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Escrito por Loreto Sepúlveda Bustos
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RE - ENCANTARNOS
Por Loreto Sepúlveda Bustos
Intentar definir el significado de esta palabra no resulta difícil, es cuestión de separarla en dos vocablos y entender que es volverse a encantar con la autenticidad de los hechos y las cosas; un gran desafío que enfrenta la sociedad actual cuya misión descansa al interior de cada uno, particularmente en los padres, educadores y formadores de niños y jóvenes, éstos últimos hoy en día lucen atónitos a los nuevos cambios que se van sucediendo de manera vertiginosa, sin terminar de sorprenderlos.
La tecnología al unísono de su extraordinario aporte a todas las áreas del conocimiento ha interrumpido de alguna manera, la capacidad de crear, inventar, jugar, armar y enmendar mundos propios desde los conocimientos y talentos personales, dando lugar a un nuevo perfil humano y que obedece a ciertas características claramente definidas como la falta de sensibilidad en donde las emociones no cobran relevancia, una desmedida ambición que no cesa, una baja motivación que viene generalmente del medio y no de nuestras propias necesidades, una ausencia de intimidad consigo mismo reflejada en la sobre exposición de temas o hechos que a nadie interesa más que a nosotros mismos y la ansiosa búsqueda de aquello que haga sentirnos verdaderamente bien y que no logramos aún acusar; confundimos el éxito con la felicidad. En otras palabras, lo natural ha resultado desabrido, casi deslavado; por lo que hemos agregado colorantes y saborizantes que finalmente nos están indigestando.
Otro de los factores que influyen en este paradigma de ser humano moderno, es la velocidad aparente con la que transcurren los hechos, y es aparente porque el tiempo como medida no ha variado, en consideración que somos las personas quienes hemos optimizado ese recurso, reorganizando nuestras actividades; cambios que literalmente obliga a ir con ellos de manera objetiva, ascendente y veraz con fundamentos claros, definidos, creíbles, particularmente de gran impacto en la comunidad.
Nos vamos alejando del encantamiento, toda vez que perdemos la libertad de pensar y expresar nuestras ideas y convicciones, cuando en vez de construir puentes de comunicación levantamos fortalezas en cuyo interior sólo nuestra voz se escucha, cuando nos creemos dueños de la verdad y la razón haciendo sentir al otro como el más pequeño e ignorante de los seres humanos.
Perdemos el dominio de tales cuando el orgullo se transforma en soberbia y la ambición en avaricia, cuando a la sencillez no le damos un peso específico sino tan sólo un valor agregado, cada vez que nos sometemos a la rigidez de los estándares de una sociedad de consumo y cuando a menudo esa loca impaciencia por estudiar lo desconocido es aniquilada por la información inmediata de fácil acceso, en definitiva, cuando creemos que lo hemos descubierto todo.
Aún es tiempo de re- encantarnos y una forma de hacerlo es manteniendo lo genuino de una humanidad - de manera afable y sencilla - con un espíritu libre, sensible e inquieto y una mente abierta a los cambios y en constante búsqueda de la verdad, a través del conocimiento, la experiencia y la creatividad.

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