y toda la mugre y todo
el desamparo.
Ningún sitio mejor
para iniciarse en el conocimiento
de las grandes ausencias: aquí
está el hombre solo y ni siquiera
el otro lado es alguien.
Yo soy
el hombre solo y tú eres Dios
y yo soy de nuevo el hombre.
No hay diferencia entre tu palabra
y la mía, salvo que
nuestros interlocutores son sordos.
No hay diferencia entre tu sordera
y la mía, salvo que nuestros interlocutores
hablan demasiado.
Asoma
tu nariz a la nube y di
si me faltan motivos cuando gasto
tiempo y monedas en vaciar
en tu barba encrespada un poco
de este horror.
Señor,
yo no creo en Ti, pero te pido
que me defiendas esta noche
de los dioses en los que creo. Míralos
caminar entre los hombres disfrazados
de hombres.
Reconócelos
por su seguridad: están seguros.
Remontan calles, clubes, oficinas
y los persigue la seguridad
como una sombra. Y si llueve les sirve
de paraguas y de pañuelo si hace sol.
No necesitan tu perdón pues
"saben lo que hacen". No se dan cuenta
de que los has abandonado y por eso
no preguntan "¡Dios mío Dios mío!" No es
por soberbia sino por ignorancia
que no preguntan, Señor.
La tierra
sigue girando a tu pesar. Los tigres
todavía respiran, se aluniza en la luna
y el corazón de mi madre se rompió
como cáscara de huevo el día más injusto
de 1993.
No te culpo por eso. Al fin
y al cabo, alguna noche su hijo menor
tenía que aprender a caminar herido
y con los ojos abiertos por entre riscos
untados de sangre, candilejas
rebosantes de nieve y otros arduos caminos
de tu divina creación.
Infelices las multitudes
que nunca han entrado a una cabina
de teléfono. Pobrecitas Dios mío lo saben
todo: se conocen ellas y me conocen a mí
que soy el hombre y no me conozco.
Pero no se preocupe, Señor: la ciudad
no conoce a sus padres los hijos
no conocen a sus hermanos los hermanos
compran alcohol en los suburbios
y se emborrachan con un niño demente
que lo conoce todo y siempre
Yo estoy más cerca de todo eso
que los padres que los hijos que los
hermanos y hasta que el niño demente.
Y me emborracho más
y estoy más en silencio, sólo que ya es
muy tarde para limpiar el buen nombre
de esta sabiduría venida a menos.
¿Se comprende que hablo por mí,
que no comprometo a nadie, que soy
el hombre solo y tú eres Dios
y que soy de nuevo el hombre, alzado
sobre dos piernas y hablando por mí,
luego de soportar durante tantos años
que las palabras de otros me definieran?
¡Ah si ser el hombre y Dios
y ser de nuevo el hombre significara algo!
Si estar aquí si hablar si resistir callado.
Pero nada de eso significa.
Perdemos el tiempo, Señor. Se me acabaron
las monedas.
Adiós.
para Rafael Alcides,
esta modesta prolongación
de sus conversaciones con Dios.
A la manera de Empédocles
«yo he sido una vez águila y moza y pez mudo en el mar»
he visto caer los muros levantarse las aguas en briosas
mareas contra las míticas ciudades he hablado con los dioses
(me han mentido) he visto al buda al cristo al krishna al lama
(me han negado: soy hombre) he calumniado al prójimo
y el prójimo me ha calumniado a mí (siempre estamos a mano)
he tentado la suerte en los lupanares que esconde el corazón
he dormido en las calles y en mi cama (la misma cama
en la que he amado a una mujer que no me ha amado) he salido
de noche a perdonar ladrones (ellos me han perdonado)
he besado la mano de mi enemigo al tiempo que le ofrecía
su mejilla he maldecido en el templo y en la sinagoga he
orado en casas de cita y en mi casa he llorado en babilonia
he contemplado al tigris y al eufrates unidos por el nudo
de mi garganta y me he avergonzado de mis ojos acechando
el vaho del febril apareamiento entre los dos torrentes he
estado en delfos preguntando por nadie (nadie sabe que existo
nadie sabe que lloro en silencio y que estoy solo) he alterado
la letra de los himnos de orfeo (donde decía «sólo hablo
para los que estén en la obligación de escucharme» yo canté
«sólo escucho a los que no estén en la obligación de decirme»)
he sufrido y he invitado a sufrir he muerto y he resucitado he sido
y he dejado de ser y todo por haber sido tierra y aire y agua y fuego
y sólo para ser otra vez águila y moza y pez mudo en el mar.
El extranjero
Hoy me puse mis galas de extranjero para salir a caminar. Esta
ciudad no es mía. La recorro sin prisa. Dejo que me recorra como lo
haría la mano de una niña abandonada en una caja de cartón ante la
puerta de un prostíbulo. La ciudad ignora que yo existo. Me escurro
entre portales, columnas, puentes, autos, muros, gente. Soy un fantasma
aferrado a su túnica como al último madero de un bosque a punto de
zozobrar entre las ruinas de un suburbio en llamas. En cada esquina me
aseguro de que aún llevo la isla en peso doblada en el bolsillo.
Asechan los ladrones. Los asesinos cumplen su ronda alrededor de los
ensueños del paseante solitario. Despiertan exhaustos los amantes al
regreso de la dura faena. Si algo le pasara a la isla en peso que llevo
en el bolsillo, la lluvia que ha empezado a caer quedaría congelada en
el aire y tendríamos que abrirnos paso por entre espadas de hielo. Si
algo le pasara a la isla que llevo en el bolsillo. Me resguardo en la
barra de un bar del barrio La Concordia y pido una cerveza y un reloj.
Busco el aturdimiento en el reloj y la hora exacta en la cerveza.
Escribo este poema al dorso de la carta donde me advierten que debo
seis meses de alquiler. ¿Será muy tarde ya para rendirle cuentas de las
derrotas de anoche a la noche de las derrotas de mañana? En la mesa
contigua un hombre llora, otro habla con la sombra de un barco que
navega desconsoladamente en la pared. Yo pago la cerveza y vuelvo a la
intemperie de un mundo que gira a la velocidad de un lirio. Sí, esta
ciudad no es mía, pero tampoco de quienes la heredaron. Es del alba, es
del sueño, es de la noche. Por eso hoy todos nos pusimos las galas de
extranjero para salir a caminar.
Alberto Rodríguez Tosca nació en Artemisa, La Habana, Cuba, en 1962. Poeta, ensayista y narrador. Ha publicado Todas
las jaurías del reyOtros poemas (Premio Nacional de la Crítica, 1992), El
viaje (Ediciones Catapulta, Colombia, 2003), Las derrotas (Premio David de Poesía, 1987),
(Ediciones Unión, 2006). Sus poemas y cuentos han aparecido en
antologías publicadas en Cuba, España, Argentina, México, Colombia,
Venezuela, Puerto Rico, Austria, Italia y Estados Unidos. Reside en
Colombia desde 1994. Dirige un taller de escritura en la Casa de Poesía
Silva.
Abrasada,
Ophir