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Edelmis Anoceto Imprimir E-Mail
Escrito por Edelmis Anoceto   
jueves, 08 de mayo de 2008

 


 

 

Image

 

EDELMIS ANOCETO 

 

 

 

 



AGUJERO NEGRO
(textos aún inéditos) 

 



Así es y así será: a la oscuridad van el cuerdo y el hermoso. Coronados de lirio y de laurel ellos van.
Pero yo no me resigno.

EDNA ST. VINCENT MILLAY







 MATERIA OSCURA



Sospecho de la flor, de la silueta que no se deja esculpir.
El agua trae muertos, movimiento de la naturaleza
para seducirme, hacer de mí un nombre,
un número.
No hay otra cosa en el lugar donde estuvo la flor.
Yo creo en lo vacuo y es esa perfección la que me tienta
a quedarme en el límite del límite,
desguarnecido, al centro de apagadas intemperies.
La luz tiene fronteras que el hombre no atraviesa.
El agua trae muertos virtuales a mis ojos,
deposita sus cuerpos,
ojos de mis ojos.

 

 



 MÁQUINA DE MOLER SUEÑOS




Falsa es la calle
por donde cruzas de vez en cuando un invierno
y te pones a revisar la multitud,
congregación de espectros.

Falso es el viento, cárcel,
que te deja en la esquina un olor amargo
y unas ansias terribles de inexistencia,
de cadena perpetua.

Las voces no logran convencerte
de que en algún lugar has de estallar,
y sientes que tu cuerpo es una caja
trasladada hacia una provincia sin nombre.

Esa tranquilidad no está al alcance
cuando inauguras lo que será carroña fluorescente
dejada en un rincón,
y ves los charcos secarse bajo el sol,
inmundicias que agradece la mirada
de quien aguarda su castigo
como una bendición.

Vidrios, ramajes, vacío,
todo se mezcla para ser consumido
por una perfección en la que ya no crees,
aunque a veces aplaudes por costumbre
o por vengarte del silencio.

Pena máxima.
Lo que ayer adorabas es ahora un pedazo
de barro endurecido, un fragmento de foto
que nunca fue desecho,
porque inventaste que era algo preciado
por aquellos que siempre te dieron la espalda en el cadalso,
algo cálido como una lágrima
conservada en un frasco de cristal.

Falsos los juramentos,
pestilentes en las relucientes guillotinas,
y las promesas que ahora recolectas,
huecas almendras bajo el árbol enfermo y solo del desierto.

Aquello que recoges
pasa bajo la rueda dentada
y avanza hecho cenizas,
días y lugares, efímero esplendor,
transformados por fin en puro desperdicio.

La trituración es digna del elogio
si en ella se concentran todas las inmundicias,
si de ella resulta alguna purificación.
Pero estás ausente cuando el agua
debe lavar tu vida de impurezas.

 

 

 




 ESPEJISMO CONTRA EL ALBA

De cuando estuve loco
JOAN M. SERRAT




No pude salir a confundirme
ante la mirada de los transeúntes,
no pude huir del llanto al llanto,
porque era jueves y los zapatos se rompían
de tanta humedad.

No supe entrar en la gruta, en ese país,
pequeñísima estancia con olor a tierra.
Puertas cerradas y banderas azules
que dejan en el aire su vacío.

Un día vi a las muchachas, recorrían
las mismas calles que ayer atravesaban los tranvías.
Las muchachas eran como esas flores
en cuyos pétalos el viento no repara.

Un poco de carmín, adiós, madre,
los zapatos se rompen y es tan largo el ayuno,
después haremos las paces con Dios.

Y era bello sin embargo, caerse de bruces,
besar la cruz, era bello.
La obediencia una queja sin pronunciar,
pero latente en los rincones
donde se avizora al enemigo
en esos tristes juegos sin sentido,
sin la maldita lágrima que no deja de caer.

Sobre el país
la maldita lágrima que no deja de caer,
porque es el mismo jueves de siempre,
en los sillones y debajo de la cama,
allí donde los transeúntes ya no esperan
y las muchachas se quedan dormidas,
aunque el sol brille sobre sus rostros perfumados.
Las veremos andar
con esa desnudez que nunca comprendimos.

Aquí estuve para calmar la sed,
en andenes prohibidos,
aunque no había nadie, nadie arrastraba
esa carga de sueños.

Nadie se salía de las fotos
para decir este es mi nombre,
vengo desde los cotos privados,
de las guerras privadas,
y mis manos sangran infinitamente.

Si pudiera perderme en esas multitudes,
mezclar mis zapatos con los suyos,
si pudiera contar los pasos
en una procesión hacia el Toboso,
atraído siempre por voces desgarradas.

Es tan sencillo detenerse en la tierra de nadie
y ver cómo cae aquello que esperaba
sin dejar un soplo que justifique la obsesión.
Por una calle se sale al vacío,
mientras por las bocas penetran los fantasmas,
las fiebres, el dolor que bebo
sin quejarme de cuando estuve loco.

Pienso que es sencillo detenerse,
arrastrar las dudas hacia cualquier norte
sin estrella,
dejando atrás cada latido,
cada centímetro de piel sobre el asfalto.

Descubro que el refugio puede ser una gruta cualquiera,
esa porción de tierra que se avista
como si fuera un espejismo contra el alba,
contra el ruido que sale del espejo,
contra el jueves ardiendo en la garganta,
contra el simple prodigio de los dioses,
con los cuales habrá que hacer las paces
alguna vez,
como cualquier muchacha.

 

 



 TRAMPAS



Para saldar las cuentas con el sabio, el inocente que pasa cabizbajo, no esos diurnos con lenguas viperinas, evoco las tormentas que devastaron las estatuas y rociaron con miedo lo nocturno de una espiga infecunda.

Siento la daga furtiva entrar en la roca, la flecha viajar a fronteras imaginarias donde la sal es una promesa para los labios.

Ninguna profanación debe incriminarme ante el Parnaso, esa provincia por mí no visitada arderá en otros ojos.

No quiero ver partir estos mensajes si no es hacia el silencio.
 
El fuego es reciente en la hoguera donde debieron incendiarme para sacar de mí un poco de esperanza, acaso un impuro esplendor en el último minuto.

De pie, en la peor de todas las madrugadas, en las infructuosas observaciones del firmamento, no quiero ver partir estos mensajes, elegías, destilaciones infrahumanas de mi cuerpo.

Para hacer las paces con el sabio, mejor no moldear esa arcilla que es la duda. La gema cruje ante el vacío de las miradas.

El ánfora no ostenta la belleza si mi mano llega a sostenerla en medio de las ruinas.

Mensajes en botellas que se llevan de mí lo más preciado, lo fatal al fin. Trampas de la virtud y la alucinación que la virtud encierra. Me expulsan a las sombras, sin versos, sin poemas.

Ahí están los símbolos que sostienen lo transparente, está lo dicho y lo reposado sobre las mesas bacanales, para ser escuchado en la memoria de lo incierto. Vacuidades incorporadas a las páginas de la historia.

Ahí están la espera y el brillo en el carcaj, el último jardín y los días que faltan para hacerme inasible.

Lo dado por perdido después de la batalla, lo que quiere claudicar ante la lluvia simple, porque no ha conocido la quietud, ese es el color que aflora en la verdad. Lo dado por perdido.

Ahí están la espera y el brillo en el carcaj, el último jardín y los días que faltan para hacerme inasible. Ahí están los símbolos que sostienen lo transparente, está lo dicho y lo reposado sobre las mesas bacanales, para ser escuchado en la memoria de lo incierto. Vacuidades incorporadas a las páginas de la historia. Mensajes en botellas que se llevan de mí lo más preciado, lo fatal al fin. Trampas de la virtud y la alucinación que la virtud encierra. Me expulsan a las sombras, sin versos, sin poemas. El ánfora no ostenta la belleza si mi mano llega a sostenerla en medio de las ruinas. Para hacer las paces con el sabio, mejor no moldear esa arcilla que es la duda. La gema cruje ante el vacío de las miradas. De pie, en la peor de todas las madrugadas, en las infructuosas observaciones del firmamento, no quiero ver partir estos mensajes, elegías, destilaciones infrahumanas de mi cuerpo. El fuego es reciente en la hoguera donde debieron incendiarme para sacar de mí un poco de esperanza, acaso un impuro esplendor en el último minuto. No quiero ver partir estos mensajes si no es hacia el silencio. Ninguna profanación debe incriminarme ante el Parnaso, esa provincia por mí no visitada arderá en otros ojos. Siento la daga furtiva entrar en la roca, la flecha viajar a fronteras imaginarias donde la sal es una promesa para los labios. Para saldar las cuentas con el sabio, el inocente que pasa cabizbajo, no esos diurnos con lenguas viperinas, evoco las tormentas que devastaron las estatuas y rociaron con miedo lo nocturno de una espiga infecunda.

 

 

 



 HA DE EXTINGUIRSE

Qué cuadro estuvo donde está la mancha
ELISEO DIEGO




El ayer un río,
el mañana un río,
y yo junto a ambos, sentado.

La imagen que cuelga en la pared ha de extinguirse.
No sé si es por eso que leo lo que escriben otros,
si es François Villon viéndolo todo en agonía,
si es el enfermo que desprecia la consolación.

En la mañana, aún sin levantarme de la cama,
leo las negras páginas que escribí
en el comienzo de alguna primavera
frustrada ya desde el primer retoño,
desde el primer trino.

Yo estoy en esa imagen que cuelga en la pared
y ha de extinguirse.
Y los cuerpos son raros y se desconocen,
es difícil alimentarlos de la nada.

Si fuésemos tomados de las manos por las calles
como acabo de soñar después de leer esto que escribo,
ya no me haría ilusiones,
que no son otra cosa que los ojos
extrañamente mezclados con la luz.

El ayer una herida,
el mañana una herida,
y yo dentro de ambos, mirando.

Quisiera que el dolor fuera una fruta
roída por las alimañas de la noche
o seca por el sol
o podrida por la lluvia,
que tuviera una caída natural,
no esta dolencia de siglos que padezco.

(Imagen en la pared que ha de extinguirse
como esas especies de que hablan las noticias).

 

 



 LO QUE TOCA A MI PUERTA



En el sismo está la pregunta, surge
a pesar de las lluvias y de los augurios.

La pregunta es oscura, es poderosa,
puede ser respirada
por esos amantes que han de encarnar la noche
como si fuera un juego efímero, placentero,
un gesto simple que el sismo borrará.

Lo que toca a mi puerta se adivina,
duda que aguarda, ignota.
Su geografía es impenetrable,
una lágrima que está bajando por la puerta,
es la venganza que cada forma encubre.

Es la imagen que en cada forma muere
y viaja como un río de lava
cuyo fin es arder en los ojos,
cuyo comienzo es la escritura
sobre la piel.

Pero nada de eso puede ser escrito
sin un poco de angustia,
no puede ser puesto sobre lo blanco
a la hora en que los cantos no son cantos,
los hijos ya no asoman sonrientes,
porque el sismo ha crecido
y las oraciones niegan todo cielo.
Tirito.

Lo que toca a mi puerta es el peligro,
es el barro que ocupa lo que el barro dejó
tras esa lluvia de las noches de insomnio.

 

 

 


 El ESTE SOY



El árbol se estremece ante lo escrito,
pero nada me tienta a profanar
sus libertades.
He visto
columnas de roca
que ansían tenderse sobre el agua
con dolor.
Mis vidas están hechas de ese recuerdo
y del silencio retenido en otras vidas
que dejaron de ser la dicha,
el sobresalto, el este soy que escribo.

 

 



 HOME AND AWAY




Caminar por la orilla del río
pudiera ser un acto tan sublime
y tan común como cualquier muerte.
De nada sirve sin embargo esa aventura
cuando el frío es todavía quien rige
detrás del Hospital Nuevo,
detrás de cada hallazgo.

De espaldas a mi casa
veo otras casas diminutas
formar su geografía,
como posadas en la intemperie hostil,
y la distancia entre una y otra vida
me destierra,
me hace mirar atrás.

La tarde es larga,
circunstancia de una tarde inmóvil,
que baja desde el cielo como una llovizna
y cae sobre el techo de mi casa
sin dejar allí un vestigio,
ni siquiera una mínima sorpresa,
solo manchas de cal en el piso.

Circunstancia de una tarde
abierta a los rostros en la acechanza,
y al corto viaje hacia la noche,
mientras el río arrastra su pobreza
y alimenta con ella mis raíces,
los huesos salidos del sepulcro.
Circunstancia de una tarde
para recostar en la pequeña mesa
los restos que abandona la costumbre
y solo la costumbre dignifica
en horas fugaces.

Ahora
que descubro los nombres contra junio
y cansado los pongo entre las sábanas.
Ahora,
en esta reunión de flores rotas,
mensajes tragados por el mar,
en la sala del Hospital Nuevo
se dejan ver los efluvios, los fantasmas
andar entre los cuerpos.

Veo llegar el día en que este río
no ha de traer las cosas como ayer,
aquellas que los dioses sacrifican
en nuestro nombre.
La casa y sus afueras
bañada por un sol que es siempre el mismo,
siempre el mismo ritual sobre los techos.

Caminar por la orilla del río
es imposible,
si conocemos el regreso del agua
y sabemos de su estanque en otro sitio.
Hay lejanías
que quedan en mi casa imaginaria,
virtuales paredes
para apresar la hora que llega
sin nada promisorio entre las manos,
solo algunas mentiras desechables,
que el perro olfateará,
acaso enterrará un fragmento en el jardín.
Nosotros no tenemos tanta suerte,
tanto jardín.

 

 



 ES CIERTO JOSÉ LUIS SANTOS


lo que es vivir en un ingenio
J. L. S.




Yo sé el viajero que carga con su infierno,
su pedacito de sombra accidentada,
descomponiendo en piezas los insectos luminosos,
sin ser percibido, solo andar descalzo
cuando ya es tarde para salirse del ruedo,
asediar el olor de la fruta un domingo cualquiera
en que el polvo no es otra cosa
que una palabra estancada en los portales.

Sobre las tumbas el enfermo descansa,
entre los crucifijos y las lápidas,
saltando esos obstáculos,
y no hay un solo gemido que despierte
a quienes no comprenden su premura
por escapar, salirse de una vez,
contra los siglos que cuelgan de las paredes
goteando su poca fertilidad.

Su casa pudo arder,
ser una victima de sí misma,
pero al prófugo no bastó un sitio donde sucumbir
tras las promesas de las novias de un día.

Allí, donde nada es confesable,
los ruidos de las noches se juntan con los rostros
y el aire está cargado de poemas temibles.

Es cierto que de pronto la lluvia no parece
aquella melodía que anuncian las noticias
y las espinas llegan hasta el lugar más íntimo.

Es cierto el polvo,
cierto también el tedio
sobre un mapa con mercados, necrópolis,
iglesias, funerarias, santuarios,
templos, campanarios, morgues.

No hay tiempo para el dolor después que se despierta
de esa cruzada en que no fue posible encontrar miel,
una fuente para el consuelo.

La gloria es una broma insistente y corrosiva
sobre las callejas de guijarros que desandamos,
donde a veces no se puede discernir ningún destino
y las palabras se confunden en la boca,
son un cardume que sale de nosotros
para posarse en un predio
que siempre habrá que desconocer.

Porque no hay estaciones,
el paisaje envejece a cada estertor nuestro.
Y solo nos queda eso,
la ceniza, José Luis,
toda la absurda ceniza de los ingenios.

 

 

 


 
 CULPABILIDADES



La lluvia es culpable de todo lo que en mí nace,
es culpable del llanto a la hora de los juramentos
ante los altares en los cuales no creo,
simplemente porque son construidos por el hombre,
por él imaginados, eclipses diurnos,
que habrá que observar mediante un vidrio oscuro.

Yo soy culpable de tales pensamientos,
de discursos enfermos que arrastro hacia los sitios
menos sagrados
de la ciudad menos sagrada.
Son como una muchedumbre que marcha
en pos de una lumbre cada vez más débil,
con la esperanza de regodearse allí
donde se puede descansar del vértigo.

Yo soy culpable de tales pensamientos.

La lluvia es triste como todo lo que cae
y se pierde en la tierra para siempre,
todos los días para siempre.

Yo he dicho esto en otras ocasiones
que no puedo recordar con precisión.
Lo he dicho a través de un cristal
a alguien que no ha entendido ni media palabra,
ni medio gesto;
lo he dicho con señales de humo,
lo he dicho a través del teléfono,
que es lo mismo que decírselo al teléfono;
lo he dicho en otras lenguas,
lenguas muertas
aprendidas en universidades sospechosas.

En esa cárcel sin paredes que es el miedo
no he podido gritar una pregunta
que me salve de halar las cadenas
en busca de una plenitud inservible.

Solo comprendo aquello que la lluvia ha mojado
de manera casual,
sin intención de hacerme padecer
esos dolores que son tan deseables
porque en mi carne han aprendido a respirar
el olor que mana de la tierra pantanosa
que la lluvia fecunda.

Sangre que baja desde el cielo
para depositar su mensaje en las estatuas,
ilustres, heladas, sonrientes,
mojar banderas de ficticias libertades,
practicar su erosión sobre el alba del hombre,
descomponer la brújula en su mano.

La lluvia es sobre la espalda una traición,
un crimen,
como es una traición y un crimen
lo que a mí mismo digo para auto complacerme
y escondo a los demás por evitarme el esfuerzo.

 

 



 PELIGROS



Cansado del tropiezo y de la burla, por ese breve albedrío que es estar vivo,
muerto de sed y de palabras dulces por decir en oídos extraños,
diamantes, resplandores,
ya no sé cuánto tiempo me separa del destierro,
los hierros oxidados de las horas finales,
sus ruidos en lo remoto se dejan escuchar desde el pasado,
la rosa mirada a través de los remolinos del viento
no sabe la espera en los umbrales de un bosque
cada vez más lejos de casa,
siempre menos creíble, inalcanzable.

Nada me incita.
Sin rumbo es la marcha cuando no hay espíritu dentro de los cuerpos
y en las calles de aceras sucias con restos de comida y periódicos de ayer,
los ritos de la muerte se entremezclan
unos en otros convertidos, como páginas de un mismo libro,
hojeado por quien busca en él su rostro
y solo puede visualizar una pequeña estrella que se apaga
y se aleja sin sentido,
queda únicamente un poco de sosiego, un canto de alabanza para nadie.

Dejarse seducir por el aliento de una bestia, entrar en los laberintos sin muros del olvido,
vida sin nombre, hacia el amanecer de cualquier fugitivo en la noche.

Callar es el peligro, sentarse a ver el suicidio de los hijos,
ver los rostros morirse poco a poco,
con el silencio cayendo en las espaldas.

Salideros por donde se filtra la demencia
acumulada en recipientes hechos con la arcilla de un osario,
es una trampa de fuego que han puesto en la ventana
para saquear toda la esperanza, incinerar las mariposas
que antes vendrían a bendecirme,
cegar la luz divisada en la mañana. Pequeñas sumisiones,
harán de mí un cuerpo abandonado con desdén en una playa.
Pequeños ocasos,
harán de mí el ocaso definitivo.
 

 

 

 



 PARTOS




Estoy muy cerca de ser otro
cuando aparece esta visión,
el espectro del padre de Hamlet
que no ha de ser mi padre sin embargo,
y no comprendo cómo se puede frente a la nada
hacer brotar un poco de aliento.

Observo partos que anteceden a la hazaña
de entrar en el aire circundante
con la parsimonia que un anciano
entra en un erial.

Toda mi vida se reduce a ese dibujo,
o a ese llanto,
saltar de un reino a otro
como de piedra en piedra sobre el lecho del río.

No se puede fallar un solo paso.
No se puede siquiera imaginar esa pérdida.
No hay tiempo para un solo gesto improductivo.
No hay un palmo de hierba que no sea vedado.
No hay una obra que signifique un buen augurio.
No hay vendimia después de la sed,
Ofelia flotando en la corriente.

Del otro lado
están los valles que mis ojos odiarán,
porque en ellos no se siembra el fruto estéril,
solo aquello que nos hace ser parte de una historia,
un pasaje que nadie después recordará,
el mínimo fragmento de una obra
inconclusa y trágica.

De un lado al otro un puente se levanta,
y sin embargo ya no puedo cruzarlo
sin sentir que mis pies son meros espejismos
y mis destinos pura transparencia.

Veo partos,
cuerpos que salen de otros cuerpos,
surgen ante mí como misterios insondables.

Solo puedo saber que son espectros,
que les corren palabras por las venas,
y fabrican sus casas con palabras
recogidas de los vertederos humanos
como si fueran sueños,
dulces sueños que yacen en los pantanos.

Yo veo partos,
suicidios que ya estaban escritos
en las biblias y en las paredes,
en los cuadernos y en las pieles,
tenebrosos alumbramientos
que arderán en los lechos para siempre.

 

 



 CAUSAS VERDADERAS



El signo es la desnudez y el insomnio en la tarde,
cuando nadie nos pregunta por el cansancio.
Y nos empeñamos en componer una elegía,
un simulacro que nos haga entrar de una vez en la ciudad
de donde nunca debimos partir.
Nunca debimos pretender el salto.

Todo el aliento del desaliento
en mitad de esa aurora que no cesa.

Es en su aparición donde escondo las causas verdaderas,
en el bosque talado por manos impacientes,
nerviosas,
y debajo de las hojas, en los fondos imaginables
de una tierra poseída por criaturas de moda,
arduas en sus luces.
En los álamos vistos por Frost,
consumido en la frialdad de su nombre,
y en la duda.

Celebraciones sin otra resonancia que no sea la piedra
y su vínculo con el canto del metal
y el navideño canto de esperanza,
por el mortal que ha dormido de un año a otro
para ver la nueva carne hacerse cierta,
la tierra hacerse suave pan
que ha de comer en una pantalla,
una pesadilla,
un dibujo infantil, el domingo sin fuego familiar
y la detonación de medianoche.

Solo esa liturgia podrá crear una puerta,
el pasadizo donde se busca algo digno de guardar en la despensa,
la herramienta que construye las paredes de los días más pródigos,
en los que los amigos no han de simular su ademán conciliatorio,
porque en ellos el triunfo es fruto de los ojos
y de ese canibalismo que se empeñan en negar.

Si alguien preguntara la hora
en que debemos desprendernos de todo,
del viaje y la quimera
donde ya no seremos los tristes inventores de juguetes prohibidos
y cortamos la carne con profesionalidad,
diríamos que no somos otra cosa que sombra ensimismada,
presta a saldar las cuentas sin reparo,
a beberse la lluvia porque cae del cielo,
y que lo hacemos todo con el mayor cuidado,
multiplicando formas que ofertar a la noche,
a la epopeya que anuncia el amanecer.

Diríamos que somos la imagen y la semejanza,
que una vez nos dormimos
y ahora despertamos con temor a lo oscuro
o a esa ilusión que nos ha sido vedada.

 

 


 SALTOS



Si lo que te conmueve es la piedra,
así pondrás en el diamante tu esperanza
y tendrás el cuerpo exhausto.

Si lo que te conmueve es el fuego,
así serás el pico del águila en la víscera del héroe
y tendrás lumbre.

 

 

 

 

 

 

 



 PEDALEOS



Cuidado con el viento,
trae esa música y te la deja en la conciencia,
y el perro caminando solo
en lo más ardiente del verano, Bukowski.

Es así como se despedirán lo hijos de los hijos cuando vayan a Marte.

Te lo juro,
uno puede imaginarse muerto de risa,
imaginarse el cangrejo ciego en una playa mediocre
como esas que nos son reservadas a nosotros,
solo a nosotros Caibarién o El Salto,
cicatrices en el mapa de la provincia,
nos vienen doliendo desde la era mesozoica,
la coca cola más fría del desierto;
y descubres de pronto que el viento
te da en la espalda mientras sigues pedaleando
como si contigo no fuera.

Ahí estás avanzando con versos en la cabeza
y los pies en los pedales
a 7 kilómetros por hora.

Cuidado con el viento a las 9 de la mañana
que te pone esa música y te lloran los ojos
cuando entras a la oficina,
te paras en la puerta con ganas de regresar
y te preguntas cómo serán los hijos de tus hijos
cuando se despidan de ti en el asilo de ancianos,
pescado en nevera,
y se vayan a Marte como unos perros,
solos.

Pero estás a unas cuadras
de la triste noticia de los hijos de tus hijos,
de sentarte a escuchar lo que no dirán,
porque no quieres escuchar los crímenes de pasillo.

Te pones a dibujar un círculo en el aire
con los pies.
La perfecta maniobra y la música imperfecta
dejan atrás la vida en un latón de basura
(podrías recogerla al regreso del trabajo).

Todos los días esa música te lame las entrañas, aunque te sientes en un sillón a fumar la nada
y el todo se disperse con el humo,
por ejemplo,
esos recuerdos mezclados con la sangre
que se niega sellarte las heridas,
y solo quiere correrte por las venas
absurdamente.

 

 

 



 NI BORGES NI YO



Me dejaste caer,
espada de algún rey que se tragó el pantano,
aquella noche misma fue pronto una mañana,
y de regreso fue
como la perla saltada de las manos,
inútil procesión hacia un Edén
dibujado sobre la tierra árida.

Yo te veía y tú no me veías de tan ciego
o de tan ciega, ¿cómo saber si eras mujer?
No dijiste al fin ni una vez más
ni siquiera con la voz que no te pertenece:
Qué me importa desde ahora la belleza (Byron),
o ese polvo dando en los cristales,
o esos sencillos juegos
que dejan miedo en los hijos.

Y estabas ciego antes que yo naciera,
y te leía ella, también antes de que yo naciera.

Yo era un pozo, era imposible que te estuvieras dentro,
sin pretender salirte de la conversación.

Te dejó caer,
sin que importara para nada la Belleza,
Borges, era preferible, a otro sitio de la noche,
de donde no se sale,
de donde no se puede tener este recuerdo,
entre otras cosas útiles o bellas.

 

 



 SUCIO ES EL VERBO



Sucio es el verbo en el principio,
la melodía tañida en el laúd,
lo sé
porque en el raro impulso
que traspasa el hielo de los años
no ha habido otra caricia que el recuerdo.
Me he visto merodear
los laberintos soterrados en mi infancia,
sin que asome una luciérnaga prodigiosa,
una certeza capaz de construir el reino codiciado.

Helada es la región
en la que yace cada floración de la piel,
no es una ofrenda que se agradece
como el ave cantora tras la guerra.
Solo esta voluntad de delirar
me hace alzar la bandera
y mantener en vilo un canto de alabanza.

Los viajes no terminan después de tanta lasitud,
después de componer en salmos la desidia
y enmendar con palabras lo que otros
quisieron blandir contra mi nombre.
No termina aún el tránsito a la cumbre,
con las alas abiertas el acceso a una forma prohibida,
donde no queda otro estrado que conquistar,
porque el viento ha negado su voz;
su punto cardinal ahora fenece
contra el bien y el mal de toda semilla.

Hartos de luz cenital están mis ojos,
de ver pasar las nubes
a confines de invierno y aridez
que el cautivo nunca podrá nombrar
desde una celda de frugalidad.
Cuánta ceniza y herrumbre y hierba muerta
serán bajo mis pasos lo que ame
y no el hallazgo simple, lo dejado
a un espacio donde me desconozco.
Cuánto eco y clamor y rugido
harán de mi labor un torpe juego
y nunca la aventura al borde del peligro.

La broma es acercarse a una ciudad cualquiera
y esperar el arribo de los trenes
como si con ellos llegara el sonido que apacigua
el cuerpo ya sin fuego.
Una ciudad cualquiera no puede ser dibujada
si de ella queda lejos el temblor
de la mano que una vez estrechamos
con un tímido ademán de infelicidad.

Temo por tales cosas sin caer en el pozo,
por no ser más dotado y menos satisfecho.
El canto de alabanza se ha vuelto ahora impreciso,
y retomo en mi casa esa costumbre
que es esperar la nada,
esa urdimbre de sembrar el traspatio por pura complacencia.
Más que evitar la broma
he de tensar la cuerda e inclinar la balanza
hacia dentro.

 

 

 



 SI NO FUERA POR TI




Estaría con Dios si no fuera por ti
y esos jueves de César que tanto me distraen
para decir estoy agradecido,
veo nacer la luz,
soy el hijo de un animal
y de su gesto.

Florece algo en la madera
y el aceite se quema desde la cocina,
todo se aleja y se agradece,
todo se pudre de solo mirarlo.

Vendría a ser el mismo
si unos labios azules por el frío
me asediaran.

Señalas el espejo en que me oculto
sin recordar el nombre de mis padres,
desterrados de mí,
repetidos en mí a fuerza de estar
diciendo siempre adiós
o buenas noches.

Si no fuera por ti
me haría a otra provincia,
a otro espacio febril,
a encarnar otro transeúnte sin amor,
abrir la puerta donde no vive nadie.
Agujero negro.

 

 

 



 AGUJERO NEGRO



   
La luz entra en mí.
La luz de mí no sale.

 

 

 

 


 EL BOSQUE



Viene a ser como el puño de hierro
que apresa al final de los días,
un cúmulo que se aproxima al cielo
y se detiene a verme pasar.
Pero quiero entrar en la multitud de árboles
porque ha crecido conmigo como dijeran.
Era mentira, y ahora advierto la magnitud de las sombras
que alguien dejó a mi paso.
Esas formas de madera son la resonancia
de todo lo que en mí retrocede.
Debo estar preso para sentir la libertad
como una sospecha.

Viene a ser lo imaginado,
solo que un poco más oscuro para mi pesar,
mi regocijo,
y ya no me resisto a caminar descalzo
sobre las hojas putrefactas
que antaño seguro fueron pulcras
como los días en el comienzo,
sin el gusano devorando la fruta,
perfecta creación para hacer del hombre
un viajero que no quiere mirar atrás.

Se extrañan los colores en la tierra
cuando ya no se escucha el eco tembloroso
de la promesa es el bosque, el bosque…
Contra las hojas por caer se advierte el simulacro
de un otoño sin argumentos,
en mitad de la rama se adivina el temblor,
algo temible va a suceder en mis oídos
pero nunca será la frase y el veneno
que aposté a la salvación,
la sabia archivada desde un siglo atrás
ni el color verde que soñé alguna madrugada.

Viene a ser la pesadilla, no lo niego
ahora que estoy por entrar en el espejo con mis dudas,
solo porque se escucha el es el bosque…
 
A la deriva el animal y el reflejo que he de perseguir, no hay otra vía si todo se parece a mi recuerdo,
a la noche que fui entre los árboles,
imperfecta proyección de la voz ante lo vasto viene a ser…

A favor de las hojas
toda la absurda humedad que llevo en la boca,
en mi contra el cansancio
y el rito de aplaudir aquello que acontece a mis espaldas.

Nadie puede tolerar esta desidia y no caer.
El simulacro de la sobrevida es cada vez más arduo cuando no se sabe cómo definir una estación,
una estancia que se prolonga,
el impulso que me hace penetrar lo ignoto
en busca de un oasis de virtud,
donde las migajas puedan simular
una porción de oro entre las manos.

Tampoco estar despierto es aliciente,
la vigilia es un estado que todo contradice,
y las ansias de levantar la vista y comprender la penumbra
significan en mí la única prueba
de una existencia presta a redimirse.

Siempre el vértigo como un desacierto más
a la hora de desaparecer,
siempre el pretexto cuando nada es seguro
entre una y otra huella.
Ahora la huella no ha de encarnar un sismo,
una amenaza sobre la tierra blanda.

Es el puño de hierro presionando
lo que me deja tanta intemporalidad,
hacerme por fin a esa espesura,
saltar el escollo sin causar el estrago,
el sacrilegio o una simple avería
que me haga maldecir toda permanencia.

 

 

 



 (ECO) LÓGICO



Sonido del agua
al caer sobre el pájaro de fuego,
suicidio para ser observado desde cualquier altura, escalera, torre.
Revolotea sin plumas, arde en lo que fueron páramos,
con vendajes en los ojos, la lengua que lame,
vive del lameo.
En lo que fueron sabanas, tú quieres ver al pájaro de fuego?
Tú quieres advertir el sonido del agua muérete para ser percibido Berkeley
escucha simplemente escucha.

 

 



 FÚNEBRE



Miserable el temblor en los espejos,
la sorda transparencia del cristal
en los bares donde perdí el amor
por no tener respuestas que poner sobre la mesa.

No podré ver la llamita sobre la piel
acercarse al rojo de las paredes
como en cualquier película.
Mejor no desandar ese trayecto
que va desde el festín a los despojos,
mejor quedarse con la vida
gratuitamente
observando el escombro que florece
en el borde donde fuimos dos amantes,
a punto de asumir cualquier mentira,
una extinción que nos dejara todo.

Desde ese desfiladero me pregunto
cúan triste es en verdad nuestra estancia
en una geografía devastada por las olas
que regresan de una orilla imaginaria,
traen sus humedades a los puertos
de donde no parte ni siquiera el viento.

Nadie es culpable de la fiebre y la náusea
a la salida de un túnel sin amigos.
Nadie es culpable de ser el último en marcharse,
el que cierra la escotilla de mármol
y nos deja encerrados para siempre.

 

 

 

 



 BREVE TRATADO SOBRE LO QUE VEN LOS OJOS EN LA MADRUGADA



El barco o la rueda del molino,
dos cosas comparables,
visiones remotas como cumbres
o esa cruces alzadas frente al mal.

También hay una espada,
con ella se corta al enemigo.
Después será la danza tribal,
se ha de venerar,
la sandalia del viajero en el desierto.

El halcón es esperado por el brazo,
no importa la presa,
solo el huerto y el lebrel son bendecidos
por el habla del anciano en la cabaña,
la leyenda, la obra, la invención.

Al rincón de ciudad que ignoran todos
se arrastran las sombras con fatiga.
El impulso hacia esa cuna miserable
o hacia el lujoso ataúd del faraón
funda la nueva prehistoria de los hombres.

Fauces negras que nos aguardan.

No digamos la réplica de la serpiente,
si acaso es lo fugaz también es lo común.
Bellos son los fantasmas de todos los ahogados,
y su paso temeroso a nueva vida.

Nunca ponderamos la embriaguez,
porque esa frágil ilusión
nos deja la ansiedad,
aunque quizás la estrella, el éter y el perfume,
el júbilo y el llanto.

 

 

 



 
 CASTILLO DE IF




La poesía no sirve para cavar un túnel
si este me conduce hacia otra celda
y no hacia el salto desde el desfiladero.
Preciso es fingir alguna muerte
para quedar con vida y ver el mar.

 

 

 



 CRUZADAS



Yo debí nacer en un sitio llamado Utopía,
pero los juramentos que hice frente al océano
no comprendieron la palabra tiempo,
porque en ella se encerraban todas las palabras.

Lo que pude decir, como el vencido,
el replegado, no estaba en mi boca
como una canción con nombre de mujer,
no estaba al alcance de mi mano,
mi mano sostenía hilos ilusorios,
hilos retorcidos de longitud indefinida.

Existir como el guijarro en la ladera,
esa es la única suerte ante el término
de los plazos fijados por mi madre.
El riesgo tiene límites precisos,
no es más ese pretexto que esgrimí como un cobarde
contra el tedio que causan ciertos días
en que no se llega a tocar el amanecer
porque han cerrado las ventanas
y han subido la venda hasta los ojos,
solo queda la memoria de esa nave
que ayer atisbé como una posibilidad
o la triste contingencia de algún daño
guardado para mí en la intemperie.

Este es también el riesgo,
descubrir que no piso tierra de promisión,
sino una parcela que me inclino a besar
aunque en ella me canso de juntar las horas infortunas,
vendimiador de inútiles instrumentos
con los que solo puedo hacer brotar la sangre de los arrecifes,
para después recobrar fuerzas
bajo el influjo adverso de los astros.

Restaurador de juguetes inservibles
cuando es el tiempo del ayuno y la estación
en que los dioses han de ponerme a prueba,
no temo sucumbir ante sus miradas.
Otras prebendas menos limpias he aceptado
conciente de cargar con ese peso
hasta el momento mismo de hacer votos
ante una imagen que no comprendo.

Porque ya no sé alimentar las criaturas
que solían salvarme del derrumbe,
de mis rodillas en el piso para implorar
que me sea legado un sitio, un nombre como el de mi madre para siempre,
un refugio mínimo donde sembrar una semilla
salvada de la fe que otros robaron,
esa pequeña nave que hicieron naufragar
en nuestras costas,
sin dejarnos siquiera una tabla flotante
es el único poema que puedo escribir;
es el absurdo poema de la ausencia
lo que a medias puedo escribir
mientras regreso de todo
y dejo atrás la gloria.

 

 

 

*** 

 

Fecha de Publicación: mayo 2008 


Hits: 1145
Comentarios (1)add
...
escrito por Juan Carlos Recio Martinez , mayo 09, 2008
Nunca un agujero negro podía llevarme a conocer la luz/lucidez de un poeta del que alguna vez pude escucharlo, sin esa concentración necesaria para saber si me inspiraban sus versos (sin por ello dejar de apreciar su cálidad ) y que ahora me llega de forma sublime y no sólo me hace rectificar mi ignorancia pasada,también, me cuelga sobre el cielo y me hace salir del corazón, porque más que cualquier belleza inmediata,lo mejor,es acercarme a su existencia y descubrir esos caminos que desde hace 8 añ0s ya, desconocía. Un abrazo muy fuerte para este poeta y para muchos otros, como Alexis, Noel ,Mijants,Norges..todos de la tierra fértil de Santa Clara.
De quien,
no los olvida y a ti Edelmis,muy agradecido por esta lectura
El buscaluz.

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