|
TIFF y Brasil en Pantalla: Última parada 174 |
|
|
|
Escrito por Roxana Olivera
|
|
viernes, 19 de septiembre de 2008 |
TIFF y Brasil en Pantalla
Última parada 174
Por Roxana Olivera
 Cuando Bruno Barreto convirtió el documental de José Padilha Ómnibus 174 en película el director no sólo logró pintarnos un rostro humano de aquel muchacho de Río de Janeiro quien, bajo la influencia de las drogas, cometiera el sonado secuestro de un ómnibus de la línea 174 en junio del 2000, sino, más bien, nos pone a Brasil en pantalla.
En Última parada 174 Barreto pone en pantalla a aquel Brasil cruel e invisible que los promotores turísticos hubieran preferido que no existiera. Nos presenta a un Brasil de pobreza y violencia en el cual reina la indiferencia, la corrupción y el abuso de derechos humanos. En Última parada 174 no desfilan bailarinas exóticas sino olas de balas que bañan en sangre a niños abortados por la sociedad. Aquí no hay playas de aguas cristalinas sino acequias de sangre que corren por las barriadas de fantasmas.
En esta película, presentada este año en el Festival Internacional de Cine de Toronto, Michel de Souza, juega el rol de Sandro (el personaje principal), un niño que encuentra a su madre bañada en un charco de sangre tras ser acuchillada por unos jóvenes ladrones.
Traumatizado por el asesinato de su madre y rechazado por su tío político, Sandro va a Copacabana en busca del sueño que compartía con su madre. Una vez allí, Sandro conoce a Alessandro, otra víctima de la violencia quien, cuando apenas tenía unos meses de edad, fue arrancado de los brazos de su madre (Marisa) por no pagarle una deuda a un traficante de drogas, y se encuentra ahora atrapado en el mundo de la delincuencia. Ambos terminan en un centro de detención juvenil.
A su vez, Marisa, la madre de Alessandro, ahora hechizada por la religión, acude al centro de detención convencida que Sandro es su hijo. Pese a sus sinceros esfuerzos, Marisa no logra rescatar a Sandro de la cruda realidad que lo atormenta y al final se convierte en el secuestrador del ómnibus. Tras desgarradoras escenas, varios espectadores del secuestro y representantes de la prensa piden a gritos la pena de muerte. Sandro muere en manos de la policía mientras que Marisa y Alessandro sufren por la pérdida de ese niño invisible a quien Brasil convirtió en delincuente.
SEP 2008

|