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Escrito por Por Pastor Valle-Garay
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Según la Sra. Arnott el mero hecho de hablar el español en casa “puede causar problemas” a los jóvenes cuando llegan a la escuela secundaria ya que “algunos (chicos) sienten que sus padres no entienden que las reglas del juego han cambiado al llegar a Canadá y otros se avergüenzan del acento de sus padres.”
Educadora Maleducada
Disparatadas de Susana Arnott
sin fundamento pedagógico
Por Pastor Valle-Garay
Senior Scholar, Universidad de York
En mis 40 años en la cátedra de español del Departamento de Lenguas, Literaturas y Lingüísticas de la Universidad de York, en 19 años de dirigir cursos de español y cultura de negocios para el programa de Maestría Internacional en Administración de Empresas (IMBA, por sus siglas en inglés) de la afamada Escuela Schulich de Negocios de la Universidad de York, y en medio siglo de investigaciones académicas de nuestro idioma jamás he escuchado mayor disparate que la declaración brindada por Susana Arnott a un periódico de habla hispana. Según la Sra. Arnott el mero hecho de hablar el español en casa “puede causar problemas” a los jóvenes cuando llegan a la escuela secundaria ya que “algunos (chicos) sienten que sus padres no entienden que las reglas del juego han cambiado al llegar a Canadá y otros se avergüenzan del acento de sus padres.”
Si la Sra. Arnott fuese cualquier pelagatos podría obviarse semejante ignorancia. No así cuando se trata de la Subdirectora de Harbour Collegiate Institute, una institución del Consejo de Educación del Distrito de Toronto (TDSB), supuestamente libre de prejuicios étnicos y de opiniones que rayan en racismo.
Cabe preguntarse en qué estadísticas duras se basan las inquietudes y aseveraciones de la Subdirectora Arnott. ¿Serán cuentos de camino? ¿Serán sus propias limitaciones lingüísticas? ¿Serán sus prejuicios personales de otras culturas e idiomas? ¡Quién sabe! Al carecer de explicación o lógica sus motivos se prestan a especulación. Lo que sí es imperdonable de la flamante educadora es su inverosímil, arrogante agalla, al calificar de ignorantes al inmigrante, porque según su declaración “no entienden que las reglas del juego han cambiado al momento de llegar a Canadá.”
Se equivoca la Sra. Arnott. Los padres entienden y respetan perfectamente bien la realidad canadiense. Es más, al fomentar inteligentemente en ambos idiomas el padre de habla hispana entiende y respeta mucho mejor que la Sra. Arnott la importancia de cultivar ambas culturas como una extraordinaria y única oportunidad de contribuir al enriquecimiento intelectual y humano de la nación adoptada. La torpe e indiscriminada generalización de la Sra. Arnott no solo recurre al ignorante, gastado argumento de que para ser buen canadiense es necesario abandonar otras culturas sino que cuando culpa al padre de provocarles problemas (?) a los hijos por hablar español en casa, la Sra. Arnott peca de provocar antagonismo en el seno de la familia y peca de racismo.
Por lo tanto, la acusación de la Sra. Arnott constituye una burda falta de respeto al padre inmigrante. En el siglo XXI y en una ciudad que se enorgullece de su multiculturalismo, es inconcebible que una educadora sugiera que es contraproducente inculcarle al niño la lengua materna en el hogar simplemente porque el idioma de las aulas es el inglés. ¿De qué caverna saldría esta persona?
Independiente de la lengua extranjera que se hable en Toronto (además del inglés) o en Québec (además del francés), los investigadores del ramo han publicado sendos estudios en jornales académicos en donde se comprueba científicamente que la habilidad de hablar más de un idioma expande la capacidad del cerebro en asimilar y procesar conceptos y en la resolución de problemas complicados. Desde el punto de vista estrictamente práctico, el dominio de más de un idioma familiariza ventajosamente al individuo con otra cultura, valioso instrumento en esta nación, valioso instrumento en una ciudad multicultural y sumamente valioso en el mundo de la globalización.
Bien le vendría a la Sra. Arnott regresar a las aulas, tomar cursillos refrescantes, actualizar lo aprendido en tiempos de dinosaurios y ponerse al día en cómo las “reglas del juego” definitivamente han cambiado la realidad estudiantil en dirección diametralmente opuesta a las que sostiene la Subdirectora. En el multiculturalismo canadiense, la gente educada, ya sea criolla o de descendencia extranjera, no suele burlarse del acento de los demás. La sociedad reconoce que el acento extranjero la enriquece extraordinariamente bien. El ignorante, pocos y contados, se burlan de cualquier cosa.
La Sra. Arnott debería educarse. En las escuelas secundarias y en las Universidades de Ontario la demanda por la enseñanza de lenguas extranjeras, y en particular del español, crece a paso agigantado. Después de más de medio siglo ofreciendo enseñanza tradicional de idiomas, hará unos quince años que tanto la Universidad de Toronto como la Universidad de York reconocieron la importancia de brindar cursos especializados de español para que el estudiante de habla hispana perfeccionara la gramática y aprendiera más a fondo la cultura y la lengua hablada en casa y que de esta manera extendieran sus horizontes lingüísticos y culturales.
Tal opción permite que el estudiante se prepare a fondo en las carreras profesionales del comercio internacional, del turismo, de leyes internacionales, traducción e interpretación, magisterio, ciencias políticas o asuntos gubernamentales, todas ellas ventajosas opciones para el graduado que domina más de un idioma. Cada año la matrícula sobrepasa el cupo. Cada año se escuchan más idiomas en los corredores de las escuelas secundarias y en las Universidades. Contradiciendo la discriminatoria evaluación de la Sra. Arnott, en la Universidad de York más de 700 estudiantes canadienses se matricularon este año en el programa de español. Miles más en otros idiomas. Nadie se burla de sus acentos.
Hace 20 años la Escuela Schulich de Negocios inició en Canadá el primer programa de Maestría Internacional en Administración de Empresas (IMBA). El dominio del español, o de otros idiomas según la preferencia del estudiante de postgrado, es uno de los componentes primordiales del programa. Sin el dominio de un segundo idioma, aparte del inglés, el estudiante no puede optar al título IMBA. En cambio, al concluir sus estudios exitosamente en dicho programa, el graduado prácticamente de inmediato recibe ofertas para puestos ejecutivos en corporaciones canadienses o extranjeras. Hoy el IMBA de Schulich ha sido designado por los especialistas en rankings internacionales como el mejor programa de negocios internacionales en el mundo. Nadie se burla del graduado por su acento en español.
La Subdirectora Arnott debería informarse mejor de la realidad canadiense que tan a tontas y a locas tan mal proclama para otros. En vez de insinuar choques culturales o indebidas confrontaciones entre hijos y padres de familia, su posición demanda que se instruya y que trate al inmigrante con merecido respeto.

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Como madre monoparental, quiero decirle a la maestra que se ha atrevido a hacer una tal afirmación, que si de algo, nuestros hijos sienten orgullo es de nuestra lucha por integrarnos y darles la oportunidad de hablar un idioma extra para que puedan mas adelante mejorar su nivel cultural y social.
Su falta de respeto a los padres de familia es típico de quienes no tienen la capacidad intelectual de abrir sus barreras, para reconocer y dar paso al interculturalismo. Por nada del mundo un hijo puede sentir vergüenza de sus padres, muy distinto es la incomodidad que sienten nuestros hijos, ante burlas y humillaciones de la parte de gente que como ella, les cuesta hacer un minimo de esfuerzo por comprender el mundo que les rodea.