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Ángel Rafael Nungaray - Poesía Imprimir E-Mail
Escrito por Cañasanta   
jueves, 19 de febrero de 2009

 
 
 
 Ángel Rafael Nungaray 
Poesía
 
 
 
 

ESCALAR EL VÉRTIGO
 
 
 
 
 
 
 
3

Crece la hoguera de las serpientes

en los delirios de los enfermos

y las dolencias son reducidas a sueños

que marginan la premura terrible de la ciudad

y se precipitan sobre pasillos lejanos

Han de quedarse quietos los instantes de la lucidez

como el sonido del sol en el vértigo de la tierra

porque prefiguran espejismos en la volición de los desamparados.

como antiguas campanas cuyo crepitar herrumbroso

no se olvida

cuyo significado atesora la humedad de las ruinas

y el efecto de la ceniza sobre la memoria

Se acerca el sueño para cubrir

los agitados sentidos de la desolación

Los pacientes se han alejado

y el horizonte con su permanencia

borra la blancura instantánea de sus pasos

La luz se limita al hilo de plata

que sostiene a un silencio plúmbeo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
4

La soledad es una terraza

donde crecen los vestigios invisibles de lunas futuras

y los derrocamientos de ángeles dispersos en las ruinas

de la ausencia


Sabrán los enfermos que en los síntomas inmóviles

la soledad hunde sus cuchillos oscuros?

Sabrán de las barricadas que ella construye

con el acero terrible de la indiferencia?


Estar enfermo es encontrar el centro inicial del abandono


Estar enfermo es defender la soledad















5

Cesa dios en el organismo


La blancura de esa ausencia

es paz en las raíces

fructificación de los esquemas

del abandono


Cesa el organismo

como un cauce saturado

como la lejanía en las entrañas

de estrellas próximas


Cesa lo corpóreo de la palabra

en el flujo imperceptible de Dios


Cesa el cauce   cesa dios

como la maduración en  la fertilidad

de los desiertos

Cunden las raíces en la transparencia

hasta donde la cima del fruto no alcanza




 
 
 
 
 
 
6

Canto del límite

del inerte signo

El signo vaciando los cantos

de la cristalina presencia

en los cercanos lindes



Alba limitada

en la penumbra de un dios

que escala el seno apacible

de la caída


Alba del canto

Dios y sus lindes

En el remanso infranqueable

está el cristal de la presencia








7

Duermo  donde el día se aleja

en la materia viva que sustenta la claridad


Libre desde las raíces como el signo del abismo

Soy el vértigo del agua


Hay rasgos que no perdonan

Sitios que la sangre calcina

Y un albergue donde madura el abandono


Soporto el resplandor como un síntoma de la enfermedad

He caído con el peso del perdón en el centro del aire

me sobra el refugio   es vasto el origen


Una rivera circunda los espejismos


Es transparente la noche


El cuerpo del despertar se aleja
 
 
 
 
 
 
 
8

He visto las hogueras blancas

son criaturas que surgen del agua áurea


Escalo el vértigo de la certidumbre

en los pasos del paisaje

he rebasado  al día el cuerpo es limitado


El ser se mueve con la rapidez de la calcinación


Desperté en los altares a las ruinas furtivas del presente

Los espejismos de la velocidad circundad la luz


No tengo otra certeza

que la edificada por lo divino en el eje de la memoria

Reservo la virtud del precipicio en el espíritu








9

Arden los cristales de la salud

en el horno de la misericordia

La enfermedad es una defensa del cuerpo

el abismo de la gracia


Cesa el dolor en la sed

como un sentido primordial de la carne


Los dolientes caminan en círculos

hasta  desaparecer

y regresan como sombras blancas

que ha lavado el fulgor de la Presencia



Es el instante en que Dios

es la carne del doliente









10

Nazco en el incendio

El ser fructifica sus esquemas

el espíritu habita en el germen de la llama

Nacer(se) fuego

El fulgor es el sentido interno de Dios

la opacidad    el sentido externo


Dios adolece de Dios

en su cercanía con el hombre

Dios se ciega de Dios

se ciega del hombre

se ciega del cristal que emana


Su ausencia se desplaza como el ave de la pavesa

en el fuego de la materia

el ser permanece alrededor de esa refulgencia


Cuando Dios madura en el hombre

éste cae en el incendio

En la lejanía el hombre se reconoce fuego

en su proximidad con la unidad








Ángel Rafael Nungaray  ( Yahualica, Jal., 1968). Autor de los poemarios: Estaciones de la noche (2002),  En el vacío de la luz (2002), Morada ulterior (2004) y Plexilio (2008). Está incluido en Poesía viva de Jalisco (2004),  Muestrario de letras en Jalisco (2005), Los mejores poemas mexicanos (2006), Animales distintos. Muestrario de poetas mexicanos, españoles y argentinos nacidos en los sesenta (2008) y El mapa poético de México (2008). Colabora  tanto en revistas nacionales como internacionales. Actualmente es becario del Conaculta en el Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo  Artístico de Estado de Jalisco.


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Comentarios (2)add
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escrito por Silvia Loustau , febrero 21, 2009
Una poesía que deslumbra, constituyeb¡nte de la Katharsis del arte. Los felicito por la edición de ests poeta.

Silvia Loustau
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escrito por Hector cediel , febrero 22, 2009
Cuando la poesia se comparte con generosidad, no solo se da a conocer la obra... sino que indirectamente se influye sobre ese lector y se le motiva aescribir, a descubrir el asombro en los versos, a crear o embellecer los textos o a descubrir la magia con mètaforas... Aveces se piensa que ha sido en vano el esfuerzo, pero usted debe sentirse muy orgullosos por la voz de estos textos Gracias, aprecuiado colega

Desde Locombia, un abrazo afectuoso Hector Cediel
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