Tu vista y la mía se han encontrado maravillosamente, han hablado que
nos desconocemos más allá de las butacas, la sala de espera y pienso, a lo
mejor, que tienes una hermana que es un zorzal, inexplicable, con la misma
sonrisa que disfraza tu atisbo, el vuelo del resumen. Tu mirada y la mía
disparan mariposas y diez siglos de encuentros y la recorro por mi mente como
si fuese mi casa, mi nido incompleto, para trazar una novela con tu nombre que
se llama Ojo y es del género de los idólatras, de las constelaciones y del olor
de tu pelo a la luz. Te miro, y hasta creo que bajo a tu nombre y
discutimos por una sinrazón a la hora de la mesa. Tu pupila y la mía se dedican
un tono, tan puntual como un reloj despacio, ofrendando una canción al segundo
en que nuestros amantes vuelven al acecho.
En el puerto de las túnicas pálidas
y vinieron los hombres como pescadores
a zurcir sus túnicas y zarpar las flores que devoran
la codicia del pez, una quimera.
y vinieron de noche con su fe
a espantar paredes y castálidas,
la tranquilidad trizada del recreo
una vida, también los libros.
llegaron anunciando las estrellas
las que quedan
el invoque
arrebatando los cubiertos del pábulo
una envestida en la ventana
la oscuridad que estremece el salmo.
llegaron como la espera
en el momento del humo,
en el exacto momento no apremiado.
llegaron diciendo una fábula
con más cadenas en las nubes
con más puertos inocentes
para atrapar el iluso amor de los varones.
Carta de Penélope a Héctor
sabrás tú de cómo se pacta con la soledad y el grito
y dónde se roba el mar cada noche cuando
el lobo de mi interior bebe el templo, los hilos
pues entre el sol y tú tejeré otro sudario:
un lugar donde parezca que llegabas antes de morir de frío
pues tantas guerras y diez pretendientes pregona el pecho.
pero no les hablé de ti ni que hueles al griego de tus manos
yo misma sueño que me amas que buscas un tiempo
y otro cuento para vernos y bebernos en la sombra
como la boca en que no he muerto
como el desierto donde escondo mis raíces.
En tu muerte lejana hay eternidad y aún me faltan otros 10
para ser más fiel sin tu piedra, en la espalda que no besó Aquiles.
¿qué será de tu lámpara,
del polvo donde murió
tu semen en mi hambre?
yo tendré más tiempo, pero el dolor de alguien será una nube
entonces obraré un puente y creerán que bailo
que soy una tarde con puentes en los hombros.
sabrás que el ovillo que una noche ayudaste a soñar
aún tiene tu retrato, el olor del siglo y otras lanzas
con que tú respondes a mis dedos
y reconoceré otro héroe y sus puñales pues este encierro tiene arena
y Telémaco partió a Esparta
conoce mis amantes y sus ruinas, la claridad de las camisas
yo, que no he mentido nunca
quiero estar desnuda a la mitad de tus senos, un tanto más breve
y amanecer en la mitad de tus ojos es el delito, esperar otra noche.
Ítaca sin ti convocará a la tristeza al recuerdo de una calle oscura
ya no volveré a verte dos veces por semana
y la criada aún vigila el juego que yo entrego
mi infancia la beberá otro nombre que conocí en tu cara, alguien
con un árbol en la luz y en el otro la humedad de la pulpa, del otoño.
tu sabrás que dirán otro pigmento: una fábula azul
el patio quedó sin el mar con tu partida que
llevaba ciervos y peces, el lugar de creerme aún una mujer buena.
Una mujer…
Una mujer, delgadamente, galopa por la verja
y le sonríe a las hojas ciegas como si fuese el otoño
pero no sabe que somos tontos
los que se sientan en los bancos desgarrados
los que le llueven soledades
corre
se aleja
y deja atrás la nostalgia
el frío y el deseo de un amante
sin saber que las sombras sufren de árboles y de hojas
mientras que al revés de cada árbol yacen los azules bancos
de la orfandad de los parques
Buscando un espacio para quedarse
cuando lloro hasta mi último sorbo hasta mi último pedazo de mi córnea
es cuando no llego a tiempo a los cristales o a decir el último nombre que me
queda en la memoria
a quién le duele tener una mujer en sus arterias
cruzando una piedra infinita y unos labios eternos que no huelen a
fantasma, sino a fruta donde se sueña despacio, donde yo también elijo los
cadáveres que derrumban mi felicidad.
cuando soy hermoso y soy soledad, lo confieso
soy la voz y lasuvas de tu pelo
pero cuando lloro por el hambre soy más allá del blanco y los oídos. soy
la urgencia necesaria de las postales, de los viajeros.
Mary Jane, mírame fijamente a los ojos y sabrás que miento, que tengo
otras islas, en cada puerto, en cada esperanza de ser un animal que matas.
he dicho mi piel porque yo hice las estatuas de la ciudad, incluso,
las calladas las que vamos a cazar por medio de los siglos, de los amantes
por medio de mi llanto y de tu pelo que sabe donde flotan mis aguas. Respira mi
pájaro Mary Jane, encuentra la luz de su pez en medio del zarpazo
entra a mi madrugada respira el olor de mi colores, despacio
y parecerás que llegabas.
(sin título)
y se construyó ciudades por dentro
un lugar para reposar las tardes
escribir su juventud
y en ese instante/ en esa
muerte
solo fue un abismo/ otra luz
La muerte de Hypatia
Hypatia,
abre tus pórticos
déjame entrar al calor de tus arbustos
yo puedo ser otro patriarca que lleva su casa
un plazo corto hasta tus miembros
sin saberlo cargaré los siglos más inciertos
el carácter donde saboreo los bares
donde me convierto en vientre
en un alejandrino destruído y sin nombre
preséntame tu invierno perfecto
esa juventud desconocida
Plotino no será tu cárcel en mis manos
en mis libros
en la hora en que cenamos junto al mar
para ver pasar los peces y las nubes
sé sencilla
crea un faro con tus rumores
en Nitria lloverá otro desierto
otras culpas para tu muerte
nadie paseará tu cadáver sobre tejas
y ni tu magia astronómica del sexo
se extinguirá por los siglos
yo apagaré el Cinareo
beberé otros vientos más allá de la luz
descansando en tu seno albino y pagano
para poder adorar otros dioses tras la puerta.
Como faltando un poco de aire
Mary Jane llevaba un vaso de licor en su frente
y como una música o un río
danzaba entre la multitud de mi ojos
que no tenían más cenizas que su música
también mis ojos tenían un vivir en sus piernas
que saltaban de un puerto hacia la otra mesa
sus muslos que poseen el blanco de la luna
pueden romper y fabricar estatuas
sus piernas tienen un lugar donde se guardan los dedos
donde me puedo castigar en las noches con su nombre.
Pero Mary Jane no sabe que existo como un grano de manzana
como el ojo del extraño que la persigue con
el mismo silencio de un crimen.
Si supiera que soy Dios, el que habla
me amaría casi eterna sin crucifijos ni tendones
tendiera el mantel que una vez vi morir tras los abedules
e hiciera otras cosas indecibles mientras duerme.
Si yo me destruyera, Mary Jane, en este mismo instante
nadie te hubiera dejado un beso sin saber
nadie hubiera descrito lascivamente el mapa de tus tetas
nadie hablaría de ti ni tampoco de mí en
otras felicidades que trae la noche
pues soy quien te lleva el viento y otras brújulas
y quien te lleva también ese vestido ligero
que seduce al descuido y a los hombres
y rompe mi cabeza sin las desidias de la aurora.
Ay, Mary Jane pasando nuevamente por mis ojos
sin escrúpulos ni permisos
solo con su danza destinada al azar
si conocieras certeramente la Ley de Newton
u otra ley que compagine con los hombres y las bestias
amanecieras sin motivo en mi saliva en cada historia
como un náufrago que brinda por sus animales
después de lo planeado, después de un pez u otra ola
tú, mujer, eres una poesía en un mundo más sucio
en este segundo en que bailas con un vaso de licor en tu frente.
A quién culpo
¿y a quién culpo
si los tizianos no devoraron tu boca
si no se entregaron otros días de espera?
vuelve a tus tierras
sin mis signos que cuentan lo incierto
sin extender el castigo que pueda
beber la almendra de tu piel
la cicatriz inexacta de tu bálsamo
simplemente huye
aplastando el olor donde no saludo
para no dejar un trozo de ti
donde tus guerras médicas
son un pedazo de mar que se asoma
ante el miedo de mirarte
y dejar otra isla en mis arterias.
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Ángel Fernández (Gélico). Nace en Sancti Spiritus en 1972, Cuba. La mayor parte de su vida vive en la ciudad de Santa Clara, donde a comienzos de los 90s se introduce en mundo cultural de su país, involucrándose con los poetas y escritores de la nueva generación de los 80s y 90s. Su obra, tanto plástica como literaria, ha sido exhibida y publicada en diferentes antologías de poesía y literatura latinoamericana y publicaciones del orbe. Actualmente vive en Toronto, Canadá. Es acreedor de diferentes premios nacionales e internacionales en poesía y narrativa. Ha sido jurado en múltiples eventos literarios. En la actualidad es Editor y Creador de la Revista sobre Arte y Literatura Contemporánea Cañasanta.
gelico, amigo. tu poesia inspira en cada letra, nos eleva el espriritu un nos concentra en lo que somos. gracias por tus clases y por todo lo que nos brindas. un abrazo desde aca.
Una de las instituciones de educación y creación
artística más importantes en Latinoamérica,
es el Centro Nacional de las Artes, en este espacio te mostramos
un panorama general de la vida académica, artística
y del disfrute de las manifestaciones más importantes
del arte actual en distintas vertientes que convergen en el
Centro Nacional de las Artes.
un abrazo.