Teoria o dinámica de la Poesía
ASPECTOS DE LA OBRA DE ARTE
1.- El arte como operación: El
arte es una realidad que debe ser asida a través del compromiso de toda
la inteligencia, imaginación y sensibilidad del sujeto analizador, por
cual no cabe, en ningún caso, mantener una actitud objetivadora y
neutral. Por lo tanto, aquí sólo se trata de describir a la obra de
arte y constituirla en su operación dinámica, tal como el lector la
experimenta. Para esto, hay que definir de forma correcta el término
“obra de arte”: La expresión “obra de arte” es equívoca, pues el
término “obra” alude a un resultado; sin embargo, el arte no es un
resultado, sino una experiencia. La obra de arte se halla entre
nosotros como instrumento y vehículo de la operación artística.
2.- La obra: una propuesta: La
obra de arte es una propuesta. Ante ella el lector se halla libre:
ingresa en la obra como en una situación que se le ofrece libremente
aceptar y perseverar, pero que, a su vez, se deriva en una compulsión
íntima imposible de eludir.
3.- Los datos y su formalización: En
la obra se ofrecen una serie de elementos materiales: signos
-palabras-, series de signos constituidos como estructuras, léxico y
sintaxis. Todos estos signos son los datos de la obra de arte. Los
datos de la obra de arte son el punto de partida de la operación, pero
la obra consiste últimamente en la actividad espiritual de su
recepción. La obra de arte, por consiguiente, se define como una
propuesta de operar a partir de unos datos materiales determinados.
Éstos se presentan referidos unos a otros de modo tal que con su
contigüidad y sucesión determinan su propia estructura.
4.- El arte como formalización de la experiencia: El
arte es una formalización de la experiencia. El que los signos de una
obra determinada se presenten en combinaciones limitadas, define a la
obra desde el punto de vista de la experiencia concreta de cada lector;
esta íntima experiencia se vuelca en la obra a través de sus datos y se
formaliza en ella con ellos.
5.- La forma interior: La
estructura nace de los datos mismos de la obra. La estructura, así, es
la emanación del contexto que determinan los datos, es el contexto
mismo. Así, se concreta como la “forma interior”. La forma interior,
como forma concreta de estructuración de los datos de la obra, no puede
separarse de ésta. Éste es el “qué” de la obra que se basa en el “cómo”
-o proceso de dinamización íntima-: el proceso de formalización íntima
de la forma interior.
6.- El goce estético. La interpretación: El
goce estético es el proceso de formalización íntima, que depende,
esencialmente, de la comprensión de la obra. Todo lector interpreta en
los términos de su experiencia personal la formalización en que
consiste el arte. Por lo tanto, toda interpretación sincera es
auténtica.
POESÍA Y REALIDAD
La crítica académica, de tiempo en tiempo, se ve enfrentada a
encrucijadas en las cuales el universo de la obra de arte no es
asimilable a la realidad práctica, por lo que debe extrapolarse de ella
para una interpretación certera. Ésta, si embargo, se debe basar en el
siguiente postulado: la representación poética de la realidad y la
realidad de la experiencia práctica son dos distintas interpretaciones,
dos objetividades distintas, correspondientes a una misma realidad. La
representación poética se distingue de la práctica por lo menos en el
hecho de que sólo existe en la expresión literaria, y además está
subordinada a la segunda, a la que tiene por punto de partida, para
aceptarla, rechazarla, transformarla o contradecirla. Esta
subordinación es a través del lenguaje, al que forzosamente tiene que
recurrir el poeta, por lo que la objetividad poética también se
subordina a la representación práctica de la realidad.
LA OPERACIÓN DE LEER: PRINCIPIOS Y EJEMPLOS DE INTERPRETACIÓN
I : La
lectura de un poema es una compleja actividad intelectual en la que
podemos distinguir dos operaciones constitutivas: la primera tiene por
objeto la identificación del valor de los signos que constituyen el
contexto total del poema, mientras que la segunda tiene por fin el
establecimiento de relaciones adecuadas entre los mismos. Ambas
operaciones tienen por supuesto la justa interpretación literal del
texto, y una dependencia entre ambas. Esta dependencia se evidencia en
lo siguiente: el valor que adquiera cualquier elemento de un texto
poético es producto del contexto y, además, el valor que obtenga
cualquier signo depende de la función que ejerza. La atribución de
valor estará motivada en cada caso de un modo decisivo por la relación
que guarde el signo con otros signos del contexto. Por lo tanto, es el
contexto quien determina tanto los signos con valor como el valor
específico de cada uno de ellos.
II : La
interdependencia de estas dos operaciones no significa una confusión
entre ambas. Cada una tiene su función específica. Así, la naturaleza
peculiar de la operación de identificar en cada caso el valor de los
signos estriba en el hecho de que su objeto es distinguir entre valores
pertinentes y no pertinentes al caso. La plurisignificación hace
importante esta operación, ya que, para la poesía, es signo todo
aquello capaz de tener valor dentro de ella. Es signo la sustancia
misma de la expresión: los sonidos y las articulaciones, las letras,
las palabras, etc. Entonces, la operación de separar la materia inútil
de la materia servicial, es el proceso de identificación del valor.
Esta identificación del valor actual pertinente al texto frente a los
valores posibles es el primer acto de la imaginación poética.
III : La
lectura no concluye con la identificación del valor de los signos. La
primera operación decurre en la segunda de identificación total del
contexto. La función del contexto no se reduce a servir de medio para
la selección de los valores pertinentes de los signos de la obra, al
contrario, es el contexto total lo que constituye en último término el
sentido de la obra. El sentido de un poema está completo y acabado en
el puro contexto de las relaciones entre todos sus elementos. La
peculiar organización de los valores de los elementos de la obra es lo
que define y constituye el contexto de las relaciones entre los
elementos de la obra.

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