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Reflexiones y otras anécdotas sobre la arepa en Venezuela Imprimir E-Mail
Ensayo
Escrito por Angel Díaz   
sábado, 17 de febrero de 2007

 

 

Continúa calentándose el espíritu de la tradición en las areperas venezolanas. Aunque ya, éste afán cultural hecho de maíz (mezcla de lo artesanal o sólo industrializado) no se manosea, como hicieran –sin comedimiento- nuestros antepasados. Como muestra, en el conocido local de comida venezolana “El Tropezón”, no se acaricia la masa con las manos, sino sólo para darle forma. Al principio, es una maquinaria, la encargada del amase. Dicho local (mitad arepera, mitad restaurante) realizó cambios transcendentales de fachada e instalaciones, que alcanzan los mil millones de bolívares. Y ello, queriendo prolongar su “ser y estar”


 

 

 

Reflexiones y otras anécdotas sobre la arepa en Venezuela: Se impone a pesar de tropiezos





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El sello de la parrilla marca a un plural de féminas arepas. Luego de salir del budare, calientes, y ya a la vista de los clientes, a ellas ‘¡le dan con todo!’, manos acostumbradas al hurgue, sólo con el fin de abrirlas. Como hecho fisgón sobre éstos locales capitalismos dedicados al expendio de arepas: las hacen mayoritariamente las mujeres de piel morena, pero recae en la voluntad de los hombres, al afán de rellenarlas y venderlas.

 

Entonces, cual entrometidos en sus oscuridades blanquecinas, son los varones, los que sustraen -sin recato-, las entrañas tórridas del interior de la arepa “que desechan”. La esencia de la “señora redondita” es luego acariciada con mantequilla, como si se tratara de una cirugía estética.

 

Se deja así un espacio graso, para ahora –y a veces sin el menor sentido de gula-, ser hinchado de conjuros a cual escoger. Mientras tanto, del otro lado de la barra, desde donde ésta especificidad se puede perfectamente observar, clientes de todas las edades, y sin distingo de sexo, raza y religión, esperan –a sus presuntas exigencias- aquellas formas torneaditas, todas iguales de tamaño, y con el famélico fin de atacar, sin desdén de aquello, y en varios bocados. Es poca la paciencia del paladar e, incluso, ante tal sabrosura, el cuerpo profundo de la boca generará, presumiblemente, más saliva, de tanta gazuza que produce el tan sólo verla. ¡Ojo, hablamos de arepas!

 

De hecho, algunos gastrónomos han aclarado, que si se le dejara de probar –a “doña gordita”- por algún corto tiempo, puede generar sollozos tristones en el venezolano, sobre todo cuando se encuentra fuera de su tierra natal. “Se le recuerda de queso, se le piensa de chicharrón, se le añora con pescado o se le evoca con carne... ¡Y siempre caliente! (...) Se alude al aripo, igualmente llamado budare, artefacto primitivo que dio nombre al producto (...) La arepa como el papelón es eminentemente democrática. No falta en la comida del pobre, y, sin hacer mayores esfuerzos, ha logrado conquistar las clases pudientes (...) Pese a sus claros blasones autóctonos, el democratismo criollo de la arepa no rechaza ninguna camaradería (...) Está íntimamente impuesta de que si vende es porque convence”, ergotizó Ramón David León en su epítome Geografía Gastronómica de Venezuela, libro consagrado del lenguaje culinario local.

 

Y es que, las arepas, son conocidísimas como “tortas” circulares que buscan la perfección de la forma, aunque existan ciertos venezolanos que no les queden “a pedir de boca”, quizás por su incompetencia en las labores culinarias. Antiguamente, las mismas, se llegaron a realizar con maíz ablandado. Insisten los entendidos, que fue entre los años 60 y 70 cuando la elaboración “se vio fortalecida” con la llegada del maíz precocido: pacas de harina que, las pueden encontrar, en cualquier abasto, mercado, supermercado e, incluso, en otros espacios que se dedican a la venta, en menor grado, de alimentos. La Harina Pan (como se le dice cariñosamente), forma parte de la canasta básica del venezolano. Cuando escasea su producción nacional, se generan ciertas preocupaciones de los comensales, porque, dicha población no se permite, dejar de tener, aunque sean dos bultos de dicha harina en la despensa. ¡Gracias a Dios!, para incontables, han surgido muchas marcas que la comercializan, aunque no todas, son de la misma calidad. Los comensales parecen seguir prefiriendo las de las bolsas amarillas. Incluso, la diferencia de precios se verá reflejada en el sabor y consistencia de la obra que, ya cocina, forma parte de desayunos, almuerzos o cenas. “Ha sido quizás en nuestro país, donde se le ha rendido mayor culto”, sugirió el gastrónomo Armando Scannone, conocido por dos recetarios de cocina. Aunque se insiste que la invención de la arepa es obra de los indios Cumanagotos. Entre tantos expendios de comida para comer arepa, ubicados en todo el territorio nacional, damos a conocer uno compartido por varios, desde siempre.

 

 

El Restaurante “El Tropezón”: ya amasa sus próximos 50 años

 

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Sólo necesitaron de unos pocos meses para abrir de nuevo sus puertas. Y así fue: durante la segunda quincena del mes de agosto de 2006, lograron salir de las tristes instalaciones que los mantuvieron activos durante 40 años; para mostrar una nueva apariencia física, logística y, que, incluyó cambios hasta en el menú. Todo bajo la premisa de adaptarse a las nuevas prestancias que exige este tipo de negocio arepero en Venezuela y en la actualidad.

 

En El Tropezón, todo acontece durante las 24 horas del día. El mismo está ubicado muy cerca de la Universidad Bolivariana de Venezuela en Los Chaguaramos, circundante también, con la Ciudad Universitaria de Caracas (estación del Metro del mismo nombre). Más exactamente, para el visitante, dicha venta de arepas está envuelta por la Universidad Central de Venezuela (Patrimonio Mundial de la Humanidad). Les he querido decir con esto, que la venta de arepas continúa apeteciendo, al lado de una bomba de gasolina; precisamente, en el que hasta los primeros meses del 2006, fuese un viejo local, de años y años de tradición.

 

Ese mismo establecimiento, sigue recordando a un italiano de nombre Aldo Fidanza. El respectivo patrón de apellido europeo llamó así -presuntamente- hacia principios de los 60, para gracia, y no “resbalón” de sus actuales socios: El Tropezón. El mismo fue comprado por sus actuales dueños en 1971. Se conservan los mesoneros de siempre, de toda la vida, aunque entraron otros 6 nuevos. De 20 mesas que tenían en el antiguo local, hoy ofrecen 60 mesas para el disfrute de su clientela. Incluyeron una barra de licores y vino, que más adelante ofrecerá hasta sangría. Y de la misma manera compraron máquinas de video juego, muy propio de los europeos. También, “despacharon” al antiguo cocinero.


Se dice, por tanto, que los señores de El Tropezón, no se llegaron a “quedar en el aparato”, porque el cariñito que le hicieron al restaurante de mil millones de bolívares, hace que hoy celebren a plenitud y con ímpetu: sus casi 50 años de aguantes, traspiés y nuevos optimismos, pese a que sus dueños estén endeudados “hasta el tuétano”, como nos dijo uno de ellos, el Sr. Garcés.

 

Resulta particular comentarles que, a éste lugar, que continúa siendo caraqueño -y de un menú variado acogido a lo tradicional-, acuden a cualquier hora: estudiantes y profesores de las universidades colindantes. De ésta manera, sus arepas a las brasas todavía atraen a ucevistas (UCV) y ahora ubevistas (UBV).

 

Pero a sabiendas de lo dicho, “ya el sabor de la arepa no es el mismo”, me insistió mi abuelo, el papá de mi querida madre, cuando decidiera hablarles a ustedes sobre El Tropezón, en recuerdo a mi infancia y a los días de estudiante, tanto de bachiller, como de estudiante universitario. Y además recuerdo, cuando acompañara a mi padre –ya profesor jubilado de la UCV-, a saborear la arepa o, a verlo tomar, malta con leche. Igualmente, mi abuelo ”¡no se pelaba el local!”, luego de sus salidas del Hipódromo: lugar donde se juega a los caballos. Por ello y a ratos, mi abuelo iba al antiguo Tropezón, ya pesada la media noche, porque era lo único restaurante de la zona que quedaba abierto para comer.

 

Y a éstas ideas antes expuestas de la arepa, se resbala otra aún más contundente, sacada a granitos –por lo difícil que resultó entrevistar- a los dueños actuales del local: “La cultura del grueso de la arepa se ha ido perdiendo”, notó categóricamente José Garcés, quien arribó a nuestro país en los 70. Junto a Farías y Gómes, inmigrantes también de Isla de Madeira -con ciertos “topetazos”-, pudieron hacerse acreedores del restaurante. Y ahora ofrecen desde cachapas, hasta pollo a la braza, o a la parrilla.

 

Pero, de igual manera, Garcés nos evocó “conchas quemadas” de la arepa venezolana en su historia. “Durante uno de los períodos del ex presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez (CAP), todas las areperas de Caracas quebraron por la regulación a la que dicho señor las sometió. Pero nosotros nos mantuvimos por demanda y éxito”, recapituló Garcés, sin pensar que su estadía prolongara, más allá, el amase en el tiempo. Recuerda también, que más de 10 portugueses -para aquel entonces-, se lanzaron a la aventura de las areperas. Y todas quebraron. Aún recuerda sus nombres: “El Mercenario; La Única, subyacente en las Fuerzas Armadas, hace poco fue vendida; La Vigorosa y La Veinticinco, ubicadas en Av. Urdaneta, fueron ya eliminadas; El Tropero ahora es una ferretería; Miraven de Quinta Crespo, es hoy un Banco; La Cuadrada, ubicada en Bello Monte, es hoy una licorería”, rememora Garcés.

 

 

Lo que el asiduo al mordisco no sabe

 

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Se dice, que El Tropezón, es el único local que aún calienta el sabor de la ilusión en sus más de 40 especialidades de rellenos de arepas. Aunque, la antigua obesidad de este preciado pan, ha reclamado de algunos clientes actuales que, su redondez, haya perdido peso e, incremento de costos, ya que, el año pasado por una arepa se pagaban 3.500 Bs. Igualmente, sin haberle preguntado nada, Garcés decretó: “La masa interna de la arepa ¡se descarta!, no se vuelve a usar para nada”, ello dirigiéndose a los supuestos “malpensados” que creen que la masa ya cocinada, se vuelve a usar. A lo dicho, adicionó como sugerencia: “Si el grosor de la arepa es fino, se cocina mucho por dentro y se seca muy rápido”.

 

En éste local también se nota cómo los mesoneros de siempre –incluso de cuando mi abuelo iba-, conservan amigos catedráticos de la universidad más importante de Caracas: La Central (UCV). “Tenemos muchísima competencia pero, ¡sí señor!, aún somos importantes”, cree también Garcés, al recordar el premio afectivo de su mondongo en Curazao. Y todo gracias, en parte, a dos de los hitos de El Tropezón, que redimimos en este trabajo periodístico. Sobre uno de ellos comentó: “Hemos tratado de mantener las recetas del español Manolo”.

 

Y es que de igual forma, Aníbal Martínez –cocinero hasta el año pasado- nos recordó durante finales del 2005, a una mujer con nombre de menester: Jacinta, de Ocumare del Tuy en Venezuela, quien fuere otro hito de ese local. “Ha sido la única jubilada. De ella devino una generación inmensa de cocineros”, sintió para aquel momento (finales del 2005) Martínez, el ex chef. No en balde, la carne mechada, el hervido de res y el asado negro que aparecen siempre en su carta, recuerdan el sabor mulato de las mujeres que por allí han pasado.

 

Pero ni haciéndose de rogar, Garcés soltó señales sobre la receta de esta tradición que en El Tropezón, se cocina en fogón: “¡No se puede revelar, ni a ti, ni a nadie!”, expresó en tono portugués, como aquel que se niega a que “le copien su acervo”. Pero al interés, con tintes persuasivos del entrevistador, algo revelador señaló: “El toque está en saber cómo amasarla en la máquina”, sorpresivamente sentenció, negándole así al total y antiguo manoseo que ellos también llegaron a realizar hace muchos años atrás, escapando de la tecnología y modernas máquinas de amasado que ahora mejoraron.

 

Y es que la modernidad hace que las morenas cocineras se dediquen a otros picadillos, pero sin dejar de sentir el calor del budare. “Mi arepa no puede estar más de media hora cocinada. Hay locales que las introducen en una olla a baño de María para que no se enfríen. ¡Yo no hago eso!, se pierde textura”, dijo Garcés. Por fin, éste hombre serio –algo agarrado- y con cara de negociante prudente, se dignó a develar los ingredientes de su arepa: Harina Pan, amasada con agua y sal a una porción de maíz recién pilado. Indicó, no usar ningún tipo de grasa. Suavizan con leche, según nos indicó. De su variado repertorio de arepas sobresalen los siguientes rellenos: carne mechada, chorizo Carupanero y Español, pernil, chicharrón, queso guayanés o clineja, pata-pata, reina pepiada (una de las más solicitadas), bacalao a la vinagreta, entre otros. Los precios oscilan entre 6 mil y 12 mil bolívares, aunque la más económica es la arepa de “menudo de pollo” (2.500 Bs.) y, la más costosa, es la arepa de “bacalao vinagreta” (12.000 Bs.).

 

El Tropezón de hoy está rescatando la arepa de chicharrón de carne (con un costo de 7.000 Bs.). Aunque durante otra entrevista que le realizamos a finales del año pasado, nos dijo que usaban “el chicharrón de carne, no de cuero” y que “en el matadero, el cocinero que lo extraía de la papada del cochino, se fue del país”. Pese a ello, hoy (luego de la nueva apertura del local) Garcés logró conseguir a otro señor que le prepara el chicharrón de carne, dándole –de ésta manera- valor al gusto del papelón en el cerdo que fuere crucial entre los 80 y 90. Pero ojo, aunque desapareciera por algún tiempo durante el siglo XXI, el chicharrón se impuso realmente en ésta arepera durante los 80, tal y como todavía saborea literalmente mi abuelo.

 

Llamado afectuosamente entre su círculo de amigos -bebedores de buen whisky- Chepepé (porque Chepe le dicen a mi tío), ¡por cierto!, antes de que salga publicado éste trabajo, le pienso detallar sobre las novedades de El Tropezón, a ver sí, de nuevo, quiere emprender su rutina de visitarlos para comerse: ¡hasta cuatro arepas en un zarpas! Y, sinceramente, me da pena revelarles a ustedes que fueron más arepas, como hizo en su mejor época de beisbolista -quizás- supremos e inmemoriales tiempos de la arepa. Me sincero: las mejores arepas seguirán siendo las que preparan, mi madre y mis abuelitas.

 

 

De Interés gastronómico:

  1. Anteriormente la arepa se realizaba así, en casa y en familia: Se deshojaba a mano la mazorca con el fin de descubrir las barbas del maíz. Despojándola de éstos irritables hilos, habría llegado a ver los granos que, los conuqueros, secaban al sol. Seguidamente, le desgranaban a mano. Pero quizás, la sorpresa siempre estuvo en el conocido “pilado del maíz”, procedimiento que en la región oriental venezolana invocaba alegres cantos, mientras marchaba la mano del pilón. Aún quedan resabios de ello o sobre ello. La arepa pelada siempre generó comentarios por su elaboración. Se habló al respecto de que su consumo podía producir cáncer. Sobre su elaboración le recordamos que el maíz amarillo y seco se colocaba entre las cenizas que había dejado el carbón y luego era mezclado con cal. Al sancocharse los granos se procedía a realizar la masa.
  2. Otras maneras: Dicen que las mejores arepas siempre fueron las de maíz pilado, confección que aún se conserva en algunos lugares, recónditos de Venezuela. Otras arepas siguen siendo las delgaditas y tostaditas arepitas –en diminutivo-, de anís y papelón, y que contienen una leve porción de harina de trigo junto a la harina de maíz. Al freírlas, tenderá a crear una fina capa superficial abombada y atractiva al paladar. Distintas arepas, son las telitas andinas, consumidas en los andes venezolanos, elaboradas con harina de trigo y huevo. Por otra parte, ciertas arepas de maíz industrializado tienen un orificio en el medio, antojo del comensal y razón que, también permite freírlas en su totalidad.

 

 

 

 


Dos autorías de El Tropezón:
1.- “La más copiada por la competencia”: Arepa pata-pata
Creada: Años 70, en honor a la cantante Miriam Makeba.
Relleno: Caraotas, queso amarillo y aguacate en capas.
2.- Una de las más pedidas: Arepa popurrí criolla
Creada: Años 70. Proviene de composición de mezclas diversas.
Relleno: Carne mechada, caraotas y queso blanco.

Algunos buenos clientes que aún recuerda (de antes): El Tropezón
Ministro Aristóbulo Istúriz; Alcalde Juan Barreto; Ex presidente del Consejo Nacional Electoral: Jorge Rodríguez; Sr. José Albornoz; Vicepresidente de la República: José Vicente Rangel; deportista Baudilio Díaz (†); Sr. Julio Montes; Diputada de la Asamblea Nacional: Iris Varela, entre innumerables personalidades ligadas también al gobierno actual.

 

 

© Derechos Reservados

octubre 2006


Prohibida la publicación y reprodución sin previa autorización del Autor o de la Editorial de Cañasanta

 

 

 

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