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Leviatán (III) |
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Literatura -
Letras Vanas
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Escrito por Martín Cid
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domingo, 01 de noviembre de 2009 |
Leviatán (III)
A cargo de Martín Cid
Arriesgándome (y mucho) a caer en sociologías baratas, arriesgándome (muy mucho) a ser tachado de columnista político… diré que el Leviatán de Hobbes se está haciendo cada vez más y más grande.
Dice la Biblia o el Talmud o algún que otro opúsculo maravilloso, que el Leviatán sólo puede ser exterminado cuando Dios cree a Beemoth, una criatura con igual fuerza, pero de naturaleza terrestre. Al final Dios exterminará a Beemoth, porque no se puede fiar de una criatura con igual fuerza y condición al Leviatán.
Fue otro cuasi-contemporáneo de Hobbes, Leibniz, quien reflexionó sobre la bondad de Dios. ¿Por qué no se limitó a no crear al Leviatán? En el libro de Job tenemos una respuesta más bien próxima al surrealismo (y conste que casi siempre hablo con ironía): adonai (YHVH) aprieta las tuercas a nuestro amigo hasta que la diversión termina con la rendición de un Job al que poco más que la fe le queda.
Este tipo de “resquicios mitológicos” provienen sin duda de la vieja Babilonia, lugar en el que varios pueblos convivieron con mayor o menor armonía durante siglos. De ahí vienen los primeros semitas y algunos otros y de obras como La Epopeya del Gilgamesh tomaron los hebreos algunas de sus historias más conocidas.
Es curioso que, después de tantos siglos, sigamos explicando el comportamiento de la humanidad recurriendo a símbolos ancestrales. Eso sí, hay una gran diferencia: antes al menos nos postrábamos ante ellos, ahora los utilizamos en nuestro propio beneficio.
¿A dónde quiero llegar con esto? No lo sé muy bien, he de confesarlo… pero sí reconozco una admiración casi reverencial hacia el mundo de los antiguos. Quizá sea por la distancia o por el romanticismo que cualquier elemento con sesgo de antiguo sugiere en mí. Me gusta la historia de un pueblo amenazado por una criatura como le gustó a esos pueblos medievales la leyenda de Beowulf que (y no es por fastidiar) se parecen bastante.
Sólo hay un cambio: ahora Dios elige al hombre como salvador pero no hay diferencia entre este salvador y Beemoth, salvo en que ambos han de ser ejecutados.
Miedo, salvación y muerte se erigen entonces en los tres pilares básicos de toda condición religiosa a través de los siglos. Ya sea Jesucristo, Zaratustra, Moisés o Ronaldihno (el último, por si no lo han notado, va con burla no incluida en el precio) cumplen estos parámetros y toman al primer Gilgamesh como paradigma inequívoco de su evolución e historia.
Existen, claro está, diferencias históricas entre estos ejemplos, pero sólo se trata de diferencias debidas a la adecuación al medio de los personajes: ¿sería ridículo poner a Ronaldihno en la época de los romanos? No, señores, sólo que le tendríamos que dar una lanza y un par de cáligas.
El mal absoluto, representado por los monstruos, nunca desaparece, sólo puede mutar de forma en otras representaciones más o menos fidedignas. El héroe, en cambio, sí perece, sea ya hombre o animal. Habrá otro que venga en su lugar y otro ser nacido para terminar con el monstruo (véase los mitos explicados por Frazier en su Rama Dorada).
Hasta aquí, ¿sólo mitos y literatura? El Leviatán ha tomado fuerza y se ha vuelto más inteligente: ¿qué mejor truco que convencer al mundo que el diablo no existe? ¿Es la manzana de nuestros tiempos la prensa, el famoso “cuarto poder”? La serpiente circula entre nosotros aún y dice a nuestro cónyuge: come y lee noticias, que cuentan la verdad, me lo ha dicho un pajarito. El pajarito no vuela precisamente, pero se vende en los kioscos (motivo más que suficiente para tener credibilidad).
¿Había en el jardín del Bien y del Mal otro animalillo que hablase? Me temo que era el único: hace falta tener mala fe para sólo dejar hablar a un animalito famoso por contar mentiras más o menos piadosas.
La serpiente nos dice hoy: estamos en crisis en el jardín, amigos míos. ¿Qué podemos hacer? Mira lo mal que estamos todos y mira qué verde tengo mi piel antaño luciferina (que, por cierto, significa “que luce”). ¡Luciferina, sí, pero qué bien hablas serpiente! No sé si será porque eres el único que hablas o no, pero como no tengo otros argumentos que escuchar: creo que tienes razón y te voy a ayudar dándote la razón.
Aún hay esperanza, amigos míos, el otro día ley una gloriosa frase, siento no recodar dónde: “Han muerto los periódicos, ha nacido el periodismo”.
Hay por ahí otros que dicen que la serpiente (prensa) está perdiendo poder y que ahora somos más libres gracias a Internet (Beemoth).
Al final, amigos, me remito a la famosa Espiral del Silencio: si el vecino no está de acuerdo contigo y el vecino es un tipo genial al que todos quieren, mejor cállate la boca porque el resto de vecinos condenarán sin duda tus palabras. La moral vecinal se impone siempre y, al final, internet libre y demás no deja de ser sino un cajón de sastre en el que caben todas las opiniones devenidas de esta misma moral vecinal creada por los mismos medios de comunicación. Eso sí, cuando el Leviatán murió, en Jerusalén comieron todos hasta hartarse.
Espero que algún día podamos cambiar también esto: “Ha muerto el Periodismo, hoy respiramos libres”. Por desgracia, los monstruos nunca mueren. Sólo cambian de aspecto.
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