RIGOBERTO RODRIGUEZ
***
LA LINEA I
La pesada marca negra
o blanca o roja
el ardor perfecto que aleja una visión de otra.
El cáñamo vertical
sobre y
en el agua
buscando la hora definitiva del pez.
La costa irregular
destacando una lengua
y esa otra palabra rancia: raza.
La sombra delante de la puerta
acogida a esa mirada atroz
que te detiene
y omite.
La que dibujó el inocente
partiendo en dos a un pobre caballo
sobre la hoja blanca
e imparcial.
Antes
la infinita
en su destino
era el único punto de partida.
Antes era la que siempre cruza
la que nadie evita
la de otro dolor
sobre el dolor de la hora que la traza.
LA LINEA II
Desolada, dijo. Yo pasaba
como aquellas hojas verdes sobre la docilidad de la roca
o la palabra sendero o montaña o como un ser fugado de sí
o un colibrí hacia su invención, mis horas.
Eso habrá siempre entre las fabulaciones de mis páginas.
Un colibrí cruza, insisto.
Son mis páginas. Es la tierra.
Desolada tierra esta, susurró César.
Línea a línea se iba trenzando una señal
y otra
en la sombra que abarca su instante
y la codicia.
Más allá nada suena como mis golpes
y su toqueteo en la madera de la vieja puerta.
Más allá el cuenco de una mano y su silencio.
Más allá la similitud entre el augurio
y el adiós se abre una fábula sin palabras.
Desolada esta áspera tierra y su voz
que no pesa en su propia terquedad.
VARIACION DE LA LÍNEA
En mi mano
mientras afuera, en la orilla del asfalto
crujen los autos, los camiones
y las voces estridentes de los vecinos
que han olvidado el corazón de su voz.
En mi mano
mientras afuera, un viejo mira las hojas del laurel
inasibles, batientes en la levedad
del hondo silencio, del hondo jardín.
En mi mano
mientras afuera dos pájaros pican los granos del día.
En mi mano
mientras afuera, allá afuera
la muerte nuevamente cala el nombre del olvido
la sed de las palabras, la forma de la cruz.
En mi mano
mientras otra mano traza otra línea
otro espacio pérfido
repetido, tenue.
En mi mano
mientras otra espada perfora la silueta del día, de la feria
de los hombres que pasan con sus cuerpos sobre el hombro.
En mi mano
mientras el mismo muerto cierra los instantes, los siglos
los términos del paisaje, el nombre de Milton, sus paraísos.
En mi mano
mientras afuera
todavía se deleitan los caballos de madera
y arden las últimas fibras del no.
En mi mano
mientras disimulan y borran
el cuerpo del colibrí, su filosa memoria.
En mi mano
mientras la cruz entra
en la página todavía blanca.
Rigoberto de la Caridad Rodríguez Entenza. (Sancti Spíritus, Cuba, 1963). Poeta, narrador, dramaturgo y crítico. Es graduado en teatro y en Español y Literatura.
Ha publicado:
• De tales amantes tal historia (Ediciones Luminaria, 1990).
• Hombre colgando de un pie / del mundo (Ediciones Luminaria, 1991).
• La mano y el silencio (Ediciones Luminaria, 1998).
• Cuerpo de álamo (Ediciones Luminaria, 2002).
• Sitios Cruzados (Ediciones Sed de Belleza, 2003).
• Último día del naufragio (Editorial Letras Cubanas, 2004).
• Otras piedras talladas en silencio (Ediciones Unión, 2006).
Además, es autor de la selección Una mirada (poesía cubana contemporánea) y de los libros para niños La señorita traga truenos y otros cuentos, Las 120 monedas, y A la orilla del sendero.
Textos suyos han sido incluidos en antologías poéticas como Jugando a juegos prohibidos (1988) Poesía espirituana (1994) La ciudad en sus poetas (1994) Nuevos poetas cubanos (1994) La verde espiga de la paz (1995) Nuevos juegos prohibidos (1997) Hermanos (1997) Poesía cósmica cubana (2000), La estrella de Cuba (2005) y La madera sagrada (2005).
Su obra ha sido publicada en numerosas revistas como La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Ecos del Norte, Octubre, Cauce, Vitrales, La pedrada, Esquife y Sic.
Ha obtenido, entre otros, los Premios Rubén Martínez Villena, Fayad Jamís, Eliseo Diego, Nosside Caribe, y Raúl Ferrer. Con su libro Otras piedras talladas en silencio, obtuvo Mención en el Premio Julián del Casal. Pertenece a la UNEAC y es Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz. En 2005 le fue otorgada la Distinción por la Cultura Nacional.

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