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¿Revolución o re-involución? Carta desde Caracas, pequeña Venecia… Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Alejandro Contreras   

 

Aun cuando el demagogo de la hora se disfrace de omnipresente demiurgo, de justiciero pater famili o de Santo Quijote desprendido, no logrará lavar el cerebro y, menos, el corazón de quienes sólo tienen que abrir ojos y prestar oídos para percatarse de que tienen ante sí a un títere al servicio de una mollera quebrantada.  

 

 
¿Revolución o re-involución? Carta desde Caracas, pequeña Venecia…
 
 
 
 
 


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Fuera de mi país hay mucha desinformación con respecto a lo que aquí sucede. El maniqueísmo, hoy imperante en buena parte del globo terráqueo, está acabando con los lienzos de la vestimenta cultural del venezolano, ya de por sí, bastante mancillada a lo largo de centurias por la proliferación de caudillos de todo cuño, bien secundados por unos siempre puntuales doctores de levita con bolsillos de tahúr. Son en el fondo, los mismos vende-suelos de siempre, quienes medran y ascienden reptantes por las volutas del poder.

 

Aun cuando el demagogo de la hora se disfrace de omnipresente demiurgo, de justiciero pater famili o de Santo Quijote desprendido, no logrará lavar el cerebro y, menos, el corazón de quienes sólo tienen que abrir ojos y prestar oídos para percatarse de que tienen ante sí a un títere al servicio de una mollera quebrantada. Con teteros de fanatismo no se llegará nunca a buen puerto. Cuando yo era un muchacho padecí el hegeliano mal de sacrificar idealmente a la parte por el todo, esto es, al individuo por la masa: como si la mano derecha no fuera parte del mismo cuerpo del que lo es la mano izquierda. Marx y Engels fueron víctimas de excepción de tal padecimiento. Abogaba yo, con toda la malsana candidez de que puede engalanarse un imberbe, por un mundo más humano, en el que se diera predominancia a las tesis políticas de izquierda, sin tomar en cuenta el hecho de que, para lograr tal cometido, muy probablemente tendrían que cometerse algunas injusticias. Pero no hubo de pasar mucho tiempo para que me percatara del engaño que encarnan las figuras políticas, no importa la toga que vistan.

 

Todos hablan de democracia, todos juran querer el bien del prójimo, pero tóquele usted a cualquiera de estos bellos ejemplares ese sagrado recinto en el que compilan sus emolumentos y verá usted a la verdadera bestia que alienta bajo la sotana. Todos predican el amor, todos la bienaventuranza, todos elevan rezos en pro de la igualdad entre los hombres, mas ninguno duda en llevar a las mazmorras a quienes, a su juicio, han mantenido una actitud equivocada con respecto a su benefactor mensaje de esperanza. Pobres, a veces, se ven forzados a aplicar la mano dura, en bien de sus hijos.

 

Hay sotanas cristianas y hay sotanas marxianas. Y digo esto sin entrar a tocar a fondo el tema de aquellos que son esclavos de sus propias manías, pues son los más dispuestos a derribar su casa con tal de acabar con los mosquitos. Yo lamento que al día de hoy (y me importa un comino el nuevo milenio) millares de personas estén deseosas de dejar la piel en las aceras con tal de defender algún extremismo, pues ningún extremismo deja de ser una mentira. Y porque la mentira es la única verdad que identifica a esos políticos de oficio que suelen ser, innegablemente, los más avezados extremistas. Lo siento mucho por mis politizados amigos, sean de izquierdas o de derechas. Para mí son brazos de un mismo cuerpo. Y el corazón bombea sangre para ambas extremidades, sin discriminaciones. Tengo amigos chavistas, algunos entrañables (por cierto, cuán descabellado me luce ese mote, jamás me imaginaría fundando una secta contrerista, por muy bellos ideales que se predicaran en su seno). Nunca pude convencer a uno de ellos, sempiterno defensor de Stalin y de Lenin, de que la “solución final” de Hitler y sus Nazis fue un crimen atroz. Pues según su inveterada opinión, los judíos no son sino usureros deseosos de extraer el hígado de quienes no honran sus deudas; así que no le pareció criminal que en la URSS se cultivara el antisemitismo, entre otras liberalidades.

 

Que habrá gente mala entre los judíos, pues ¿a qué dudarlo, si hay gente de miserable corazón en cualquier rincón del mundo? Pero justificar el asesinato en masa por la hegeliana tesis de sacrificar a la parte por el todo, al individuo por la masa, no puede ser signo de otra cosa que no sea la más desparramada de las locuras. Así pues, lo siento por mi amigo, tengo que decirle que él no está menos loco que yo, que he defendido siempre la posibilidad de que el hombre no aliente nunca fe alguna en los gobiernos; que creo, con Thoreau, que el mejor gobierno es el que no gobierna nada; que he afirmado que los políticos son una plaga y los primeros para quienes debería crearse un sistema policial de vigilancia continua, pues no pueden quedarse solos durante tres segundos y medio sin que, de inmediato, pergeñen la tesis de una próxima canallada. Máxime si consiguen unos cuantos compañeros de marras. Alvaro Mutis largó una respuesta genial con respecto a su argumento de descreimiento ante la política, en general, y sus practicantes. Sencillamente dijo que allí, donde tres o cuatro personas se reúnen para concertar o ponerse de acuerdo en algo, no puede surgir más que una bellaquería. Cito de memoria, pues fue una entrevista televisada, tal fue el impacto que sus palabras causaron en mi imaginación. Comparto su opinión al cien por cien. Hoy se supone que un hipotético brazo izquierdo del mundo esté librando una santa batalla en contra del brazo derecho, en el que se enquistaron Belcebú y toda una corte de devoradores titanes. Permítanme apelar a mis reservas de incredulidad. No hay brazo izquierdo bueno y derecho malo o viceversa. Las minorías gobernantes que blanden las batutas, cetros y sables del poder con siniestra y diestra mano, grosso modo, no son más que una cuerda de charlatanes con lengua de serpiente, a quienes suelen seguir unos ofuscados adeptos y un maltratado y subsidiado lumpen.

 

A las minorías gobernantes, de derechas o de izquierdas, les ha convenido siempre la existencia de ese lumpen y sobre éste han basado en buena parte su poder. Y en más de una ocasión han desaparecido de la faz de la tierra, cuando ese lumpen se encabrita y arrasa con todo como si se tratara de unas fichas de ajedrez sobre un tablero. Obviamente, no estamos achacando al gobierno de la Venezuela actual la creación del lumpemproletariado, no así como su expansión y manipulación, tal como conviene a toda autocracia [según la Real Academia, Lumpen proviene del alemán Lumpenproletariat, 1. m. Capa social más baja y sin conciencia de clase.]. La dictadura democrática venezolana encarnada en los gobiernos de los años setenta al noventa fue una gran propulsora del crecimiento de nuestro lumpenproletariat. Y, en virtud de sus propios yerros, fue desplazada del tablero. Pero no deberíamos olvidar que nada será más volátil en los pueblos que los amores gestados entre el lumpenproletariat y un protector y sacerdotal padrino que sustenta su influencia sobre las masas en la cantidad de monedas que lanza desde su carroza floral.

 

Deseo refrendar, con una imagen fotográfica, lo dicho en ocasión de las manifestaciones estudiantiles acaecidas entre Mayo y Junio de este año*. Se trata de una expresiva imagen captada por Nicola Rocco para El Universal, durante la marcha de los estudiantes universitarios a la Asamblea Nacional del día 23/10/07, en reclamo al golpe constitucional que se fragua a la vista de todos. La gráfica muestra a una señora que porta una pancarta. A su lado se encuentra un agitado joven que abuchea al estudiantado. Nótese el ex abrupto de las palabras plasmadas en el cartel: “Hijos de inmigrantes de mierda / fuera de la patria de Bolívar / Sus malditas raíces están en Europa / Basuras son”. No sé por qué tengo la impresión de que esa pancarta va dirigida, entre otros, al líder estudiantil Jon Goicochea, pues evidente es el ascendente vasco de su apellido. Es realmente lastimoso el presenciar escenas como ésta en nuestras calles, pues el pueblo venezolano es corolario del cruce de múltiples razas. Y si nos acogiéramos a los manipulados lemas de los extremismos, todos los venezolanos tendríamos que profesar la expatriación de los restos de Bolívar al país Vasco. Un último gesto de nuestro drama histórico que estaría por cumplirse.

 

 

 


*Vientos auspiciosos, publicado en www.elmeollo.net, el 03/07/07 y en el blog www.letrascontraletras.blogspot.com, el 17/07/07).

 

 






 

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