Filántropos*
Por Carlos Fundora
- ¿Puedo sentarme, doctor?- brotó la pregunta en medio del aire enrarecido y del bullicio.
El doctor hizo un gesto que no podía significar otra cosa que “váyase al diablo”, pero el recién llegado lo interpretó como un amable “por supuesto, lo estaba esperando”. Rápidamente ocupó el sitio libre, llamó al mozo con un marcado acento inglés y pidió un trago de whisky.
Entre la bebida, el humo y la algarabía, el doctor y su acompañante formaban una pareja inusual. El primero sereno, meditabundo y el otro chispeante, inquieto, sonriente.
- Este ambiente denso me recuerda el clima de Londres.- comenzó el británico. –La niebla...
-¿Qué desea? - cortó seco el doctor.
- ¡Vamos, querido amigo! - dijo alegremente el intruso. –Nunca pensé que fuera tan difícil abordarlo.
- Mire, señor...
- ¡Jack! Llámeme Jack, doctor.
- Pues bien, señor... Jack. No acostumbro a conversar con extraños.
- ¿Ni siquiera cuando está celebrando?
- ¿Celebrando qué?- preguntó el doctor algo turbado.
- Digamos que... los avances en sus experimentos.- comentó el inglés bajando el tono. –YO sé mucho sobre usted.
- ¡Mozo!- llamó el doctor. -¡Dos whiskys!
- Hace tiempo que conozco su interés por las ciencias naturales. – empezó Jack después de un largo trago. –Si le digo que he seguido paso a paso sus estudios y cada una de las investigaciones, no le miento.
A esta altura de la conversación la taberna había cobrado mayor vitalidad cuando uno de sus ocupantes, de notables rasgos latinos, se empeñó en demostrar el efecto que producía una botella sobre la cabeza de un vecino. Jack y el doctor estaban tan metidos en sus asuntos que no apreciaron la maniobra.
- ¿Conoce usted lo que he alcanzado? ¿Todo?- preguntó el doctor, al tiempo que apartaba una silla que había venido a estrellarse contra la mesa ocupada por ellos.
- Lo suficiente. – dijo Jack mostrando un rollo de papeles. –Tengo aquí una copia detallada de las causas que generan la vida y las posibilidades de imprimírsela a una materia inanimada. ¿Esto le dice algo?
- ¡Mozo! –gritó el doctor. -¡Traiga dos whiskys más!
- ¡Bueno, doctor! –continuó Jack, mientras quitaba de encima de la mesa el cuerpo inanimado del latino. –Conozco lo que ha logrado pero no entiendo por qué lo hace.
- ¿Será posible? –exclamó el doctor recogiendo un brazo que había caído a dos pasos de ellos. -¡Esto, señor Jack, esto era parte de un ser viviente! Yo puedo restituirlo, dotarlo de vida eterna.
- ¡¿Eterna?!!! –dijo Jack perdiendo su flema inglesa. -¡Mozo! ¡Dos whiskys dobles!
- La vida puede ser eterna. - siguió el doctor en el momento en que esquivaba una jarra y tomaba otro trago. –Yo puedo hacer feliz a la humanidad asegurando al hombre una existencia continuada.
- Quiere decir que... ¿Qué está en condiciones de hacerlo?
- ¡A ver si me entiende! –exclamó el doctor levantando la cabeza del latino y apretándolo por el cuello. –Yo puedo ahogar a este miserable, sacarle hasta el último aliento y en menos de veinticuatro horas hacerlo volver a la vida.
- Es posible. Pero si le corta la cabeza de un tajo. –dijo Jack mientras lo hacía. –Las posibilidades disminuyen.
- ¡Al contrario! –ripostó el doctor limpiándose unas salpicaduras de sangre. –Tendría amplias opciones para dotar de un nuevo rostro a ese cretino.
- ¡Mozo! –gritó asustado Jack. -¡Dos whiskys dobles!
- ¿Qué le pasa, amigo Jack? ¿No sabe hasta dónde puede llegar mi poder?
- Es que usted no ha interiorizado, doctor. –dijo Jack dejando de caer los restos de una lámpara sobre la cabeza del latino. –¿No ha pensado en los peligros de su descubrimiento?
- ¿Peligros?
- Si se puede prolongar y reproducir la vida de forma irregular y desordenada. ¿Adónde iremos a parar? En menos de dos años no cabremos en la tierra.
- ¡Demonios! –exclamó el doctor. –No había pensado en eso. ¡Mozo! ¡Una botella de whisky!
- Desde los inicios del tiempo el hombre se ha preocupado por prolongar la vida. ¿Para qué? ¿Qué huella ha dejado? –interrogó Jack y acompañó sus preguntas con más bebida.
- ¡La creación, hermano mío! –dijo el doctor abrazando a Jack. –Los descubrimientos científicos, los avances de la ciencia...
- ¿Avances? ¡Mire, doctor, mire ahora mismo esta taberna, o lo que queda de ella! No parece precisamente el paraíso. La humanidad avanza... hacia su destrucción. Lo que unos inventan con fines nobles en pocos meses se va convirtiendo en un instrumento de aniquilación. ¡Cómo este whisky que nos estamos bebiendo!
- ¡La vida es una mierda, Jack! ¡Y las mujeres ni hablar! –dijo el doctor cayendo en el tema común de todos los beodos. –Las mujeres son...
- ¡Doctor! –interrumpió Jack temiendo que se perdiera el rumbo de la conversación. -¡Tiene que variar los planes! ¡Usted no puede acelerar la superpoblación! Aumentarán las guerras, el hambre, las epidemias. Va a convertir al primer imbécil que se le pare delante en el Ave Fénix. ¡Sería monstruoso!
- ¡Tiene razón, Jack! –gritó el doctor mientras se incorporaba tambaleante. –Tienes toda la razón, querido amigo. Tengo que reorganizar lo que estaba haciendo. Pero es muy sencillo. Con un simple cambio tendremos lo que hace falta.
Avanzó en medio del caos y llegó hasta donde hacía apenas un rato había una puerta.
- ¡Es sencillo, Jack! –exclamó volviéndose. -¡Un cambio de masa cerebral! ¡Nada más!
Y mientras el doctor Frankenstein se alejaba oscilando hacia un objetivo fijo, Jack el destripador volvía sonriente y tranquilo a la botella de whisky y el tabernero se esmeraba en la cotidiana tarea de limpiar el sitio de botellas rotas, muebles destrozados y restos humanos.
*Por su tema, y no por relaciones como señalaron algunos, fue publicado en la revista chilena... ¡¡¡CHILENA!!! Fe de Ratas, octubre, 2000. (N. del A.)

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