
Unidos desde todos los países de América y el Caribe se ha ido
incrementando en la medida que crecen las condiciones adversas en cada
uno de los países americanos. Por supuesto, la mayoría de estos
inmigrantes han venido a trabajar en el área de los servicios, o como
jornaleros agrarios, obreros en fábricas y construcciones, aunque un
buen número adquiere una educación que les permite aspirar a posiciones
más ventajosas e influyentes como pueden ser profesores universitarios,
trabajadores sociales, abogados, ingenieros, profesionales tecnológicos
y científicos, administradores de negocios o empresarios
independientes. Sin embargo, una minoría dentro de esta masa migratoria
ha escogido el difícil camino de ser artista, sea en la disciplina
visual, músical, literaria, teatral, danzaria u operática, y algunos de
ellos disfrutan ya del reconocimiento y admiración no sólo de la
comunidad artística, sino de la población en general.
Una encuesta comisionada por el Ollantay Center for the Arts en 1989,
por ejemplo, identificó alrededor de 150 autores de narrativa, poesía y
teatro en el área metropolitana de Nueva York. Un análisis sistemático
de esta producción literaria exigiría por supuesto un amplio espacio de
conceptualización crítica que rebasa las aspiraciones de esta
presentación. Sin embargo, para efectos de una comprensión mínima,
hemos hecho una selección de narradores que de una u otra manera
ilustran el amplio espectro de intereses que motivan a los escritores
de nuestra región. Una primera pregunta que surge en el proceso de
explicar este fenómeno es ¿por qué tantos escritores han escogido a
Nueva York como su lugar de residencia? A diferencia de las
dificultades de supervivencia que caracterizan a las capitales de
Europa, Nueva York ejerce un poder hipnótico entre los artistas
latinoamericanos tanto por su capacidad de absorción indiscriminada y
cosmopolita, las oportunidades económicas, sus numerosas galerías y
museos de arte, teatros, editoriales o salas de concierto, como por sus
comunidades nacionales ya organizadas que garantizan cierta
familiaridad con el entorno urbano, acceso a familiares, amigos, y su
enriquecedora diversidad étnica.
A fin de entender la literatura que se produce en Nueva York es
esencial distinguir entre las diferentes comunidades que coexisten en
la ciudad. Si bien tenemos un continente que se extiende al sur del Río
Grande con muchos elementos en común, también es verdad que existen
significativas diferencias entre cada país de América Latina. La
experiencia puertorriqueña, por ejemplo, es bien diferente de la cubana
o dominicana. La mayoría de los inmigrantes mexicanos de hornadas
recientes llegan con un bagaje que en nada se parece a los colombianos
que huyen de la guerra civil que azota su país, o de los argentinos que
escapan del 'corralito'. La mayoría de los escritores cubanos son
exiliados políticos que dejaron su isla después de la revolución
socialista de 1959, y si bien muchos decidieron permanecer en Miami,
algunos tomaron el camino que les condujo a Nueva Jersey o Nueva York.
La literatura de cubanos exiliados corresponde a las diferentes
generaciones que la ejercen. Están los más jóvenes que experimentan en
diferentes avenidas de creatividad, y los mayores, quizás más
conservadores, próximos a la rica tradición literaria que ha
caracterizado a la isla. En cuanto a temas se refiere, la zozobra del
exilio es un interés recurrente entre los escritores de todas las
generaciones la cual se suma a la nostalgia que se filtra en la
literatura de todas las comunidades de exiliados.
El patriarca de los escritores latinoamericanos en Nueva York es José
Yglesias. Nacido en Tampa, Florida, descendiente de un padre gallego
que emigró a La Habana, Yglesias llegó a esta ciudad en 1937 siendo un
adolescente de 17 años. Mientras trabajaba en todo tipo de oficios,
escribió en su tiempo libre 'Home Again', una primera novela
autobiográfica que recuerda su niñez en Ybor City, el distrito hispano
de Tampa, conocido por su industria tabacalera. Su novela más reciente
'Tristán and the Hispanics' (1990) es el recuento humorístico de un
joven en busca de sus olvidadas raíces latinas. Según Yglesias, la
asimilación a los Estados Unidos no significa abandonar nuestra
herencia, sino hacer nuestro mestizaje aún más rico. Los latinos en
Estados Unidos no pierden a Bolívar ni a Martí, sino que ganan a
Jefferson y Lincoln.
Reinaldo Arenas nació en Cuba en 1943 y huyó a Miami en el éxodo del
Mariel en 1980. Conocí a Arenas cuando coincidimos en un encuentro de
escritores hispanoamericanos convocado por la Universidad Internacional
de la Florida (FIU) en Miami a finales de 1988. Mi primera impresión
fue que se trataba de un escritor jovial, inteligente, talentoso, si
bien apasionado en sus convicciones políticas y crítico pertinaz, que
arrastraba un encarnecido repudio contra la revolución cubana y, en
especial, su protagonista más visible: Fidel Castro. Desde que llegó a
Nueva York, Arenas vivió solo en su pequeño apartamento a escasas
cuadras del sector de 'Hell's Kitchen' o La cocina del infierno, como
se conocía a ese sector dilapidado de Times Square.
Se suicidó en Nueva York a raíz de las dolorosas consecuencias del SIDA
el 7 de diciembre de 1990. Dejó el legado de una docena de novelas,
algunos libros de poesía y su documentada biografía 'Antes que
anochezca' que utilizó el director Julian Schnabel para su película
'Before Night Falls', protagonizada por el español Javier Bardem en el
papel del novelista, trabajo que le mereció una nominación a los
premios Oscar como mejor actor por su estupenda interpretación del
personaje. Si bien la obra literaria de Arenas ha sido ampliamente
traducida a los principales idiomas y publicada por un conjunto de
editoriales anglosajonas, no ha corrido con igual suerte en el mundo
hispanoamericano donde era --hasta la llegada de esta película-- un
ilustre desconocido. Sin embargo, en época reciente su trabajo ha
logrado superar el estrecho círculo académico adonde estaba confinada
para penetrar un público más amplio que reconoce su valor como
innovador del lenguaje y una temática fantástica que parodia o critica
nuestra realidad social.
En 'Las historias prohibidas de Marta Veneranda', libro de cuentos que
ganó el Premio extraordinario de literatura hispana en Estados Unidos
de Casa de las Américas en 1997, la escritora cubana Sonia
Rivera-Valdés utiliza el recurso de la literatura testimonial en donde
una supuesta consejera escucha las intimidades escabrosas de anónimos
confidentes que la autora narra con una prosa ágil e irónica. La
asimilación de giros y modismos del inglés acentúan la dualidad
idiomática que caracteriza a los inmigrantes con un tratamiento que,
aún en los pasajes de erotismo más desbordado, revela una esmerada
búsqueda de equilibrio artístico.
Uno de los más inmediatos escritores cubanos que debuta en la escena
literaria de Nueva York es el periodista Fernando Velázquez Medina con
su novela 'Ultima rumba en La Habana' (2002) la cual llega al final de
una larga saga de novelas cubanas que describen la actual situación de
pauperización moral y económica que sufre la isla. La protagonista es
una joven universitaria devenida en 'jinetera', ese eufemismo con el
que en Cuba se evade la palabra 'prostituta', para dejar que la cultura
y la sensibilidad artística atenúen la humillante condición de la más
degradada de las profesiones.
En un largo monólogo interior se van hilvanando de manera obsesiva las
experiencias de sexo anónimo donde el lenguaje de la carne parece ser
el único medio para comunicarse. Así, como en tantas novelas famosas
--recordemos a 'Anna Karenina' de Tolstoi y 'Madame Bovary' de
Flaubert--, la mujer se muestra en la literatura como la protagonista
que incide y padece el pulso de la sociedad que la cobija en su seno.
En un tránsito del refinamiento a la vulgaridad, por el libro desfilan
los avatares de una generación completa de intelectuales cubanos en el
contexto de sucesos históricos recientes.
Ser inmigrante en Nueva York ha sido, por supuesto, el tema dominante
en la producción poética, narrativa y dramática de un buen número
escritores. La migración implica el encuentro con una cultura
diferente, un idioma muchas veces desconocido, cierta alienación social
en un medio extraño y el duro trabajo de la subsistencia. En la novela
'Latin Moon en Manhattan' (1992), el escritor colombiano Jaime Manrique
desarrolla un personaje cuasi autobiográfico que se desplaza entre
Jackson Heights (Queens), epicentro de la comunidad colombiana, lugar
de residencia de su su familia, y Manhattan donde se desempeña como
intérprete.
Narrada en primera persona, la novela describe con la agilidad de
secuencias cinematográficas, las aventuras de un protagonista 'gay',
así como de personajes secundarios que tejen el argumento de un
"success story" o historia de éxito de un antagonista con final trágico
aunque con especial talento para el humor negro. Manrique había
publicado antes su novela 'Colombian Gold' (1983) la cual, en un
lenguaje expresionista y esperpéntico lindando incluso con el
surrealismo, aludía al tráfico de drogas entre Colombia y Estados
Unidos con un trasfondo de enredos amorosos y corrupción política.
La narrativa del escritor peruano Isaac Goldemberg --y en general su
obra literaria, incluyendo la poesía-- se inscribe en una corriente de
indagación sobre la identidad judeo-latinoamericana. Es una literatura
dedicada a tratar temas alusivos a la filiación étnica y nacional que
aborda cuestiones como la asimilación, la aculturación, el
antisemitismo y la condición marginal del judío. También se interesa
por un conjunto de asuntos relacionados con el misticismo y la
mitología cultural, los significados ocultos de las palabras y la
intertextualidad, entre otras exploraciones lingüísticas y conceptuales.
Su obra contribuye a esclarecer la cuestión del mestizaje, un tema que
permanecía inédito en la literatura judía de América. En su primera
novela 'La vida a plazos de don Jacobo Lerner' (1978) aborda por
primera vez el significado de ser un inmigrante judío en América Latina
desde la perspectiva del judaismo y la latinoamericanidad. Su obra es
en cierto sentido autobiográfica puesto que trata el tema a partir de
su experiencia personal sin recurrir a especulaciones de orden político
o moral.
En 'El nombre del padre' (2002) se escucha por primera vez la voz del
judío mestizo que conoce su condición, no sólo como producto de un
mestizaje cultural, sino también de sangre. El argumento se desarrolla
entre 1928 y 1941, y sitúa a los personajes Jacobo Lerner y León Minsky
en plena Segunda Guerra Mundial cuando llegan a San Sabastián, un
pueblo en algún lugar de América Latina, procedentes de una aldea rusa.
Es, en el fondo, una historia de amor y la recreación del mito del
Judío Errante, que ya había trabajado en su anterior novela, aunque en
su versión actual presenta situaciones y personajes nuevos, muchas
escenas han sido enriquecidas y tiene un desenlace diferente.
Además de Julia Alvarez en sus obras 'How the García Girls Lost Their
Accents', 'In the Time of the Butterflies' acerca del sacrificio de las
hermanas Mirabal en Santo Domingo, y su última novela ¡Yo!, los
dominicanos tienen un galardonado escritor en Junot Díaz. Su novela
'Drown', traducida al español como 'Negocios' ha sido un éxito por la
melódica elocuencia con la que el autor relata un testimonio íntimo que
llega a todo aquel que se siente identificado con la experiencia
migratoria. 'Drown' es una obra de diez cuentos a través del cual
seguimos a Ysrael por su tránsito migratorio desde República Dominicana
durante la época de Trujillo hasta un barrio de Edison, Nueva Jersey,
donde el adolescente de manera ingeniosa se abre paso en su nuevo
ambiente urbano cargado de hostilidad entre inmigrantes latinos y
nativos anglos.
Era un niño aún cuando Ernesto Quiñonez llegó de su Ecuador natal a
Nueva York, y fueron las calles del Barrio en donde encontró sentido e
inspiración para crear los personajes de la historia que cuenta en su
novela 'El vendedor de sueños' (2001). Es una historia de amor con un
trasfondo de crítica social que se propone despertar en sus lectores un
sentimiento de pertenencia a una cultura amplia y rica que --unida en
sus fragmentos diversos-- sería el motor para ganar espacios económicos
y políticos en la urbe. 'El vendedor de sueños' narra las tribulaciones
de un personaje llamado 'Chino', un joven del Barrio, en busca de amor
y reafirmación de su identidad. Su relación con 'Bodega', un bandido
generoso, lo sumerge en un mundo de intrigas y violencia. En sus
páginas quedan estampadas las vicisitudes de los latinos del Barrio,
así como el papel que han jugado asociaciones como los 'Young Lords',
las iglesias comunitarias y los temas que caracterizan a las
comunidades de inmigrantes en cualquier barrio multiétnico de NY.
El escritor boliviano Edmundo Paz Soldán explora en su novela 'La
materia del deseo' un tema común a todos los inmigrantes: echar raíces
en Estados Unidos sin querer cortar las amarras con el país natal. La
obra es una mezcla de historia política de América Latina y una 'campus
novel' o novela universitaria, una sátira que critica el mundo
académico anglosajón, a un tiempo sentimental y trágica. Es una novela
de introspección filosófica en la cual su autor se propone delinear
personajes de la generación del 60 y 70 que buscaban propuestas de
cambio, utópicas algunas veces, comprometidos con la revolución social
de cara a una generación más joven, conformista, escéptica e irónica.
Su protagonista es Pedro, un politólogo que enseña en una universidad
de Estados Unidos quien, a raíz de una crisis personal disparada por
una relación sentimental con una de sus estudiantes, se interroga sobre
su destino en este país.
En su última novela 'Nunca entres por Miami', el escritor hondureño
Roberto Quesada nos conduce por los caminos del amor, la migración, el
arte y la alienación social. Elías, el protagonista de la historia, es
un joven escultor que decide venir a Estados Unidos en busca de mejores
horizontes para su trabajo artístico. A través de la obra, su autor
explora el mundo del arte contemporáneo desde el punto de vista de
Elías y Mario, el fotógrafo panameño que lo hospeda en Nueva York. La
novela está dividida en 29 capítulos que van formando un mosaico entre
Estados Unidos y Tegucilpa, capital de Honduras, donde Helena, novia de
Elías, y Dina, su futura suegra, esperan las coordenadas y el pasaje
para ir a reunirse con él. Pero estas mujeres maquiavélicas sólo
aceptan viajar si 'entran' por Miami, la ciudad de sus sueños en la que
dejarían de pertener a una clase social que desprecian. Las
descripciones son mucho más sicológicas que físicas, y en ellas su
autor no se propone especular sobre la condición migratoria, sino hacer
un retrato pintado con el humor corrosivo de quien conoce a fondo las
veleidades de la pequeña burguesía de su país.
La literatura de autores puertorriqueños merece atención especial por
cuanto es la comunidad pionera que desbrozó el camino para los
inmigrantes latinos que llegaron más tarde. Los primeros
puertorriqueños que escribieron sobre la vida en Estados Unidos eran
exiliados políticos que lucharon por la independencia de España.
Arribaron a Estados Unidos a finales del siglo 19 para escapar de la
represión de las autoridades coloniales. Algunos de los más prominentes
intelectuales y luchadores revolucionarios, tales como Eugenio María de
Hostos, Ramón Emeterio Betances y Lola Rodríguez de Tió, pasaron largas
temporadas en Nueva York en donde se reunían con compañeros exiliados
de Cuba diseñando estrategias que les conducirían a la independencia
del yugo español.
Sin embargo, el momento decisivo para la literatura puertorriqueña
llegó alrededor de 1950. En las dos décadas que siguieron a la segunda
Guerra Mundial la isla alcanzó una rápida industrialización bajo la
'Operation Bootstraps' la cual motivó una migración masiva de
trabajadores desde la isla hacia la ciudad de Nueva York y otras
ciudades de Estados Unidos. La avalancha de familias recien llegadas,
en su mayoría 'jíbaros' (campesinos) o trabajadores agrarios
desplazados del campo, transformó de manera drástica la fisonomía de la
comunidad de inmigrantes puertorriqueños en Nueva York.
Del seno de esa masa de desarraigados y oprimidos por su condición
marginal, era difícil esperar que surgieran manifestaciones artísticas,
mucho menos una literatura que demanda cierta sofisticación cultural de
sus practicantes. Esos trabajadores, muchos de ellos sin el
conocimiento básico de inglés o español, eran prisioneros de lo que el
profesor Juan Flores llama el 'síndrome del inmigrante' y el
antropólogo Oscar Lewis denomina la 'cultura de la pobreza', un círculo
vicioso el cual no es fácil superar. En libros tales como 'Down These
Mean Streets' de Piri Thomas o 'Puerto Rican Obituary' de Pedro Pietri
empezaba a despuntar una literatura puertorriqueña en inglés y
decididamente contestataria.
Thomas escribe una desgarradora historia autobiográfica de vida y
muerte, crimen y castigo, en el sórdido ghetto puertorriqueño. Una
literatura testimonial que despertó en muchos lectores el interés por
la cruda realidad de esta comunidad. Algunos autores analizan la
textura social y urbana de las barriadas a través de su testimonio
narrativo como en las viñetas de Pedro Juan Soto en 'Spiks', Nicholasa
Mohr en 'Nilda' y Edward Rivera en 'Family Installments'. Pero se tuvo
que esperar hasta la década del 70 cuando una generación de
puertorriqueños nacidos aquí o llegados a Nueva York desde muy jóvenes,
abrieron un mundo de posibilidades literarias con la publicación de
'Nuyorrican Poetry: An Anthology of Puerto Rican Words and Feelings'
(1975), editado por los poetas Miguel Algarín y Miguel Piñero. En ese
volumen encontramos por primera vez la literatura que se había estado
escribiendo durante la dura lucha de los puertorriqueños en los años 60
por el reconocimiento y respeto que se merecían a través de movimientos
políticos como los 'Young Lords' y organizaciones culturales que fueron
instrumentales en la creación del Museo del Barrio, el Nuyorrican Poets
Café, el Taller Boricua y centros de investigación y ensañanza de
estudios puertorriqueños en facultades universitarias.
La creciente diversidad y sofisticación del movimiento literario
puertorriqueño se evidencia cada vez más con el surgimiento de mujeres
escritoras con una perspectiva feminista en libros como 'Yerba Buena'
de Sandra María Esteves y en 'Ruituals of Survival' de Nicholasa Mohr,
así como en la poesía y el teatro experimental de Tato Laviera, las
novelas combativas de Edgardo Vega, o la voz poética de Alfredo
Villanueva-Collado, para sólo citar algunos ejemplos.
Sólo ahora está emergiendo la literatura de autores latinos en Nueva
York después de 50 años de gestación, y ya está produciendo asombrosas
obras en las diferentes disciplinas literarias. En un futuro que se
avisora cercano, de esta fértil matriz han de nacer algunos de los
mejores autores hispanoamericanos, y mientras eso sucede, esto son --en
su mínima expresión-- algunos de nuestros logros hasta la fecha.

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