La loa del medio día había concluido. Y yo, al estar en el
vestidor para calzarme mis sandalias de hoja de palma e irme, el ulema,
Abdullah, me mandó a llamar para felicitarme por el gran progreso obtenido en
mis estudios de la shari’ah. Así pues, con clara alegría en el semblante, me
invitó a pasar hacia un pequeño salón para comer arroz bismati mezclado con
trozos de carne de cabra, un par de deliciosas zambusas y beber una copa
rebosante con leche fresca de camella. Durante la comida estuvimos en completo
silencio. Al concluir el platillo principal, me pasó un gran canasto de mimbre
repleto de dulces dátiles, olivos y alfóncigos. Repentinamente, rompiendo la incómoda
calma, habló con euforia: “Ijwan El Muslimin tiene grandes planes para ti como
premio por tu esfuerzo y dedicación a Allah, el señor absoluto”. Se paró de su
taburete y tomó sobre un atril su hadith. Parado, dando la espalda al
occidente, hojeó algunas páginas amarillentas hasta detenerse en algún dicho.
Recitó con armonía las palabras del profeta y después me pidió retirarme y
cavilar durante la semana sobre lo escuchado.
Los días pasaron siéndome imposible descifrar el mensaje.
Dentro de la excelsa mezquita de Azhar, al término de la alabanza, nuevamente
fui requerido por el ulema, pero en esta ocasión no había comida, no había
silencio y no estábamos solos. El mollah, sin presentarse, me informó las
buenas nuevas. Yo era el candidato ideal para cumplir con la disposición de
Allah, el ilimitado. Se escuchó su fuerte voz y observándome fijamente a los
ojos manifestó: “Ahora vete y alégrate pues eres desde ahora un mahdi”.
Al salir del lugar de oración, la gente se congregó a mí
alrededor e iniciaron a vitorear una y otra vez ¡Alaho Akbar! ¡Alaho Akbar!,
pues la multitud me consideró una nueva esperanza. Escapé como pude de allí y
me dirigí a mi hogar. En el camino, no paraba de meditar sobre la perturbante
noticia, y no por negarme a realizar el propósito de Allah, el inmenso. Mi
preocupación se centraba en dejar desamparada a mi pobre madre. La muy
desdichada había perdido ambas piernas al pisar una mina antipersonal, y mi
padre hacía más de cinco años de haberse alistado como muyahidin, y desde entonces
no sabíamos nada de él. Además, yo estaba muy enamorado de Sagal Yabril, ya
hasta tenía lista la dote para pedirla en matrimonio: tres chivos, dos
corderos, un camello y varias mantas de fina seda traídas desde Siria.
Al llegar a casa desconcertado, inmediatamente planteé la
situación a mi adorada viejecita, y a ella, se le entristecieron sus
aceitunados ojos pero no lloró. Sostuvo su noble Corán con ambas manos y con
palabras inquebrantables exclamó: “¡Que así sea la voluntad de Allah, el
altísimo!”
Salí corriendo de mi vivienda aún con la incertidumbre y
protesté: ¡el precepto de Allah es amar a tu prójimo! Continué meditando a
través de los maltrechos caminos rumbo al bazar para encontrarme con Sagal. La
vi, la tomé con ternura de sus suaves y largas manos y comenté lo sucedido. Y a
ella, se le nublaron sus amielados ojos pero no hubo llanto. Sacó de un burdo
manto su noble Corán y con un lenguaje íntegro dijo: “¡Que así sea la voluntad
de Allah, el encumbrado!” Me escabullí furioso entre la multitud, pues esperaba
de ella su disuasión. Alcé mis brazos en plegaria y grité: ¡el mandato de Allah
es ser misericordioso y sensitivo!
Regresé a la madrasa de Osman para cumplir con el Asr. Al
terminar, me acerqué con timidez al ulema, bajé sumiso mi mirada y manifesté mi
desacuerdo balbuceando: sabio estudioso, éstos no son los medios como Allah
quiere expandir su palabra. Y a él, se le afligieron sus almendrados ojos pero
no derramó lágrimas. Abrió su noble Corán como en búsqueda de una aleya y con
términos firmes expresó: “¡Que así sea la voluntad de Allah, el indulgente!” Me
desvanecí del lugar de oración, me arrojé en el polvoriento suelo y prorrumpí:
¡La resolución de Allah es ser perdonador y compasivo!
A la mañana siguiente respondí al llamado del almuédano al
convocar desde el alminar, me postré y recitando el noble Corán me convencí de
llevar acabo según la voluntad de Allah, el infalible. Unos toquidos arrítmicos
perturbaron mi rezo y al abrir la puerta, allí estaba una docena de hermanos
musulmanes fuertemente armados y encapuchados. Me llevaron a una retirada
construcción en escombros que servía como cuartel y al llegar todas las
personas presentes me felicitaron. Fui conducido a un amplio cuarto brillante
con las paredes tapizadas de cuadros mal colgados de algunos ayatolas a quienes
reconocí de inmediato. Se me invitó a sentarme sobre una afelpada alfombra
iraní de frente a una vieja tele incapaz de recibir alguna señal alentadora del
mundo exterior. Un tipo forcejeó por un rato con el televisor y al finalizar
salió de la habitación. Me dejó viendo un video sobre el testimonio de otros
compañeros militantes. Toda una inspiración para nuevas generaciones. Me quedé
dormido del cansancio y del estrés. Al día siguiente, sin siquiera desayunar,
se me daba un sin fin de indicaciones. En ese mismo momento mi cuerpo era
forrado por potentes explosivos. Al finalizar, se me condujo debajo de una
bandera y me pidieron recitar la “Sura de la Prohibición”. De reojo veía a una
temible persona con tupida y negra barba filmarme.
Al llegar a unas cuadras de mi objetivo, el conductor sin
voltear habló: “Reza a tu señor y ofrécete en sacrificio. Recuerda, tu muerte
no será en vano, Allah te premiará con el reino de las huríes”. Al comenzar a
caminar, sustraje del bolso mí pequeño noble Corán, se desconsolaron mis
oscuros ojos y lloré. Alcé mí vista al cielo hasta quedar cegado por el sol, me
detuve por un momento y en silencio recordé mi primera lección en la madrasa:
¡la voluntad de Allah, es la gracia y la paz!
Glosario
Alaho Akbar: Dios es grande.
Aleya: versículo del Corán.
Asr: Oración de la tarde.
Ayatolá: líder religioso o político regional.
Fidaiyin: los que se inmolan por alguna causa.
Hadith: dichos atribuidos al profeta Muhammad.
IjwanEl Muslimin: la Hermandad Musulmana.
Madrasa: escuela religiosa.
Mahdi: elegido.
Mollah: líder religioso local.
Muyahidin: los que combaten en nombre de la Guerra Santa.
Ulema: estudiosos o personas entrenadas en las ciencias
religiosas.
Shari’ah: parte legislativa de la religión tal como fue
estipulada en el Corán y los hadices.
Ivan Medina Castro. México. Distrito Federal. 29 de
noviembre de 1974. UIB -III Curso de Actualización y Estrategias en
litigio Internacional en la Universidad Iberoamericana. Del 4 al 8 de
diciembre de 2006. mSaint Mary’s University of Minnesota. Minneapolis,
MN. 2005 – 2006, 20 de 41 créditos. Maestría en Negocios
Internacionales. ITESM -Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores
de Monterrey. Ciudad de México. 1996-2003. Titulo en la Licenciatura de
Relaciones Internacionales.
Felicitaciones! Un buen cuento: te hace viajar y sentir las sensaciones, el momento exacto.
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... escrito por Juan Carlos recio , noviembre 11, 2009
Es un cuento bien cerrado para una historia y cultura tan compleja, es muy acertado como narración, contundente y llega me alegro poder leerlo aquí. J C Recio
Una de las instituciones de educación y creación
artística más importantes en Latinoamérica,
es el Centro Nacional de las Artes, en este espacio te mostramos
un panorama general de la vida académica, artística
y del disfrute de las manifestaciones más importantes
del arte actual en distintas vertientes que convergen en el
Centro Nacional de las Artes.