-Guión para Radio-
SONIDO: TEMA DE PRESENTACIÓN DEL ESPACIO. A SEÑAL, BAJA A FONDO.
LOCU 1: (LIGERA RESONANCIA) Esta es tu novela.
LOCU 2: Espacio de la C.M.H.W. para los que gustan del drama del hombre de todos lo tiempos.
LOCU 1: Hoy con el capítulo...
SONIDO: LIGA CON EL TEMA DE LA SERIE. A SEÑAL, A FONDO.
LOCU 2: (FILTRO) Hijo, espantado de todo, me refugio en ti.
LOCU 1: (LIGERA RR) Los hijos.
LOCU 2: Original para la radio del escritor Luis Cabrera Delgado.
SONIDO: DESTACA Y BAJA A FONDO.
LOCU 1: Capítulo diez (1).
---------------------------
(1) NOTA DEL ESCRITOR.
He dudado mucho en escribir este capítulo en forma de guión de radio,
pero por todo lo que en él se tiene que decir, exige de este formato.
Ahora bien, si usted sigue leyendo la novela como hasta ahora lo ha
venido haciendo, de seguro este capítulo lo va a aburrir y posiblemente
decida interrumpir la lectura de Brizna al viento cuando ya le falta
tan poco para terminarla. Para que ello no ocurra, apelo al principio
de que la literatura es un acto de co-creación entre el escritor y el
lector. Ya yo hice mi parte, y ahora le corresponde a usted hacer la
suya. En este capítulo debe hacer una lectura dramatizada. No lea de
corrido ni mucho menos mecánicamente. Para lograr lo que se necesita
que usted haga, pongamos de ejemplo la frase que en un momento dado le
dice Miguel a Camilo Alberto: "Hay cosas que tú no has vivido y no las
puede saber". Cuando la lea, tiene que sentir lo que el personaje está
diciendo, vibrar junto a él, pues como el protagonista de la frase, en
realidad no puede hablar, usted tiene que hacer una lectura que le
ayude a su imaginación a oír a Miguel en todo su dramatismo. El "hay
cosas" el muchacho lo ha dicho con una gran fuera interior. "Cosa" es
un término impreciso y por lo tanto caben en él muchas
interpretaciones. Si Miguel se pusiera a enumerar una a una a las que
se refiere, el diálogo sería monótono y necesariamente frío, mas como
esas "cosas" de las que habla, tienen para él una intensa carga
afectiva, las resume en una palabra que por no especificar nada en
particular, puede contener esa gran emotividad. "Hay cosas que tú". La
partícula "tú" es como un bofetón y ha sido dicho con tanta energía que
después de ella, el personaje necesita hacer una pequeña pausita para
coger aire y reponerse. "Hay cosas que TU (PAUSITA) no has vivido".
Tenga presente que se vive día a día, minuto a minuto, por lo tanto,
con este núcleo comunicativo se hace una generalización de todos esos
momentos, así que para poder denotar el paso del tiempo, lo ha dicho de
manera rítmica: marcando cada sílaba. "Hay cosas que TU no-has-vi-vi-do
y no las puedes saber. Este último segmento de la expresión puede tomar
diferentes matices, y dejo a su elección la que prefiera. Miguel puede
haberlo dicho con toda la superioridad que un conocedor tiene ante un
ignorante. La ignorancia de Camilo de algo que Miguel considera de
vital importancia, puede despertarle lástima, y lo exprese con
compasión. Puede habérselo dicho con agresividad. Con burla (recuerde
que Miguel tiende a ser burlón). Con inseguridad, pues puede tener
dudas en cuanto a que Camilo las sepa o no. Irónicamente. Con temor a
la reacción de Camilo ante lo que no deja de ser una acusación crítica.
En fin...
Otro asunto que le puede ayudar a la hora de oír hablar a estos
personajes, es saber que Camilo es más plano, más frío, menos
expresivo. Tiene altas y bajas sólo en momentos cumbres del diálogo,
pero estas respuestas con un ligero tono emotivo son de corta duración;
mientras que Miguel, además de por su juventud y dinamismo, es más
emotivo, y su hablar está lleno de matices. Camilo es como una película
en blanco y negro en pantalla pequeña. Miguel es en colores y
cinemascope.
Si aún, con todas estas explicaciones, no logra oír a los personajes
dialogando, puede usar un último recurso y consiste en pedirle a
alguien que lo lea a dúo con usted en voz alta. Uno lee los textos de
Miguel, y el otro, los de Camilo. No conozco a la persona que lo va a
ayudar a leer, pero sabiendo que usted ha tenido que llegar a este
método, me atrevería a recomendarle que sea usted quien lea los
bocadillos de Camilo y deje a su colaborador que se desarrolle
interpretativamente con las posibilidades que da Miguel. Mas no se
sienta mal por esto. Todo el mundo no nace con los mismos dotes. Quizás
usted no logre hacer una buena lectura dramatizada, pero hará bien
otras muchas actividades: arreglar relojes, conservar el equilibrio con
los ojos cerrados, sacar porcientos en la mente, recordar números
telefónicos... O quizás es que no tuvo la posibilidad de desarrollar
sus aptitudes histriónicas para que se convirtieran en capacidades.
Estoy seguro que usted nunca ha tenido la oportunidad de trabajar en
una representación teatral, ni como aficionado, me refiero. El caso mío
es más triste. En mi adolescencia intenté participar en una obra de
teatro y el director, que no era otro que el cocinero del colegio de
Colón donde hice parte de mi bachillerato y que por sus habilidades y
gusto artístico, organizaba las veladas culturales, me dio dos papeles.
En el segundo acto hacia de ujier y llegado el momento, tenía que tocar
en la puerta, entrar a escena y decir: "¿Da permiso el señor
Presidente? Un desconocido pregunta por su Señoría, dice llamarse José
Agustín Vilarronda". Como no hubo manera, a pesar de los muchos
ensayos, que yo dijera aquello de forma creíble, el director decidió
que sólo tocara en la puerta y entrara, entonces el que hacía de señor
Presidente, decía: "Sí, ya sé que José Agustín Vilarronda me busca.
Dile que pase". En el cuarto acto hacía de pueblo. No tenía que entrar
al escenario, sólo gritar en "off": "Justicias, justicias", muchas
veces y con diferentes voces. Esto se resolvió con una campana tocando
a arrebato para que uno de los personajes en escena comentara asustado
que el pueblo se había rebelado y pedía justicia.
La radio tiene otros recursos acústicos además de la palabra misma. Son
los efectos y la música. Los primeros son fáciles de imaginar, pero no
por ello dejan de ser importantes. No deje de tenerlos presente en su
imaginación sonora cuando lea, pero si no lo logra, provoque realmente
los ruidos de vasos, pasos, puertas, sillas, etc. Y la música. Creo que
después de la palabra, la música es el recurso más expresivo con que
cuenta el hombre. En este capítulo, ella va a jugar un papel muy
importante, y de usted depende. Yo hubiera podido sugerirle en cada
momento, determinadas obras musicales, pero ello me hubiera obligado a
usar aquella melodías más conocidas: el tema inicial de la Quinta
Sinfonía de Bethoveen: "papapapán", el Rondó a la Turca de Mozart, el
adagio del segundo acto del ballet El lago de los cisnes de Tchaikowski
cuando los violines lloran o la Polonesa número cuarenta y dos de
Chopín, por poner algunos ejemplos, pero precisamente por ser las más
conocidas, están manidas y no se prestan para una buena musicalización,
así que, como ya le dije, dejo la música a su elección. Trate de
identificar la obra que va a usar en cada momento. Puede, en un trabajo
previo a la lectura definitiva, anotarlas en el mismo libro para
facilitar su evocación. Si tiene tocadiscos, grabadora o cualquier otro
equipo sonoro que los japoneses inventen de aquí a que mi novela se
publique, trate de escuchar las piezas y seleccione los pasajes más
efectivos para que cumplan su papel en los momentos que usted lee los
parlamentos en los que se señala hay música. Si es necesario, póngalos
en ese momento.
No se preocupe. Verá que todo sale bien. Adelante.
---------------------------------------------------------
SONIDO: CESA TEMA. TIMBRE DE TELÉFONO EN TERCER PLANO.
EFECTO: ABRE PUERTA DE LA CALLE. PASOS QUE ENTRAN. CIERRA LA PUERTA. PASOS.
SONIDO: TIMBRE ACERCÁNDOSE A PRIMER PLANO A MEDIDA QUE LOS PASOS AVANZAN.
MIGUEL: (PARA SI) Parece que en esta casa no hay nadie.
EFECTO: CESAN PASOS. DESCUELGA TELÉFONO.
SONIDO: CESA TIMBRE.
CAMILO: (SEGUNDO PLANO) Si es para mí, no estoy.
MIGUEL: (SORPRENDIDO) ¡Eh! (TR) Oigo. (PAUSA). Hola. Es Miguel. (PAUSA)
Acabo de llegar, mami no está y (CON INTENCIÓN) parece que en esta casa
no hay nadie. (PAUSA) Bueno. Chao.
EFECTO: CUELGA TELÉFONO.
CAMILO: (SEGUNDO PLANO) ¿Quién era?
MIGUEL: Por fin, ¿estás o no estás?, porque si no estás como me dijiste, debo estar hablando con un fantasma.
CAMILO: (SEGUNDO PLANO) No estoy para gracias, Miguel...
MIGUEL: (CORTA BURLÓN) Últimamente.
EFECTO: PASOS A PRIMER PLANO.
CAMILO: ¿Quién era?
MIGUEL: Dolores, una compañera de mami del Pedagógico.
Yo creo que tú ni la conoces.
CAMILO: Claro que sí.
MIGUEL: ¿Por qué no habías cogido el teléfono?
CAMILO: Es que por el timbre me pareció que...(TR) No me hagas caso. No sé por qué te digo esto.
MIGUEL: Quizás para que te coja lástima.
CAMILO: ¿A qué viene eso?
MIGUEL: Pero no. En todo caso me tendré lástima yo mismo.
CAMILO: ¿Tú? ¿Por qué?
MIGUEL: Porque el hombre que se casó con mi madre, el hombre que se
supone sea como mi verdadero padre, pues para algo me crió, parece que
tiene miedo de una llamada telefónica.
CAMILO: Tú no entiendes más de cuatro cosas, Miguel.
MIGUEL: Bueno, tanto como no entenderlas, no. Yo lo que no las entiendo
a tu manera. Las entiendo a la mía, y con este asunto, hace tiempo que
llegué a la conclusión de que no te atreves a enfrentar los hechos.
Pero bueno, no vale la pena...
EFECTO: PASOS HASTA SEGUNDO PLANO. SE DETIENEN.
CAMILO: Miguel.
MIGUEL: (EN SEGUNDO PLANO). ¿Qué?
CAMILO: ¿Quieres tomarte un trago de ron conmigo?
MIGUEL: ¿Estás tomando?
CAMILO: Sí.
MIGUEL: Te acepto, porque una invitación tuya de ese tipo no se da
todos los días, y además, porque... (TR) Déjame tomar primero un poco
de agua.
EFECTO: PASOS DESDE SEGUNDO SE ALEJAN.
MIGUEL: (LIGADO. ALEJÁNDOSE) O si quieres ven para la cocina.
CAMILO: (PROYECTA) Voy. Déjame llevar la botella.
MIGUEL: (PROYECTA DESDE TERCER PLANO) ¿Saco hielo para ti?
EFECTO: PASOS.
CAMILO: El ron no se toma con hielo.
EFECTO: CESAN PASOS. CIERRA REFRIGERADOR.
MIGUEL: Para gustos se han hecho colores.
EFECTO: MUEVE TROZO DE HIELO DENTRO DE UN VASO VACÍO.
MIGUEL: Aquí está mi vaso.
EFECTO: VIERTE LIQUIDO EN VASO.
CAMILO: Y así hablamos un poco. (TR) ¿Tú sabes que tú y yo casi nunca conversamos? (TR) Ahí tienes.
EFECTO: VASO SOBRE LA MESA. VIERTE DE NUEVO LIQUIDO EN VASO.
MIGUEL: ¿Tienes tiempo?
CAMILO: Vamos a brindar.
MIGUEL: ¿Por qué brindaremos?
CAMILO: Por el respeto y el entendimiento.
MIGUEL: (BURLÓN) ¿De los pueblos?
CAMILO: No. De nosotros dos.
MIGUEL: Entonces: y por el cariño.
EFECTO: CHOCAN VASOS.
CAMILO: (TOMA) ¿Así que por el cariño?
EFECTO: MUEVEN SILLAS Y SE SIENTAN.
CAMILO: ¿Tú crees que entre nosotros no haya cariño?
MIGUEL: (BURLO) Según el Código de Familia vigente en nuestro país, formamos un núcleo ejemplar.
CAMILO: ¿Tú no me quieres?
MIGUEL: (SERIO) De cierta manera...sí. Creo que sí. (PAUSA. TOMA) ¿Y tú a mí? (TR) Siempre me ha parecido que no.
CAMILO: (SONRÍE NERVIOSO) ¡Qué cosas tienes, muchacho! (QUERIENDO BROMEAR) Además, eres el único que tengo
conmigo. Ángel en la Unión Soviética...
MIGUEL: (CORTA) Perdón, y por una cuestión de orden. En Ucrania. Ya la Unión Soviética no existe. Recuérdalo bien.
CAMILO: Y Melbita en La Habana.
MIGUEL: ¿Ya? (TR) Decididamente tienes mala memoria. (TR) Y Camilo Ernesto y Alberto Raúl en Miami.
CAMILO: (PENSATIVO) En Miami.
MIGUEL: ¿Tú creías que la llamada era de uno de ellos?
EFECTO: VIERTE LIQUIDO EN VASO.
CAMILO: (TOMA) Sí.
MIGUEL: ¿Qué edad tenían tus hijos cuando se fueron?
CAMILO: Cuando se los llevaron. (TR) Camilito tenía cinco y Alberto Raúl, tres.
MIGUEL: Yo nunca he visto fotos de ellos.
CAMILO: Por ahí hay un álbum de cuando eran chiquitos.
MIGUEL: No, no. Esas sí. Yo te digo de muchachos, de hombres, de ahora.
CAMILO: Una vez, Coca, una hermana de mi suegro...(RECTIFICA) Del
abuelo de los muchachos, quise decir, que vivía en La Habana, me dio
una que no sé ni por dónde anda, pero fue al poco tiempo de estar allí.
Todavía eran unos niños.
MIGUEL: ¿La que llevaste oculta a Angola?
CAMILO: (SORPRENDIDO) ¿Cómo tú sabes eso? ¿Tú mamá te lo contó?
MIGUEL: No.
CAMILO: Por algo tienes que saberlo.
MIGUEL: Los adultos se creen que los niños no oyen ni, mucho menos, que
comprenden todo lo que ocurre a su alrededor. (TR) Una vez lo hablaste
con mami delante de mí.
CAMILO: Está en la gaveta de mi mesita de noche.
MIGUEL: ¿Nunca le has escrito?
CAMILO: No.
MIGUEL: ¿Te podía perjudicar?
CAMILO: ¿Perjudicar?
MIGUEL: Sí. Políticamente. A los militantes nunca les habían dejado que se comunicaran con los familiares en el extranjero.
CAMILO: ¿Y no puedes pensar que no lo hice porque me podía perjudicar en otro sentido?
MIGUEL: ¿En cuál?
CAMILO: En el afectivo.
MIGUEL: Pero el no haber tenido relación con tus hijos, te tiene que haber afectado también.
CAMILO: Sí. Mucho.
MIGUEL: ¿Entonces?
CAMILO: Había que ver cuál de las conductas es más dañina o, al menos,
cuál lo sería para mí. Primero, cuando se los llevaron, yo me
desesperé: pensé que me iba a volver loco e hice todo lo que pude para
que dejaran ir a buscarlos de cualquier manera, pero no fue posible.
MIGUEL: No te lo permitieron.
CAMILO: Imagínate qué problema... político se hubiera creado en el
plano diplomático si el gobierno de Cuba le hubiera permitido a un
cubano ir, tal vez de manera clandestina, a los Estados Unidos a
rescatar a sus hijos y traerlos de vuelta para aquí. (TR) Yo lo
entendí.
MIGUEL: Tú sabes, ya eso lo hemos discutido, que hay muchas cosas de
este gobierno que yo nunca he entendido muy bien. Unas veces sí, y
otras veces no. Y no sólo en esto, sino en otros muchos asuntos. Un
tipo procedente de los Estados Unidos puede entrar clandestinamente a
Cuba y llevarse dos niños para allá en contra de la voluntad de su
padre. (TR) Oye, aquí por cosas menores se ha armado tremendo rollo. Se
han invocado los derechos humanos, los principio, ¡se ha ido hasta la
ONU! Aquí todos, ¡hasta el pipirigallo!, hemos tenido que salir a
protestar en Marchas del Pueblo Combatiente y hemos estado dispuesto a
cualquier cosa: ¡hasta a la guerra nuclear! Sin embargo, se roban a tus
hijos y entonces te convencen de que no es diplomático que tú vayas y
los recuperes.
CAMILO: (SIN MUCHOS ARGUMENTOS) Hay cosas que tú no entiendes
MIGUEL: Sí, sí las entiendo, a mi manera y no como dicen que tengo que entenderlas.
CAMILO: ¿Tú piensas que yo...?
MIGUEL: (CORTA) ¡Pienso! Eso es ya bastante, pero me parece que nos
vamos a desviar inútilmente del tema. (TR) Como diría mami:
recapitulemos.
CAMILO: Recapitulemos.
MIGUEL: Te llevan a tus hijos.
CAMILO: Sí.
MIGUEL: No los puedes recuperar.
CAMILO: Exacto.
MIGUEL: Se te presentan entonces dos alternativas. Te comunicas o no te
comunicas con ellos. Según tú, cualquiera de las dos conductas te
creará problemas.
CAMILO: Así es.
MIGUEL: Y entonces decides no saber más de ellos.
CAMILO: (AFIRMANDO) No.
MIGUEL: ¿Por qué?
EFECTO: VASO. VIERTE LIQUIDO.
CAMILO: ¿Te sirvo?
MIGUEL: No. En quince años que llevamos juntos, creo que es la primera vez que nos sentamos a conversar como...
CAMILO: (CORTA) ¿Cómo padre e hijo?
MIGUEL: No. Como dos amigos, y quiero estar claro.
CAMILO: Oye, esto no es ron malo. Esta botella la traje de Venezuela.
MIGUEL: ¿Por qué, Camilo?
CAMILO: ¿Que por qué traje este ron de Venezuela?
MIGUEL: No.
SONIDO: MÚSICA APROPIADA DE FONDO.
CAMILO: (BEBE) Para mí fue muy duro esa decisión, pero si no iba a
poder estar con mis hijos, si no iba ni siguiera a poderlos ver, si se
iban a criar en un medio con una creencia y con principios
irreconciliables con los míos, preferí darlos por muertos y llorarlos
una sola vez. De lo contrario, siempre iba a estar sufriendo la
situación. (PAUSA) La muerte es la única separación a la que uno se
adapta, ¿y sabes por qué? Porque el muerto se entierra y no se ve más.
Si cuando un ser querido muere, tú lo pudieras dejar en la casa para
estarlo viendo a toda hora del día, o, si aunque no lo tuvieras
presente, pudieras saber de él, hablar con él cada cierto tiempo,
siempre tendrías el dolor de no tenerlo contigo, a tu lado.
MIGUEL: ¿Entonces mataste a tus hijos?
CAMILO: Ellos murieron para mí.
SONIDO: MÚSICA DILUYE.
MIGUEL: Pero el problema es que no es verdad. Tus hijos están vivos. ¡Vivos!.
CAMILO: Lo sé, pero no quiero saber de ellos.
MIGUEL: Camilo, mira, mientras tus hijos fueron niños, tuvieron que
aceptar tu decisión, pero eso fue por mucho tiempo ya, y ahora son
adultos. Con toda razón se creen con el derecho de expresar su
voluntad, y que se les oiga, acerca de la relación que quieren con su
padre.
CAMILO: Está bien. Esa será su voluntad, pero no me la pueden imponer.
MIGUEL: Como tampoco tú les puedes imponer la tuya.
CAMILO: Tres veces he cambiado el número del teléfono de la casa. No sé
cómo lo averiguan. (TR) Alguien se lo tiene que estar dando.
MIGUEL: Yo.
SONIDO: MÚSICA DRAMÁTICA DE FONDO.
CAMILO: ¿Quién?
MIGUEL: Yo.
EFECTO: CORRE SILLA. SE PONE DE PIE.
CAMILO: Yo no puedo creer que tú... (TR) (MOLESTO) Esas son las cosas
tuyas que yo no comprendo, Miguel. (TR). ¿Pero cómo tú has podido...?
EFECTO: VIERTE LIQUIDO EN VASO.
MIGUEL: (PAUSADO) Por el respeto y el entendimiento.
CAMILO: SUSPIRA HONDO PARA CALMARSE.
EFECTO: CORRE SILLA Y SE SIENTA.
CAMILO: ¿Por qué lo hiciste?
MIGUEL: Por solidaridad. (TR) No socialista: solidaridad humana. (TR) Hay cosas que tú no has vivido y no las puedes saber.
CAMILO: ¿Como cuáles? (TR) Para ver si logro entenderte, ¿no?
SONIDO: FILTRA MÚSICA APROPIADA DE FONDO.
MIGUEL: Como no tener padre, o lo que es peor, haberlo tenido y un buen
día...¡zas!, desaparece. Tú eres un niño y no sabes lo que ha ocurrido,
y lo que te dicen, sabes que es mentira, que te están tratando de
engañar. Te quedas perdido, porque se te acaba la seguridad, el cariño:
¡todo!
CAMILO: En el caso de mis hijos, yo no tuve la culpa.
MIGUEL: Eso a ellos no debe haberle servido de mucho, y tú no sabes, no
puedes saber, lo que es vivir un día tras otro con miedo y sin esa
figura que era tan importante para ti. No, Camilo, eso hay que vivirlo.
CAMILO: Se que no es igual, pero al menos tú me tuviste a mí.
SONIDO: CESA.
MIGUEL: (SE RÍE BURLÓN) Eres un vulgar materialista mecanicista. Estás
aplicando la ley universal de la concatenación de los fenómenos de la
realidad objetiva, pero esa mierda aquí, en el pecho, no funciona. Si
hoy en día pudiera encontrarme con mi padre, si pudiera al menos
hablarle por teléfono, no habría nada en este mundo que me lo
impidiera. (TR) ¿Cómo crees que no le voy a dar el número de teléfono
de esta casa a tus hijos?
CAMILO: ¿Tú... has hablado con ellos?
MIGUEL: Sí. Me han llamado al trabajo.
CAMILO: ¿Qué le has dicho?
MIGUEL: ¿Qué les voy a decir? Que son unos cobardes y unos pendejos.
Que cojan un avión y que venga para acá y se te paren delante y te
digan: papá, aquí estamos. Y ya. (PAUSA) (TR) ¿No quisieras verlos?
CAMILO: Cuando te invité a un trago, dijiste que me aceptabas por dos
razones. Una era que no todos los días yo hacía una invitación
semejante. ¿Y la otra? La otra razón no la dijiste.
MIGUEL: Porque tomar solo no es bueno. Cuando dos personas se reúnen a
tomar, es un acto social, un motivo para la comunicación. (TR) (BURLÓN)
Aunque sea para meterse mentiras (SERIO) y puede ser hasta algo útil,
pero tomar solo... Es... Bueno, puede ser por muchas razones, pero
nunca es sano, y últimamente te veo, no sé, preocupado: disgustado.
CAMILO: Yo pensé que no te fijabas mucho en mí.
MIGUEL: (BURLÓN) A veces.
CAMILO: ¿Van a venir?
MIGUEL: ¿Tus hijos?
CAMILO: Sí.
MIGUEL: Cuando se pensó, por los disturbios en La Habana, que el
Gobierno abriría de nuevo las fronteras del mar, alquilaron un yate
para venir a buscarnos, y me llamaron...
CAMILO: (CORTA) ¿Y tú qué le dijiste? (TR) Yo no puedo pensar...
MIGUEL: Despreocúpate, Camilo. Yo no estoy loco ni soy anormal. Claro
que les dije que ni se les ocurriera. Iban a venir por gusto, porque
nosotros no nos íbamos a ir y que aquí les llenarían el barco de
escoria y presidiarios y que tendrían que regresar con ellos como le
pasó a todo el que vino cuando Mariel.
CAMILO: (CORTA) Cuando Mariel se fue todo el que quiso irse.
MIGUEL: Yo sé de uno que cargó a la familia en el Mariel y como le
faltaba la suegra, antes de dirigirse a los Estados Unidos, le dio la
vuelta a la isla y fue hasta Santa Cruz del Sur a recogerla.
CAMILO ¿Y esa historia? (TR) Eso no es verdad.
MIGUEL: No. Claro que no. Pensé que había llegado el momento de empezar a decirnos mentiras, ¿no?
CAMILO: Conversar contigo es como caminar por un campo minado. En cualquier momento...
EFECTO: GOLPEA LA MESA CON LAS MANOS ABIERTAS.
MIGUEL: (CORTA) ¡Paf! Explota la bomba (SE RÍE).
CAMILO: ¿Tú eres así con todo el mundo?
MIGUEL: Un poco. Aunque fuera de los marcos de esta casa me tengo que
cuidar, pero con mis amigos y mi familia le puedo dar riendas sueltas a
mi gusto por atacar las actitudes oficialistas.
CAMILO: ¡Actitudes oficialistas! (TR) ¿Qué sabes tú de la vida?
MIGUEL: Más de lo que tú piensas.
CAMILO: (PAUSA) ¿Y tú y yo no podremos nunca hablar como dos amigos?
MIGUEL: Yo lo estoy intentando hace quince años.
CAMILO: Vamos a tratar de hacerlo ahora.
MIGUEL: Vamos. Pero vamos a decirnos la verdad, lo que de veras
pensamos. Nadie nos va a oír. Esto es una conversación entre dos
hombres, y lo que se hable no va a salir de aquí.
CAMILO: Está bien. Vamos a empezar. Me parece como si me estuvieras acusando de falsedad. ¿Tienes ese criterio de mí?
MIGUEL: Sí en muchos sentidos, y no es una acusación de carácter
personal. El problema de la mentira es que se ha convertido en
condición inherente al cubano. Todos nos hemos vuelto falsos, y lo
triste es que esta condición no entra en la escala de valores de
nuestra moral. Como robar.
CAMILO: Según tu teoría, tu mamá, por ejemplo, es falsa y mentirosa.
MIGUEL: Sí, y la quiero muchísimo. El tenerla en ese concepto no afecta mi relación con ella. (TR) ¿Qué te parece?
CAMILO: Yo me imagino que tengas elementos más que suficientes para
decir eso de tu madre, porque si no, sencillamente eres un monstruo.
MIGUEL: Mira, Camilo, vamos a dejar ese tema. (TR) Sírveme otro trago.
EFECTO: VASO.
CAMILO: No, Miguelito, no. Yo te quiero entender, pero lo que acabas de decir es algo muy serio.
MIGUEL: No me hagas caso.
CAMILO: (FIRME) Sí tú no respetas a tu madre, yo sí, y te exijo aclares eso o te retraigas.
MIGUEL: (APARENTANDO SUPERFICIALIDAD) Me retraigo. Ya te dije que todos somos unos mentirosos, y yo el primero de todos.
EFECTO: CORRE SILLA. SE PONE DE PIE.
CAMILO: Tú lo que eres, es un mierda, y yo no sigo hablando contigo.
EFECTO: PASOS SE ALEJAN. SE DETIENEN EN SEGUNDO PLANO.
MIGUEL: (PROYECTA) Yo soy un mierda, pero tú eres un infeliz.
CAMILO: (SEGUNDO PLANO) ¿Que yo soy un infeliz?
MIGUEL (RECUPERANDO SU COMPOSTURA) Vamos a dejar esta conversación, Camilo. Vamos a hablar de pelota.
EFECTO: PASOS LENTOS A PRIMER PLANO.
CAMILO: (ACERCÁNDOSE LENTAMENTE A PRIMER PLANO) Para ti es muy fácil
dejar esta conversación, pero para mí no. Ofendes a tu madre, te burlas
de mí y como si aquí no hubiera pasado nada.
MIGUEL: (POCO CONVINCENTE) Discúlpame.
CAMILO: (MOLESTO) Aquí el único falso eres tú. Estás pidiendo que te disculpe cuando en realidad no lo sientes.
MIGUEL: Tienes toda la razón, pero discúlpame. Olvidemos lo que dije.
CAMILO: Hasta que no me digas por qué piensas eso de tu madre o te
retraigas sinceramente. Lo que digas o pienses de mí, no me importa,
pero de Tamara sí.
MIGUEL: (PAUSA) ¿De veras quieres saber por qué lo pienso?
CAMILO: Naturalmente. Para ver hasta dónde eres capaz de llegar.
MIGUEL: Siéntate.
EFECTO: MUEVE SILLA. SE SIENTA.
MIGUEL: Sírveme un trago de tu ron venezolano.
EFECTO: VIERTE LIQUIDO EN VASO. PRIMERO EN UNO, DESPUÉS EN OTRO.
MIGUEL: Brindemos. (PAUSA. LE INSISTE) Vamos a brindar.
EFECTO: DESPUÉS DE UNA PAUSA CHOCAN VASOS.
MIGUEL: Por la verdad (TOMA) ¿Tú sabes por qué se suicidó mi padre?
CAMILO: Porque se quería ir del país y no podía.
MIGUEL: Mentira. (TR) Esa es la versión que fabricó mi madre.
(TR) ¿Y sabes por qué?
CAMILO: Si hubiera otra causa, estoy seguro de que tu madre la ocultó para no dañarlos a ustedes, a sus hijos.
MIGUEL: Mentira. (TR) ¿Tú sabes en realidad qué ocurrió?
CAMILO: No.
MIGUEL: Mentira. Sí lo sabes.
CAMILO: ¿Qué te han dicho?
MIGUEL: Mentiras y verdades. (TR) ¿Tú consideras que mi madre es comunista?
CAMILO: Claro que sí.
MIGUEL: ¿Y si yo te dijera que no, que su actitud con respecto a sus principios revolucionarios es totalmente falsa?
CAMILO: ¿Y a qué viene eso con el suicidio de tu padre?
MIGUEL: ¿Tú sabes que mi madre intentó irse de este país?
CAMILO: ¿Tu madre?
MIGUEL: ¿Y que ella fue la que se lo propuso a mi padre?
CAMILO: No lo sé ni creo que sea verdad.
MIGUEL: ¿Y que nos iba a llevar a mi hermano y a mí en una lancha? (TR)
Todo tiene que ver. La ley de la concatenación universal de los
fenómenos a veces funciona. (TR) Tú no sabes nada de eso, ¿verdad?
CAMILO: No.
MIGUEL: En los pueblos pequeños, todo el mundo es familia. Los
milicianos de Nazábal que cogieron al grupo que intentaba irse
clandestino de Cuba esa noche, soltaron a las mujeres y sólo se
llevaron preso a los hombres.
CAMILO: ¿Quién te contó eso?
MIGUEL: Mi padre estuvo tres años en la cárcel y cuando salió, a mi
madre, por no divorciarse de un tipo que había intentado irse del país,
le cuestionaron que pudiera seguir trabajando como profesora en una
Secundaria Básica.
CAMILO: Hoy esas medidas parecen extremistas, pero en aquellos momentos, eran necesarias.
MIGUEL: Mi padre, mecánico principal del Central, tuvo que empezar a
trabajar como machetero en una brigada de cortadores de caña, hasta que
logró que lo pasaran de estibador a un almacén de comida.
CAMILO: Allí mismo fue donde un año después se ahorcó.
MIGUEL: Porque había estado robando leche en polvo para nosotros. Lo
descubrieron, y ante la certeza de que lo llevarían de nuevo para la
cárcel, prefirió suicidarse.
CAMILO: Todo eso es cierto.
MIGUEL: Ángel y yo teníamos cinco años.
CAMILO: Por eso Tamara ocultó la verdad, para que ustedes no se criaran con la vergüenza de un padre ladrón.
MIGUEL: Mentira. Esa fue su versión, pero la verdad es otra.
CAMILO: ¿Cuál?
MIGUEL: Con un marido contrarrevolucionario y que se suicidó por
ladrón, mi madre no hubiera podido seguir trabajando en una escuela, y
tuvo miedo de tener que ganarse la vida como jornalera agrícola.
CAMILO: ¿Y?
MIGUEL: Lo primero fue que llegó a la conclusión de que para sobrevivir
en este país, había que, al menos aparentar, ser comunista. Mi padre, y
esa fue su versión, se suicidó porque se quería ir del país, pero ella,
identificada con el proceso revolucionario, no lo secundó ni mucho
menos le permitía que se llevara a los hijos. (TR) ¡Genial!
CAMILO: Sin sarcasmos, por favor.
MIGUEL: Es sin sarcasmo. De veras que lo considero genial. Se mudó para
Santa Clara y aquí empezó una nueva vida: miliciana, federada,
cederista..., comenzó a hacer guardias, a ir a las movilizaciones
agrícolas y a concentraciones. Logró una plaza en la Secundaria de
Cifuentes, y como ahí fue donde tú la conociste, sabes el resto de la
historia.
CAMILO: ¿Y por qué tendría que creerte?
MIGUEL: ¡No! No tienes que creerme. Tú querías la razón por la que
también consideraba a mi madre como falsa y mentirosa. Esa es, y yo la
creo.
EFECTO: VIERTE LIQUIDO EN VASO.
CAMILO: BEBE.
EFECTO: VASO SOBRE LA MESA.
CAMILO: Dos preguntas. ¿Por qué sabes que Tamara llegó a la conclusión
de que debía aparentar ser revolucionaria? Y la otra, ¿tú no crees que
en una persona haya la posibilidad de cambiar sus ideas?
MIGUEL: Sí.
CAMILO: En este país había un sentimiento anticomunista muy fuerte, y
hubo muchas personas que se retrajeron cuando se declaró el carácter
socialista de la Revolución; después, poco a poco, se dieron cuenta de
la falsedad de lo que les habían hecho creer del comunismo, y volvieron
a darle todo su apoyo al Gobierno. (TR) ¿No crees que Tamara haya
podido tener una evolución política verdadera y sincera?
MIGUEL: Puede ser...(TR) Debe haber sido algo así.
CAMILO: Ahora eres tú quien está mintiendo.
MIGUEL: Es cierto.
CAMILO: ¿Entonces?
MIGUEL: Cuando mi madre regresó del cementerio de enterrar a mi padre,
se encerró con tío Cuco, abuelo y abuela y se los dijo.
CAMILO: ¿Qué les dijo?
MIGUEL: ¿Textualmente?
CAMILO: Si lo sabes.
MIGUEL: "A partir de hoy, voy a ser más comunista que Fidel".
CAMILO: ¿Quién te contó todo eso?
EFECTO: DOS GOLPES CON LOS NUDILLOS DE LOS DEDOS SOBRE LA MESA (2).
CAMILO: (TODO EL TIEMPO IN CRECHENDO) ¿El borracho de tu tío Cuco?
MIGUEL: No sé. No me preguntes.
CAMILO: ¿Tu abuelo con la demencia conque murió?
MIGUEL: Te dije que no sé.
CAMILO: ¿O la histérica de tu abuela?
MIGUEL: No tengo por qué decírtelo. Es más, no quiero decírtelo.
CAMILO: ¿Tamara?
SONIDO: MÚSICA DE TENSIÓN A FONDO.
CAMILO: (PAUSA) Entonces sólo pudo ser ella.
MIGUEL: Pregúntale.
SONIDO: SUBE Y BAJA. CESA.
CAMILO: (SIN LA FUERZA DE LA ESCENA ANTERIOR) ¿Y tú? ¿Te crees puro?
EFECTO: VIERTE LIQUIDO EN VASO.
MIGUEL: BEBE.
EFECTO: VASO SOBRE LA MESA.
MIGUEL: No es un problema de pureza, Camilo. Es el miedo conque uno pueda vivir.
CAMILO: ¿A qué pudiera tenerle miedo yo?
MIGUEL: ¿Tú? (TR) A tantas cosas. (TR) Tú eres un gran cobarde.
CAMILO: ¡Me maravillan tus ideas...y tu sinceridad! (TR) Nunca imaginé que pensaras eso de mí. (TR) Me has sorprendido.
MIGUEL: Ahora quien trata de ser sarcástico, eres tú. Pero no me ofendes. Lo haces por miedo.
CAMILO: Bueno, pero dime algo, una cosa, a la que yo le tenga miedo.
EFECTO: VIERTE LIQUIDO AL PISO. SE MUEVE BRUSCO. CORRE SILLA.
-----------------------------------------------------
(2) Práctica común entre los jugadores de dominó en Cuba para
denotar que no jugarán esa vez por no tener ficha.
CAMILO: ¿Qué estás haciendo?
EFECTO: CESA LIQUIDO. BOTELLA SOBRE LA MESA.
MIGUEL: Botando el ron.
CAMILO: ¿Ya estás borracho?
MIGUEL: Tienes miedo a perder algún que otro privilegio: tomar buen ron
venezolano, por ejemplo. (TR) Oye, en este país no todo el mundo puede
ir a Venezuela y traer una botella de...(LEE) Santa Teresa. Ron Añejo.
CAMILO: ¡Qué poco me conoces!
MIGUEL: A perder prestigio social.
CAMILO: (NERVIOSO. TRATA DE SONREÍR) ¿Y a qué más?
MIGUEL: A dejar de ser confiable.
CAMILO: Estás loco.
MIGUEL: Pero el miedo mayor de todos, es a reconocer que no has sido
más que una brizna al viento, de aquí allá y de allá para acá.
CAMILO: (TRATANDO DE APARENTAR QUE NO LE DA IMPORTANCIA A LO QUE OYE) Y a que venga una vaca y me coma.
MIGUEL: (SIN HACERLE CASO) En saber que te has equivocado.
CAMILO: (SERIO) ¿En qué?
MIGUEL: En algunas cosas. Pero serias. Importantes.
CAMILO: Yo no creo que el hombre sea sabio, y yo, mucho menos. Tienes
razón. Debo haberme equivocado en muchas cosas, pero no en mis
principios. De eso puedes estar seguro.
MIGUEL: ¿Qué principios?
CAMILO: Los de la Revolución. Esos son inviolables. Mi conducta es otra
cosa. Sé algunos de mis errores, otros no. (PAUSITA) Si pudiera volver
a empezar, muchas de las cosas que hice mal, las haría de manera
diferente, o al menos las intentaría.
MIGUEL: ¿Por ejemplo?
CAMILO: ¿Por ejemplo? (PAUSA). No sé... No me viene ahora nada a la cabeza.
MIGUEL: ¿Me dejas ayudarte?
CAMILO: Con tal de que no me explote una mina.
MIGUEL: Tus hijos.
CAMILO: (CON DUDA) ¿Mis hijos...?
MIGUEL: Has tenido miedo de enfrentarlos desde que se los llevaron de
tu lado y todos estos años has estado escondido. Ahora ellos te
descubrieron y quieren encontrarse contigo.
CAMILO: (NERVIOSO) ¿Cómo voy a tener miedo de mis hijos?
MIGUEL: Tampoco tienes miedo de perder privilegios ni prestigio ni confiabilidad. (TR) ¿No es así?
CAMILO: No tengo.
MIGUEL: ¡Coño, eres un tipo valiente!
EFECTO: TIMBRE DE TELÉFONO INSISTENTE EN SEGUNDO PLANO.
MIGUEL: ¿Qué hora es?
CAMILO: Está sonando el teléfono.
MIGUEL: Seis de la tarde. (TR) Son ellos. Iban a llamar a esta hora.
CAMILO: Y es el timbre de las llamadas internacionales.
MIGUEL: Sí. (TR) ¿Contestas?
SONIDO: MÚSICA DE TENSIÓN.
LOCU 1: ¿Contestará Camilo Alberto el teléfono? ¿Seguirá huyendo de sus hijos?
LOCU 2: No deje de oír mañana, a esta misma hora, el siguiente capítulo de la novela...
SONIDO: MÚSICA DE TENSIÓN LIGA CON TEMA DE LA SERIE.
LOCU 2: (LIGERA RR) Brizna al viento.
SONIDO: DESTACA MÚSICA Y A SEÑAL VA A FONDO.
LOCU 1: Trabajaron en el capítulo de hoy, como Camilo...
LOCU 2: Norberto Landestoy.
LOCU 1: Como Miguel...
LOCU 2: Miguel Tenorio Milord.
LOCU 1: Asesora Maritsabel Rodríguez Abdull.
LOCU 2: Musicalización de Luis Agesta.
LOCU 1: Dirección de Rogelio Castillo.
LOCU 2: Fueron sus locutores...
LOCU 1: María Leysa Olivera.
LOCU 2: Y Samuel Urquía.
SONIDO: DESTACA Y QUEDA.

|