Neo-Folklore: ¿Moda o renovación musical?
Hay conyunturas en la vida de un pais que
provocan la aparición de nuevas terminologías. Desde la entrada en
vigencia de la nueva Ley de Responsabilidad de Radio y Televisión el
término Neo-folklore comenzó a utilizarse con frecuencia para referirse
a propuestas de fusión entre la música tradicional venezolana y
manifestaciones más contemporáneas. Durante todo el año 2005, los
intentos de las emisoras de radio por apaptarse a los porcentajes de
música hecha en Venezuela- y en especial la de corte tradicional- que
exige la ley, han llevado a agrupar las corrientes musicales de orígen
híbrido dentro de una particular categoría. Algunas de ellas han
insistido en usar “neo-folklore” por sobre cualquier otra denominación,
convirtiendo la categorización en una especie de muletilla multiuso.
Como ya ocurrió en el pasado en varios ámbitos del arte y la cultura,
se apoyan en el prefijo “neo” (nuevo) para tratar de establecer un
antes y un después. Dentro de dicha categoría han sido incluídas
propuestas de orígen muy distinto que combinan elementos del folklore
de nuestro pais con géneros populares como el rock, el jazz, la
electrónica, el hip hop y otros, aunque no siempre el componente
tradicional es dominante.
En décadas recientes, algunos paises han ultilizado la palabra “nuevo”
para definir un período de tiempo caracterizado por el espíritu
renovador, con sustanciales diferencias con el pasado cercano. En el
cine de los años 60, por ejemplo, la Nouvelle Vague (Francia) y el
Cinema Nuovo (Brasil), dictaron pautas y protagonizaron la ruptura
creativa y estética con las formas acostumbradas hasta aquel momento en
ambos paises y probablemente en los dos continentes. En el ámbito
musical ocurrió con la Bossanova e incluso en Venezuela a principios de
los años 70 con la Onda Nueva de Aldemaro Romero. Otros momentos
renovadores fueron la New Wave a principios de los 80, con la cual se
pretendió oxigenar la música pop. La validez de estas y otras etiquetas
similares ya no se discute, pero muchas de las películas y discos
quedaron anclados en períodos de tiempo específicos. Por ello,
referirse a algo como “nuevo” reviste ciertos riesgos e incluso su
efecto puede revertirse en poco tiempo.
El caso actual en Venezuela pareciera estár ligado a la comodidad de
englobar toda aquella composición que haga uso de instumentos o ritmos
tradicionales y que los mezcle con cualquier ritmo contemporáneo. Por
ello, vemos como una versión de un tema de Simón Diaz, un rock que
utiliza un cuatro o una pieza de fusión con ritmo joropeado, son
ubicadas inmediatamente en la categoría “neo-folklore”, sin analizar si
realmente ese es el término más atinado. La combinación de influencias
no es tan nueva como parece. Desde los años 70 en Venezuela se han
gestado proyectos de fusión con énfasis en lo autóctono. Vytas Brenner
y Gerry Weil, dos músicos de origen europeo, fueron pioneros en mezclar
ritmos y melodias de varias regiones del pais con rock y jazz. Incluso
hubo bandas como La Cuarta Calle que crearon el Joropop, una mezcla de
joropo con ritmos pop. Chelique Sarabia experimentó con las
posibilidades de la electrónica a principios de aquella década,
mientras Aldemaro Romero imponía la famosa Onda Nueva, a base de jazz,
bossanova y música tradicional venezolana. Todos estos intentos fueron
maneras diferentes de abordar dos mundos en apariencia alejados, pero
muy cercanos en la realidad.
En la actualidad, un esfuerzo como el del compilado Simón Diaz Remixes
maneja con inteligencia la idea de redimensionar una parte fundamental
del legado de nuestra música con raices. Aunque las fuentes de
inspiración no son para nada nuevas, si lo son las herramientas y el
resultado que se produce al manipularlas.
Quizás haya que utilizar términos más amplios, que no caduquen al cabo
de unos años, como “folklore urbano” o “folklore contemporáneo” para
referirse a las formas musicales nacidas en las ciudades, un proceso
imparable desde que se acentuó la migración del campo a los centros
urbanos. El folklore de las ciudades es dinámico, por ello se han
producido mutaciones de todo tipo: salsa, hip-hop, reggaeton y todas
las formas localistas que han tomado el rock y el jazz, ello sin
olvidar los sonidos de corte tradicional. El alcance del vocablo
Neo-floklore ha calado en algunos, mientras para otros no deja de ser
una calificación inadecuada y bastante limitada. Su alcance todavía no
está del todo claro aunque, por ahora, tampoco la falta de claridad lo
invalida. Será el tiempo quien decida si el neo-folklore fue una
ocurrencia del momento o un movimiento musical auténtico y renovador.
Muchos han tratado de subirse al tren del llamado neo-folklore de forma
oportunista, para de esa forma entrar en la programación de las
emisoras de radio. Otros, por el contrario, han concebido obras
relevantes que obligan a redefinir el significado de folklore. Y en eso
estamos.
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Fuente: 32puertas.com

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