Alfredo Villanueva
MUSEO GREVIN
Aquí.
De nuevo.
En medio
de la noche.
Aquí.
Frente
a la terca muda lámpara roja.
Aquí
Cómo giran burlándose del viento
las palabras en desorden en potencia en amenaza.
Aquí.
Ando buscando mis amigos los muertos
el cortejo que cruza el parque bajo la luna y ríe.
Esqueletos de colombinas metatarsos coquetos
pierrots que ya no pueden llorar desde sus huesos.
Por ahí.
Por ahí voy.
Por ahí me cuelo.
Los sigo
de lejos.
de cerca los galantes restos de dominós restos
de damiselas un dolor agudo de satín de encaje
cráneos blancos máscaras colgantes
un agudo llanto de vino espumante
abanicos rotos copas
abandonadas junto a las fuentes bajo los árboles.
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-EL TERCER HOMBRE-
Ando buscando las palabras
para describir al tercer hombre.
Incierto compañero de caminos inciertos,
no sabe la ruta, despierta en el sueño
y, despertando, se lanza al aire.
Todo camino es golpe de viento
que separa, reúne, y separa de nuevo;
pero ninguno pierde la presencia del otro.
Le brindo mi cuerpo y la muerte. Me brinda
su ingenuo dolor, el terrible fluir
de sus textos, la angustia que lo invade
ante el reconocimiento de nuestra diferencia.
Se desnuda ante mí para que lo rechace
o me quede con él, para siempre, cada uno
vibrando certero en el otro, haciéndonos
el daño necesario del amor, la escritura.
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OSOS POLARES
Llueve.
En el Ártico se ahogan los osos polares.
Esas cazadoras bestias solitarias,
tan parecidas a lo que somos,
ya no pueden cruzar de témpano en témpano.
Fatalmente se calienta el océano.
Ocurren tsunamis, tornados, sequías,
Tiembla la tierra. Temo por el vidrio,
los batracios, las mariposas,
todos condenados al record fósil.
Pero aún más. Mis huesos,
secuestrados por la corriente
que arrastró al mar la Gran Manzana,
ahora bailotean fantasmales
junto a catedrales y vecindarios,
amigos, amantes, (des)conocidos.
Ballenas, ruiseñores, elefantes,
unidos en el reciclaje de las especies.
A todos nos capturó la marejada,
sepultó el lodo, la avalancha de humo.
Nos cayeron encima los edificios.
No pudimos escapar a la venganza
del planeta añil, turquesa, zafiro,
como un piano sin manos, desquiciado.
Llueve.
En la Antártica florecen pimpollos carnívoros.
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CON LA AYUDA DE DIOS
Con la ayuda de dios
ardió la travesti guerrera en la hoguera.
Ardió el filósofo bruno e inefable.
Se retractó el científico impecable.
Al calabozo fue a parar el músico
que tradujo la polifonía de las esferas.
Curanderas, hebreos, machos que aman machos
gritaron en la pira porque dios requería.
Diluviaron ranas, el agua fue sangre,
murió cada primogénito del enemigo.
Cuáqueros adornaron las horcas puritanas.
Volaron en pedazos las estatuas sagradas.
Los esclavos aprendieron a besar traseros,
cómplices y ayudantes del Imperio.
Con la ayuda de dios fusilaron a Lorca.
Y ahora, llueven bombas porque dios ordena.
Los moribundos no mueren, y los no nacidos
tienen más derecho que los que nacen.
Los siervos del señor violan muchachitos.
Apedrean a muerte mujeres indefensas.
Han hecho santos de fascistas, morbosas,
un indiecito que es un cuento chino.
El anticristo rige desde Washington
porque dios lo ha ensartado con su perinola.
La verdad desnuda. Dios es un pretexto
para reordenar la historia del mundo.
Ejercitar la voluntad de poder.
Eliminar a quien nos dé la gana.
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PRESUPUESTO DE JUBILADO
¿Qué se han quedado sin pagar las cuentas?
No importa. Las flores son indispensables.
Y esas buenas botellas de roja ambrosía
que afortunadamente no rompen la banca.
El recién descubierto concierto para piano,
el almuerzo en los chinos una vez por semana.
Escribir a la luz de lámparas antiguas,
despertar acariciando el vidrio.
El último volumen sobre el niño mago,
la magia dolorosa de los bailarines
con cuerpos que trazan el amor y la muerte,
aéreos como un brazalete de plata..
Esa camisa de escandalosos pétalos,
todo lo que dé gozo a los sentidos.
¿Qué no ha llegó el cheque? Llegará mañana.
Mientras tanto, se acepta la mentira de plástico.

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