CS Tunes: Escuche nuestra musica, nuestros autores!
Noticias
Portada
Nacionales
Internacionales
Concursos
Entrevistas
Toronteando
Festivales
Flash Cultural
Editorial
Contacto
Privacidad
Publique en Cañasanta
Colaboradores
CS Banners
Crí­tica de Cine
Crí­ticas de CD's
Gazapitos
El Libro...
Enlaces/Links
Reporte para Ñ
Literatura
Narrativa
Ensayo
Poesí­a
El Dossier
Opinión
Artí­culo X
Letras Vanas
Artes Visuales
Pintura
Fotografí­a
Escultura
Artes Escenicas
Música
Danza
Cine
Teatro
Videos
Humor
Ojo Internacional
Gráfico
Literario
Especiales
CS Tunes
Reporte en Cañasanta
Anuncie con Nosotros
Chat
Radio

Yo, el fidaiyin Imprimir E-Mail
Escrito por Iván Medina Castro   
miércoles, 16 de septiembre de 2009

 

Yo, el fidaiyin

 

No hay otro dios sino Dios y

 Muhammad es su mensajero

 

 

Por Iván Medina Castro


 

 

Image
La loa del medio día había concluido. Y yo, al estar en el vestidor para calzarme mis sandalias de hoja de palma e irme, el ulema, Abdullah, me mandó a llamar para felicitarme por el gran progreso obtenido en mis estudios de la shari’ah. Así pues, con clara alegría en el semblante, me invitó a pasar hacia un pequeño salón para comer arroz bismati mezclado con trozos de carne de cabra, un par de deliciosas zambusas y beber una copa rebosante con leche fresca de camella. Durante la comida estuvimos en completo silencio. Al concluir el platillo principal, me pasó un gran canasto de mimbre repleto de dulces dátiles, olivos y alfóncigos. Repentinamente, rompiendo la incómoda calma, habló con euforia: “Ijwan El Muslimin tiene grandes planes para ti como premio por tu esfuerzo y dedicación a Allah, el señor absoluto”. Se paró de su taburete y tomó sobre un atril su hadith. Parado, dando la espalda al occidente, hojeó algunas páginas amarillentas hasta detenerse en algún dicho. Recitó con armonía las palabras del profeta y después me pidió retirarme y cavilar durante la semana sobre lo escuchado.

 

Los días pasaron siéndome imposible descifrar el mensaje. Dentro de la excelsa mezquita de Azhar, al término de la alabanza, nuevamente fui requerido por el ulema, pero en esta ocasión no había comida, no había silencio y no estábamos solos. El mollah, sin presentarse, me informó las buenas nuevas. Yo era el candidato ideal para cumplir con la disposición de Allah, el ilimitado. Se escuchó su fuerte voz y observándome fijamente a los ojos manifestó: “Ahora vete y alégrate pues eres desde ahora un mahdi”.

 

Al salir del lugar de oración, la gente se congregó a mí alrededor e iniciaron a vitorear una y otra vez ¡Alaho Akbar! ¡Alaho Akbar!, pues la multitud me consideró una nueva esperanza. Escapé como pude de allí y me dirigí a mi hogar. En el camino, no paraba de meditar sobre la perturbante noticia, y no por negarme a realizar el propósito de Allah, el inmenso. Mi preocupación se centraba en dejar desamparada a mi pobre madre. La muy desdichada había perdido ambas piernas al pisar una mina antipersonal, y mi padre hacía más de cinco años de haberse alistado como muyahidin, y desde entonces no sabíamos nada de él. Además, yo estaba muy enamorado de Sagal Yabril, ya hasta tenía lista la dote para pedirla en matrimonio: tres chivos, dos corderos, un camello y varias mantas de fina seda traídas desde Siria.

 

Al llegar a casa desconcertado, inmediatamente planteé la situación a mi adorada viejecita, y a ella, se le entristecieron sus aceitunados ojos pero no lloró. Sostuvo su noble Corán con ambas manos y con palabras inquebrantables exclamó: “¡Que así sea la voluntad de Allah, el altísimo!”

 

Salí corriendo de mi vivienda aún con la incertidumbre y protesté: ¡el precepto de Allah es amar a tu prójimo! Continué meditando a través de los maltrechos caminos rumbo al bazar para encontrarme con Sagal. La vi, la tomé con ternura de sus suaves y largas manos y comenté lo sucedido. Y a ella, se le nublaron sus amielados ojos pero no hubo llanto. Sacó de un burdo manto su noble Corán y con un lenguaje íntegro dijo: “¡Que así sea la voluntad de Allah, el encumbrado!” Me escabullí furioso entre la multitud, pues esperaba de ella su disuasión. Alcé mis brazos en plegaria y grité: ¡el mandato de Allah es ser misericordioso y sensitivo!

 

Regresé a la madrasa de Osman para cumplir con el Asr. Al terminar, me acerqué con timidez al ulema, bajé sumiso mi mirada y manifesté mi desacuerdo balbuceando: sabio estudioso, éstos no son los medios como Allah quiere expandir su palabra. Y a él, se le afligieron sus almendrados ojos pero no derramó lágrimas. Abrió su noble Corán como en búsqueda de una aleya y con términos firmes expresó: “¡Que así sea la voluntad de Allah, el indulgente!” Me desvanecí del lugar de oración, me arrojé en el polvoriento suelo y prorrumpí: ¡La resolución de Allah es ser perdonador y compasivo!

 

A la mañana siguiente respondí al llamado del almuédano al convocar desde el alminar, me postré y recitando el noble Corán me convencí de llevar acabo según la voluntad de Allah, el infalible. Unos toquidos arrítmicos perturbaron mi rezo y al abrir la puerta, allí estaba una docena de hermanos musulmanes fuertemente armados y encapuchados. Me llevaron a una retirada construcción en escombros que servía como cuartel y al llegar todas las personas presentes me felicitaron. Fui conducido a un amplio cuarto brillante con las paredes tapizadas de cuadros mal colgados de algunos ayatolas a quienes reconocí de inmediato. Se me invitó a sentarme sobre una afelpada alfombra iraní de frente a una vieja tele incapaz de recibir alguna señal alentadora del mundo exterior. Un tipo forcejeó por un rato con el televisor y al finalizar salió de la habitación. Me dejó viendo un video sobre el testimonio de otros compañeros militantes. Toda una inspiración para nuevas generaciones. Me quedé dormido del cansancio y del estrés. Al día siguiente, sin siquiera desayunar, se me daba un sin fin de indicaciones. En ese mismo momento mi cuerpo era forrado por potentes explosivos. Al finalizar, se me condujo debajo de una bandera y me pidieron recitar la “Sura de la Prohibición”. De reojo veía a una temible persona con tupida y negra barba filmarme.

 

Al llegar a unas cuadras de mi objetivo, el conductor sin voltear habló: “Reza a tu señor y ofrécete en sacrificio. Recuerda, tu muerte no será en vano, Allah te premiará con el reino de las huríes”. Al comenzar a caminar, sustraje del bolso mí pequeño noble Corán, se desconsolaron mis oscuros ojos y lloré. Alcé mí vista al cielo hasta quedar cegado por el sol, me detuve por un momento y en silencio recordé mi primera lección en la madrasa: ¡la voluntad de Allah, es la gracia y la paz!

 

 


Glosario

Alaho Akbar: Dios es grande.

Aleya: versículo del Corán.

Asr: Oración de la tarde.

Ayatolá: líder religioso o político regional.

Fidaiyin: los que se inmolan por alguna causa.

Hadith: dichos atribuidos al profeta Muhammad.

Ijwan El Muslimin: la Hermandad Musulmana.

Madrasa: escuela religiosa.

Mahdi: elegido.

Mollah: líder religioso local.

Muyahidin: los que combaten en nombre de la Guerra Santa.

Ulema: estudiosos o personas entrenadas en las ciencias religiosas.

Shari’ah: parte legislativa de la religión tal como fue estipulada en el Corán y los hadices.


ivanMedinaCastro.jpg Ivan Medina Castro. México. Distrito Federal. 29 de noviembre de 1974. UIB -III Curso de Actualización y Estrategias en litigio Internacional en la Universidad Iberoamericana. Del 4 al 8 de diciembre de 2006. mSaint Mary’s University of Minnesota. Minneapolis, MN. 2005 – 2006, 20 de 41 créditos.  Maestría en Negocios Internacionales. ITESM -Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Ciudad de México. 1996-2003. Titulo en la Licenciatura de Relaciones Internacionales.

 


Hits: 341
Comentarios (2)add
...
escrito por Gélico , septiembre 29, 2009
Felicitaciones! Un buen cuento: te hace viajar y sentir las sensaciones, el momento exacto.
report abuse
vote down
vote up
Votes: +1
...
escrito por Juan Carlos recio , noviembre 11, 2009
Es un cuento bien cerrado para una historia y cultura tan compleja, es muy acertado como narración, contundente y llega
me alegro poder leerlo aquí.
J C Recio
report abuse
vote down
vote up
Votes: +1
Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
smaller | bigger

busy

 
< Anterior   Siguiente >
Jump TV, Inc.

RECOMENDAMOS

.: RECOMENDAMOS :.
Cañasanta on Facebook

Video 2

.: VIDEO :. 

   

Video institucional del CENART.

Una de las instituciones de educación y creación artística más importantes en Latinoamérica, es el Centro Nacional de las Artes, en este espacio te mostramos un panorama general de la vida académica, artística y del disfrute de las manifestaciones más importantes del arte actual en distintas vertientes que convergen en el Centro Nacional de las Artes.
(Duración del video 5 min. 53 Seg.)
Hay 12 invitados en línea