Pablo Milanés: El amor no se refleja como ayer
Por Ariel Valdés
Si años atrás alguna publicación hubiese divulgado una Entrevista de Pablo Milanes como lo ha hecho hace un par de semanas la revista de Arte y Literatura Latinoamericana Cañasanta,
lo primero (después de reírnos, claro) que hubiéramos leído
serían las “aclaraciones” del artista, jurando que en ningún momento
había hablado de esa manera y que, por lo tanto, “alguien” (la prensa
capitalista y desestabilizadora) había manipulado las respuestas.
Por
suerte hoy este no es el caso y, además de, realmente no creer en la
relevancia de todo lo dicho en ella, que nuestro querido Pabilito (modo
en que lo identificábamos aquellos que soñábamos en sus canciones con
tiempos mejores) a estas alturas nos venga con que el mundo no necesita
de dictadores, de su visión “nuevísima” sobre dirigentes pasados de
moda o hasta de su añoranza por una Cuba a la que indudablemente
regresará en poco tiempo. -No obstante a sus criterios- me deja tan
desconcertado e incoherente como la misma entrevista donde esperaba
encontrar de todo, menos esto.
Bajo los efectos súper-seductores del
reencuentro con Pablo, muchos podemos caer en ese vacío despiadado que
convoca a los cubanos a ponernos del lado de los que dicen (aunque sea
a destiempo) “lo que no se puede en la isla”, inclusive estando, ese
quien lo dice, en la otra orilla y que además tenga el supuesto lujo-
como Pablo lo ha tenido en los pasados 25 años- de abordar la nostalgia
por una separación que no sobrepasa (según sus declaraciones) 30 días
lejos de su tierra -nostalgia isleña, le dice- pero que colisiona con
la realidad de aquellos que, tan artista como él o no, han tenido que
abandonar su país, por decir o expresar lo que piensan. Y, en la mayoría
de los casos, siendo los escritos o declaraciones, considerablemente
más cimentadas o benevolentes que las del “suertudo”.
Él, Pablo, puede
decir “ahora” lo que cree sin que ello le afecte su entrada a Cuba o el
poder cantar en la tribuna de los “revolucionarios definidos”,
sospechosamente eso hoy no le afecta como le afectó en sus (más de) 45
minutos de fama el llegar, o poder, inventarse una fundación bajo su
nombre en Cuba que un día, por motivos misteriosos y sin muchas
explicaciones, el sistema (económico, me imagino) le borró del mapa
geográfico, ¿o no fue así?
A lo mejor y desde ese entonces, cambió su
manera de pensar... pero igual, nunca hubo declaraciones de su parte (el
que calla otorga), optó por el mismo escudo infranqueable de los
isleños al tener que interactuar con esa compleja realidad y falta de
pluralidad informativa que se cimienta en el rumor callejero: “el
aguantar callado y quedarse tranquilo”.
Por eso, pocos se enteraron
(mejor para él) así aparecía y desaparecía, como también muy pocos se
podrán enterar ahora en Cuba, de la confusión trascendental de Pablito
al definir el exilio cubano como “económico”, perdonando de alguna
manera el calificativo que creó todo ese desbarajuste y división en el país: la política, o aún más (y a lo mejor esto hasta inspirado en
Obama) el hablar de la falta de una “verdadera” oportunidad y poder
para con los negros de cuba, poniéndome -después de la ira- a pensar si
realmente yo nací en la isla donde - sin tener que entrar en racismo
filosófico- los negros, mulatos, chinos, mestizos o blancos son del
mismo bando, pero es la definición de lo verdadero, lo que no llega a
esclarecernos un Pablo que parece más agonizando que oportunista
momentáneo (muy fuerte a estas alturas).
En resumidas, también nos
habla de dirigentes de más de 75 años, listos para el retiro que lidian,
aunque no lo diga, con artistas jóvenes, y de más de "66" años que se
comprometan a comportarse tranquilitos y que vayan para donde “la ola”
los lleve mientras son premiados con el beneplácito gubernamental de
entrar, salir, cantar o hasta hablar alguna que otra “bobería no tan
dolorosa” de la verdad en la isla, verdad a la que él nunca tuvo la
osadía de encarar.
Sí, es verdad Pablo, todas esas cosas hace mucho
tiempo se saben de Cuba y no hacía falta una eternidad para decirlas,
seguidores vas a tener, digas o no. Has dicho lo que han querido diez millones de
cubanos decir, pero que se alegran de escucharlo en otras
bocas. A decir verdad si la vida valiera algo, sería mejor valorizarla
por la lírica de tus canciones y no por aquellas declaraciones que
nunca hiciste, pues si estás en España hoy, no es por economía, es por
la política.

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