IHOSVANY HERNÁNDEZ
POESIA
A LA
ESPERA DE UNA ESTACIÓN BAJO ESTE PÓRTICO
No
me moriré sin ver la nieve
Nelson Simón
creímos que una isla era
un país vencido por el sol y el salitre con que adormecimos nuestros rostros
durante años de juerga. al atisbar las primeras postales izamos el sueño de
nadar hacia otras islas donde apagar la sed. París y Philadelphia fueron
perfectos paisajes a color, y cerramos los ojos percibiendo un puerto, un agua
de rosas, un jabón de tocador. al reverso iba la rúbrica del amigo deslumbrado
con la nieve, la noche del veinticuatro de diciembre, noche donde la madre
dormía en La Habana luego de bendecir al hijo y seguir
el sueño.
París y Philadelphia implantaron los rostros del extraño,
las banderas de lo incierto.
creímos que la isla era
la cándida madre dispuesta a lamer las llagas. fuimos criaturas reduciéndose a
perder lo poco de valor durante largos años de permanencia junto a la familia,
propicia lealtad para no correr hacia las primeras quimeras. tiempo después, la
madre a la puerta alzaba la mano y decía vuelve con ese puñado del que tanto
hablamos e iza mi sueño inconcluso, ven a calmar la fiebre de este juego
perdido a la espera de una estación bajo este pórtico.
nuevas postales llegan
hoy a la isla, la madre clama por abordar la nueva patria del hijo, despojar la
miseria de la mesa, el perdón de estos años
que nos llevan a toda la
familia.
palabras inútiles
perforando las canciones
de la tropa diezmada
jóvenes de pelo largo y
botas deambulando por las calles
en busca de un sitio
para el amor, de citadinas
palabras y no conocen
nada de este juego a lo
aparente, de este azar
rutilante de las
ciudades que aguardan
aquel otoño como si se
tratase de una caricia.
se abren al vicio y sólo
percibimos el olor/ el color/ la rosa/
otro joven desleal que
se apetece y en su descuido
olvida la fiebre que nos
hace mudos.
París y Philadelphia implantaron los rostros del extraño,
las banderas de lo incierto.
LA NOCHE PARECE EXPOLIARNOS DE LA QUIETUD Y NO
SABEMOS POR QUÉ RAZÓN INSISTE EN DEFORMARNOS EL PAISAJE QUE
UNA VEZ FUE NUESTRO PERO QUE TENÍA ALGO DE LOS DOS QUIZÁS ALGO DIFERENTE COMO
LA NOCHE QUE PARECE EXPLICARNOS DE LA OTRA QUIETUD Y NO SABEMOS
sopeso la posibilidad de
lo sempiterno, mientras otros sólo sacuden el ruido de la avenida sin importar
qué comparecerá después. subsisten en este instante que me hace pensar en
versos de Kavafis. la necesidad de la quietud, del aislamiento, de dejar en un
sitio lo que fuiste ayer, por ejemplo, y equivocarnos y no reconocernos hasta
el ayer, porque es demasiado el lujo, la palabra que penetra y el amigo que no
te amará nunca. (…) el segundo es un vértigo que se desquita de la modorra.
colecciono la paz, el abrazo y el instante de los aeropuertos, del largo adiós
pensando en el regreso. seguro estoy de olvidar algunos lapsos. cada puerta
lleva sus herrajes, sus preguntas posibles. trasiego en el habitar de aquellos
versos, lícito instante para salvarnos/
salvarme sobre la tabla,
salvarme
sobre el horizonte que
cubre la ola, y mata
ese instante de claridad
que hace la tabla
aferrándonos a los
cuerpos del ayer.
vaya peligro que me
impone la insolencia
como si un error azotara
la cobardía.
vaya peligro este de
quedarnos adormecidos ante la rosa
como si se tratase de
una flor furtiva, inexistente.
no vengo a pedir que se
imponga la fiesta de la otrora isla, cuando cobijamos la furia o la pena de
hallar cadencia en el abandono. salgo/ febril/ por el mismo vientre que me dota
de sumisión y locura, y si se me permites asir la brisa, dejo el mejor
testamento: la fe del concilio
y sobre la tabla flotante dejo todavía mi nombre,
el país de
origen.
SOBRE
ESTAS HOJAS DE OTOÑO LA PALABRA COMO UN JUEGO
quedan
atrapadas como el jazz en una nota de Ella
Fitzgerald. luces en el vientre de la noche, escaramuzas diabólicas huyendo
de todo mediodía, tornasoladas palabras cosiendo el hambre de quien redacta
algún manuscrito por si alguien quiere conocer del padre nacido en mil
novecientos cuarenta y dos, del hambre más ridícula/
y
miente.
alza
la cabeza por si el espía aguza el ojo y termina
implicándole
en algún delito,
pornografía/ juego/ desviación sexual
vanidad
en alguna foto expuesta en la sala.
duda
testar sus días y entonces dibuja
alguna playa. sabe de esa sucesión de arpegios que provoca el comienzo,
del clamor por dar a conocer las metáforas que nos ingenia, bocado de codicia
para subsistir entre el hambre y la euforia, entre la máscara y el alcanfor.
todo juego es permitido. este es una estación para entregar
ese
olor mascullando su música/
bendito
juego a la mesa del café.
ángelus/
echa
la ciudad a rodar su música. lo anota buscando precisión en las líneas, tardes
de paseos, de compras, de ir a cazar alguna palabra prometedora entre la
multitud de la esquina. vuelve al jazz, al café, a la calle donde aguardan por
él. el poeta en su discurso no está conforme/ no se conforma. vuelve a fundirse
entre la inextricable sucesión de voces que velan su otoño desde este extremo
donde alguien miente/ juega a mentir.
SIGO
PENSANDO EN ROSTROS QUE ALGUNA VEZ FUERON
fui a brindar por el
último día o quizás por la última reunión/ una reunión es como una utopía. una
mano indicó la foto de antaño. todos en blanco y negro para alcanzar la manida
felicidad. días en que no nos importaba la escasez. sólo íbamos ajenos al mar.
un bocado de perdón para mi inocencia, días de plenitud/
solicito en este ajetreo por hallar la nueva ruta.
¿por qué todos nos
fuimos tras el otoño? ¿quién permaneció para salvar a los peces ya muertos de
la lluvia? me pregunto en este sitio que apenas conoces, sólo porque te lo he
descrito en alguna carta. sigo pensando en los verdes de aquellos rostros
obsequiados por el fulgor del mediodía. yo tengo la posibilidad de recoger la
placidez de octubre y hacer un río si se quiere y dentro del río dejar estos
días de miseria, esta sensación que nos dispara a matar. bien conoces de la
rutina, de la costumbre de encontrarnos frente a la ciudad, frente al páramo.
días
disgregados vuelven a componer mi voz/
sálvalos.
volvamos a la
iniciación. distribuyamos el pan, estos días de extraña abundancia. todo es
posible en el instante que el adolescente extiende su mano y vuelve a abrir la
puerta cuando mutilamos los árboles del parque que se expande ante mi ventana
como si fuera un sitio real, frente a los ojos del que no logra dibujar el río,
la luz de aquella otra ventanilla frente al Malecón.
TODO
PARQUE ES UNA EXTRAÑA CIUDAD
Siempre
son los parques los sitios donde comienzo un
libro, o me despido.
REINA MARÍA RODRÍGUEZ
I/
acaso porque me conmueve
la fiebre de los parques, vuelvo a
estos árboles. desde abajo sólo alcanzamos el verde y alguna hebra de
luz que se filtra entre la hojarasca. es un parque común, y en su amplitud, la brisa
soporta el día como un duende que llega a dilatarnos la conversación. sobre la
hierba nos echamos, alguien pregunta por el paisaje.
todo parque es una
extraña ciudad,
un racimo de codicia, de
raros equívocos,
sirven los árboles para
escapar de una vez,
sirven los parques para
las últimas horas.
fuimos a convivir los
últimos instantes que nos otorgó el verano. admiramos la ciudad desde allí, en
donde algunas fotografías se prestaron a ser delicia. antes de que la luz
acabara nos dedicamos a la contemplación. este delicioso páramo donde el sol
tuvo su avenida, me hizo pesar en la posibilidad de un verbo insobornable.
al final, el parque se
cerró a nuestras espaldas. la noche
comenzaba sobre el
páramo.
II/
y pienso si me he
salvado.
nada puede ser verdad,
aparentemente en la
verdad que nos unifica.
si estoy a salvo (¿de la
muerte o del peligro?). miro el tardo cielo,
seis de la tarde en
Montréal, avenida Sherbrooke. admiro
el verde,
el parque es inmenso, un
hombre ha llegado para leer
lo que nadie recordará.
es hermoso el paisaje,
tiene un aire de cierto
distanciamiento
desde esta cumbre que
nos aguarda. estoy a salvo en esta isla,
en la casa que tiene mi
madre, pintada de cal
y soledad. permanezco,
quizás,
admirando esos parques y
los puentes del canal,
cuando vuelvo pleno de
incertidumbre y presumo salvarme,
salvarme
y dejo todo en su lugar.
DONDE INTENTO DECIR (A NADIE CULPO DE ESTOS DÍAS)
esa
nostalgia que vamos haciendo de nosotros mismos.
LUIS MANUEL PÉREZ-BOITEL
vencido por la lluvia,
el pan que no satisface
intento ser redimido por
el vino o el violín.
bufones en mi pecho
pululan,
dicen perecer de tanto
adiós.
se aprestan a sofocar el
tedio e incapaces de abandonarnos
repetimos aquella
ceremonia hasta la insensatez
mientras el musgo
tardándose en su imperio
va explayándose y nos
sepulta el mayo de afianzarse
con la misma fidelidad
que manipulamos el lirio.
a nadie culpo,
sólo baño de sal estas
palabras
excelsa solución
encomendada esa tarde en el hogar:
vendernos a la luz de
los prostíbulos.
el cerco fue de
esperar. a nadie culpo
por permitir esta
violación al trámite impuesto.
los puentes van
mutilándose en el paisaje y nadie responde.
hemos caído en la
delación
ante los ojos de aquel
por quien juntamos
la malicia de adorar
todo ídolo.
mentiras que nos enseñan
desde adolescentes
para sorbernos la
cólera.
así nos deleitamos en la
jungla sin conocer del cierzo
o del simple catecismo
que temieron enseñarme
a nadie culpo. mi época
también fue sagrada
aunque extraviamos
cientos de rituales viéndolos ejecutar
en aquella penumbra
donde mi abuela cedía candiles.
digo que antaño
fuimos extrañamente mejores
en ese sitio lúgubre
donde crecimos
dispuestos a enhebrar
toda miseria.
ÚLTIMAS MONEDAS
(Díptico)
I/
buscábamos la piedra, aquel sitio del país
que se marchitaba a los pies
la cuerda marcaba el regreso y confiados
nos dimos a la juerga sin importarnos
la luz que se fue retirando en la
crispadura
fuimos hacedores de milagros
contorsionistas en una feria sin preludio
todo intento goza de su quimera
del vértigo que produce la confianza
todo juego lleva un nuevo paquete de cartas
unas monedas. al desapercibir el hilo
perdimos la orientación de las galeras
y no hubo rey a quien sobornar
no hubo albor prorrumpiendo en la oquedad
pretendimos ser salvados desde un pozo innombrable
maquinando otro juego
cuando las monedas fueron retiradas
el silencio fue un instante
una reminiscencia que entrego a la noche.
II/
dimos las últimas señales por si alguien
nos observaba
fue extenuante la esperanza
largos días de zozobra y mudez
vencimos los pocos recursos intentando
hallar la salida
vernos de vuelta
recobrar la lucidez de aquel ego
prorrumpiéndose sin avergonzarse
de una imagen distorsionada e irreverente
la confusión fue inevitable
toda palabra engendra música
todo asechanza acaba por desmentir al
hombre.
ay de mi mano
intentando dibujar aquella cuerda,
intentando jugar al cero
ay del ídolo cayendo en su perfección sobre
el agua de mi boca.
hoy me propongo sostener el rito que
conferimos a la tarde
el vicio para subsistir sobre el país
que ya es un signo en medio del mar, un
símbolo en el agua.
ay de mi mano que escribe estos horizontes
que dibuja otro cielo y otro nombre sobre
estas palabras
que algún día tuvieron un sitio
para el otoño y quedaron allí
como un extraño mapa sobre la mano que
tiembla
y escapa ante estas verdades que no diré
más.
Poemas pertenecientes al libro: “Algún sitio para este otoño”
Premio Nueve, Poesía 2008 Copyright edición: Excmo. Ayuntamiento de
Loja, Granada. - 2009
Ihosvany Hernández González (Ciudad de la Habana, Cuba, 1974) fue escritor de programas dramáticos radiales. En el 2004 salió definitivamente del país. Desde entonces reside en la ciudad de Montreal, en donde continúa escribiendo narrativa y poesía. A finales de diciembre del 2008 obtuvo el premio de reseña literaria de Azafrán y Cinabrio ediciones (México) por el trabajo: “Boitel: entre la noche y la palabra” (sobre el poemario No llames en la noche, del poeta cubano Luis Manuel Pérez-Boitel). En septiembre de ese mismo año fue finalista del premio Jiménez Campaña (Granada, España) con el poemario: “Un sitio para este otoño”, que aparece publicado en la antología Proemio Nueve, 2009. En el 2006 también fue finalista, esta vez del premio internacional de poesía Desiderio Macías Silva (México), por el poemario: “Días despavoridos como ciervos”. En el 2005 obtuvo el segundo premio, de la categoría cuento, en el evento Tendiendo Puentes convocado por la Universidad de Toronto (Canadá), por el relato: “Salón Sahara”, publicado en la antología The political participation of Latin Americans in Canada (Jorge Ginieniewcicz & Daniel Schugurensky, editores. OISE/UT, 2006). Ha colaborado para varias revistas digitales como “Decir del Agua”, “Remolinos”, “Letralia”, “La zorra y el cuervo”, entre otras.
Blog del autor: http://laparadadelosmangos.blogspot.com/

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un abrazo.
Juan C Recio