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Pensar entre culturas: entrevista a Néstor Rodríguez Imprimir E-Mail
Escrito por Dr. Juan J. Rojo   


Néstor Rodríguez

- pensar entre culturas -

 

 

Por Dr. Juan J. Rojo
Lafayette College



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En el latinoamericanismo norteamericano son contados los académicos que han puesto su atención en las letras dominicanas. Este páramo crítico ha ido cambiando en los últimos años en parte por la mayor difusión de obras de autores dominicanos en el circuito del saber universitario, pero también por la aparición en número creciente de estudios que ofrecen una idea de lo que se mueve hoy día en la literatura dominicana. Entre esa reciente hornada de voces se ubica el trabajo del académico y poeta dominicano Néstor E. Rodríguez (1971). Residente en Canadá desde hace varios años, Rodríguez es autor de una obra crítica considerable a despecho de su corta edad. Topamos con él en la librería Gandhi de la Ciudad de México en el verano de 2007 y aprovechamos para conversar por varias horas sobre República Dominicana, la literatura y el exilio.

 



¿Qué ha significado para ti, como escritor y académico, el vivir entre dos nacionalidades: la dominicana y la puertorriqueña?


Como tú sabes, pasé la mitad de mi vida entre Santo Domingo y La Romana. A Puerto Rico llegué en 1984, cuando tenía doce años. Vivir entre dos nacionalidades yo creo que ha sido positivo en múltiples sentidos. Por ejemplo, esa bisagra entre culturas me da la ventaja de poder repartir mis lealtades y moverme en ambos espacios con naturalidad. Me gusta cuando voy a Santo Domingo y me preguntan que si soy boricua. Lo mismo cuando estoy en San Juan y me presentan como dominicano. Disfruto de esa confusión. Siempre que visito Cuba la frase que más me repiten es “¡ño, pero si parece cubano!”. En Toronto a cada rato me saludan en árabe.

 


¿Dónde te educaste?


En Santo Domingo estudié con los hermanos de La Salle y en Puerto Rico con los frailes de La Merced. Hice mi licenciatura en la Universidad de Puerto Rico y después viví en Atlanta hasta que me doctoré de Emory.

 


La Editora Nacional acaba de publicar Escrituras de desencuentro en la República Dominicana, libro que ya había aparecido en Siglo XXI en México. Uno de los ejes temáticos de esta obra es la problemática del poder y la cultura en Santo Domingo.  


Sí. Lo que pasa es que, a mi entender, en República Dominicana se experimenta todavía una idea de cultura que no se diferencia demasiado de aquella que promulgaba la intelectualidad trujillista de los años cuarenta. Es una idea de la cultura dominicana como producto feliz de la herencia española y taína. Esa es la visión que domina en el sistema educativo y los medios de comunicación. Pero debajo de esa lápida se mueve un organismo de múltiples tentáculos, que son las diversas culturas que integran la llamada dominicanidad. El discurso intelectual dominicano no ha podido teorizar esa diversidad, pero la literatura sí; ésa es la tesis que sostengo en Escrituras de desencuentro.

 


Entiendo que ese tipo de planteamientos te ha ganado la mala fe de algunos intelectuales en Santo Domingo.


Bueno, también me ha ganado la solidaridad de muchos otros. La ubicación en el afuera geográfico de la isla me ha permitido plantear cosas que en mi país serían impensables para alguien que vive sólo de la academia o la prensa. El temor, más que justificado, a perder una plaza en la universidad o algunas opciones editoriales hace que la cultura política dominicana silencie las voces más críticas del país. Ése no es mi caso. Tengo la suerte de trabajar en un lugar que me da la libertad de desarrollar mi trabajo académico sin cuestionar para nada sus claros ribetes ideológicos.

 


¿Cuál ha sido la recepción de tu obra crítica en República Dominicana?


Que yo sepa, nadie ha dicho nada sobre mi trabajo en Santo Domingo. En Estados Unidos y Puerto Rico sí he visto reseñas, y en los últimos dos años me han invitado a dar charlas sobre literatura dominicana en Inglaterra, Bélgica, Austria y Alemania, lo que me da a entender que del otro lado del Atlántico se han interesado por las cosas que digo.



¿Cómo explicas ese silencio de la crítica en tu país natal con respecto al trabajo que has realizado hasta el momento?


A lo mejor no les interesa lo que yo hago; a lo mejor les parece irrelevante o a lo mejor no. No sé.

 



¿En qué proyectos estás trabajando ahora mismo?


Vine a México a revisar el archivo de Pedro Henríquez Ureña que está en el Colegio de México. Estoy investigando el tema del exilio en pensadores del Caribe hispano, específicamente Hostos, Martí, Henríquez Ureña y José Luis González. Intento trazar una genealogía del saber errante caribeño que representa el pensamiento de estos cuatro autores y cómo el mismo incidió en la manera de entender la cultura tanto en sus países de origen como en las sociedades que los acogieron como exiliados. Ése es uno de mis proyectos inmediatos, pero el más perentorio y difícil es conseguir una novia que me aguante. (RISAS).

Publicación: julio29/2008. Año III 

 


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