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Julio César Melo Imprimir E-Mail
Escrito por Cañasanta   

 

 

 



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JULIO CESAR MELO










 

 

 

 

 

 

Xantolo



Este aire tibio mientras duermo,
útero, humedad primera;
este rasgo de luz al despertar.
Todo suena quedo.
Cada cosa con su voz es el origen
de la música, del canto, de la flor.



La tarde
huela a musgo -el pensamiento-
orada los barros y florecen platanales.



En el aire abrevan los inciensos
que arrastran del olvido
ciertos nombres
cocinados en la leña,
hierven lentamente en el comino
de su sangre, que es sangre y es ofrenda;
redención a la memoria.



Dicen que las puertas
flanqueadas por agudas mecedoras
son, de alguna forma, las abuelas.



Y en tardes agónicas,
a fuego pleno,
un eco de panteón troza silencios:
reducto del último huapango.



Bebiendo el aguardiente de los muertos
en lienzos de manta fermentado
se adentra hasta la espina este chiflón
que es un presentimiento.



Y cae con su hilo colorido
    en nuestra mesa
de un solo jalón la media noche.



Todos (santos) somos de lo mismo
que es el campo (santo), somos todos (santos)
esperanza  de la ofrenda: (Todos) Santos,
una noche al menos, de un pequeño altar.






 

 

***

 

 

 

 

 

 

 

PADRE



Solamente nos separa, padre, un hueco habitado por el mundo,
una transparente brecha,
una ignorancia mutua y tres décadas de desaparición.



En qué montón de tierra iré a maldecir cuando te mueras,
a quién le entregaré el coraje, el odio insatisfecho de mi adolescencia:
lumbre que el estómago petrificó.



Y cuando llega el viento cortante de septiembre
(la ciudad cierra los ojos y se alimenta de su polvadera)
encuentro en ese ardor de garganta el único recuerdo de ti.



Has de estar también en el agudo mediodía de la canícula,
cuando todo se funde y la piel se nos incendia,
cuando una gasa cubre nuestros ojos y no nos podemos reconocer.















***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Danza


1       
         En la intimidad del camerino
goza la piel y agoniza el segundero,
moja la humedad del sexo otras amarras
- soy yo o es un espejo tramposo
que llena de juventud mis comisuras- .

Eres todas las cosas:
    escenario,
        música,
            pie y mirada.

 Ave de cristal, torbellino.

Una bestia recorre lúbrica tu abdomen,
fragua la oscura batalla de los cuerpos;
Todo se penetra a sí mismo
en el silencio previo a la tercer llamada.
   
¡Comenzamos!

El mundo rehíla ante el anuncio de su génesis.




2
El arco de tu pie
sostiene firme el universo.
Antes de tu danza
todo el mundo era sonido
    vacío sin movimiento.
Tu gracia y fortaleza
propician temblores: primaveras.

Todo gira en tu pirueta.
Se alargan tus dedos pétalos nacientes
     Te seguimos,
con tus pasos nos vamos construyendo.

Un ave de cristal tiembla en tu salto:
precisión que corta el aire sin moverlo.

Suspendido el estómago en la boca…
… quietud anterior a la tormenta.
Vas a caer y a hacer los mares…
…staccato de violín,
fagot, tambores.
El mundo, implosión en un aplauso,
celebra su causa.
Termina la función.



3
Una luz cenital bruñe su espalda.
Apenas dibujado el género en la piel.

Toda expectación es una cópula
soñada entre telones.

Todos somos Era en celo
esperando el manantial sublime,   
la embestida del cisne capital.







 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vuelo



Todo inicio es anterior y sin embargo
encuentra aquí su origen el olvido.

En las noches vienen los recuerdos:
son brigadas de filosos dardos,
son ecos;
son legión.



Yo, espero haciendo un surco con mis pasos,
camino mas el transe ya me eleva,
todo va quedando abajo.
Veo la habitación desde la altura
como vi la ciudad a mi regreso.
Quiero que mires desde aquí, que te contagies de mi vuelo
quiero ir hasta tu cama y transportarte,
quiero subirte,

darte alas,
o un avión.

Aguardarás este regalo como en aeropuerto, listo,
con el destino escrito en un papel.
Ahí, -qué suerte-
podrás acariciar también tu nombre /partirás y habrás llegado.



Un soplo templado hará de viento el sortilegio.



Igual que yo, esperas pero inmóvil.
Cuentas las horas,
sabes nombrar a los minutos acaecidos,
sabes bien que las horas
permanecen
y algo tienen de estilete
que deja su polvo de cromo en la piel.
Tu herida será pronto cicatriz, mapa preciso en la epidermis.



Buscas con afán las coordenadas.



El viento es habitáculo y sendero;
tiene la memoria intacta. Cuando pasas se contrae
cediendo al roce luminosos de tus alas.
Sí, tus alas:
vertedero y fuselaje
son brazos de creciente luz.



No hay avión,
no te lo doy y sin embargo
ahora sabes los secretos de volar.
    Eres, lo sé, un ave melancólica que busca.
Eres el resultado de una cruza, o una evolución adelantada:
hombre de simiente firme, delicada avecilla de metal.



En el corazón – es una turbulencia-
tiene la vida su hélice liviana,
tiene un alo envejecido de aeroplano trimotor.



Ves el horizonte
y es la misma mirada quien lo crea,
el ojo que lo amolda a su contorno y a su vuelo
    invisible de radar.
Haces con precisión entre tus dedos el paisaje.
Es puro cálculo la gracia,
no es el vuelo en sí sino su plan
lo que nos llena el corazón con esa danza,
- qué instrumentos-
magistral piloto de cabriolas con los pies en tierra.



(Ícaro)
¿Qué trae consigo el aleteo
sino un rescoldo del pasado que se siente
como cera arder en las espaldas?

Ese mismo trazo de tu urgencia
será después la pira
que rasgará la noche con su brillo.

Afán por lo inasible es la nostalgia,
Te imanta el golpe seductor
y dulce
de la quemadura.
                Sol.
Espiral grotesco,
despeñado en plumas y cenizas caes:
vuelo grácil destinado a fracasar.

Línea libre.
Pero el peso de vivir está en el vuelo, dices.
No basta con hacer
la ruta en la cartografía:
        hay que volar.

En la tierra, litoral o continente, hay una asfixia;
existen miles de destinos caminables,
/pero sólo el cielo/
el cielo es un espacio que se debe transcurrir,
dices también.
Entonces, la soledad hace un ruido de turbina,
me ensordece y te marea;
ahí,

    despegas.

Las nubes son amables compañeras,
hacen con su rastro el pensamiento
que vuela contigo y te va guiando
hacia una pista,
un monte digno (de la colisión),
un hambriento y zarco mar.

Vuelo raso.

Tu cuerpo,
ave refulgente ,
va rompiendo en su velocidad este silencio;
con suave firmeza rompe el himen
y acaricia
complacido
la hendidura sangrante del amor.
Hay, como siempre, resistencia. Textura de navajas en la cara,
la corriente te levanta
y sobrevuelas, al fin, toda llanura y ves – quién fuera tú-
mi habitación.

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Abou- Jaria
(ángel de la muerte)



Su primera guarida fue el desierto.
Entre las dunas, morirse resulta necesario;
sedientas las ánimas le compraban, del agua, la promesa.



Consagrado estudioso de la historia.,
toda su astucia se la debe a la mirada perspicaz
con que ha visto caer centurias: millares de muertos
que ensanchan sus arcas y sus triunfos.



Está escondido en corredores que tienen piso de mármol,
en el hedor de la gente que lleva días sin dormir
o apenas ha dormitado en salas de espera, esperando que alguien muera
o imaginando que ese misil nunca cayó.



Esperan los mortales como él
ha aprendido a ser paciente, incluso sabe de sus rezos,
los repite;
Se agazapa entre las mantas, escasas, que esconden las heridas.



Los niños son el blanco preferido:
combaten el embiste y sus almitas son mayores privilegios.
Los viejos saben bien comunicarse con la gloria, saben
–además de otros saberes- el nombre preciso que lo llama.
Es cobarde, por eso los evita.



Es aliado febril de los infieles
porque incita a la guerra que lo anima y le conviene.
Toda alarma de su estancia resulta innecesaria: es un haz del escondite
Y viene, a veces, con gallardo uniforme a revolver el mar.



Tormenta. No es legión iracunda ni maligna,
es humilde mensajero que conduce
–servicial-
con empeño hacia el rumbo inevitable, destino del mortal.

 

 

 

 


 

 

 

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Julio César Toledo (Chicontepec, Veracruz 1977) Estudió la licenciatura en en Ciencias de la Cultura en el Claustro de Sor Juana. Es egresado de la escuela dinámica de escritores. Obtuvo el premio nacional de poesía “el búho”; el premio nacional de dramaturgia joven UDEM, la beca de la “Latin american performer artist foundation” en Nueva York y fue finalista del premio internacional de poesía joven LAGARUA 2007.  Tiene publicados los poemarios “Del silencio” y “Nombres propios”, así como la obra de teatro “Hombre, mujer y perro”.Aparece en varias antologías del país, Sudamérica y España.  

 

 

 

 






 

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