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IHOSVANY HERNÁNDEZ :: POESIA PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Cañasanta   
jueves, 21 de enero de 2010

IHOSVANY HERNÁNDEZ

POESIA


A LA ESPERA DE UNA ESTACIÓN BAJO ESTE PÓRTICO

 

No me moriré sin ver la nieve

Nelson Simón

 

Image
creímos que una isla era un país vencido por el sol y el salitre con que adormecimos nuestros rostros durante años de juerga. al atisbar las primeras postales izamos el sueño de nadar hacia otras islas donde apagar la sed. París y Philadelphia fueron perfectos paisajes a color, y cerramos los ojos percibiendo un puerto, un agua de rosas, un jabón de tocador. al reverso iba la rúbrica del amigo deslumbrado con la nieve, la noche del veinticuatro de diciembre, noche donde la madre dormía en La Habana luego de bendecir al hijo y seguir

el sueño.

 

París y Philadelphia implantaron los rostros del extraño,

las banderas de lo incierto.

 

creímos que la isla era la cándida madre dispuesta a lamer las llagas. fuimos criaturas reduciéndose a perder lo poco de valor durante largos años de permanencia junto a la familia, propicia lealtad para no correr hacia las primeras quimeras. tiempo después, la madre a la puerta alzaba la mano y decía vuelve con ese puñado del que tanto hablamos e iza mi sueño inconcluso, ven a calmar la fiebre de este juego perdido a la espera de una estación bajo este pórtico.

 

nuevas postales llegan hoy a la isla, la madre clama por abordar la nueva patria del hijo, despojar la miseria de la mesa, el perdón de estos años

que nos llevan a toda la familia.

 

palabras inútiles

perforando las canciones de la tropa diezmada

jóvenes de pelo largo y botas deambulando por las calles

en busca de un sitio para el amor, de citadinas

palabras y no conocen

nada de este juego a lo aparente, de este azar

rutilante de las ciudades que aguardan

aquel otoño como si se tratase de una caricia.

se abren al vicio y sólo percibimos el olor/ el color/ la rosa/

otro joven desleal que se apetece y en su descuido

olvida la fiebre que nos hace mudos.

 

París y Philadelphia implantaron los rostros del extraño,

las banderas de lo incierto.

 

 



 

LA NOCHE PARECE EXPOLIARNOS DE LA QUIETUD Y NO

SABEMOS POR QUÉ RAZÓN INSISTE EN DEFORMARNOS EL PAISAJE QUE UNA VEZ FUE NUESTRO PERO QUE TENÍA ALGO DE LOS DOS QUIZÁS ALGO DIFERENTE COMO LA NOCHE QUE PARECE EXPLICARNOS DE LA OTRA QUIETUD Y NO SABEMOS

 

sopeso la posibilidad de lo sempiterno, mientras otros sólo sacuden el ruido de la avenida sin importar qué comparecerá después. subsisten en este instante que me hace pensar en versos de Kavafis. la necesidad de la quietud, del aislamiento, de dejar en un sitio lo que fuiste ayer, por ejemplo, y equivocarnos y no reconocernos hasta el ayer, porque es demasiado el lujo, la palabra que penetra y el amigo que no te amará nunca. (…) el segundo es un vértigo que se desquita de la modorra. colecciono la paz, el abrazo y el instante de los aeropuertos, del largo adiós pensando en el regreso. seguro estoy de olvidar algunos lapsos. cada puerta lleva sus herrajes, sus preguntas posibles. trasiego en el habitar de aquellos versos, lícito instante para salvarnos/

salvarme sobre la tabla, salvarme

sobre el horizonte que cubre la ola, y mata

ese instante de claridad que hace la tabla

aferrándonos a los cuerpos del ayer.

vaya peligro que me impone la insolencia

como si un error azotara la cobardía.

vaya peligro este de quedarnos adormecidos ante la rosa

como si se tratase de una flor furtiva, inexistente.

 

no vengo a pedir que se imponga la fiesta de la otrora isla, cuando cobijamos la furia o la pena de hallar cadencia en el abandono. salgo/ febril/ por el mismo vientre que me dota de sumisión y locura, y si se me permites asir la brisa, dejo el mejor testamento: la fe del concilio

y sobre la tabla flotante dejo todavía mi nombre,

 el país de origen.

 

 


 

 

 

SOBRE ESTAS HOJAS DE OTOÑO LA PALABRA COMO UN JUEGO

 

quedan atrapadas como el jazz en una nota de Ella Fitzgerald. luces en el vientre de la noche, escaramuzas diabólicas huyendo de todo mediodía, tornasoladas palabras cosiendo el hambre de quien redacta algún manuscrito por si alguien quiere conocer del padre nacido en mil novecientos cuarenta y dos, del hambre más ridícula/

y miente.

 

alza la cabeza por si el espía aguza el ojo y termina

implicándole en algún delito,

pornografía/  juego/  desviación sexual

vanidad en alguna foto expuesta en la sala.

 

duda testar sus días y entonces dibuja  alguna playa. sabe de esa sucesión de arpegios que provoca el comienzo, del clamor por dar a conocer las metáforas que nos ingenia, bocado de codicia para subsistir entre el hambre y la euforia, entre la máscara y el alcanfor. todo juego es permitido. este es una estación para entregar

ese olor mascullando su música/

bendito juego a la mesa del café.

 

ángelus/

echa la ciudad a rodar su música. lo anota buscando precisión en las líneas, tardes de paseos, de compras, de ir a cazar alguna palabra prometedora entre la multitud de la esquina. vuelve al jazz, al café, a la calle donde aguardan por él. el poeta en su discurso no está conforme/ no se conforma. vuelve a fundirse entre la inextricable sucesión de voces que velan su otoño desde este extremo donde alguien miente/ juega a mentir.

 

 


 

 

 

SIGO PENSANDO EN ROSTROS QUE ALGUNA VEZ FUERON

 

fui a brindar por el último día o quizás por la última reunión/ una reunión es como una utopía. una mano indicó la foto de antaño. todos en blanco y negro para alcanzar la manida felicidad. días en que no nos importaba la escasez. sólo íbamos ajenos al mar.

 

un bocado de perdón para mi inocencia, días de plenitud/

solicito en este ajetreo por hallar la nueva ruta.

 

¿por qué todos nos fuimos tras el otoño? ¿quién permaneció para salvar a los peces ya muertos de la lluvia? me pregunto en este sitio que apenas conoces, sólo porque te lo he descrito en alguna carta. sigo pensando en los verdes de aquellos rostros obsequiados por el fulgor del mediodía. yo tengo la posibilidad de recoger la placidez de octubre y hacer un río si se quiere y dentro del río dejar estos días de miseria, esta sensación que nos dispara a matar. bien conoces de la rutina, de la costumbre de encontrarnos frente a la ciudad, frente al páramo.

 

días disgregados vuelven a componer mi voz/

sálvalos.

 

volvamos a la iniciación. distribuyamos el pan, estos días de extraña abundancia. todo es posible en el instante que el adolescente extiende su mano y vuelve a abrir la puerta cuando mutilamos los árboles del parque que se expande ante mi ventana como si fuera un sitio real, frente a los ojos del que no logra dibujar el río, la luz de aquella otra ventanilla frente al Malecón.

 

 


 

 

 

TODO PARQUE ES UNA EXTRAÑA CIUDAD

 

Siempre son los parques los sitios donde comienzo un

 libro, o me despido.

REINA MARÍA RODRÍGUEZ

 

 

I/

acaso porque me conmueve la fiebre de los parques, vuelvo a  estos árboles. desde abajo sólo alcanzamos el verde y alguna hebra de luz que se filtra entre la hojarasca. es un parque común, y en su amplitud, la brisa soporta el día como un duende que llega a dilatarnos la conversación. sobre la hierba nos echamos, alguien pregunta por el paisaje.

 

todo parque es una extraña ciudad,

un racimo de codicia, de raros equívocos, 

sirven los árboles para escapar de una vez,

sirven los parques para las últimas horas.

 

fuimos a convivir los últimos instantes que nos otorgó el verano. admiramos la ciudad desde allí, en donde algunas fotografías se prestaron a ser delicia. antes de que la luz acabara nos dedicamos a la contemplación. este delicioso páramo donde el sol tuvo su avenida, me hizo pesar en la posibilidad de un verbo insobornable.

 

al final, el parque se cerró a nuestras espaldas. la noche

comenzaba sobre el páramo.

 


II/

y pienso si me he salvado.

nada puede ser verdad,

aparentemente en la verdad que nos unifica.

si estoy a salvo (¿de la muerte o del peligro?). miro el tardo cielo,

seis de la tarde en Montréal, avenida Sherbrooke. admiro el verde,

el parque es inmenso, un hombre ha llegado para leer

lo que nadie recordará. es hermoso el paisaje,

tiene un aire de cierto distanciamiento

desde esta cumbre que nos aguarda. estoy a salvo en esta isla,

en la casa que tiene mi madre, pintada de cal

y soledad. permanezco, quizás,

admirando esos parques y los puentes del canal,

cuando vuelvo pleno de incertidumbre y presumo salvarme,

salvarme

y dejo todo en su lugar.

 

 


 

 


DONDE INTENTO DECIR (A NADIE CULPO DE ESTOS DÍAS)

 

 

esa nostalgia que vamos haciendo de nosotros mismos.

LUIS MANUEL PÉREZ-BOITEL

 

 

vencido por la lluvia, el pan que no satisface

intento ser redimido por el vino o el violín.

bufones en mi pecho pululan,

dicen perecer de tanto adiós.

se aprestan a sofocar el tedio e incapaces de abandonarnos  

repetimos aquella ceremonia hasta la insensatez

mientras el musgo

tardándose en su imperio

va explayándose y nos sepulta el mayo de afianzarse

con la misma fidelidad que manipulamos el lirio.

 

a nadie culpo,

sólo baño de sal estas palabras

excelsa solución encomendada esa tarde en el hogar:

vendernos a la luz de los prostíbulos.

el cerco fue de esperar.  a nadie culpo

por permitir esta violación al trámite impuesto.

los puentes van mutilándose en el paisaje y nadie responde.

 

hemos caído en la delación

ante los ojos de aquel por quien juntamos

la malicia de adorar todo ídolo.

mentiras que nos enseñan desde adolescentes

para sorbernos la cólera.

así nos deleitamos en la jungla sin conocer del cierzo

o del simple catecismo que temieron enseñarme

a nadie culpo. mi época también fue sagrada

aunque extraviamos cientos de rituales viéndolos ejecutar

en aquella penumbra donde mi abuela cedía candiles.

digo que antaño fuimos  extrañamente mejores  

en ese sitio lúgubre donde crecimos

dispuestos a enhebrar toda miseria.

 

 


 

 

 

ÚLTIMAS MONEDAS

(Díptico)

 

I/

buscábamos la piedra, aquel sitio del país

que se marchitaba a los pies

la cuerda marcaba el regreso y confiados

nos dimos a la juerga sin importarnos

la luz que se fue retirando en la crispadura

fuimos hacedores de milagros

contorsionistas en una feria sin preludio

todo intento goza de su quimera

del vértigo que produce la confianza

todo juego lleva un nuevo paquete de cartas

unas monedas. al desapercibir el hilo

perdimos la orientación de las galeras

y no hubo rey a quien sobornar

no hubo albor prorrumpiendo en la oquedad

pretendimos ser  salvados desde un pozo innombrable

maquinando otro juego

cuando las monedas fueron retiradas

el silencio fue un instante

una reminiscencia que entrego a la noche.

 


II/

dimos las últimas señales por si alguien nos observaba

fue extenuante la esperanza

largos días de zozobra y mudez

vencimos los pocos recursos intentando hallar la salida

vernos de vuelta

recobrar la lucidez de aquel ego prorrumpiéndose sin avergonzarse

de una imagen distorsionada e irreverente

la confusión fue inevitable

toda palabra engendra música

todo asechanza acaba por desmentir al hombre.

 

ay de mi mano

intentando dibujar aquella cuerda, intentando jugar al cero

ay del ídolo cayendo en su perfección sobre el agua de mi boca.

 

hoy me propongo sostener el rito que conferimos a la  tarde

el vicio para subsistir sobre el país

que ya es un signo en medio del mar, un símbolo en el agua.

 

ay de mi mano que escribe estos horizontes

que dibuja otro cielo y otro nombre sobre estas palabras

que algún día tuvieron un sitio

para el otoño y quedaron allí

como un extraño mapa sobre la mano que tiembla

y escapa ante estas verdades que no diré más.

 

 


 

 

Poemas pertenecientes al libro: “Algún sitio para este otoño”

Premio Nueve, Poesía 2008 Copyright edición: Excmo. Ayuntamiento de Loja, Granada. - 2009


ihosvanyHdez.jpg Ihosvany Hernández González (Ciudad de la Habana, Cuba, 1974) fue escritor de programas dramáticos radiales. En el 2004 salió definitivamente del país. Desde entonces reside en la ciudad de Montreal, en donde continúa escribiendo narrativa y poesía. A finales de diciembre del 2008 obtuvo el premio de reseña literaria de Azafrán y Cinabrio ediciones (México) por el trabajo: “Boitel: entre la noche y la palabra” (sobre el poemario No llames en la noche, del poeta cubano Luis Manuel Pérez-Boitel). En septiembre de ese mismo año fue finalista del premio Jiménez Campaña (Granada, España) con el poemario: “Un sitio para este otoño”, que aparece publicado en la antología Proemio Nueve, 2009.  En el 2006 también fue finalista, esta vez del premio internacional de poesía Desiderio Macías Silva (México), por el poemario: “Días despavoridos como ciervos”. En el 2005 obtuvo el segundo premio, de la categoría cuento, en el evento Tendiendo Puentes convocado por la Universidad de Toronto (Canadá), por el relato: “Salón Sahara”, publicado en la antología The political participation of Latin Americans in Canada (Jorge Ginieniewcicz & Daniel Schugurensky, editores. OISE/UT, 2006). Ha colaborado para varias revistas digitales como “Decir del Agua”, “Remolinos”, “Letralia”, “La zorra y el cuervo”, entre otras.  
Blog del autor: http://laparadadelosmangos.blogspot.com/

 

 

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Comentarios (3)add
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escrito por Juan Carlos Recio , enero 24, 2010
Es bueno reencontrar la poesía de Ihosvany, buena reelectura y me alegro porque la memoria digital siempre va de prisa, el volver sobre los versos como volver sobre los rostros que alguna vez estuvieron cerca, es una suerte y debemos agradecerlo. Gracias al poeta y cañasanta por dejarse ver,
un abrazo.
Juan C Recio
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escrito por Gélico , enero 24, 2010
Tener nuevamente a Ihosvany es un placer infinito. Volver a su poesía es encontrar nuevos caminos retóricos, una luz estable. Felicito al hermanno poeta por sus letras perdurables y nada efímeras. Un abrazo desde el arte y la poesía.

Gélico
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escrito por olegario fraile , febrero 18, 2010
soñar nos conlleba a revivir la poesia, a dejar los aridos terrenos que nos mantuvieron en cadenas de sombra, y volar tras la huella de las avez.olegario fraile. poeta.

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