 Exodus (lienzo/óleo), por Gélico
La sed: volviendo siempre al pedazo que ocupa la nostalgia. El poeta indaga, retorna a su década desbordada de sueños, los pareceres lejanos que aún siempre quedan, la pasión, incluso, de un pacto futuro. Esta vez, la palabra sencilla, sin rebuscar forzosamente en el recuerdo la voz se apodera, se mutila en un leve hálito, en una tenue escapada del ente.
POEMA CINCO
Amada, no soy lo que parezco
sino el miedo y una luz que se desnuda.
Soy, quien cuidadosamente trama el silencio,
el vocablo donde tú también confiesas los jardines.
Tú nunca podrás entender mi cruz, menos los flechazos,
esta locura que llevo a la sed de comer
el humo que tú también eliges.
No soy quien parece,
aunque puedas entender esta sombra que
sube al cielo, que me detiene.
Tú sabes que mi cielo no es precisamente
el lugar donde los animales son prudentes,
mi cielo es mi propio entierro y yo
amo demasiado a esa montaña como
para que la visites,
como para que la escales con
tus nubes y mares
mi cielo es una lejanía sin
tus manos que nunca han visto un hombre bueno
un hombre
con la voluntad de ser distinto
un hombre con otro hombre en sus heridas
y sus heridas con más palabras que peces.
Amada, no soy lo que hablo
y si asciendes a mi oscuridad
podrás ver los columpios de la noche
la clepsidra agotante de mis años.
Tu amas mi verdad y
no es justo que en mi fondo
en mis células
en un libro de diez años
en todas las cosas tristes de lo hermoso
esté el vacío de mis ropas
el temor de sorprenderme en lo cierto.
Eres mi amada y eso es bueno
y prefiero colocarte sola
oculta en mi pecho, en otros puertos.
¿Cómo hacer que me comprendas
de ser el hombre que ama en las mañanas
lo más preciso de lo arcano, incluso, mi cielo?
No soy lo que parece
sino
el deseo con que espero tu cuerpo en mi boca
la única vez en que, en mi mente,
caminaremos despacio, tomados de la mano
hasta ese lugar en que nuestro vértice no impere.
POEMA NUEVE
Una mujer cuenta su belleza.
Otra, que no guarda horizontes
deja caer el mar a sus pies.
Las dos, a lo lejos,
se hallan e, irrefutablemente,
son idénticas.
Un hombre, que sabe de historias y cíclopes
y que ha llegado en una barca desde sus córneas,
las encontró, dentro de un océano de hambre,
para convertirlas en sus playas y amantes.
Luego, llegó un viento muy ligero.
POEMA ONCE
Anoche soñé que te escribía esta historia
pero anoche fue un día
en que mi mesa era el pan y
las faunas tragaban las ninfas de mi alegría.
Anoche soñé que terminabas
en el mar
con otras islas en mis brújulas
con otros mundos y un Dios mortal.
Por eso hoy me siento a olvidar
tristemente
toda esa fábula.
POEMA TRECE
Un hombre ha caminado despacio
hasta el otro extremo:
el lugar donde alcanza la pobreza su mayor bolsillo.
Un hombre ha andado
sin aquello que llamó espaldas a su casa.
Un hombre, sin dudas, ha marchado hasta su interior a
convencer las conquistas,
a monologar con el público de su silencio.
Allí va, a detener la Luna que persigue sus historias.
Un hombre, que no es de este mundo, sino de su casa
de la espalda que la lleva
y de todos los laberintos,
huye despacio
con un miedo eterno parecido a su muerte,
a deshojar los cerezos y todas las miserias
que guarda el pecho.
POEMA CATORCE
Partir, hacia la soledad sin luz
sería como buscar otros naufragios en mi puerto,
un filamento de muerte que se esconde tras los compendios.
Detente, simplemente hay otras tierras
donde se puede tallar el nombre. Crecer a un hijo es la conquista,
mostrarlo al tributo y construir más pedazos para tu hambre,
puede ser el hecho de cimentar un hombre triste.
Carcome, juntos, el fruto que nos traerá la piedra
el Nombre del Padre y un difunto olvidado.
Sal, sobrevive a la luz,
a todos los candiles de nuestra sangre
y serás otra historia, más personal
para derribar las puertas que han quedado en el olvido.
POEMA DIECIOCHO
Debemos irnos, sin testigos y prejuicios
a devorar las algas y los semáforos.
Nos conviene partir, tan solitarios, que parezca todo mentira.
POEMA VEINTIDOS
tus tetas, francesa, eran geniales
con ellas entre mi hambre podría confesar una insidia
una fábula hecha con pedacitos de verbos, un diseño, un árbol soleado.
recordarte es volver a construir tres universos
e ir regándolos entre tus piernas, mientras yo,
oculto en tu piel, le decías cosas extrañas a la Luna.
aún creo, después que el fuego cruzó las distancias,
los potreros, una cancha de baloncesto, una noche larga, cuatro orgasmos
sigue siendo tus tetas la lectura de mis recintos,
el sabor que oculta la almohada bajo mi boca.
POEMA VEINTITRES
mi vecina es una mujer que sueña en su ventana
traga las flores que su desnudez recita, asoma.
más tarde, cuando la miro, despierta.

|