Fueron 38 los artistas arrastrados por la noble convocatoria, entre
ellos varios Premios Nacionales de Artes Plásticas y otras figuras con
aval, de distintas generaciones y rasgos pictóricos.
38 artistas raptan a Carlos Enríquez
Por RAFAEL GRILLO
Si segundas partes no son buenas, según dicta el sentido común, ¿qué
esperar de 38 versiones del mismo cuadro? Lo confieso: me llegué hasta
el Centro Hispanoamericano de Cultura con resabios de escéptico. Más
aún conociendo que estaría ahí, prestada por el Museo Nacional de
Bellas Artes, "El rapto de las mulatas" original; cargando los 70 años
desde su alumbramiento con lozana majestuosidad, espléndida para
siempre en su equilibrada composición y logrado cinetismo, lúcida y
pícara al dar con la mezcla exacta de sensualidad y violencia que
acompaña a los arrebatos del sexo, extraordinaria en sus transparencias
y la paleta única de blancos y grises. Toda ella tan a lo Carlos
Enríquez, el pintor cubano que vivió entre 1900 y 1957, el que impregnó
decisivamente a la vanguardia con tintes nacionales y nos dejó otros
cuadros magnos de su "romancero guajiro": "El Rey de los campos de
Cuba", "Campesinos felices", "Combate" y el sentido homenaje a Martí
que vibra en "Dos Ríos"; el que sobrevive en el legado de la casita
taller (hoy Museo), que Enríquez dotara de cierta atmósfera surreal y
colocara como apelativo "Hurón Azul".
La baza a favor con que se promulgó el remake múltiple, sería
divulgada por un reportero local como "la crema y nata del pincel en
Cuba se congrega" para recordar el aniversario de la obra insigne
premiada en el II Salón Nacional de Pintura y Escultura (1938). Fueron
38 los artistas arrastrados por la noble convocatoria, entre ellos
varios Premios Nacionales de Artes Plásticas y otras figuras con aval,
de distintas generaciones y rasgos pictóricos.
Poco a poco, El rapto en la pupila iría atrapándome con más
razones que las del edificante propósito de la reunión. Primera, desde
el mismo nombre dado a la muestra colectiva, donde leí, más allá de la
idea de ser interpretado el óleo de Enríquez por la mirada de creadores
cubanos contemporáneos, la dignidad de todos ellos al anunciarse como
aprendices del maestro. Sí no se percataron ya por qué digo esto, los
conmino a que reparen en que "pupila" (o pupilo), en otra acepción de
la palabra, es también el "discípulo" (o discípula), el que aprende
bajo la influencia de un sabio tutor.
Segundo, que si bien era fácil imaginar que la mayoría de los
artistas iban a optar por la reconversión del "Rapto" primigenio a sus
códigos plásticos particulares, aún entre los que eligieron esta vía
hay versiones notables. Menciono, apelando a las que se quedaron
impregnadas en mi "pupila", a Ever Fonseca y "El rapto de las
ciguapas", el "Rastro, rostro, restos" de Ángel Ramírez y los "Mangos
bajitos" de Eduardo Abela. Algunos de entre los que eligieron este
camino, fueron Águedo Alonso, Vicente Rodríguez Bonachea, Flora Fong,
Carlos del Toro, Alicia Leal, Juan Moreira y Adigio Benítez.
Más arriesgados se mostraron Ángel E. Rivero (Andy) y Gilberto
Frómeta al diluir la imagen del "Rapto" en el gesto expresivo del
color, típico de sus estilos abstraccionistas. Un caso inverso, el de
Nelson Domínguez retrotrayéndose a sus momentos figurativos y el tema
guajiro, quedó bien resuelto en "El rato de la mulata".
Significativo resultó que otro grupo optara por potenciar la anécdota referida en el cuadro tomado como leit motiv,
y la expandiera hacia distintas dimensiones en el tiempo y el espacio,
en un efecto de reescritura o reinterpretación que introduce
inteligentes polisemias. De entre estas, extraigo buen recuerdo de
"Raptada", de Manuel López Oliva; "Sara y el Rapto", de Aziyadé Ruiz; y
de Osneldo García, "El rapto de los caballos por las mulatas". Notables
me parecieron las implicaciones contemporáneas del viejo secuestro,
según las pintaron Agustín Bejarano, Aldo Soler, Ernesto Rancaño; y el
agudo Pedro Pablo Oliva, que con el largo título de su pieza ya dice
suficiente: "Extraño monólogo para un raptador contemporáneo: ‛Ya hoy
no basta con esto para raptar a una mulata".
El tránsito de la pintura de Enríquez hacia lo tridimensional, le
potencia un aura especial a la ingeniosa representación en un tablero
de ajedrez que hace Mario M. González (Mayito), con la instalación "El
rapto de las damas"; o la alusión, elipsis temporal mediante,
emprendida por Virginia Morales en el objeto escultórico "Reliquias de
un secuestro".
Merecido lo tienen, que ahora complete la lista de participantes:
Alfredo Sosabravo, Zaida del Río, Ernesto García Peña, Manuel Mendive,
Carlos Guzmán, Luís Ulises García, Rubén Rodríguez, Reinaldo López,
Orestes Gaulhiac, Raimundo López, Alberto Lescay, Eduardo Roca (Choco),
José Omar Torres, Christian González, Dagoberto Jaquinet y Adrián Cuba.
Entre todos, han hecho de "El rapto en la pupila" un suceso estimable y
muy poco usual, acaso único en la historia del arte en la Isla: el
recordatorio ya no sólo de de un artista cimero sino de una obra en
especial, y a través de una proliferación de re-visiones de esa misma
pieza.
En la enumeración de razones para el elogio que había emprendido, el
párrafo anterior sería una tercera. Una cuarta, y que enuncio a
continuación, tiene que ver con la génesis del proyecto y el modo en
que fue llevado a feliz término. Surgió como un "chispazo", una
ocurrencia, tal como me cuentan, en una conversación entre artistas que
coincidieron en la habanera "paladar" (restaurante privado) cuyo nombre
evoca la residencia de Carlos Enríquez. El propietario del Hurón Azul,
Juan Carlos Fernández, rescató la sugerencia; y no dejando que se la
llevara el viento, demostró una sensibilidad más allá de las artes de
cocina cuando se convirtió a sí mismo en auspiciador, aglutinador de
voluntades, organizador, productor, medio de transporte de las obras,
promotor, y "como postre" hasta en curador de El rapto en la pupila.
Para que el evento sobreviviera al instante efímero de la muestra y
su alcance fuera mayor, incluso quedó un documental registrando las
fases del proyecto y las opiniones de los artistas implicados. Además,
la exposición pasó íntegra al terreno virtual gracias al sitio web www.elraptoenlapupila.com;
y para los próximos días se espera que salga a la luz un enjundioso
catálogo. Este dato infrecuente de "mecenazgo por cuenta propia",
dentro de un territorio copado casi en su totalidad por iniciativas
nacidas en las instituciones estatales de la cultura, tal vez quede
también para el recuento glorioso de las artes plásticas en Cuba.

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