ENTREVISTA AL PINTOR VENEZOLANO OSWALDO VIGAS
Entrevista realizada por Carmen Cristina Wolf
-¿Podrías describir el proceso mental y sensible que impulsa tu creación?
Para
responderte me voy a salir del arte. En la naturaleza, la primera ley
de la termodinámica es que nada se crea y nada se pierde. El universo
es así. Todo lo que tú usas, lo desgastas, y entonces, se transforma
en material de desecho, si no en su totalidad, en una gran parte. El
petróleo que utilizas lo transformas, tomas un poco de la energía en él
almacenada. El petróleo se forma de maderas y otras materias que desde
hace millones de años han sufrido un proceso de descomposición. La
combustión se va a las capas superiores de la atmósfera, y así se
produce el fenómeno llamado de “invernadero”. A los desechos del
petróleo le agregas los del carbón, metano, óxido nitroso. Así sucede
con el Arte: nada se crea y nada se pierde, se transforma. Por eso se
dice que toda creación es, en realidad, recreación.
Ni siquiera el
hombre de las cavernas creaba. El copia lo que ve afuera, el bisonte,
el tigre, el jabalí. Y al copiarlo, hacía resaltar detalles que para él
cobraban mayor importancia, y otros desaparecían. A unos aspectos, el
hombre les da mayor realce, a otros menos. Se ocultan algunos detalles,
otros se ponen de relieve. Cuando uno ve el resultado, uno piensa:
“¡Qué interesante! Nunca un mamut fue así en realidad”
Si tuvieras que catalogar tu estilo dentro de una corriente, ¿qué dirías?
Yo
no soy un pintor naturalista ni realista. Soy un pintor que toma de las
formas que él hizo antes. Cuando comencé tenía pocas formas en mi
repertorio, como si fueran pocas cuerdas en un arco.
Esas formas que vas concibiendo, vienen de la observación...
Claro,
vienen, en gran parte, de la observación del mundo exterior, y también
de la observación de lo que yo mismo he hecho. En mi caso es así. En
mis primeros cuadros te decía que había pocas formas, y el repertorio
se va enriqueciendo, se van agregando elementos de la imaginación, se
mezcla la realidad con lo imaginario. Separo algunas cosas que están
unidas en la naturaleza, uno otras que están separadas. Por eso me
interesa el reino animal, vegetal y mineral por igual. La naturaleza
es una suma de todos los reinos.
En tu proceso creativo, entonces, influye el contacto de los sentidos con las cosas, porque te produce emociones, sentimientos, reminiscencias.
Influye
un estado del espíritu, una emoción. Puede ser la emoción que me
produce una persona bella, un sentimiento agradable, un recuerdo de un
amor, una música, una amistad. Todo eso influye. Y también la emoción
que me produce la obra de otros artistas, con los cuales no tengo
ninguna relación, y que tal vez están en el polo opuesto de mi trabajo,
por ejemplo, ver un buen Velásquez, todos son buenos, un Goya, Tuve la
ocasión de ver en Venezuela la obra de Goya. Era un gran colorista,
tenía un extraordinario dominio del color. Ver un cuadro de Goya es
sentir el placer que él sentía al observar la naturaleza y los
estados de ánimo, las pasiones.
Yo no voy a copiar a
Goya, inclusive, en una época lo consideraba un pintor menor porque no
era del grupo de los grandes pintores franceses. Más bien, pertenece a
un postimpresionismo que en Venezuela nunca valoramos como una cosa muy
seria. Goya influencia, por ejemplo, a Tito Salas.
Pero
viendo un cuadro de Goya, eso me estimula, un grabado,. Una persona me
dice algo gratificante o me da un beso o no me da nada, pero es bella,
una mujer, generalmente, o a veces un amigo, él me dice algo
interesante y eso me hace crear relaciones, los pensamientos se
entrecruzan, me siento estimulado espiritualmente y eso me ayuda. Por
ejemplo, el mar, los ríos, la selva, me estimulan menos.
No obstante, se observa en buena parte de tu obra un predominio de la naturaleza, una exuberancia vegetal
Sí,
pero esos elementos no los tomo de la naturaleza. Los llevo dentro, por
eso es que a mí no me hace tanta falta viajar. Si viajo es para algo,
porque me interesa algo, para ver a una persona, para asistir a un
evento, para provocar un evento. Pero viajar para ver un paisaje, no.
Yo tengo mi selva, mis ríos, mis árboles dentro de mí. Y cuando estoy
pintando, a veces un paisaje de afuera ayuda a que salga un paisaje de
adentro.
Lo que me estimula más del mundo es la gente. Esto creo que es lo único que me interesa, en realidad.
Y los paisajes de tu infancia, ¿no te influenciaron?
No,
hay algunos paisajes que pinté en un principio, como ese que ves allí,
que a la gente no le interesaba mucho porque decían que eso no existía.
Yo pintaba algunas cosas que sí existían, por la necesidad de vender
los cuadros y ganar algún dinero. Complacía entonces a alguien que
quería un paisaje o un ramo de flores. Me iba a las lindes de Guacara o
Tinaquillo, donde viví por algún tiempo.
Lo que sí se observa en el transcurso de tu vida, es un profundo interés por el ambiente.
Bueno,
esa es otra cuestión. Hoy en día, toda mi pintura revela figuras que,
en última instancia, pueden ser consideradas humanas. Yo no pinto
objetos, sino figuras, en su mayoría femeninas. Rara vez se ve una
figura masculina en una pintura mía. Me recreo en la feminidad. Cuando
uno realiza una obra de arte, tiene que realizarla con toda la
sexualidad. Ella tiene un lugar importante para mí.
No
puedo hacer una obra con solo mi lado masculino, tiene que estar
presente la sexualidad femenina. Si se trata de una mujer pintora, ella
tiene que ponerle a la obra su parte masculina.
Si se
trata de los escritores también es así. La creación es producto
de la unidad del ser, no del individuo como macho o hembra. El ser no
es masculino ni femenino, es una totalidad. El ser es un todo.
¿Qué idea te formas de la divinidad? ¿crees en Dios?
Si
vamos a la idea de Dios, pienso que si Dios existe, para mí sería una
mujer. La naturaleza es femenina. Si en la humanidad sólo existieran
hombres, el hombre habría terminado con la humanidad.
Si
no existiera la mujer hace tiempo que la humanidad se hubiera
extinguido. No me refiero a su capacidad de ser engendrada, hablo de
que ella es la que conserva, el hombre lo que busca es destruir,
justificándose diciendo que quiere construir algo nuevo. Hacer la
guerra y encontrar la forma de dominar a los demás. En cambio el
interés femenino está en preservar las cosas, enriquecerlas, y eso es
lo que conserva la vida.
En
estos días me contaron sobre un astronauta que había viajado por el
universo y se encontró con un neuro-cirujano. Aquél le dijo: he viajado
por muchas partes, pero no he visto a Dios. Ni he visto ningún ángel ni
espíritu alguno. El cirujano le respondió: Yo he operado a muchas
personas, he abierto sus cráneos, pero jamás he visto ningún
pensamiento. Yo creo que es demasiado prodigioso el concierto
universal, la complejidad de las leyes físicas, la hermosura y el
orden, que pienso en una inteligencia ordenadora y en la enorme fuerza
del éspíritu en toda la creación.
El
universo es tiempo. Una galaxia en el telescopio, estamos bien un
millón de años atrás. Creer en Dios es una soberbia del hombre, el
hombre no puede imaginar nada que no sea producto de su mente. Cuando
se habla de Dios se ignoran las dimensiones del universo. El universo
es tan vasto, que todo lo que podemos imaginar podemos decir que existe
en el universo. Pero nunca lo tocaremos, ni lo tendremos a nuestro
alcance. Si queremos ir a Alfa Centauro a la velocidad de la luz,
tardaríamos miles de años y tampoco `podríamos hacerlo porque toda masa
que viaja a la velocidad de la luz se vuelve infinita, aquello que
viaje a la velocidad de la luz no es sino luz. Imaginar ese tipo de
cosas es muy bello para la ciencia ficción.
El universo
está en expansión y viaja en una sola dirección, siempre envejeciendo
según la segunda ley de la termodinámica. Ahora, en cualquier sitio del
universo te puedes imaginar cualquier cosa, porque es inconmensurable.
Pero es igual que si no existiera, porque si la mente humana no puede
abarcar su propia realidad, menos aún puede abarcar la realidad
ilimitada.
La raza humana está en la tierra no más de
tres o cuatro millones de años. Y los hombres del neolítico, cuando
conseguían un hueso de dinosaurio, ellos no sabían lo que era.
En
el universo todo es azariento. El universo se mantiene gracias al azar
y la necesidad. Esto se ha plasmado en la Ley de Eusenberg. Einstein
decía que él no podía imaginar que Dios juegue a los dados. El estaba
en contra de las teorías de Eusenberg sobre la mecánica cuántica. Para
él nada está determinado, por eso el universo es vivo. La evolución de
las especies es el resultado de los errores en la copia de los códigos
genéticos. La copia de las cosas produce enfermedades y también la
evolución.
Hay un copiado malo que puede tener ventajas
sobre uno bueno. Ese error va a predominar y ahí se produce lo que se
llama una mutación. Por eso, los animales cambian, los planetas
cambian, los seres humanos cambian. Si no, todo se hubiera quedado
congelado. Si Dios hubiera creado al hombre este no hubiera cambiado.
A menos que lo hubiese creado como un ser perfectamente libre para evolucionar
Yo
creo que la vida es el error. Y eso es lo maravilloso de la vida, que
es un fenómeno especial de la materia: modificarse, reproducirse. No se
sabe como comienza la vida. Hay un proceso físico-químico, pero cómo es
el origen de los primeros ácidos, proteínas, etc.
Háblanos de las relaciones entre el microcosmos y el macrocosmos
Sin
duda, las estructuras se repiten, aun cuando hay manifestaciones que no
existen en la naturaleza que conocemos en nuestro planeta, como los
agujeros negros. Se sabe que existen, pero nadie ha estado allí.
El
universo se está reventando, se está cayendo a coñazos todo el tiempo.
No hay nada que se quede tranquilo en el universo. Las formas se
mueven.
Pero en el cuadro hay que exigir que no se muevan. Un cuadro que se está moviendo, a mí me incomoda y me marea.
Tu pintura podrías considerarla estática?
Depende
del momento. Hay obras tranquilas, hay otras angustiadas. Unas evocan
movimiento, otras transmiten tranquilidad. Unas, tristezas, otras
alegrías. Si un artista es fiel a sí mismo, a sus circunstancias, a sus
inquietudes. Lo que cambia es la perspectiva del artista, su instante
de ánimo, su visión del mundo en un instante determinado. Lo que yo
espero de un cuadro es que me mueva él a mí, y no que él se mueva. Que
mueva mi espíritu. Un Goya, un Velásquez, un Rembrandt, un Van Gogh, me
conmueve. A mí no me conmueve un fenómeno que produce la física.
Como por ejemplo una persiana movida por el viento
Ese
movimiento ya lo hace el viento con la persiana. ¿Para qué lo voy a
repetir yo? En el universo se producen muchos fenómeno, para qué los
voy a tratar de reproducir yo?
Yo los puedo usar para transformarlos, paro hay que respetarlos.
Cómo definirías tú esta etapa de tu pintura?
Mis
últimos cuatro años son el resultado de un proceso que se gesta en los
cincuenta años anteriores. Tiene que ver con una toma de conciencia,
una introspección sobre lo que se ha hecho. Uno de pronto se detiene,
llega un momento de meditación y viene la pregunta: ¿Qué hice hasta
ahora, por qué estoy trabajando así, cómo estoy trabajando?
La
introspección viene después de la obra. Me detengo a pensar: ¿me siento
satisfecho con el camino que llevo o debo dar un paso atrás?. No creo
que la pintura o cualquier otra manifestación del arte sea un camino
hacia delante, y no creo que nada sea un camino hacia delante, porque
creo que es igualmente importante un camino hacia atrás que hacia
delante o hacia los lados. Cuando me preguntan, ¿vas hacia delante?, me
doy cuenta que voy hacia atrás. La idea de progreso no existe en al
arte, o la idea de que es mejor una forma de arte que otra. Lo que es
malo en el arte es aquello que no es auténtico. Hay que buscar la
autenticidad.
No
obstante, no hay que tenerle miedo a las influencias. Quevedo se
inspira en Propercio en su conocido soneto Amor constante más allá de
la muerte. Shakespeare se inspira en dos historias, una que fue escrita en la Edad Media y otra del siglo XIV para escribir Hamlet.
Igual
sucede en la pintura. Las Meninas de Velásquez fueron transformadas por
Picasso en otra cosa. No copian la obra, sino que les sirve de
estímulo. La exposición de Soroya me ha tocado muchísimo. Cuando veo
cosas de El Greco, me emociono y me dan unas ganas inmensas de
trabajar. Y cuando veo mala pintura, me deprimo. Hay que ponerse unas
gríngolas, mirar a otro lado, porque la mala pintura se contagia. Las
buenas cosas, hay que esforzarse por encontrarlas, por sentirlas, por
saberlas y comprenderlas. Exigen un esfuerzo de la mente y del ánima.
A veces, una obra que no te gusta en un principio, después te atrapa
por su fuerza. Eso sucede a veces también con la poesía y la música.
¿La música te lleva a un estado creativo?
No
me inspira, no necesito de la música para pintar. La música me vuelve
reflexivo, meditativo y posiblemente meláncólico. Cuando oigo música,
busco la compañía de otras personas, no me gusta estar solo. En
ocasiones, la música me entristece. Un estudio de Chopin bien tocado me
hace llorar y gozar llorando. No me sirve para pintar. Esa música que
llaman de relajación, para dormir culebras, me pone los nervios de
punta. Prefiero una buena música clásica o folkórica o un buen tango.
¿En qué estado de ánimo prefieres pintar?
Pintar
es un esfuerzo físico y psíquico. Exige un estado de ánimo vital.
Cuando uno pinta un cuadro de dos metros por dos, tiene que subirse y
bajarse de la escalera quinientas veces. Eso requiere un buen estado
físico.
Tú has abordado en tu pintura temas míticos.
Mis
últimos grabados eróticos, casi todos se refieren a temas mitológicos.
Los Testigos de Priapo, por ejemplo, Hermes Itálico con una vacante,
Apolo persiguiendo a Daphne. Los títulos casi siempre surgen después
que la obra está terminada. Entonces me digo: esta podría ser María
Lionza, y la bautizo así. Cuando pinté las Brujas, yo no pensé en
brujas. El escritor Oswaldo Trejo me dijo: ponle a ese cuadro “Bruja”.
Y así quedaron bautizadasMuchas veces yo le pongo título a los cuadros
conversando con mis amigos o con Janine. Algunos cuadros tienen dos
títulos. No sé por cual de ellos decidirme. Igual me pasa con la
pintura. Para mí la obra nunca está terminada, estando montados los
cuadros todavía los estoy corrigiendo. Recuerdo a Bonnard que se metía
en los Museos y aprovechaba la distracción de los cuidadores para
corregir algún lienzo. Un cuadro nunca está terminado. Hay una pintura
mía en Francia muy conocida, yo quisiera hacerle un retoque. La Gran
Crucifixión que ganó el Premio de Montecarlo, yo quería retocarlo.
Menos mal que no lo hice, acepté lo inevitable. Ya estaba crucificado y
reproducido. Había que dejarlo así. Si no, todavía lo estuviera
corrigiendo.
Casi todas las serigrafías y
reproducciones, litografías, grabados, aguafuertes, yo les meto la
mano, ninguna es igual a otra. Por eso, su valor aumenta. No son
idénticas.
Es apasionante saber cómo los artistas realizan su trabajo, que piensan, qué sienten en el momento de la creación.
Los
arquetipos me fascinan, son de una extraordinaria riqueza. Lo que vivo
y lo que hago es mi sueño. Yo nunca he pretendido vivir el sueño de
otro. Lo interesante de cada ser humano es soñar su propio sueño.
Pretendo ser humilde ante lo que realizo. Salió así y lo acepto así. Es
el hecho de que sea mío lo que para mí tiene valor. Puede que haya
obras mejores, más interesantes, pero lo que yo hago es mío. Cuando
alguien ve algo mío, dice: es un Vigas.
Entrevista inédita realizada en el estudio del artista.
Caracas, 2007.
Fotos tomadas en el estudio del maestro Vigas, por Edgar Vidaurre.
www.oswaldovigas.com
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