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Escrito por Carlos Fundora
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Un domingo por la mañana el hombre recibió el título de licenciado y desde ese momento se hizo el firme propósito de depurar su vocabulario.
 El lunes eliminó a las malas palabras... El lunes eliminó a las malas palabras, y fue tan radical en este paso que de solo ver algo íntimo que respondiera a éstas le causaba repulsión.
El martes perdió a su esposa.
El miércoles se dio a la tarea de erradicar las palabras que no tuvieran un alto vuelo poético, pues ya le desagradaban los términos ordinarios.
El jueves perdió el trabajo. Era periodista.
El viernes se encerró en su casa y comenzó a revisar completamente su léxico, tratando de que quedara lo más refinado posible. Por la tarde se dio cuenta de que su teléfono apenas sonaba. Cada día eran menos los que comprendían su idioma concentrado.
Un sábado sin sol, se levantó emocionado. Por fin había logrado depurar totalmente el idioma. Se paró frente al espejo para derramarle a la imagen sus excelentes y sintéticas frases. Para su asombro sólo pudo emitir un sonoro gruñido. Aterrado corrió hacia el patio y se subió a un árbol.

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