Realmente no puedo precisar cuando fue que leí por
primera vez aquel letrero. Puedo haber sido, más a menos, hace unos 15
años, pero puedo asegurar que con claridad perfecta y perfecta
asiduidad viene a mi mente. Han cambiado las circunstancias mil veces
en este tiempo trascurrido, he leído, evidentemente, muchísimas cosas
interesantes desde aquel día, pero siempre lo recuerdo. Hoy reconozco
que aún no lo entiendo, por mucho que lo he comentado con amigos y en
grupos de más o menos nivel intelectual, no lo he logrado interpretar,
mejor dicho, le he dado tantas interpretaciones, lo he tratado de
asociar con tantos otros, que se me ha hecho recurrente. Quizá sea por
eso que lo recuerdo.
Por aquellos tiempos tenía
un amigo con mis mismas inquietudes plásticas que, a su vez, conocía a
un pintor de nuestra ciudad; verdaderamente casi un desconocido en el
ámbito nacional, pero dentro de nuestra provincia ya se valoraba como
lo que hoy es, uno de los miembros de la vanguardia a escala nacional,
que ha trascendido fronteras. Este amigo común, con el pretexto de
ayudarlo en alguna tarea doméstica que ya hoy esta perdida en mi
memoria, se las ingenio para que nos permitiera visitarlo. De más esta
decir que acepté de inmediato a participar en la supuesta ayuda, aunque
reconozco que el ir a la casa del artista, conocerlo personalmente y
tener la posibilidad de entrar en su taller de trabajo, máxime cuando
podríamos ver las obras que llevaría a una de sus primeras exposiciones
personales en el extranjero, eran nuestras reales motivaciones.
Todo
quedó pactado, para un sábado y un mes que no puedo precisar; alrededor
de las tres de la tarde estaríamos en su casa. Por aquella época tenía
un pequeño automóvil que en mi país llaman “polaquitos”, evidentemente
por su procedencia y mi sorpresa fue grande al ver que aquel artista
también tenía uno, algo mas viejo que el mío y mucho más mal cuidado,
como reafirmando que los artistas le dan poca importancia a las cosas
materiales, regla con la que no todos comulgan, pero en este caso si;
la cosa empezaba con buen pie para mi, ya tendríamos una conversación
alternativa y una posible excusa para futuras visitas. Llegamos, el
hombre vivía en lo que pudiéramos llamar “barrio marginal”, quizá mal
llamar, porque en sus inexistentes aceras se cruzan profesionales con
obreros y algún que otro delincuentes, claro esta. La casa en cuestión
no era una excepción en la zona: pequeña, de apariencia externa humilde
pero lucía bien limpia por lo bien pintada de sus paredes, ventanas y
puertas. Nos bajamos del carro y en el preciso momento de llamar a la
puerta fue que leí el letrero: “Se reparan sueños y esperanzas. Sin
garantías”.
Fue como un flechazo que me adormeció
toda la tarde, que me afecto desde el primer momento. Reconozco que
disfrute la visita; pude apreciar la limpieza de los trabajos de
aquella persona que, a brazo partido y a fuerza de calidad, luchaba por
hacerse un lugar en un mundo tan difícil y competitivo, sumándole, como
después supe, que su camino era más estrecho y escabroso por cosas como
aquel dichoso letrero, porque si, en su momento, a muchísimos más les
había llamado la atención el letrero, al cual se le intentó dar hasta
significados políticos, contestatarios. Lo cierto es que no me atreví a
preguntarle por el significado, por el origen, por el autor, ni aquel
día, donde por la cordialidad de la invitación y lo agradable del
ambiente creado por el anfitrión, quizá hubiese accedido a dar alguna
explicación; ni después, cuando nos encontrábamos esporádicamente, cosa
que se fue haciendo cada vez más casual y fortuita, hasta que ya,
cuando coincidíamos en algún sitio, solo nos cruzábamos un saludo de
cortesía. Por otra parte, yo quizá siga siendo el mismo admirador
anónimo de las cosas bellas que son capaces de brindarnos los artistas
plásticos y él es hoy todo un icono de este campo en el país.
Muchas
veces he hablado del letrero, claro que nunca había dicho hasta donde
me ha afectado, muchos menos que he tratado de darle un sin fin de
explicaciones, pero tampoco he encontrado a nadie que le haya dado una
interpretación adecuada o al menos que me satisfaga.
Reparar
un sueño, una esperanza, parece cosa de personas entregadas a un noble
fin, digamos entregadas a tratar de solucionar las miserias humanas,
tan de moda, lamentablemente, hoy en día. Hasta ahí todo esta
clarísimo, funciona, suena bonito, podría estar a la entrada de una
iglesia, un templo o una sinagoga; ¿qué se yo donde? Pero es la segunda
frase del letrero la que trae, al menos para mi, la confusión: “Sin
garantías”, claro que tendríamos que analizar en este caso quién es el
que da las garantías, si el reparador, casi alquimista, por el terreno
que transita, o el reparado, llamémosle mejor el paciente. Pero, nos
pudiéramos preguntar; ¿puede un pintor, un artista plástico, reparar
sueños y esperanzas?; ¿puede dar garantías a ese trabajo? Mil preguntas
más nos haríamos. Mil preguntas me hago al respecto, pero como nunca
encuentro una explicación adecuada o al menos que me convenza, sigo
viajando con el recuerdo del letrero, con el deseo de interpretarlo,
con la culpa de, en su momento, no haber preguntado al artista qué
quiso decir, en fin, cargando con el letrero.
Pero
como la vida es una especie de espiral eterna donde siempre volvemos a
empezar y cada día somos principiantes, recientemente, referido a otra
cosa totalmente ajena, encontré algo que me parecía iba a terminar con
esta carga. Dirigiéndose a un espectador que trataba de analizar una
pintura abstracta en una galería de la ciudad, al cruzar por su lado
oí, indiscretamente, cuando, un esquelético crítico de arte le decía:
“…lo importante no es el discurso, sino la lectura”. Fue como un rayo
de luz, casi causó en mí el mismo magnetismo de cuando leí el letrero.
¿Sería posible qué hubiera encontrado la respuesta a tantos años de
búsqueda? Ya no resistí y arriesgándome a un regaño mayúsculo, me
acerqué a los dos hombres para poder oír mejor lo que uno decía al
otro; era casi un monólogo, donde había un solo oyente; ahora seríamos
dos. Craso error, no debí seguir oyendo.
__ “…
porque debes entender que a un pintor abstracto lo que más le interesa
no es reflejar una realidad cual es, lo que más le interesa es sacar de
sus casillas, de su posible pasividad, al espectador”.
“¡Qué bien!”, pensé, “este hombre, asociando ideas, me esta dando la clave”. ¿Por qué no me fui? ¿Por qué seguí escuchando?
__“…los pintores abstractos pertenecen al grupo de personas responsables de los avances de la humanidad, a los inconformes…”.
Se
acabo el encanto. No pude más, me separé de ellos. Lo que al principio
me pareció la solución a mi problema, ahora tengo la seguridad de que
me lo acrecentó. Más dudas; sueños, esperanzas, garantías, lecturas,
discursos, pintores abstractos, inconformes responsables de avances
humanos. Mucho para un solo corazón.

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