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María Eugenia Caseiro - Poesía Imprimir E-Mail
Escrito por Cañasanta   
viernes, 11 de septiembre de 2009

 MARIA EUGENIA CASEIRO

 -poesía-

 

Cábala para la gallina blanca

 

La gallina puede

ser tan blanca

como la noche más noche

como la línea tan curva

de mi almohada

(de tu almohada)

en la polaridad

de alguna otra frontera

besada no tan lejos

de los que no entienden.

 

La gallina puede

morder el horizonte

perderse

morir

resucitar

doblarse

como cualquier otra gallina

no tan blanca

no tan mujer

no tan gigante.

 

Una gallina puede

ser la honra o la deshonra

un mendrugo de pan

la horca

la falta de razón

el cruce de dos flechas

la eternidad de un nombre

terrible incertidumbre

tiempo

hasta un fragmento

-sabe sólo dios cuál-

del libro de Salinger

que nos costó un Lennon

el ocho de diciembre del ochenta.

 

la gallina puede

ser en el infierno

extraña cábala que ahoga.


 

Furnia 

 

Esa ciudad con alas,

la que escapa hasta del sueño,

apenas se bosqueja nos transforma

hipotéticos y tácitos  cadáveres

retorciéndose en el vientre de la tierra.

 

No hay parís cercano

          ni país

ni sombra, suerte, sino,

        ni nosotros…

ni vallejos sedentes

en este inmenso hueco

con su noche en brazos.

 


 

Anzuelo la máscara

 

Anzuelo la máscara

que escurre la sal con sus dolores

la saco del mar de mis pupilas

la tomo del mentón

 y en ese instante en que la noche

es punta en la flecha detenida

no para de llover

por el hueco de sus ojos.

 


 

Tarde y sin bolero frente al mar

 

Caminaba sin ti en el pentagrama

con la perversidad a flote

y el bolero apagado

por la arena revuelta de mis pies.

 

                Vino de pronto el mar

                 con sus deshoras;

                 escupió sobre mí

los peces que volvieron con tu olor

a pegarse en las paredes de mis ojos.

 

Tus hijos y mis hijos con sus perros

aullaron nuestra música,

vomitaron la bruma entre los dos.

 

Somos desde ayer

los que no estaban.


 

De cabeza a mis pies tendido el gato

 

 

Sobre qué viento de espejos

se derrama el concierto de tus brazos.

En qué bandeja de labios descoyuntas

pájaros de besos          y la voz

cala la espesura de la mnésis  en tu diente.

 

En qué puerta estalla el nudillo

de tu lejanía             y sobre qué pared

tu sombra se detiene

a vestir los agujeros de la fuga.

 

Bajo qué ardorosa palmera

se desliza fugaz la esperma de tu aliento

ribeteando con su aroma

el cielo húmedo de tus almohadas.

 

Hoy alumbro con el cono de tu ausencia

los ojos ambarinos de mi sueño.


 

Donde nadie me recuerda

 

Ahora que las conchas laten

como cuerpos de brisa que no pueden penetrarse

no deseo llorar un nombre ni reír palabras huecas

que de arrastrar mitades

ya son troncos en el agua

donde flotan estos versos sin quebranto

llenos de rumores que siguen la corriente

hasta alcanzar su tramo de tierra colorada y perfecta

echando raíces de verdes encendidos

que alumbran los costados abiertos

en que me he vuelvo un ojo redondo

rodando en la tarde sin cauce.

 

Ahora que soy casi tan grande como mis pies

sigo el rastro de esas conchas

con la misma verdad en los riñones

donde croan las ranas que me saltan dentro

con la misma inocencia en cada hueso

donde afloran los lirios de todos mis dolores

con la única sonrisa en la pisada

que enarbola tomeguines y hojas de naranja

en el regio crujir de mis tendones

 

Ahora que mis costillas se ensanchan

con la aguja de estos juncos en el pecho

ensartando collares que hablan del apego

tras el biombo que siempre ando buscando;

en el atrio de la noche

al final de la escalera

en el juego irrepetible del mirar que quema…

y el pecíolo de los muertos tambaleándose

en mi ceiba de cabellos claros

y la prisa de mi nombre gritándome dentro

ese grito pendular y sabio

que revela el corazón de los tejados

o la lluvia cayéndome en la espera

del blanquísimo fantasma de otros brazos.

 

Ahora que arrastro mi gran trozo de cielo

con la misma firmeza conque trato

de matar la burla de mis hombros

en el escorzo apretado de las sombras,

la suavidad se hizo nido en otro pámpano

el puño de vidrio deteniendo el golpe en cada puerta

me destapa los guijarros de la voz

que me dictan paisajes ya nombrados

en el eterno trabajo de parir hormigas

despachando en mí sus infinitos pasos.

 

Y la sangre de mis ojos disfrazada de muñeco

remonta la calle irrespirable

de minutos rebanados

servidos en la ruta de estos pies

que no se cansan de cruzar espejos

y mi rastro

ya nada envidia al mar con sus botellas rotas

nada quiere del viento ciego que tropieza

nada pide al diamante silencioso

que traga crustáceos erizados.

 

Ahora que soy casi tan grande como mis pies descalzos

con el aluminio de todos mis anillos rotos

y la luz que anida en cada uno de mis dedos,

trenzo los colores del poema

mientras el perro que me lame las manos

desentierra lunas donde nadie me recuerda.

 


Fantasma

 

 

Sabía que detrás de los sillones

se escondían sus ojos

llenos de virajes, de pájaros tenaces

alterando el sueño entre la mueca

que más que movimientos

fueron inútiles llamados al abrazo.

Las disquisiciones casi muertas

plegándose a la hora en que el tacón se queja

al borde de tocar alguna otra memoria

en que se encierran los puntos cardinales.

 

Sabía tras la puerta encerrada

la única verdad sin miedo en el reposo de su sombra

que viajaba en silencio mojándose los pies

con angustia de caracoles y protuberancias

enredados en el tronco de la especie

en la estopa de los brazos

con esa densidad de humo inmóvil

transfigurada la boca en manija

que no pudo blandir la muerte

cuando el puñal de la voz que el viento no detiene

hería la costumbre, la serenidad

devolviéndole su anchura de adioses

su máscara de espacios apagados

sentado en una vaguedad sin nombre

en que él mismo en su pretexto

era sombra y cabello del invierno

coagulado de tiempo en los portales

pariendo ecos y respiraciones

olvidado de buscar los acertijos en el olor de las calles

 

Sabía que ya nunca inventaría la lágrima

o el silente arribar de fondos amarillos

para ponerle un rostro sin dolor sobre el recuerdo

de sus puntas afiladas

considerando que el beso

mustio acento en ojal de otra escafandra

era una vergüenza de su orgullo calcinado

casi anónimo en el agrio de la luz que reventaba

aquel bombillo en el que ya no cabían más proyectos.

 

De haber sabido otras cosas por ejemplo

de haber sabido cómo encontrarse

se hubiese arrancado el mármol de los dedos.


 

Me niego

 

 

He estado a punto

de emblanquecer como los ángeles

cuando el labio con que soplo el talco de los días

borraba la esfera del reloj

cuerpo de pájaros que aún me late.

 

He estado a punto de salir volando

en el ala lenta de las hojas

que espera una mano sin nombre

llenando crucigramas en la inercia,

sin profanar la mansedumbre

retenida en la blandura de la espalda.

 

Un rumor de secretos detrás de cada puerta

me lleva por las calles

sobre pies de plegarias

con zapatos de viento conmovido

apagando los pequeños incendios de la tarde…

 

pero yo me niego

me niego a ser un ángel.


 

Suicidio

 

Se preguntaba si batiendo el aire

las palomas

bajarían a endulzar el sueño

que en las playas

lejos de la nieve y los tornados

con fondos azules, blandos

cosían a punto de cruz

olvidando, que a sus cuarenta ajuares

se les destrozaban las rodillas

arrastrando pesadísimas lunas

sin escudo y sin lanza por el laberinto del escaque.

 

Llevaba firmemente, enraizada

una boca que se abría sin preguntas

frunciendo la tierra en cada osario

exhumados caracoles que borraron

lo que quedaba de cielo

 

Buscaba señales, palabras no descubiertas

ponientes con gritos y lenguas

florestas envueltas en papeles pintados

cestos de fresas, manos rosadas y húmedas

y un círculo de pécoras danzando

en el morral del pecho

donde no cabía la barca

aserrada en su espaldar, en la membrana

de madera hundida bajo el nombre

mudo, en cicatriz cuajado

por las largas olas, por las flechas

perdidas que lanzaron los que ya no estaban

 

 

Caminaba sus días en otoño

siempre sumida en ese otoño despeinado

en que su blusa, que es su cárcel y su idioma

sintió el temblor de los pechos

que asumen y guardan las mareas.

 

No es el tiempo perdido el que la asfixia

sino el juego de la muerte en la ventana

su grito, libre al fin, no la detiene

en una esquina que antecede la borrasca.

Ya se amarra en el relámpago, en un miedo

ya se pierde en las ondas que hace el agua

pero flota, flotan sus cabellos.


 

Es muy tarde

 

 

Apaga la ciudad y deja

esta calle de palabras deslucidas

con sus noches de alfabetos y de moscas

en los tejados un gato

y el chasquido de las sombras

que devoran los últimos despojos

de las líneas que trazamos.

 

Ya la luz es un recuerdo

donde el claro abanico despuntaba

y el aroma del jazmín

rueda del templo

de una hoja de papel.

 

Es muy tarde en la ventana

rodeando el cielo de mármol

y las sombras que formamos

se comban de frío en la pared.

 


mariaEugeniaCaseiro.jpg María Eugenia Caseiro: La Habana, Cuba. Reside en Estados Unidos. Narradora, poeta, ensayista, prologuista, incursiona en la reseña crítica. Es miembro colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y de la Academia de la Historia de Cuba en Estados Unidos. Integra la Muestra Permanente de Poesía Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía. Miembro de The Famous Poets Society; del INPL (Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano); de IFLAC (Foro Internacional para una Cultura y una Literatura por la Paz). Cónsul, en Miami, de la comunidad internacional Poetas del Mundo. Integra el colectivo de trabajo de La Peregrina Magazín (Miami, USA). Colabora con diversas publicaciones, actividades y programas de su comunidad. Asimismo participa en la divulgación de eventos culturales como el Programa Dos Orillas de la antropóloga cubana Dra. Mercedes Cros Sandoval y la difusión de la obra de sus contemporáneos.

 

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Comentarios (2)add
...
escrito por Mercedes Sáenz , septiembre 16, 2009
Encuentro en todos los poemas la belleza, la inteligencia y el sentimiento de esta excelente poeta.Cordialmente. Mercedes Sáenz
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escrito por María Magdalena Gabetta , enero 12, 2010
Un placer leer tan buenas letras. Felicitaciones Poeta. Magda
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