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APUNTES DE UN ISLEÑO* Imprimir E-Mail
Literario
Escrito por Carlos Fundora   

Profesor: Hoy vamos a estuduar los géneros literarios: poesía, cuento, décima...
Alumno: ¿Y el ensayo, profesor?
Profesor: Ustedes me perdonan, yo no sabía que había que ensayarlo.
H.P. Wells. "El tocador de Pifias"

 


 

 

 

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Náufrago, por Gélico (Primera publicación en Palante, 1992).
Un tema reiterado en las novelas de aventuras es el de los náufragos. No es interés nuestro relacionar todas las obras que lo tratan, pues apenas quedaría espacio para hablar algo más. Sólo señalaremos algunos aspectos que son comunes a todas.

 

   En primer lugar es necesaria la existencia de una isla. De lo contrario, los náufragos no tendrían a dónde ir y por tanto la novela carecería de sentido. También es imprescindible un viaje por mar y, por supuesto, que ocurra una tormenta con marejadas peligrosas para todo tipo de embarcaciones, capaz de transformar un velero en candelabro.

 

   Veamos un ejemplo clásico en uno de los autores más importantes en este género de novela: Daniel Defoe:
       “...nos hallábamos a 7° 22’ de latitud norte, cuando de pronto se desató una violenta tempestad que nos hizo perder nuestra ruta. El viento comenzó soplando por el sureste, luego se mudó al noroeste y finalmente se fijó en el noreste...” (1)
   En estas condiciones creo que la nave haya dado más vueltas que dos adolescentes en una discoteca, y dudo mucho que pudiera recuperar la orientación, ni siquiera usando palomas mensajeras.

 

   Después de recibir el azote del temporal, para no perder el rumbo, continuaremos con el análisis del tema. Generalmente los náufragos toman tierra en lo que la célebre investigadora Lic. Gloria Elvira Sánchez ha denominado Islas aptas para náufragos. Estos puntos perdidos en medio de los océanos cuentan con una base técnico–material capaz de satisfacer las necesidades del turista más exigente. Y por si fuera poco, los equipos y herramientas de que pudieran carecer, aparecen “casualmente” en las costas arrastrados por las corrientes marinas en forma de baúles, bultos, y a veces, ¡hasta el propio barco naufragado!

 

   “Por fortuna la marea había llevado al “Sloughi” más allá del banco de arrecifes, y si no se hallaba en estado de navegar jamás, por lo menos era habitable” (2)

 

   Con la instalación de los conquistadores en su isla, comienza una serie de capítulos donde predominan los recorridos por las diferentes zonas y la correspondiente descripción del relieve, la flora y la fauna. Esta especie de paréntesis para los que están interesados en la acción y el desarrollo, haría retorcerse de envidia al mismísimo barón Alejandro de Humbolt.

 

   Algo significativo es el hecho de que todas las islas estén cargadas de vegetación, arroyos, animales (escasean los feroces) y en sentido general una gran fertilidad. A ningún escritor del género se le ocurriría poner a un náufrago en un atolón.

 

   Tomemos al azar una de estas descripciones:
      “Las construcciones perifrásticas como “habere” y “tenere” surgidas en el período clásico y desarrolladas en el latín “popular” sirvieron de base morfológica para las formas temporales analíticas en las lenguas romances...” ¿? (3)

 

   Los acontecimientos se precipitan cuando el (los) protagonista(s) descubre(n) a través de una huella, un esqueleto o un manuscrito, que la isla no era tan virgen como parecía al principio. Lo más usual es que este indicio aparezca en una cueva, porque también es característica de estos lugares la existencia de cavernas que rebasan la imaginación del más fanático espeleólogo. Una vez descubierta la presencia humana es inevitable la irrupción de nativos, piratas o de ambos elementos combinados.

 

   Entonces la apacible isla se convierte en un hermoso campo de batalla que deja chiquita a La guerra de los mundos, de Wells. Resulta interesante la forma en que se encauzan los acontecimientos, pues da la posibilidad de que muchos lectores, hasta los menos sagaces, puedan predecir quienes serán los vencedores.

 

   Finalmente los náufragos embarcan en la nave de los inesperados visitantes. ¿Por qué ocurre? Se preguntarán los amantes del género, una vez leídas más de cuatro novelas de este tipo. Sucede así porque hasta ahora es la ÚNICA forma que han encontrado los escritores para solucionar la salida de los personajes de la isla.

 

   Los náufragos vuelven a la civilización añorando ese pedazo de tierra donde pasaron por tantos “peligros”.
   Después de haber estudiado Los náufragos del Liguria, El Robinson Suizo, La isla del tesoro, Dos años de vacaciones, Robinson Crusoe, La isla misteriosa... este ensayista ha sobrevivido milagrosamente, y ahora se cuestiona las posibilidades futuras de la navegación. Si siguen apareciendo tantas islas perdidas, pronto los océanos se convertirán en pequeñas lagunas.

 

 

 

 

(*) -  El ensayo fue encontrado por un especialista dentro de una botella. (No se especifica en qué era especialista).
(1) – Defoe, Daniel. Robinson Crusoe. p. 39.
(2) – Verne, Julio. Dos años de vacaciones. p. 33. (El subrayado es nuestro).
(3) –  No sabemos por qué rayos se incluyó este fragmento de la revista Islas U. C. No. 80. (N. del E.)

 

 






 

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