Noticias
Portada
Nacionales
Internacionales
Concursos
Entrevistas
Toronteando
Festivales
Editorial
Contacto
¿Quiénes Somos?
Privacidad
Publique en Cañasanta
Colaboradores
CS Banners
Crí­tica de Cine
Crí­ticas de CD's
Gazapitos
Crí­tica de Libros
Enlaces/Links
Literatura
Narrativa
Ensayo
Poesí­a
El Dossier
Opinión
Artí­culo X
Artes Visuales
Pintura
Fotografí­a
Escultura
Artes Escenicas
Música
Danza
Cine
Teatro
Videos
Humor
Ojo Internacional
Gráfico
Literario
Especiales
CS Tunes
Reporte en Cañasanta
Anuncie con Nosotros
Chat
Radio

De duelos y despedidas Imprimir E-Mail
Escrito por Asirys Lappin   

 

De duelos y despedidas 

 

 

 Por Asirys Lappin



Image
¡¿Quién iba a negarle a Caridad que a sus ochenta y tantos años de vida tenía a la muerte cogida por los cuernos?! Ella que nunca fue importante y que no estudió porque su familia tenía previsto que fuera buena cocinera, mejor fregadora,  mujer servicial y excelente remendona; además de buena hermana cocinera, buena hija fregadora, esposa servicial y excelente madre remendona. Ella que siempre tenía cosas por hacer y que nunca tuvo tiempo ni para tomarse un respiro entre hijo e hijo, a estas alturas de su vida había encontrado su verdadera vocación. Otra forma de seguir siendo útil a la  medida de sus muchos años y últimamente, por lo único que la gente se le mostraba agradecida. Caridad tenía el arte de despedir duelos de amigos y familiares. Nadie hablaba como ella a la hora del adiós definitivo a un amigo muerto, a un familiar malogrado. Nadie tenía su serenidad, ni su lucidez. Uno de los inconvenientes de vivir tantos años es que acabas sobreviviendo a todo el mundo y un buen día caes en al cuenta que conoces más a los muertos que a los vivos. Vaya, que tus mejores recuerdos y experiencias vitales yacen a muchos metros bajo tierra y que no hay nadie que recuerde lo que tú, entonces te coge esa manía de hablarle a las paredes y Caridad sintió pánico el día que se descubrió llorándole a una pared. Fue por eso que decidió hablar con los vivos. Tenía que contarles que gracias a ese inconveniente ella tenía toda la autoridad que necesitaba para pedir la palabra y poner las cosas en su sitio. Justo en el momento en que los demás no encontraban fuerzas y se miraban resignados, cuando el eco del dolor de la madre, de la viuda, del hermano, de los hijos o los amigos, ya no retumbaba en las paredes de la funeraria, justo antes de cargar con el muerto a otra parte, ella encontraba el momento adecuado para el homenaje y el recuerdo. Caridad supo esta verdad cuando siendo aún una mujer joven y apetecible perdió a su primer marido de la noche a la mañana. De todos era su muerto más querido. Él le enseñó el dolor tremendo de la perdida, la impotencia y la temprana soledad. Ese día enmudeció de tristeza y echó en falta que alguien  le hablara a su muerto y le dijera de su parte que no sólo lo quería hasta el punto de querer morirse ahora mismito sino que era una cobardía suya irse de esa manera y dejarla a ella con tres niños pequeños, el menor de ellos esquizofrénico paranoico y que ya despuntaba una violencia que amenazaba con arrasar toda la casa. ¿A ver cómo se las arreglaba ella ahora tan sola, a ver?, pero nadie dijo nada. Sintió que la compasión que ahora despertaba en los demás era una losa que le doblaba el lomo y con cada pésame se encorvaba más y más. Pesaba demasiado y por eso mismo se abandonó a ella durante un tiempo. Otras palabras dichas en su justo momento la habrían consolado mejor, pensaba. Hay palabras que sostienen y que pueden acompañarte muchos años. Ella echó de menos algo así cada vez que recordaba el silencio alrededor de aquella caja absurda, revoloteando tan cerquita de su muerto hasta dejarlo indiferente. Volvió a casarse y tuvo contados años de esa felicidad sin aspavientos, luego su hombre volvió a morirse y ella decidió enterrarse en vida. Se dedicó a sus hijos en cuerpo y alma, convencida de que no iban a abandonarla nunca. Ahora después de muchos años, ya no tenía que velar por ellos y hasta el pequeño había llegado a convertirse en un hombre manso. Él era su admirador más efusivo y en los momentos en que fingía esa tos inoportuna que anunciaba  el comienzo de todos sus discursos, buscaba su mirada con la misma necesidad que hincaba su muleta para salir disparada de su asiento. Una vez en pie ya nada podía detenerla.



Recuerda con especial emoción aquella vez que murió un primo de su primer marido. Era coronel del ejército y tuvo unos funerales dignos de su rango militar. Tanta pompa hizo pensar  a los que tropezaron con la comitiva que el muerto era el mismísimo Comandante en Jefe que por aquellos tiempos agonizaba sin querer morirse, pero no, el muerto era uno de la familia y ahí estaba Caridad a punto de ponerse a toser y de soltar su arenga. Comenzó alabando su enorme corazón, su bondad y generosidad para con sus seres queridos y conocidos. La viuda la miraba agradecida, entonces continuó:

Mijito... pero el caso es que  no podemos querer a todo el mundo. El corazón es uno solo y no cabe tanta gente. ¿Cuántas veces te advertí que la familia es la familia mijito?  Dime, ¿ahora dónde están tus queriditas?, esas fulanas que te alejaban de tu casa día sí y día también. Te lo dije, que la única que iba a cargar contigo era esa que está ahí pará. ¿De qué sirvieron tus medallas en la guerra de Angola, ser un revolucionario comecandela del carajo si al final no aprendiste a usar la cabeza y no te enteraste que esas enfermedades no entienden de esas cosas?, que se llevan por delante a todo el mundo. Es una peste que no tiene cura..Pero ahí donde lo ven, tenía un corazón que no le cabía en el pecho y eso, caballero..Eso lo mató. Descansa en paz, mijito. y que nuestro señor te acoja en su seno.


Caridad no fue consciente del huracán que desató a su alrededor. Su hijo con merecida fama de violento la rescató justo en el momento que la mujer del primo, en medio de su ira, se remangaba la blusa y le espetaba en pleno rostro: pero, qué coño se ha creído esta vieja de mierda?.. déjala, no ves que es una señora mayor; caballero y cómo es que la dejan hablar de esa manera, el pobre no puede defenderse, se lo merece por cabrón...no me vengan con esas de que porque se partió era un angelito, qué clase de hipócritas son todos por tu madre...¿mijito, qué pasa?, ¿dije algo malo?...vieja, camina pa la casa que te has pasao de la raya, si me llego a imaginar que ibas a ponerte fula, no vengo. Pa esto no vengo vieja.


Caridad estaba eufórica, si algo le gustaba de su vocación tardía era que la última palabra la tenía ella y si el muerto era un tarambana tenía que decirlo. Para su sorpresa comenzó a recibir solicitudes para despedir duelos a difuntos que ni conocía y ya había alrededor suyo un grupo de voluntariosas plañideras que se comprometieron a buscar información del finado para que una vez juntado los datos, Caridad encontrara las palabras exactas y así darle un merecido adiós. Su hijo alucinado decidió convertirse en su fiel guardaespaldas aprovechando su ya inmerecida fama de peligroso. Su madre aceptó el reto y para más INRI tomó por costumbre acabar sus discursos poniendo a parir no sólo al muerto sino a todas las personas que en su relación con el fiambre habían dejado problemas pendientes de resolución. En más de una ocasión Caridad cobró en propia mano deudas que los invitados al funeral debían a los difuntos y que creían iban a enterrar ese mismo día. Más de una vez recuperó miles de pesos y atesoró para sí la mirada agradecida de familias desconsoladas. Su hijo emocionado rompía a llorar y se maldecía por haberle pedido en reiteradas ocasiones que abandonara.


Quién iba a decirle a Caridad que iba a encontrar la razón de su vida justo a punto de morirse. Sé de muy buena tinta que ha dejado por escrito las palabras de su propia despedida y que no desea pudrirse bajo tierra. Ella quiere que le den candela y que sus cenizas la hereden los hijos de sus hijos y así sucesivamente. Ha prohibido que el recipiente que contenga sus restos sea colocado frente a pared alguna y por eso ha pedido un pedestal en medio de la sala de la que siempre fue su casa, para sentirse arropada por la bulla familiar y no escuchar nunca ese silencio que acompaña a los muertos indiferentes. Amenazó con maldiciones y apariciones futuras si no cumplían sus voluntades. Luego, yo la creo capaz de todo. ¿Quién iba a decirle a Caridad que no podía resucitarse para luego volver a morirse cuantas veces lo deseara?..Desde luego yo no. Yo le he mirado a los ojos y sé de lo que me habla. Va diciendo por ahí que me ha cogido por los cuernos.




***
 
 

 


Hits: 258
Comentarios (2)add
...
escrito por Irma Romero , mayo 21, 2008
Gracias por mantenerme informada, aprecio su detalle. Irma
report abuse
vote down
vote up
Votes: +0
...
escrito por fela , junio 05, 2008
VAYA¡A SIDO GENIAL,OAJALA GANES UN PREMIO,TE LO MERECES,UN BESOTE ,TE ESTIMO MOLTTTTTTTTT.
report abuse
vote down
vote up
Votes: +0
Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
smaller | bigger

busy

 
< Anterior   Siguiente >
ToniBasanta2