La escritora veracruzana presentó, a finales de marzo de 2007, Cuentos violentos, antología en la que reúne a doce de los narradores mexicanos más importantes de la actualidad.
“LA VIOLENCIA, TANTO COMO EL AMOR, DEFINE AL SER HUMANO”: NORMA LAZO
Recientemente apareció en librerías Cuentos violentos (Cal y arena, México, 2006), antología preparada por Norma Lazo con el propósito de mostrar que no sólo el amor es capaz de reinventar el ser y transformarlo, sino también lo son el odio y la ira y sus manifestaciones físicas o tangibles.
Por eso, Lazo se dio a la tarea de convocar a escritores que han trabajado la violencia como tema o que han mostrado interés en ella a través de sus obras. Así, invitó a Juan Villoro, Guillermo Fadanelli, Eduardo Antonio Parra, Rafael Antúnez, Héctor de Mauleón, Adriana González Mateos, Álvaro Enrigue, Luis Arturo Ramos, Claudia Guillén, Naief Yehya, Gabriela Vallejo Cervantes y J. M. Servín a participar en la selección.
En entrevista, Lazo explicó que sólo el texto de Luis Arturo Ramos no es nuevo, exclusivo para esta antología, sino que lo retomó de su libro Los viejos asesinos. Además, dijo que Enrique Serna también fue convocado, pero que, por estar inmerso en la escritura de su próximo libro, no pudo participar.
Norma, ¿por qué una antología con la violencia como eje temático?
Porque considero que la violencia es algo inherente en el ser humano, parte de la historia del ser humano. Creo que era interesante abordarla desde diferentes tonos, desde diferentes aristas, con autores que sí han abrevado de ella para sus textos y con autores que la han visto desde otros puntos de vista.
¿Fue premeditado hacerla mayoritariamente con autores jóvenes?
Mira, cuando pensé en el libro, me fijé en autores que estuvieran de acuerdo con la antología: Fadanelli, Parra… son autores con pluma como muy “dura”, que han abrevado mucho de la violencia. Luis Arturo Ramos es un autor que también ha abrevado de la violencia, su cuento es el único que no es inédito… Ésta era básicamente la idea, más que pensar en autores que fueran de tal generación, se trataba de buscar autores que tuvieran que ver con el tema.
¿La hiciste pensando en un lector joven, de un modo u otro más relacionado con la violencia?
Yo creo que es un libro que puede llamar la atención tanto de los lectores jóvenes como de los no tan jóvenes. Tampoco fue pensado en ese sentido, quizá sólo el tema de la violencia ya es algo que atrae a un lector joven, pero nunca pensé en eso al planear la antología. La violencia es un tema muy recurrido en mis propios textos, en mi propia narrativa, en mi propio ensayo… Realmente ésa es la razón por la que hice la antología, porque es un tema que a mí en lo particular me interesa.
¿Qué te interesa destacar de la violencia?
Básicamente pensé en la violencia como algo muy inherente al ser humano, porque si bien el instinto de agresión es un instinto de supervivencia que tiene cualquier ser vivo, la violencia es como algo construido, es inherente al ser humano, no sé… Por ahí estaba leyendo en un libro que, por ejemplo, cuando los animales se enfrentan, si uno se muestra derrotado, si uno dice ‘Ya me ganaste’, el otro se retira, y eso es algo que no ves en el género humano, o sea, aunque uno se rinda, igual y le siguen dando. En realidad es algo que tiene que ver con la conciencia y la voluntad, algo que los animales irracionales no tienen. Entonces, en ese sentido, quise abordarlo desde este punto de vista, y cuando hablas de las otras emociones humanas, como el amor, como que de repente queremos negar que también tenemos esa parte tan agresiva y violenta, que nos define tanto como nos puede definir la experiencia del amor.
¿Invocas literariamente la violencia para exorcizarla?
Más que exorcizarla, como que para entenderla un poco, para conjurarla, más que nada.
¿Qué utilidad tiene preparar antologías?
Creo que la antología es una manera interesante de atraer nuevos lectores, de acercar a la gente a la experiencia de la lectura. Creo que los libros de relatos pueden llegar a cualquier lector, a los que se aburren cuando leen, a los que no pueden seguir una novela o una misma trama durante doscientas páginas. Me parece que es una manera interesante y bonita de acercarse a la lectura.
¿Hubo algún autor que no entró a la antología?
Sí, Enrique Serna. Estaba convocado, pero no podía porque estaba escribiendo una novela, y él cuando tiene un proyecto narrativo se clava, pero me hubiera encantado que estuviera en Cuentos violentos.
Fuera de eso, ¿están todos los que son y son todos los que están?
Sí.
¿Qué le dirías al posible lector de tu antología?
Que se acerque al libro, pues éste no lo va a dejar impasible. Hay cuentos que lo van a conmover, cuentos que le van a producir náusea, cuentos que lo van a hacer reflexionar, pero impasible no se va a quedar ante los textos.
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Cabe mencionar que Norma Lazo hace una advertencia al lector en el texto introductorio que escribió para abrir Cuentos violentos: “Difícilmente encontrarás en estos doce relatos al amor como el brioso motor de la vida. Pero sí a su contraparte, el odio, el malestar perpetuo, que se erige en motivo para significar a una vida inasible de por sí”.
No obstante lo anterior, los cuentos reunidos por Lazo son muy gozables y de distinta textura narrativa, de elaborada intencionalidad, y no hacen un panegírico de la violencia, si acaso la tratan superficialmente o de manera soslayada; en todo caso, la violencia sólo es el pretexto literario para escribir, para exorcizar algún Mefistófeles interior. Así, la visión de esos doce escritores mexicanos convocados contribuye a diversificar los derroteros de nuestra más reciente literatura.
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Norma Lazo
Nació en el puerto de Veracruz. Es egresada de la Facultad de Psicología Clínica de la Universidad Veracruzana, pero su interés principal es la literatura. Ha participado con narrativa y poesía en diversas publicaciones del interior de la República Mexicana, así como con reseñas de cine y música en revistas del Distrito Federal. Formó parte de la antología de escritores veracruzanos editada por el gobierno del Estado de Veracruz, en su colección “Los voladores”. Fue editora de las revistas The O y Complot Internacional. Nacida en la década de los sesenta, sus cuentos pueden ocurrir en cualquier espacio, incluso dentro del mundo interior. Su narrativa encierra tópicos que reflejan la incongruencia y deshumanización de nuestros días.

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